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martes, 25 de septiembre de 2012

LA CONSTITUCIÓN DE CÁDIZ Y EL PROYECTO ITURBIDISTA


La Constitución de Cádiz



En este año de 2012 celebramos el bicentenario de la constitución de Cádiz, conocida como “La Pepa”, ya que fue promulgada el 19 de marzo de 1812, festividad de san José, siguiendo la costumbre masónica de encimar la liturgia laica sobre la religiosa.



El origen de las cortes españolas se remonta al siglo XII, y si bien tuvieron la facultad de legislar, solo tuvieron una facultad constituyente a partir de Cádiz 

Fueron convocadas por la Junta Suprema Central y Gubernativa, un organismo improvisado y enteramente provisional para llenar de algún modo el vacío de poder que había provocado la salida de España del rey y de toda la familia real y las abdicaciones de Bayona. Este organismo ordenó por un decreto de mayo de 1809 la celebración de Cortes Extraordinarias y Constituyentes. Las Cortes de Cádiz iniciaron sus trabajos con trescientos diputados, de los cuales sólo treinta y cinco eran americanos[1], y dos filipinos, lo que nos revela la desproporción en la representación de los pobladores y territorios. 

<<Las Cortes de Cádiz, no obstante, arrogándose una potestad que por supuesto el pueblo soberano no les había conferido, acometieron el acto revolucionario de volver del revés las estructura políticas de España. De ese modo, las Cortes gaditanas[2] aprobaron una normal legal que por primera vez cercenaba el poder absoluto del monarca, cuya potestad soberana o derecho a pronunciar la última palabra, se trasladaba a la nación, ejercida a través de los diputados elegidos por el pueblo y reunidos en Cortes. Según el Título I de la nueva “ley de leyes”, la Nación “no es patrimonio de ninguna familia ni persona”>> [3]

La Pepa era una copia burda de la primera constitución francesa, la de septiembre de 1791. Extensa, ya que contenía 384 artículos, que regulaban multiplicidad de asuntos, y que más que dar libertad, asfixiaban a los ciudadanos. 

Otorgaba al rey la titularidad del poder ejecutivo, así como la facultad de nombrar a siete secretarios o ministros que lo auxiliarían, pero que serían responsables ante las Cortes unicamerales. <<Si bien el monarca no perdía su facultad de sancionar e incluso crear leyes, no estaba facultado para dar a la nación su Ley Suprema, pues su figura pasó a ser regida por dicha ley, cuya formulación era potestad exclusiva de las Cortes. El poder judicial correspondería a los tribunales específicamente establecidos para ello. Así, la segunda gran novedad fue la división de poderes, que creaba una monarquía moderada o constitucional. >> [4]

Abolió instituciones ya caducas para esa época como fueron: la Inquisición, los gremios, los mayorazgos, el tributo indígena y la encomienda.

Proclamó la libertad de imprenta, de industria, cultivo, comercio y pesca, el desestanco del tabaco y la igualdad jurídica. Pero también implantó el servicio militar obligatorio. 

La Pepa apenas tuvo poca oportunidad de instaurarse en territorio español, por la guerra contra el invasor francés, y una vez expulsado éste; el 4 de mayo de 1814 el repuesto rey Fernando VII, firmó un decreto anulando todo lo legislado por la cortes de Cádiz. 


Ante las constantes intentonas de golpe de estado propiciadas por la fraternidad masónica, Fernando VII llegó a promulgar hasta 14 decretos contra ella. Finalmente el 1° de enero de 1820 el teniente coronel Rafael del Riego [5] al grito de ¡viva la Constitución!, amotinó a las tropas acantonadas en localidad de Las Cabezas de San Juan, a unos sesenta kilómetros de Cádiz en el camino de Sevilla, mientras esperaban en el puerto gaditano ser embarcadas rumbo a las Américas. Riego formó una Junta Consultiva que tomó como rehén al soberano español, obligándolo a restablecer la Constitución de 1812.


Segunda vigencia de la Constitución de Cádiz en la Nueva España


En mayo de 1820 comenzó a ser jurada en la Nueva España. Por ella el Conde del Venadito, Juan Ruiz de Apodaca y Eliza, pasaba de ser virrey, a jefe político superior del reino de la Nueva España, aunque conservaba el título de capitán general. Bondadoso y de tacto conciliador, había pacificado prácticamente al país con excepción de un puñado de guerrilleros de la sierra de Guerrero.

Probablemente Apodaca vislumbró los problemas que la nueva constitución traería en su reinstalación, empezando por el de su papel como virrey, las audiencias, las intendencias, los consulados, la Inquisición, la real Hacienda, los cabildos, los órganos de administración de justicia, la iglesia, etc. Problemas que podrían redundar en la pérdida del reino.

Uno de ellos fue el del artículo 22 por medio del cual se reconocía la nacionalidad española a los negros y castas de origen africano, pero no la ciudadanía. Aunque la población negra no pasaba de 6,100 individuos, los mulatos y otros cruces con sangre negra formaban el 22% de la población y nutrían parte importante de los ejércitos realistas.

El 27 de febrero de 1821, Apodaca recibió de Iturbide el Plan de Iguala, junto con otros documentos relativos a su proyecto de independencia. Sin leerlos siquiera, Apodaca contestó que lo mejor era “Seguir en su fidelidad al Rey y observar la Constitución que hemos jurado”. A ello respondió Iturbide en los siguientes términos. “De nada menos adolece mi plan que de sistema anticonstitucional; tengo la ilustración necesaria para conocer los derechos del hombre libre...” [6]

<<Desde su cuartel general en Teleolapan el 16 de marzo, escribió a las Cortes reunidas en España informándoles acerca de su plan y les aseguró que para realizarlo se había apoyado el “sistema general reynante” y que había creído que Apodaca lo secundaría con “providencias justas arregladas á las luces del siglo y conformes con el sistema liberal reynante”, afirmando que se deseaba “un rey constitucional, y de la dinastía de los Borbones, que se coloque a su cabeza, ceñido a las deliveraciones de un congreso arreglado; más todo en el centro de este Imperio...”>>[7]

Estas afirmaciones, que a muchos sorprenderán, nos hablan de un Agustín de Iturbide, que observaba un proyecto constitucional, en donde era básica la división de poderes.

La inexistente mentalidad constitucionalista en la Nueva España


<<Hoy resulta fácil entender el principio de la supremacía constitucional, es decir, que una constitución formal constituye la base jurídica fundamental sobre la cual se erige todo el edificio legal e institucional de la vida de un estado moderno y que, por lo mismo, representa la norma jurídica suprema de todo el orden jurídico que rige en el mismo. De esta suerte, no es posible pensar en un sistema de distribución jerárquica de competencias, en el ejercicio de las funciones y en la actividad de los funcionarios públicos, ni en la moderna división de poderes, ni tampoco en el cabal respeto a los derechos del hombre que los textos constitucionales “reconocen” u “otorgan” con este nombre o con el más neutral de “garantías individuales”, ni en las formas actuales de representación política si no se cuenta con la vigencia –y se entiende el funcionamiento- de una constitución escrita que establece esas competencias, funciones y funcionarios, divide el poder, precisa esos derechos o garantías y establece el sistema de representación. [...]

Pero de todo esto que nos parece claro y natural en nuestros días después de doscientos años de teoría y vida constitucionales, de “experiencia” política moderna, de cientos de autores y de textos, así como de sesudas interpretaciones de tribunales ad hoc, no se tenía clara idea y menos experiencia- en la vida política novohispana a comienzos de siglo XIX. [...]

Serán muy pocos los que entiendan el significado de una constitución escrita para el funcionamiento de las instituciones y el ejercicio de las funciones públicas, durantes siglos determinadas por esa discrecionalidad, por ese arbitrio y por el manejo y operación de un orden jurídico plural, nutrido por una serie de fuentes del derecho donde, si bien la ley ya ocupaba una posición relevante, no agotaba, ni con mucho, todo el marco normativo a cuyo interior se desenvolvía la población novohispana. Muy pocos entenderán que la vigencia de una constitución como la de Cádiz suponía la extinción del pluralismo ideológico (y su consecuente visión horizontal de los ordenamientos jurídicos) y la consecuente aparición de un nuevo absolutismo, el legal, que implicaba el establecimiento de nuevas reglas para todos (dentro de un sistema vertical de los ordenamientos donde la constitución ocupaba el puesto supremo), en aras de una supuesta mayor libertad para los habitantes del reino. Lo que si se pudo advertir casi de inmediato es que el nuevo orden gaditano sería el mismo y el único para toda la monarquía española, desde el norte de California hasta el estrecho de Magallanes y desde las Baleares hasta las Filipinas. Un solo derecho para una misma monarquía –un Estado, un derecho- sin detenerse en considerar las diferencias, fueran geográficas o humanas (salvo el caso de la población mulata o negra), que pudieron haberse gestado durante casi trescientos años, no solo entre los reinos americanos y los peninsulares (ya de por sí muy distintos entre sí), sino entre los propios reinos del nuevo mundo.>> [8]

El constitucionalismo en Iturbide


<<Con un programa en parte distinto y en parte coincidente con el planteado por la insurgencia en los dos lustros anteriores, y casi totalmente derrotado hacia 1819, el coronel criollo Agustín de Iturbide (1783-1824) consumó en 1821 la independencia por un camino exento de sangre y en forma rápida y eficaz, dado que supo conciliar los intereses de los diversos grupos que entonces integraban la compleja sociedad novohispana. Dicho programa se conformó con tres presupuestos básicos o garantías –Religión, Independencia y Unión- y con una forma de gobierno: la monarquía moderada por una constitución adecuada para el llamado Imperio Mexicano. Presupuestos y forma de gobierno que se consignaron en el Plan de Iguala, firmado por Iturbide el 24 de febrero de 1821, y en los Tratados de Córdoba, signados por éste y por el último jefe político superior y capitán general español, don Juan O´Donojú (1762-1821).>> [9]

Existe basta correspondencia en donde Iturbide plantea su visión constitucionalista, pero sin duda, el documento más representativo de su pensamiento es el Plan de Iguala el cual fue fraguado en octubre de 1820 y que establece en su artículo 3°: “Gobierno monárquico, templado por una constitución análoga al país” y en el 5°: “Habrá una Junta, ínterin se reúnen Cortes que hagan efectivo este plan” y en el 11°: “(Las Cortes) Trabajarán luego que se unan, la Constitución del imperio mexicano” y en el 21°: “Ínterin se reúnen las Cortes se procederá en los delitos con total arreglo a la Constitución española” y finalmente en el 24°: “Como las Cortes que se han de formar han de ser constituyentes, deben ser elegidos los diputados bajo ese concepto.”[10]

También en los Tratados de Córdoba, encontramos estos postulados, y así, se establece en el artículo 2°: “El gobierno del imperio, será monárquico moderado” y en el 12°: “Instalada la Junta Provisional gobernará interinamente conforme a las leyes vigentes en todo lo que no se opongan al Plan de Iguala, y mientras las Cortes formen la constitución del estado.” El 13° señala: “La regencia, inmediatamente después de nombrada procederá a la convocación de Cortes...” El 14° reafirma la división de poderes: “El Poder Ejecutivo reside en la regencia, el Legislativo en las Cortes; pero como ha de mediar algún tiempo antes de que estas se reúnan, para que ambos no recaigan en una misma autoridad; ejercer la Junta el Poder Legislativo...” [11]

Jaime del Arenal Fenochio señala que: <<Se trataba más bien de aprovechar lo mejor del constitucionalismo español sin llegar a sus excesos, sobre todo en materia religiosa, y constituir un Estado sobre la base de una Constitución “peculiar” y “adaptable”. Lo que vendría a significar que tampoco se estaría en la disposición de aceptar todo el liberalismo español: si éste no aceptaba la independencia, el liberalismo de Iguala no tenía por qué aceptar todo lo dispuesto en la Carta de Cádiz y en los decretos de las Cortes. Tal vez en esto radique la genialidad de Iturbide: en percatarse de la necesidad ( hasta la fecha y durante tantos años buscada en nuestro país) de constituir un Estado atendiendo a sus peculiaridades, a su historia, a su naturaleza, a sus hombres, a sus características sociales, a su “imaginario social”, a su geografía, a sus creencias, tradiciones y costumbres, con lo que aprovechándolos, se alejaría del programa abstracto y universalista propuesto por el iusnaturalismo racionalista europeo, dominante entonces, y se acercaría –sorprendentemente – al modelo contrario, al “historicista” que entonces comenzaría a difundir, entre otros, la escuela histórica alemana.

No era, pues, la constitución lo que se rechazaba en Iguala, ni la división de poderes o la libertad de prensa, ni por el contrario, se aceptaba la desigualdad estamental o la inquisición; lo que en iguala se rechazó fue, por un lado, la discordia que tan funestos resultados había provocado desde hacía once años y, por el otro, el servilismo hacia modelos político-constitucionales óptimos para otras latitudes pero inadecuados para la América Septentrional. Subyace en Iguala un deseo auténtico de independencia total porque ésta supone un previo reconocimiento no menos evidente de nuestra diferencia con España [...] Iguala es francamente independentista por separarse prudentemente del modelo gaditano en lo que no fuera adaptable y conveniente al nuevo Estado, que en lo otro no habría obstáculo alguno en aceptarlo. El hecho de proponer la separación pacífica, civilizada y jurídica en un plano que mantuviese relaciones de franca camaradería con la antigua metrópoli no significa ninguna merma a la independencia absoluta de la Nueva España; lo que determina ésta es el hecho de ser diferentes y la facultad de darse a sí misma una constitución propia, es decir, el ser soberana, y la soberanía quedó consagrada en los artículos 2, 3 y 11 del Plan de Iguala.

El ser diferentes cabía también respecto del resto de América, por la que el Plan estableció la independencia no sólo respecto de España sino de cualquiera otra potencia “aún de nuestro continente”. [...] Ésta fue la visión realista de Agustín de Iturbide, quien supo aprovechar la modernidad sin tirar al pozo lo que entonces éramos, en aras de un idealismo políticamente seductor pero irresponsable. Sí había que conservar algo era la concordia y la majestad de un imperio que hasta poco antes había sido opulento, lo que sólo se lograría “desatando el nudo sin romperlo”. >>[12]

Colofón


Una vez obtenido el triunfo y constituido el Imperio Mejicano, la Soberana Junta Provisional Gubernativa y la Regencia encabezada por Iturbide, convocaron a la formación de las Cortes, mismas que empezaron a sesionar el 24 de febrero de 1822; pero infiltradas por la masonería escocesa y el naciente rito de York, se dedicaron en vez de redactar una nueva constitución, a obstruir la labor de la Regencia, a conspirar para que el Consejo de la Regencia se integrará por los masones más distinguidos en la oposición a Iturbide e incluso a fraguar un golpe de estado.

El proyecto constitucional de Iturbide nunca cuajó, en su lugar fue aprobada el 4 de octubre de 1824, una constitución copiada de un texto obsoleto de la constitución norteamericana. 




Notas:

[1] Los novohispanos estuvieron representados por Santa María, Mariano Michelena, Miguel Ramos Arizpe, Iturrubaría, y Mayorga
[2] Perteneciente o relativo a la ciudad de Cádiz (Diccionario R.A.E.)
[3] Vicente Alejandro Guillamón, La Pepa, aquéllas Cortes de Cádiz,, España, 2012, http://www.familiaqueesyquenoes.org/Colaboraciones/Indice/Masoneria/
[4] Magdalena Mass, Constitución de Cádiz, Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones en México, México, 2012, http://www.inehrm.gob.mx/Portal/PtMain.php?pagina=exp-constitucion-cadiz
[5] Miembro de la logia masónica Lautaro de Cádiz. Como premio fue nombrado capitán general de Aragón y gran maestre del Gran Oriente
[6] Jaime del Arenal Fenochio, Un modo de ser libres Independencia y Constitución en México (1816-1822), Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones en México, México, 2010, pág.160
[7] Del Arenal, op.cit., pág.160
[8] Del Arenal, op.cit., págs. 161, 162
[9] Del Arenal, op.cit., pág. 135,136
[10] http://www.inehrm.gob.mx/pdf/documento_planiguala1.pdf
[11] http://www.juridicas.unam.mx/infjur/leg/conshist/pdf/tratcord.pdf
[12] Del Arenal, op.cit., pág.98

sábado, 15 de septiembre de 2012

PERFIL PSICOLÓGICO DEL HOMBRE LIGHT


(continuación de La Cultura Light)

<<El hombre light es un producto que abunda especialmente en los niveles socioeconómicos altos de Occidente. También puede aflorar en estratos medios y medio-bajos, como influjo resonante de las capas superiores […] Al tener el hombre de la sociedad de bienestar todas las apetencias materiales cubiertas, además de una serie de libertades claramente dibujadas, puede suceder que si no abre otras vías más ricas en el campo cultural o espiritual se deslizará por una rampa que termina en frivolidad. En el hombre esencialmente frívolo no hay debate ideológico ni inquietudes culturales. ¿Cuales son sus principales motivaciones? Todas aquellas correspondientes al hedonismo materialista permisivo>>.[1]


<<Se trata de un hombre relativamente bien informado, pero con escasa educación humana, muy entregado al pragmatismo por una parte, y a bastantes tópicos, por otra. Todo le interesa, pero a nivel superficial; no es capaz de hacer la síntesis de aquello que percibe, y, en consecuencia, se ha ido convirtiendo en un sujeto trivial, ligero frívolo, que lo acepta todo, pero que carece de unos criterios sólidos en su conducta. Todo se torna en él etéreo, leve, volátil, banal, permisivo. Ha visto tantos cambios, tan rápidos y en un tiempo tan corto, que empieza a no saber a que atenerse o, lo que es lo mismo, hace suyas las afirmaciones como <<Todo vale>>, <<Qué más da>> o <<Las cosas han cambiado>>. Y así, nos encontramos con un buen profesional en su tema, que conoce bien la tarea que tiene entre manos, pero que fuera de ese contexto va a la deriva, sin ideas claras, atrapado –como está- en un mundo lleno de información, que le distrae, pero que poco a poco le convierte en un hombre superficial, indiferente, permisivo, en el que anida un gran vacío moral>>.[2]

En él se dan pensamiento débil, convicciones sin firmeza, asepsia en sus compromisos, indiferencia, su ideología es el pragmatismo, su norma de conducta, la vigencia social, lo que se lleva, lo que está de moda, su ética se fundamenta en la estadística, que sustituye a su conciencia; su moral está repleta de neutralidad, falta de compromiso y subjetividad, queda relegada a la intimidad.

El hombre light es frío, no cree en casi nada, sus opiniones cambian rápidamente y ha desertado de los valores trascendentes. Se convierte en un absoluto para sí mismo y de este modo, se absuelve de cualquier reproche moral.

Si bien está encaminado al éxito, para cuya consecución <<todo es válido>>; finalmente como todos los productos de su tiempo, será desechado una vez que pierda su utilidad o se vuelva obsoleto, es ya un ser rebajado a la categoría de objeto; eso sí repleto de consumo y bienestar.

Hace poco tiempo se me hizo la pregunta de porque en la actualidad no hay caudillos, como en el siglo XIX. Aquí está la respuesta: el hombre light nunca arriesgaría su seguridad, menos su vida por un ideal o por defender la verdad; pero eso mismo lo lleva a un vacío moral, que pese a todos los satisfactores de que dispone, le crean infelicidad.

El hombre light no es antirreligioso, pero si busca una religión que se adapte a él, por eso el auge de las filosofías orientales y de sectas como la dianética, o aquellas cristianas que ofrecen el éxito económico y una moral flexible –light-. Las que mantienen sus principios incólumes como la católica o la ortodoxa, cada día pierden más adeptos. Ante ello, partiendo de un diagnóstico equivocado, se da una corriente que busca <<aligerar>> el dogma y la moral, creyendo que con eso podrá posicionarse ante una feligresía light.



COMO ENFRENTAR ESTA ALIENACIÓN



El ocaso de los valores supremos es uno de los dramas del hombre actual. <<Vivimos en una sociedad triste, sin ilusión, distraída por cuestiones insustanciales en la que son necesarias mucha fuerza, tesón e ideas claras para salir de ahí. Pero no es fácil. La cotidianidad invita a seguir en ese carrousel. Hay que proyectar y ensayar un nuevo esquema para escapar de estas redes que hacen mucho ruido, pero que no satisfacen el corazón humano. El hombre light no es feliz: tiene una cierta dosis de bienestar, pero no puede saborear lo que es la felicidad, aunque sólo sea de forma esporádica; tiene placeres, pero sin la verdadera alegría, ya que está centrado en sí mismo, en una egolatría sutil en la que se encuentra atrapado>>.[3]

El límite del relativismo tiene que venir impuesto por algo absoluto, objetivo y punto de encuentro de la condición humana. Lo absoluto no puede ser objeto de una opción ni someterse a un estudio estadístico en el que se alcanza la verdad por aprobación mayoritaria. Hay que buscar la verdad universal, aquella que está por encima de nuestras ideas o preferencias particulares. Si no es así, caeremos en una verdad a la carta que uno encarga según sus gustos u opiniones. Lo absoluto gira y se compone de valores milenarios e invariables, como esas estrellas fijas que iluminan nuestro caminar nocturno.

Frente a la frivolidad estandarizada y al hombre prefabricado lo mejor es tener metas concretas: nobles, humanas, realistas y ambiciosas, y estar dispuesto a sufrir y a luchar por conseguirlas.

Debemos conceptuar nuestra vida como un proyecto en desarrollo, que si bien no iniciamos nosotros, si está ahora bajo nuestra responsabilidad para hacerlo trascendente. Para programar la vida hacen falta dos componentes: ilusión y entusiasmo. El fracaso se debe vivir como un elemento necesario para la maduración de la personalidad.

El proceso de desintoxicación cultural lleva al establecimiento de relaciones profundas con el otro u otros, y de compromisos permanentes tanto a nivel personal como social.

Para superar la permisividad se debe reencontrar el valor de los códigos de conducta en la humanización y dignificación del hombre.

En resumen, tenemos que hacer una introspección [4], analizando hasta donde esta cultura light ha permeado en nuestra mentalidad y en nuestro sistema de valores para iniciar un proceso de desmasificación y desintoxicación, que nos lleve a aspirar a la verdadera cultura y a buscar la trascendencia a través de una vida coherente con unos valores absolutos y unos principios morales como guía.






viernes, 7 de septiembre de 2012

LA CULTURA LIGHT






INTRODUCCIÓN



El 6 de mayo de 2007 -en el Zócalo de la Ciudad de México-, cerca de 20,000 personas de todas las edades y parentescos decidieron posar desnudos para una sesión de tomas del fotógrafo Spencer Tunick, en forma gratuita y a costa de una buena desmañanada. Hecho que plantea la interrogante de: ¿qué puede llevar a una sociedad urbana mal calificada como conservadora, a participar sin mayor recato y beneficio en un evento así? 

El propósito de este ensayo es analizar la cultura de nuestra sociedad, desde el enfoque de la <<cultura light>>, señalando cuáles son sus características, que nos ha llevado a ella y como podríamos escapar a su influjo.

Para ello hago un planteamiento general de lo que es cultura, de cuáles son sus elementos, y sobre la transmisión de la cultura, o el arte de educar.

Procedo posteriormente a analizar que es la cultura <<light>> y sus raíces filosóficas, en donde veremos reflejado mucho de nuestro modo de actuar, de pensar y de sentir –a veces ya automático, inconciente-.

Si bien los productos materiales de la cultura <<light>> nos mueven a risa: comidas sin calorías, sin grasas, sin excitantes, cerveza sin alcohol, azúcar sin glucosa, Coca Cola sin coca, café sin cafeína, revistas del corazón, etc.; el producto humano que ésta cultura está generando, nos deben llevar a una honda preocupación: es el hombre metrosexual [1], frívolo, evasivo ante los compromisos vitales, alienado. [2]

No es una respuesta exhaustiva a la transformación de nuestra cultura urbana, ya que existen otros factores que habría que ponderar; pero considero que analizar lo que es la cultura <<light>>, puede ayudarnos a entender algo lo que nos está pasando - personal y socialmente- y a enfrentar esta nueva alienación.




QUÉ ES LA CULTURA



En un sentido estricto cultura es cualquier manifestación humana. Una nota definitoria de la persona humana es la capacidad de manifestarse, así, la cultura es la expresión interna de su interioridad. 

Originariamente, cultura es un término que apunta a la acción de cultivar: significa la acción mediante la cuál el hombre se ocupa de sí mismo, no quedando en puro estado natural. De ahí la contraposición naturaleza-cultura.

El origen de toda cultura es el núcleo creativo y afectivo de la persona, una sabiduría que crece hacia adentro, porque se cultiva, para después salir fuera. Frente a la primacía de la exterioridad, el espíritu humano se caracteriza por saber habitar dentro de sí y crear un mundo interior, que no es soñado, sino vivido. Sólo en este habitar se encuentran la felicidad y la plenitud. Es el lugar del encuentro con la propia intimidad, retirada a un santuario interior, realidad creadora de la que brotan ideas, proyectos que acabarán saliendo al exterior. La persona humana ama el silencio porque le permite soñar, imaginar, escuchar su voz íntima conocerse. El descubrimiento de la interioridad y su cultivo son el requisito para una verdadera formación o autoconstrucción

La cultura, entonces, está constituida por todas aquellas acciones mediante las cuales la persona se manifiesta.

Por la cultura aparecen también obras humanas, los objetos que los hombres producen: los útiles, los adornos, los objetos artísticos, la literatura, las cuentas corrientes, las leyes, los aparatos médicos, las estructuras, etc.

La cultura en sentido objetivo es una continuación de la naturaleza, ya que mediante esta manifestación humana el hombre da forma a las cosas e incrementa así el mundo natural, aumenta el número de realidades. Los seres humanos dotamos de significado a las nuevas realidades, enriquecemos el mundo, lo hacemos pasar de ser tierra a ser el hábitat, la casa, el lugar donde se desarrolla nuestro carácter mundano.

La cultura es libre, y por tanto convencional, variable, histórica.

La transmisión de la cultura se hace a través de proceso de socialización primaria, que se da dentro de la familia y posteriormente a través del proceso de educación escolar, y últimamente -y de una manera cada vez más importante-, bajo el influjo de los medios masivos de comunicación (radio, televisión, revistas, cine e Internet).

Educar, para bien o para mal, es enseñar no solo conocimientos teóricos, sino sobre todo modelos y valores que guíen el conocimiento práctico y la acción y ayuden a adquirir convicciones e ideales.



LA CULTURA LIGHT




En la segunda mitad del siglo XX, se empezó a hablar de <<crisis de valores>> y luego de <<pérdida de valores>>; pero no se tomó en cuenta que los valores perdidos, serían reemplazados por otros, ya que el ser humano no puede vivir sin ellos.

Ya en la década de 1980 se escucharon voces de advertencia como la del escritor ruso Alexander Soljenitsin, quién refiriéndose a la decadencia occidental y la crisis de valores de occidente, manifestó que era consecuencia de un bienestar exclusivamente material y hedonista.[3] Por su parte el escritor Milán Kundera reflejando a la sociedad europea, nos anticipó en su obra “La insoportable levedad del ser”, lo que vendría.

Se ha considerado que la época post-moderna es una etapa marcada por la desustancialización, impregnada, precisamente de la lógica de vacío. Así se afirma que <<el hombre posmoderno es cada vez más esclavo de sus pasiones, de sus gustos subjetivos. Prefiere una bulimia de sensaciones: probarlo todo, verlo todo, bajar al fondo de todo…Pero no para conocer mejor los resortes personales y buscar una mejoría, sino para divertirse sin más. Ya no hay inquietudes culturales, ni denuncias, ni grandes aspiraciones sociales. En occidente lo interesante es jugar, vivir sin objetivos nobles y humanistas. Este es el drama de la permisividad: una existencia indiferente, sin aspiraciones, edificada de espaldas a cualquier compromiso trascendente>>. [4]

En el trasfondo de esta mentalidad se encuentra la filosofía del nihilismo (del latín, nihil significando 'nada') es una posición filosófica desarrollada sobre todo por Friedrich Nietzsche y Martin Heidegger, que argumenta que el mundo, y en especial la existencia humana, no posee de manera realmente objetiva ningún significado, propósito, verdad comprensible o valor esencial superior. Los nihilistas pueden creer una de estas tres cosas:

  • Que ninguna finalidad o propósito superior existe. Sólo hay nada.
  •  Que la realidad que experimentamos los humanos no existe tal y como la vemos.
  • Que la realidad es incognoscible (no se puede conocer), por lo que entenderla siempre será inútil en lo práctico y sin sentido en lo teórico.

Nihilismo es la negación de todo principio, autoridad, dogma filosófico o religioso. El nihilismo hace una negación a todo lo que predique una finalidad superior, objetiva o determinista de las cosas; hace ese énfasis negando la idea de progreso en la historia. En cambio es favorable a la perspectiva del devenir constante de la historia objetiva, sin ninguna finalidad superior.

La doctrina del nihilismo, cuyos hijos son la desesperación, el fatalismo, el cinismo y el pesimismo o escepticismo práctico; afirma que la vida carece de sentido y que la felicidad no existe y que es inútil buscarla porque no se le encuentra. Cuando se dice que lleva consigo la vivencia de la nada, es porque afirma que no hay nadie que sea término de mi manifestación. Cuando el otro desaparece, no tengo a quien dirigirme, no hay otro, y por tanto lo que me rodea es la nada, la desesperación.

La cultura light es el producto de nuestra sociedad post-moderna, caracterizada por una tetralogía de valores nihilista: hedonismo, consumismo, permisivismo, y relativismo, todo ello enhebrado por el materialismo.

  • El hedonismo significa que la ley máxima del comportamiento es el placer por encima de todo, cueste lo que cueste, alcanzando progresivamente cuotas más altas de bienestar. Ello conlleva a la muerte de los ideales, a un vacío de sentido y a la búsqueda de sensaciones cada vez más nuevas y excitantes. El hedonismo sustituye la verdadera libertad por un vector que se vive como una nueva experiencia de libertad: el consumismo (todo puede escogerse a placer; comprarse, gastarse y poseerse).
  • El consumismo que se podría considerar como un ideal de la sociedad capitalista -que no tiene otro horizonte que la multiplicación o la continua sustitución de objetos por otros cada vez mejores-; tiene una fuerte raíz en la publicidad masiva y en la oferta bombardeante que nos va creando nuevas y hasta absurdas necesidades, que obviamente nunca acabamos de satisfacer, pero que nos dan la sensación de tener una libertad que por otro lado hemos perdido.
  • Permisividad significa que no hay prohibiciones, ni territorios vedados, ni impedimentos, salvo las leyes civiles. La permisividad se sustenta sobre una tolerancia total, que considera todo válido y lícito, con tal de que a la instancia subjetiva le parezca bien. La ética permisiva sustituye a la moral, lo cuál engendra un desconcierto generalizado.
  • Relativismo. Hijo natural de la permisividad, se define como aquella postura según la cuál no existe verdad absoluta, universal, válida y necesaria para todos los seres humanos. Por el se sustituye el absoluto por lo relativo, con lo que se cae en la absolutización de lo relativo. No hay nada absoluto, todo es relativo, nada es totalmente bueno ni malo. El relativismo se convierte en otro código ético, que nos lleva a una tolerancia interminable y de ahí a la indiferencia pura.

Esta tetralogía de valores nos conduce a una revolución sin finalidad y sin proyecto, (que no sea la progresiva degradación humana). Así la permisividad propugna la llegada a una etapa clave de la historia, sin prohibiciones ni territorios vedados, sin limitaciones, que deje a un lado las <<hipocresías>>. Hay que atreverse a todo, probarlo todo, llegar cada día más lejos; si para ello es necesario modificar las leyes de la antigua moral, se hace.


A esta tetralogía de valores se agregan el subjetivismo y el escepticismo. El subjetivismo que proviene de Descartes, lleva a erigir al individuo en el supremo juez de todo y a su punto de vista personal como la única norma de conducta; así cada individuo tiene su verdad, su religión, su moral, etc.; obviamente todo ello persiguiendo su beneficio inmediato y alejándolo de lo que es la verdad del hombre y de su naturaleza.

La filosofía del relativismo desemboca gradualmente en el escepticismo, con la diferencia de que para el relativismo, la verdad es algo que está en constante cambio, moviéndose de allá para acá, según el juicio de cada uno; en tanto que para el escepticismo, la verdad absoluta si existe, pero la razón humana es incapaz de alcanzarla; por lo que se produce una desvalorización del entendimiento, que no pude acceder a las cimas del conocimiento de la verdad con los medios naturales que tiene a la mano.

De este cóctel de relativismo, escepticismo y nihilismo surge un hombre pesimista, desilusionado e indiferente frente a la verdad. Así surge la idea del consenso como juez último. Estamos ante la ética del consenso: si hay consenso la cuestión es válida. El mundo y sus realidades más profundas se someten a plebiscito, porque lo importante es lo que opine la mayoría. 

Las grandes transformaciones sufridas por la sociedad en los últimos años, son al principio, contempladas con sorpresa, luego con una progresiva indiferencia o, en otros casos, como la necesidad de aceptar lo inevitable. La nueva epidemia de crisis y rupturas conyugales, la proliferación de las drogas, de la pornografía, las uniones gay, la marginación y el desempleo, la corrupción y la injusticia se admiten sin más, es algo que está ahí y contra lo que no se puede hacer nada.

“La cultura light es una síntesis insulsa que transita por la banda media de la sociedad: comidas sin calorías, sin grasas, sin excitantes… todo suave ligero, sin riesgos, con la seguridad por delante. Un hombre así no dejará huella. En su vida ya no hay rebeliones, puesto que su moral se ha convertido en una ética de reglas de urbanidad o en una mera actitud estética. El ideal aséptico es la nueva utopía, porque como dice Lipovetski estamos en la era del vacío. De estas rendijas surge el nuevo hombre cool, representado por el telespectador que con el mando a distancia pasa de un canal a otro buscando no se sabe bien qué o por el sujeto que dedica el fin de semana a la lectura de periódicos o revistas, sin tiempo casi –o sin capacidad- para otras ocupaciones más interesantes”.[5] 

En la cultura nihilista el hombre no tiene vínculos, hace lo que quiere en todos los ámbitos de la existencia y únicamente vive para sí mismo y para el placer sin restricciones, por eso rompe y rehuye a los compromisos.


lunes, 3 de septiembre de 2012

¡ESE BELLO LÁBARO PATRIO!



La bandera de México ganó el 7 de julio de 2008 el concurso de "La bandera más bonita del mundo" que se realizó a través de Internet por el diario español “20 Minutos”, mientras los lábaros patrios de Perú y Guatemala lograron el segundo y tercer sitio.  Además, en orden descendente quedaron las banderas de República Dominicana, Brasil, España, Uruguay, Argentina, Canadá y Puerto Rico.

De acuerdo con el sitio del diario español, durante los 48 días de concurso, más de siete millones y medio de votos fueron emitidos y se recibieron más de 25 mil comentarios.

"Empezamos con 104 banderas de todo el mundo, cada dos días eliminábamos las cinco banderas menos votadas, hasta hoy que terminó el concurso con las 10 banderas más votadas", precisó el sitio.

Navegante frecuente me topé con el concurso, hará unas tres semanas, cuando nuestro lábaro estaba en cuarto lugar; y haciendo un esfuerzo de imparcialidad, puesto que no estaba en juego absolutamente nada, analicé las banderas concursantes, únicamente desde su atractivo visual y aunque me resistí, no pude evitar caer en la seducción del pendón mexicano.


Porqué seduce

Adentrándonos un poco dentro de las artes plásticas, tenemos que la bandera nacional está compuesta por un color básico: el rojo, que es un color cálido, y que se conceptúa como atrayente, alegre y hasta excitante; y por otro secundario: el verde, que es un color frío, pero que representa un equilibrio entre los tonos fríos y los calientes, y que sugiere calma serenidad. En el acomodo dentro del círculo cromático corresponde a un color complementario, precisamente al rojo, es decir, el adecuado para una combinación que reclamará la atención del observador. Al lucimiento de ambos colores ayuda el blanco que los separa; que además permite resaltar el multicolor escudo nacional, en el cuál se puede observar un lujo de detalle que no se aprecia en otras banderas.

Los colores patrios

Los colores básicos de la cultura azteca eran cuatro: verde jade, rosa mexicano, blanco y negro, mismos que podemos apreciar en los códices que subsisten y en algunas pinturas murales; y que conforman ese magnífico códice que constituye la imagen de la Virgen de Guadalupe. Curiosamente si se observan las alas del ángel que lleva a la Virgen sobre sus hombros, se observará el orden en que aparecen en la bandera nacional.

<<Y de Iguala la enseña querida…>>[1]

La historia nos cuenta que ya <<entre 1812 y 1817 las guerrillas de Guadalupe Victoria utilizaron por primera vez una bandera tricolor, al erigirse como jefe del Ejército Trigarante, Agustín de Iturbide tuvo la visión de otorgar a los colores un significado incluyente. En la Villa de Iguala, el 24 de febrero de 1821, el sastre José Magdalena Ocampo fue el encargado de confeccionar la enseña de las tres garantías. Sus franjas estaban dispuestas en forma diagonal. En primer lugar aparecía el blanco que simbolizaba la pureza de la religión católica; en el centro se encontraba el verde, que representaba la independencia –color eminentemente insurgente por su devoción a la Guadalupana-; y al final, el rojo, símbolo de unión entre mexicanos y españoles.

Por sus colores, y sobre todo por el significado que el libertador les otorgó, aquella primera bandera se ganó la aceptación de la sociedad. Por un momento, y aunque sólo fuera a través del discurso, bajo la enseña tricolor los habitantes del nuevo país se percibieron iguales, como partes de un todo. A nadie resultó extraño que siete meses después de la creación de la bandera trigarante, la ciudad de México se vistiera de verde, blanco y rojo para recibir al libertador>>.[2]

<< De Iturbide la sacra bandera¡Mexicanos! valientes seguid. >>[3]

  <<Consciente del entusiasmo de la sociedad por la bandera trigarante, el 2 de noviembre de 1821, Iturbide expidió un decreto por el cuál se estableció que la bandera nacional “adoptaría perpetuamente” los colores verde, blanco y rojo, en ese orden. Las franjas diagonales fueron modificadas por franjas verticales y se añadió un elemento: un escudo plasmado sobre la parte blanca de la enseña, cuyo origen se remontaba a la época prehispánica y que con ligeras variaciones, había sido el emblema del pueblo azteca: un águila sobre un nopal devorando una serpiente.

La idea del águila en el escudo no era original de Iturbide. En 1815, José María Morelos había establecido que la bandera nacional debía tener un “tablero de cuadros blanco y azul celeste –colores de la Virgen María- y en el centro, un águila mexicana de frente, con las alas extendidas. Iturbide recuperó la idea de Morelos y fundió en la enseña del nuevo país el pasado remoto de México –representado en el escudo- y el futuro de la nación, plasmado en los colores que alumbraban el sendero de la unión y la independencia>>[4]

Degradación de su simbolismo y secuestro

Aunque el águila ha sufrido diversas transformaciones en su historia, no es lo relevante. Lo importante es la adulteración del significado de sus colores que lleva a considerar el verde como la esperanza (¿?), el blanco como la unidad y la nieve de sus volcanes (¿?) y el rojo como la sangre derramada por los héroes. Así mismo al fundarse el Partido Nacional Revolucionario (antecesor del PRI) en 1929, decidió apropiarse de los tres colores para legitimarse ante la nación.

Recientemente Andrés Manuel López Obrador ha retomado la bandera de los liberales del siglo XIX que muestra un águila de frente volteada a la izquierda, a diferencia del águila de los conservadores que veía a la derecha.

Símbolo patrio perenne

Aunque, <<El tiempo ha demostrado que, dentro del sentimiento de nación, por encima de la bandera no existe nada. Más que un símbolo patrio, es un elemento profundo de la conciencia nacional>>.[5] Ha sido la inspiración de tropas mal armadas y alimentadas, frente al intento de reconquista español de 1829, frente a las intervenciones francesas de 1838 y de 1862 a 1867, frente a la invasión estadounidense de 1846 a 1848 y en 1914. Si bien la leyenda del niño héroe Juan Escutia, no queda sino en eso, si hay el antecedente del capitán Margarito Zuazo, quién en la defensa de Molino del Rey, un 8 de septiembre de 1847, envolvió su cuerpo en el lábaro patrio antes de caer atravesado por las bayonetas estadounidenses.



[1] Fragmento del Himno mexicano
[2] Alejandro Rosas, Mitos de la Historia Mexicana, Editorial Planeta Mexicana, S.A. de C.V., México, 2006, págs.74, 75
[3] Fragmento del himno mexicano condenado a no pronunciarse y al olvido por referirse a Iturbide
[4] Alejandro Rosas, op.cit., pags.75, 76
[5] Alejandro Rosas, op.cit., pag.79