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jueves, 26 de diciembre de 2013

“EL MOMENTO ES DEL HOMBRE, EL TIEMPO ES DE DIOS”





Hace algunos años, refiriéndose a la festividad de fin de año, celebrada en casi todo el mundo, me comentaba el Dr. Francisco Cantú Garza -un reconocido psicoanalista-: "tanto desmadre se debe a que queremos ocultar con música, licor, silbatos, serpentinas y espanta-suegras, el hecho de que somos un año más viejos, o en otros palabras que nos queda un año menos de vida”.

El tiempo, siempre el tiempo..., que transcurre inexorablemente y que no podemos detener de ninguna manera. Conocemos cuentos y múltiples historias sobre la búsqueda de la “fuente de la Juventud” o la historia de aquel emperador chino que se envenenó con mercurio pensando que con ello alcanzaría la inmortalidad. El cine holliwoodense ofrece a los jóvenes la inmortalidad convirtiéndolos en vampiros.

La dimensión del tiempo -en la que se encuentra encuadrada- el hombre y que limita su existencia, ha sido estudiada por los científicos. Si para Isaac Newton el tiempo era lineal, para Albert Einstein y Stephen Hawking es curvo, lo que implica su dilatación, pero ello a pesar de sus consecuencias, no implica  para el hombre la inmortalidad, de ninguna manera.


Momento y tiempo


En su homilía del martes 26 de noviembre [1], el Papa Francisco expreso: San Pablo, muchas veces vuelve sobre esto y lo dice muy claramente: «La fachada de este mundo desaparecerá». Pero esto es otra cosa. Las lecturas hablan a menudo de «destrucción, de final, de calamidad». El camino hacia el final es un sendero que debe recorrer cada uno de nosotros, cada hombre, toda la humanidad. Pero mientras lo recorremos «el Señor nos aconseja dos cosas. Dos cosas que son distintas según cómo vivimos. Porque es diferente vivir en el momento y vivir en el tiempo». Y subrayó que «el cristiano es, hombre o mujer, aquél que sabe vivir en el momento y sabe vivir en el tiempo».

El momento, es lo que tenemos en la mano en el instante en el que vivimos. Pero no se debe confundir con el tiempo porque el momento pasa. «Tal vez nosotros podemos sentirnos dueños del momento». Pero, añadió, «el engaño es creernos dueños del tiempo. El tiempo no es nuestro. El tiempo es de Dios». Ciertamente el momento está en nuestras manos y tenemos también la libertad de tomarlo como más nos guste. Es más, podemos llegar a ser soberanos del momento. Pero del tiempo existe sólo un soberano: Jesucristo. Por ello el Señor nos aconseja: «No os dejéis engañar. Muchos, en efecto, vendrán en mí nombre diciendo: Soy yo, y el tiempo está cerca. No vayáis detrás de ellos. No os dejéis engañar en la confusión».

¿Cómo es posible superar estos engaños? El cristiano, para vivir el momento sin dejarse engañar debe orientarse con la oración y el discernimiento. «Jesús reprendía a los que no sabían discernir el momento», añadió el Papa que luego hizo referencia a la parábola de la higuera (cf. Marcos 13, 28-29): “De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, saber que Él está cerca, a las puertas”.



He aquí para qué sirve el discernimiento: para conocer los signos auténticos, para conocer el camino que debemos seguir en este momento». La oración, prosiguió el Pontífice, es necesaria para vivir bien este momento.

En cambio, en lo que respecta al tiempo, «del cual sólo el Señor es dueño», nosotros no podemos hacer nada. No existe, en efecto, una virtud humana que pueda servir para ejercitar algún poder sobre el tiempo. La única virtud posible para contemplar el tiempo «la debe regalar el Señor: es la esperanza».

Oración y discernimiento para el momento; esperanza para el tiempo: «de esta manera, el cristiano se mueve por este camino del momento, con la oración y el discernimiento. Pero deja el tiempo a la esperanza. El cristiano sabe esperar al Señor en cada momento; pero espera en el Señor al final de los tiempos. Hombre y mujer de momentos y de tiempo, de oración y discernimiento y de esperanza».

«Que el Señor nos dé la gracia de caminar con sabiduría. También ésta es un don: la sabiduría que en el momento nos conduce a orar y a discernir; y en el tiempo, que es mensajero de Dios, nos hace vivir con esperanza».









[1] http://www.vatican.va/holy_father/francesco/cotidie/2013/sp/papa-francesco_20131126_tiempo_sp.html

viernes, 20 de diciembre de 2013

¡EL NIÑO QUE SE NOS HA DADO! Carta N° 15 de Aleppo





¿Quién quiere saber en estos días, de alguna guerra? ¿De falta de comida? ¿De frío, temor o muerte? Pensaba en ofrecerles una bella historia, con final feliz. Tal vez un cuento. Pero... me topé nuevamente con una carta de esos heroicos -o aunque moleste a algunos-, verdaderos seguidores de Cristo, dispuestos a acompañar hasta el fin y dar la vida por sus hermanos, sean estos cristianos, musulmanes o no creyentes. ¡Y el colmo es que en vez de pedirnos consuelo, ayuda de todo tipo, esperanza. Ellos son los que nos la ofrecen y nos brindan una feliz Navidad!

Pero, permítanme presentarles primero como se celebrará la Navidad en Aleppo, segunda ciudad en importancia de Siria:

El obispo Audo: Nuestra Navidad bajo las bombas (20 de diciembre de 2013)



Aleppo – Las afueras de Aleppo, en manos de las fuerzas rebeldes, están sufriendo los bombardeos de la aviación gubernamental. Según diversas fuentes que concuerdan entre sí, la ofensiva militar ya ha provocado más de doscientos muertos. “Mientras tanto -informa a la Agencia Fides el jesuita Antoine Audo, obispo caldeo de la metrópolis Siria- en las áreas centrales de la ciudad continúan cayendo golpes de mortero procedentes de las zonas periféricas en manos de los rebeldes, que siguen causando víctimas. Con estos ataques parecen querer dar la señal de que están presentes, y con el control de la situación. A veces oímos a lo lejos el estruendo de los bombardeos del ejército, pero sobre los efectos de la ofensiva no tenemos información fiable. Los cortes de energía impiden la conexión a Internet o ver la televisión. Y, evidentemente no hay periódicos”. El obispo Audo describe una situación contradictoria, donde se mezclan los acontecimientos trágicos y el deseo de normalidad, la tentación de de dejarse llevar y testimonios de redención y esperanza: “Acabo de terminar una reunión de coordinación con los cirujanos que se mueven por toda la ciudad para ayudar a las personas que necesitan intervenciones quirúrgicas. Continua el trabajo de Caritas, y también las iniciativas pastorales antes de Navidad.

La semana pasada comenzamos un curso de la Biblia, y había más de cincuenta chicos. Parece una contradicción increíble. Pero tratamos de fomentar por todos los medios a nuestro pueblo cristiano a vivir iniciativas concretas que son también una fuerte señal de la voluntad de no darse por vencido, de seguir esperando, incluso en la situación absurda en la que nos encontramos. En este espíritu, vamos a pasar la Navidad. No haremos la vigilia en la noche por razones de seguridad. La celebración litúrgica tendrá lugar por la tarde”.




A continuación la Carta N° 15 de Alepo:

Niños con esperanza, que consuelan a los adultos

La Navidad de los maristas de Alepo


H. Georges Sabe, 19 de diciembre de 2013

Nosotros, los Maristas Azules, hemos soñado para ellos otro mundo distinto de aquel en el que están... Con vosotros, y gracias a vuestra solidaridad, apoyo y ánimo, el sueño se ha hecho realidad...

Hoy, 11 de diciembre de 2013, es un día muy especial... ¡Alepo ha quedado cubierta por una capa blanca! Los colegios están cerrados, mucha gente se ha quedado en casa, algunos niños y jóvenes aprovechan para jugar y divertirse, olvidando por un día una realidad cada vez más oscura e incomprensible... 

Con motivo de la Navidad el niño sirio nos interpela...

«Necesito... Necesito zapatos... Necesito un jersey... Necesito una manta... Necesito un bote de leche... Necesito calentarme... Necesito alimentarme...». 

Escuchamos todos esos gritos de boca de los niños que vienen a nuestra casa cada día. 

Niños de familias desplazadas... o familias pobres... Niños de cualquier edad, niños que nos visitan con sus padres... Niños que han dejado de ir a la escuela... que ya no tienen acceso a la escolarización... 

Sus colegios han sido destruidos u ocupados... 

Niños que no saben siquiera leer o escribir... 

Niños abandonados, niños que venden pan en las aceras... 

Niños que gritan de alegría y asombro cuando, volviendo a sus hogares, descubren que se ha restablecido la electricidad: «¡Por fin podemos ver los dibujos animados...!». 

Niños que nos traen las preocupaciones de los adultos: «Sabes, mamá no me ha podido lavar la cara porque no había agua en casa...». 


Niños que viven ya en la nostalgia del pasado... Fadi le dice a su padre, que le está explicando el tiempo pasado... «Papá, el tiempo pasado es como nuestra casa, a la que no volveremos nunca...». 


Niños que están inquietos... que se preguntan si verán de nuevo a las personas o los lugares que aprecian... Niños que no quieren apartarse de sus padres... y padres que no quieren que sus hijos se alejen... Qué angustia cuando los niños tienen que ir a la escuela cada mañana: ¡y si algo pasa, y si algo les impide volver a casa...! 

Niños que consuelan a los adultos diciéndoles: «No te preocupes por ese ruido que oyes... es una bala... una bomba... una explosión o un misil...». Niños que quieren expresarnos su alegría por estar vivos, a pesar del sufrimiento de los adultos... 

Nos piden un espacio de paz, de felicidad... de ternura... o, simplemente, un espacio de juego... Niños que oyen a sus padres repetir: «¡Qué Dios os proteja...!». 

No podemos dejar de pensar en cada uno de ellos en este día en que la nieve cubre todo Medio Oriente... 

Nos invitan a mover nuestra vida, a desplazarnos, a salir de nosotros mismos, a ir a sus fronteras... La urgencia no admitía esperas. Había que arriesgar, decir algo distinto de lo de tener piedad, actuar... inventar, crear y hacer nacer... 

Para ellos han nacido los proyectos, se han comprometido los voluntarios, se han lanzado los programas... 

Nosotros, los Maristas Azules, hemos soñado para ellos otro mundo distinto de aquel en el que están... 

Con vosotros, y gracias a vuestra solidaridad, apoyo y ánimo, el sueño se ha hecho realidad... 

Y esta realidad ha crecido con el nuevo proyecto M.I.T.: Marist Institute for Training... Un centro de formación para personas de entre 20 y 45 años, que les permitirá adquirir competencias y añadir a sus currículos cursos importantes de diferentes sectores. En 6 semanas hemos organizado ya 3 sesiones, cada una de 12 horas, y 3 conferencias de 2 horas sobre temas relacionados con la calidad, la comunicación, la gestión del tiempo y muchos otros temas interesantes. Limitamos el número de participantes a 18 personas por sesión, mientras que las conferencias son abiertas para todo el que quiera participar... Ha sido un gran éxito... 

Los niños de «Apprendre à grandir» (Aprender a crecer) continúan sus programas educativos...

Hay que destacar el interés mostrado por los padres en la calidad educativa que ofrecen los dos proyectos, el de la mañana para los desplazados, y el de la tarde para los niños de las familias de «L'Oreille de Dieu» (La oreja de Dios). Viendo el mal estado de los zapatos de los niños de familias desplazadas, hemos ofrecido a cada niño un par de zapatos nuevos... 

Los jóvenes de « Skill School » (Escuela de habilidades) continúan preparando activamente un proyecto de Navidad... Los animadores se esfuerzan porque el proyecto sea un éxito... 

Las mujeres de « Tawassol » aprovechan todo lo que sus monitores les enseñan, sea en inglés, en informática o en trabajos manuales... 

Los miembros de las familias del «Panier de la Montagne» (Cesta de la montaña) como las de «L'oreille de Dieu» (La oreja de Dios) de Midane, han recibido cada una, además de la cesta de alimentos mensual, nuevos vestidos y zapatos... 

También hemos relanzado nuestro antiguo proyecto de alojamiento y comenzado a ayudar a familias desplazadas que tienen necesidad de alquilar una casa... De momento se han beneficiado una decena de familias... Se añaden a la lista de las 30 familias que se alojaban en nuestra casa y a las que ayudamos a alquilar otra casa... 

Con los dibujos de Fadi, Roula, Marwa y Youssef, y en su nombre y en el de tantos niños de nuestra querida Siria,


Os deseamos una Navidad de paz y esperanza... 
En nombre de los Maristas de Alepo






Fuente: http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2013/10/17/alepo-religion-iglesia-siria-maristas-azules-guerra-solidaridad.shtml

domingo, 15 de diciembre de 2013

¿DE DÓNDE VIENE JESÚS?






La Navidad del Señor con su luz ilumina nuevamente las tinieblas que muchas veces envuelven nuestro mundo y nuestro corazón, y nos trae esperanza y gozo. ¿De dónde viene esta luz? Desde la gruta de Belén en donde los pastores encontraron “a María, a José y al niño acostado en el pesebre” (Lc. 2,16). Delante de la Sagrada Familia se pone otra pregunta aún más profunda: ¿Cómo pudo aquel niño débil traer una novedad así radical en el mundo, al punto de cambiar el curso de la historia? ¿No hay quizás algo misterioso sobre su origen que va más allá de aquella gruta?


Siempre y nuevamente emerge la pregunta sobre el origen de Jesús, la misma que planteó el procurador Poncio Pilato durante el proceso: “¿De dónde eres tú? (Juan 19,19). Si bien se trata de un origen muy claro: en el evangelio de Juan, cuando el Señor afirma: “Yo soy el pan bajado del cielo”, los Judíos reaccionan murmurando: “¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo puede decir: “He descendido del cielo?” (Juan 6,42).


Y poco después cuando los ciudadanos de Jerusalén se oponen con fuerza delante del pretendido mesianismo de Jesús, afirmando que se sabe bien “de dónde es; más cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde sea” (Juan 7,27). El mismo Jesús hace notar que la pretensión de conocer su origen es inadecuada, y así ofrece una orientación para saber de dónde viene: "no he venido de mí mismo, pero el que me envió es verdadero, a quien vosotros no conocéis” (Juan 7,28). Seguramente, Jesús es originario de Nazaret y nació en Belén, ¿pero qué se sabe de su verdadero origen?


En los cuatro evangelios emerge con claridad la respuesta a la pregunta “de dónde” viene Jesús: su verdadero origen es el Padre, Dios; Él proviene totalmente de Él, si bien de manera diversa de los otros profetas o enviados de Dios que lo han precedido. Este origen del misterio de Dios, “que nadie conoce” está contenido en las narraciones sobre la infancia, en los evangelios de Mateo y de Lucas que estamos leyendo en este tiempo navideño. El ángel Gabriel anuncia: “El Espíritu bajará sobre ti, y la potencia del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por lo tanto el que nacerá será santo y llamado Hijo de Dios” (Lc 1,35).


Repetimos estas palabras cada vez que recitamos el credo, la profesión de fe “et incarnatus est de Spiritu Sancto, ex Maria Virgine”, “por obra del Espíritu Santo se encarnó en el seno de la Virgen María”. Delante de esta frase nos arrodillamos porque el velo que escondía a Dios, por así decir se abre y su misterio insondable e inaccesible nos toca: Dios se vuelve Emanuel, “Dios con nosotros”.


Cuando escuchamos las misas compuestas por los grandes maestros de la música sacra -pienso por ejemplo a la Misa de la Coronación, de Mozart- notamos fácilmente que se detiene de manera particular en esta frase, como queriendo expresar con el lenguaje universal de la música lo que las palabras no pueden manifestar: el misterio grande de Dios que se encarna y se hace hombre.


Si consideramos atentamente la expresión “por obra del Espíritu Santo, nació en el seno de la Virgen María” encontramos que esta incluye cuatro elementos que actúan. En modo explícito son mencionados el Espíritu Santo y María, si bien se sobreentiende “Él” o sea el Hijo que se hizo carne en el vientre de la Virgen.


En la profesión de fe, el Credo, Jesús es definido con diversos nombres: “Señor; Cristo; unigénito de Dios; Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero; de la misma sustancia del Padre” (credo niceno-constantinopolitano). Vemos entonces que “Él” reenvía a otra persona, a la del Padre. El primer sujeto de esta frase es por lo tanto el Padre, que con el Hijo y el Espíritu Santo, es el único Dios.


Esta afirmación del Credo no se refiere al ser eterno de Dios, sino más bien nos habla de una acción en la que toman parte tres personas divinas y que se realiza “ex María Vírgine”.


Sin ella el ingreso de Dios en la historia de la humanidad no habría llegado a su fin y no habría tenido lugar lo que es central en nuestra profesión de fe: Dios es un Dios con nosotros. Así, María pertenece de manera irrenunciable a nuestra fe en el Dios que actúa, que entra en la historia. Ella pone a disposición toda su persona y “acepta” ser el lugar de la habitación de Dios.


A veces, también en el camino y en la vida de fe podemos advertir nuestra pobreza, cuanto somos inadecuados delante al testimonio que debemos ofrecer al mundo.


Entretanto, Dios eligió justamente una humilde mujer, en un pueblo desconocido, en una de las provincias más lejanas del gran imperio romano. Siempre y también en medio de las dificultades más arduas que se van a enfrentar, tenemos que tener confianza en Dios, renovando la fe en su presencia y su acción en nuestra historia, como en aquella de María. ¡Nada es imposible a Dios! Con Él nuestra existencia camina siempre sobre un terreno seguro y está abierta a un futuro de firme esperanza.


Al profesar en el Credo: “por obra del Espíritu Santo se encarnó de María Virgen”, afirmamos que el Espíritu Santo, como fuerza de Dios Altísimo obró de manera misteriosa en la Virgen María la concepción del Hijo de Dios.


El evangelista Lucas reporta las palabras del arcángel Gabriel: “El Espíritu descenderá sobre ti y la potencia del Altísimo te cubrirá con su sombra” (1,35). Hay dos indicaciones evidentes: la primera es en el momento de la creación. En el inicio del Libro del Génesis leemos que “el espíritu de Dios flotaba sobre las aguas” (1,2); es el Espíritu creador que dio vida a todas las cosas y al ser humano. Lo que sucedió en María, a través de la acción del mismo Espíritu divino, es una nueva creación: Dios que ha llamado al ser de la nada, con la Encarnación da vida a un nuevo inicio de la humanidad.


Los Padres de la Iglesia diversas veces hablan de Cristo como del nuevo Adán, para subrayar el inicio de la nueva creación desde el nacimiento del Hijo de Dios en el seno de la Virgen María. Esto nos hace reflexionar cómo la fe nos trae una novedad tan fuerte que produce un segundo nacimiento.


De hecho, en el inicio del ser cristianos está el bautismo que nos hace renacer como hijos de Dios, nos hace participar a la relación filial que Jesús tiene con el Padre. Y quiero hacer notar cómo el bautismo se recibe, nosotros decimos: “somos bautizados” -está en pasivo- porque nadie es capaz de volverse por sí mismo Hijo de Dios. Es un don que es conferido gratuitamente. San Pablo indica esta filiación adoptiva de los cristianos en un pasaje central de su Carta a los Romanos, en la que escribe: “Todos aquellos que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios. Y vosotros no habéis recibido un espíritu de esclavos para caer en el miedo, sino que habéis recibido el Espíritu que nos vuelve hijos adoptivos, por medio del cual gritamos: “¡Abbá! ¡Padre!”. El Espíritu mismo, junto a nuestro espíritu da testimonio que somos hijos de Dios” (8,14-16), no siervos. Solamente si nos abrimos a la acción de Dios, como María, solamente si confiamos nuestra vida al Señor como a un amigo del cual uno se confía totalmente, todo cambia, nuestra vida toma un nuevo sentido y un nuevo rostro: el de hijos de un Padre que nos ama y que nunca nos abandona.


Hemos hablado de dos elementos: el primero es el Espíritu sobre las aguas, el Espíritu Creador; hay entretanto otro elemento en las palabras de la Anunciación. El ángel le dice a María: “La potencia del Altísimo te cubrirá con su sombra”. Es una invocación de la nube santa que, durante el camino del éxodo, se detenía sobre la Carpa del Encuentro, sobre el Arca de la Alianza, que el pueblo de Israel llevaba consigo, y que indicaba la presencia de Dios (Cfr Ex 40, 40, 34-38). María por lo tanto es la Carpa Santa, la nueva Arca de la Alianza: con su “sí” a las palabras del arcángel, da a Dios una morada en este mundo, Aquel a quien el universo no puede contener toma morada en el vientre de una virgen.


Retornemos entonces a la cuestión de la cual partimos, sobre el origen de Jesús, sintetizado en la pregunta de Pilato: “¿De dónde eres tú?”.


En nuestras reflexiones aparece claro desde el inicio de los evangelios, cuál sea el verdadero origen de Jesús: Él es el Hijo unigénito del Padre, viene de Dios. Estamos delante a un gran y desconcertante misterio que celebramos en este tiempo de Navidad: El Hijo de Dios, por obra del Espíritu Santo se encarnó en el seno de la Virgen María. Es este un anuncio que resuena siempre nuevo y que trae en sí esperanza y alegría a nuestro corazón, porque nos dona cada vez la certeza que, aún si a veces nos sentimos débiles, pobres, incapaces delante de las dificultades y del mal del mundo, la potencia de Dios actúa siempre y obra maravillas justamente en la debilidad. Su gracia es nuestra fuerza (cfr 2 Cor 12,9-10).




Benedicto XVI

Ciudad del Vaticano, miércoles 2 de enero 2013 (Zenit.org)



jueves, 12 de diciembre de 2013

POEMA A LA VIRGEN DE GUADALUPE






Virgen de Guadalupe Señora, mi Señora, dueña mía y, mi esperanza, tú que nos viniste a sembrar de ternura, de fe… ven a cosechar tus frutos, ven a llenarnos de luz que con el tiempo se ha ido extinguiendo… parece mentira estarte suplicando que hagas tu quinta aparición, si ya te apareciste, si te estás apareciendo a cada instante aunque nos hayas dado ojos para ver y no veamos tu grandeza… Señora, mi Señora dueña mía y mi esperanza, vestida de turquesa y luz viniste, te tuviste que materializar para poder cobijarnos bajo tu embrujo celestial… Porque te tuviste que parar en la luna, reflejo del misterio y la intuición? Porque no sobre la tierra para que no cuidaras de los sueños de tus hijos sino de sus realidades… Hazte realidad de nuevo, te pido desde mis precarios sentidos, aunque una realidad tan grande seas… y por ello no te podemos apreciar. Déjame ser una estrella de tu vestido o el cordón negro que ciñe tu talla. Señora, mi señora, dueña mía y, mi esperanza y mi esperanza será poder siempre en tu nombre ayudar!




Mado*, diciembre 12, 2009


*Poetisa española radicada en México, su nombre es María Dolores Dyn

jueves, 5 de diciembre de 2013

JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN







Biografía


Nació alrededor de 1474, en el barrio de Tlayácac, Cuauhtitlán, perteneciente al reino de Texcoco. Por ser de la etnia chichimeca, fue formado en la cultura tolteca y no en la cultura azteca.

Haciendo un símil con el pueblo griego, podríamos considerar a los aztecas como los espartanos de la meseta del Anáhuac y a los toltecas como a los atenienses, es decir, en tanto los aztecas eran un pueblo fundamentalmente guerrero y eran educados para la guerra, con excepción de los gobernantes, que gozaban de una educación más amplia, los toltecas apreciaban las bellas artes, las ciencias y su educación era más humanista.

No fue noble sino macehual, es decir, una "persona común y corriente".

Cuauhtitlán, fue de los primeros pueblos que recibieron la evangelización de los misioneros franciscanos. Fray Toribio de Benavente “Motolinia”[1] afirmaba que “entre los pueblos ya dichos de la laguna dulce, el que más diligencia puso para llevar frailes que los enseñasen y en ayuntar más gente y en destruir los templos del demonio, fue Cuauhtitlán”

Entra en los registros históricos a partir del año de 1524, en que fue bautizado, a los 48 años, recibiendo después el sacramento matrimonial con su pareja María Lucía. Dos años después realizaron la promesa de castidad conociendo que la castidad y la virginidad eran agradables a Dios. María Lucía murió en 1529, dos años antes de las apariciones del Tepeyac.

Juan Diego acudía todos los sábados y domingos a Tlatelolco, un barrio de la Ciudad de México, en donde había doctrina y se celebraba Misa. Para ello tenía que salir muy temprano del pueblo de Tulpetlac, donde vivía y caminar hacia el sur hasta bordear el cerro del Tepeyac.

El documento que narra las apariciones de la Virgen de Guadalupe al vidente Juan Diego es el Nican Mopohua, pero también se le menciona en el Nican Motecpana y muy especialmente en las Informaciones Jurídicas de 1666.

Después de las apariciones, se entregó plenamente al servicio de Dios y de su Madre, lo que lo llevó a solicitar al obispo fray Juan de Zumárraga que le permitiera construir una choza pegada a la ermita construida a Santa María de Guadalupe. Los indios de Cuauhtitlán fueron los que construyeron la ermita a la Virgen y después edificaron una humilde choza al lado de la ermita.

Murió en 1548 a la edad de 74 años, hay que agregar que ese mismo año murió el obispo fray Juan de Zumárraga, a quien le tocó vivir y certificar el hecho de las apariciones Guadalupanas. Fue enterrado, igual que su tío Bernardito en la choza junto a la ermita.

Si bien en vida fue reconocido como un varón santo y recibió la veneración especialmente de los indígenas, no fue sino hasta el 9 de abril de 1990, que Juan Pablo II reconoció la santidad de vida mediante un Decreto de Beatificación.



El milagro que le valió el reconocimiento de santidad


Posteriormente, se inició la Causa de Canonización para la cual se exigía un milagro. Si bien había un ramillete de milagros documentados a lo largo de los siglos, se escogió, el más documentado y actual, mismo que transcribo:
<<… el 3 de mayo de 1990, el joven Juan José Barragán desesperado por su situación familiar y personal, en un momento de tremenda depresión, lágrimas y frustración, protagonizó una acalorada discusión con su madre; en esa difícil mañana fue cuando el joven Juan José corrió a la cocina del departamento ubicado en la Ciudad de México y tomando entre sus manos un cuchillo quiso quitarse la vida. Entre forcejeos la madre pudo arrebatarle el cuchillo, pero el joven de apenas 19 años de edad estaba decidido, no quería seguir viviendo, así que corrió hacia la terraza y quiso lanzarse al vacío, diez metros en caída libre, era la altura entre la vida y la muerte; la madre quien corrió detrás de él, como pudo lo sujetó de las piernas. La gente que pasaba por la calle miraba atónita la dramática escena, escuchaban aterrados los gritos que lanzaba la madre del joven, gritos de auxilio pero también de plegaria: “¡Juan Diego, Juan Diego, mi hijo, mi hijo!”; no faltó la persona que trató de abrir la puerta del edificio para subir a auxiliar a la desesperada madre; otro trató de ponerse debajo con los brazos en posición para una posible caída del muchacho y así, eventualmente, tratar de atajar su caída; tanto los que estaban expectantes, como los que querían ayudar fueron importantes testimonios de todo este evento dentro del proceso que posteriormente se llevaría a cabo. La madre no pudo sujetar más a su hijo, ya que éste movía bruscamente las piernas, finalmente se zafó y, de cabeza, cayo esos diez metros hasta que su cráneo dio contra el suelo de cemento; caída libre en la cual no pudo ser atajado o amortiguar el golpe con otra parte de su cuerpo, nada se pudo hacer; el joven yacía como muerto.

La madre, gritando a los cuatro vientos por su hijo, bajo rápidamente por las escaleras los dos pisos que la separaban de su hijo. Persona caritativas cubrieron el cuerpo con una sábana y una veladora iluminaba débilmente la escena; otra persona más llamó a la ambulancia y antes que llegarán los paramédicos, ante el asombro de todos, Juan José se quitó la sábana, la gente no daba crédito a lo que estaba viendo: un muchacho con el rostro deformado, la sangre que le brotaba por los oídos, boca, nariz y ojos, y que reconociendo a su madre, le decía: “madre, ¡qué golpazo me di!”; esto fue un punto interesante pues, a pesar del tremendo golpe, pudo reconocer a su madre; desde este momento se inicia con un reconocimiento del mencionado “ramillete de milagros”. Por fin llegaron los paramédicos, con extremo cuidado fue auxiliado el joven y trasladado al Sanatorio Durango, en la Colonia Roma, donde fue atendido inmediatamente por el doctor Juan Homero Hernández Illescas, quien trato de suministrarle un calmante, pero el joven Juan José pataleaba y manoteaba y no había forma de ser inyectado; esto también forma parte de lo asombroso del hecho, ya que Juan José no perdió la movilidad, o la capacidad motora, a pesar de la gravedad que en un momento más iba a descubrirse con exactitud gracias a los exámenes y radiografías. Los doctores no daban crédito, ¿cómo es posible que éste joven hubiera reconocido a su madre y haya conservado la capacidad motriz, cuando su cráneo estaba totalmente roto y, además de haber perdido mucha sangre, el líquido encéfalo-raquídeo se había salido? ¡Simplemente era inexplicable, como el joven Juan José Barragán siguiera vivo!

Los doctores no salían de su asombro, sin embargo, pensaban que sólo era cuestión de tiempo para que Juan José muriera. Desde que habían conocido la gravedad del caso ,el doctor Hernández le había dicho a la madre que si creía en Dios rezara por el restablecimiento de su hijo; la madre inmediatamente le confirmó que ya había elevado su plegaria a Dios, a la Virgen de Guadalupe y a Juan Diego, pues lo tenía muy presente en la mente desde que los medios de comunicación anunciaban la llegada del Papa Juan Pablo II a México para la beatificación del humilde indígena, así que fue en las manos de este indio humilde en donde puso la salud de su hijo. El día 5 de mayo, los doctores tuvieron que decirle a la mamá de Juan José, que no había nada que hacer, simplemente, no sabían cómo todavía seguía vivo, y determinaron que fuera la misma naturaleza del cuerpo de Juan José la que determinará cuando sería el fin.

El 6 de mayo, exactamente cuando el Papa Juan Pablo II estaba en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, en la celebración de la beatificación de Juan Diego, justo en el momento de la consagración, en el Sanatorio Durango algo estaba sucediendo… el joven Juan José se despertó, poco a poco se incorporó, tenía hambre; vio a un enfermo que estaba en la cama contigua, le habían traído una charola de comida, observó que él estaba totalmente dormido, así que aprovecho el momento para acercarse la charola y comer; en ese momento pasó por ahí la enfermera que vio la escena y casi se desmaya, corrió por el doctor, y con la respiración entrecortada le gritó: “¡doctor, doctor, su muerto está comiendo!” ¿qué? -respondió el doctor- “qué dices?; sí, sí, doctor: ¡el joven que debería estar muerto está comiendo Corrieron los dos y al llegar al cuarto se sorprendieron tanto que tardaron algunos momentos para poder coordinar alguna idea… Juan José me comentó tiempo después que él se había asustado por la cara que pusieron tanto el doctor como la enfermera, y de momento pensó que estarían enojados porque ¡estaba comiendo algo que no era suyo! Obviamente los especialistas trataban de responderse que había pasado, Juan José fue sometido a varios exámenes, veían el hueso, sí veían la fractura pero estaba totalmente soldada y ahí estaban las arterias y venas, todo en su lugar. Estaban los signos de las roturas, pero sanas, ¡todo funcionaba perfectamente bien!, ¡el joven no tenía ni siquiera dolor de cabeza! Los doctores no se contentaron con sus propios exámenes, pidieron más y más análisis de otros especialistas, algunos, sin saber que el joven estaba ya perfectamente bien de salud, escribían preguntas, una de ellas es muy singular, pues el especialista escribía: “interesante caso ¿dónde está el cadáver?” Además no hubo secuelas, ninguna, no quedó en estado vegetativo o con alguna discapacidad, como todavía algunos pronosticaban, nada, absolutamente nada. Juan José abandonó el sanatorio el 12 de mayo, por lo que estuvo apenas unos cuantos días en el hospital.

Once años después, en diciembre, en diciembre de 2001, se realizó la certificación del milagro que realizó Dios por medio de Juan Diego, como lo requirió la Congregación para la Causa de los Santos y lo corroboró como un verdadero “ramillete de milagros”. Se confirmó una vez más, no sólo la existencia de Juan Diego, sino sus grandes virtudes como cristiano, su veracidad en la transmisión de toda su experiencia y, ahora, su gran intercesión a favor del necesitado y del que sufre.

Así pues, el 18 de diciembre de 2001 se anunció que se realizaría la Proclamación del Decreto sobre el milagro que, por intercesión de Juan Diego realizó Dios; esto significaba la aprobación de todo el proyecto de canonización de este humilde indígena celebrado por varios años hasta ese momento.>>



Canonización


El 20 de diciembre de 2001 fue proclamado el Decreto del milagro delante del Papa Juan Pablo II. Se invitó al Santo Padre a que se efectuara la ceremonia de canonización en México, accediendo a hacerlo el 31 de julio de 2002 -a pesar de lo avanzado de su enfermedad y o delicado de su salud-.

Y así, en esa memorable fecha, el Papa que se había autodeclarado “mexicano”, que había comentado que en la visita al Tepeyac, había encotrado el camino de su magisterio, que había reconocido a Santa María de Guadalupe, el título de: “Estrella Luminosa de la primera y de la nueva evangelización”, definió e inscribió en el catálogo de los santos a San Juan Diego Cuauhtlatoatzin [2], como primer santo indígena del Continente Americano.



Su fiesta se celebra el 9 de diciembre, fecha de inició de las apariciones.


Jorge Pérez Uribe


[1] En náhuatl: pobre
[2] En náhuatl: Águila que habla cosas divinas


Bibliografía: Eduardo Chávez, La Verdad de Guadalupe, Instituto Superior de estudios guadalupanos, 3a.Edición, México, 2012


(En el fondo se puede apreciar una reconstrucción de México-Tenochtitlan en la época de las apariciones del Tepeyac.) 

jueves, 28 de noviembre de 2013

DAMASCO: UN ESPEJISMO DE NORMALIDAD EN EL CORAZÓN DE LA GUERRA SIRIA


Entre los muros de la capital sobreviven refugiados cristianos, musulmanes suníes y alauíes.
Nos adentramos en este bastión del régimen de Bachar el Asad, donde no cesa el ruido de la artillería y las patrullas de las milicias






por David Alandete*



Solo el estruendo ocasional de los morteros y la artillería distantes rompe la melancólica melodía del laúd en el escenario. Los tiempos han cambiado y lo que antes fue un restaurante de paso obligado para turistas, extranjeros y nacionales, languidece hoy con unas pocas mesas ocupadas. A pesar de todo, los sirios sonríen. Es normal. Pocos lugares hay como el restaurante Abo Al-Ezz. Damasco regala uno de sus cielos nítidos. Tras los ventanales asoma la mezquita de los Omeyas. Abajo bulle el zoco, donde se venden ya pocos souvenires, pero uno encuentra cosas más prosaicas: ropa interior, pañuelos o jabones de Alepo. La capital siria se aferra a un espejismo de cotidianidad, sitiada por la guerra, empeñada en soñar con los débiles recuerdos del pasado.

“Siria era un lugar en el que una mujer como yo podía decidir si quería llevar velo o no”, cuenta Nabila Hadi, de 37 años, sentada a una mesa junto a una amiga. “Siria era…”, así comienzan a narrar muchos damascenos, como si el tiempo y el lugar en el que viven fuera cosa de otra era. Aquellos que quedan en la burbuja de relativa calma que es Damasco apoyan en su mayoría el régimen de Bachar el Asad, que aguanta desde marzo de 2011 el embiste de unos rebeldes que se levantaron con las primeras ráfagas de la primavera árabe. A Nabila no le asusta la guerra en sí. Hasta hace dos meses vivía cómodamente en los Emiratos Árabes Unidos, pero regresó para estar con su madre, que se niega a abandonar Damasco a pesar de los coches bomba, los morteros, los puestos de control y el tenso silencio que se apodera de esta majestuosa ciudad de noche. “Lo que sí me da miedo es que vengan los otros y nos pongan a todas el velo”, dice.


Nabila no va tapada a pesar de ser musulmana suní. En eso, Damasco acabó siendo una capital única en el mundo islámico. El régimen de la familia El Asad, de confesión alauí, ha mantenido unida cuatro décadas una amalgama de religiones, sin dejarse dominar por ninguna. “No queremos convertirnos en Egipto. ¿Ha visto a alguna mujer recientemente en El Cairo sin velo? Allí, los islamistas avanzaron un extremismo que nada tiene que ver con la fe, que es una cuestión individual”, explica. Frente a ella, asiente su amiga Rima Hakim, peluquera, de 37 años, también con el cabello, rubio, descubierto. Su negocio aguanta, aunque con menos clientes. Mantiene unidos como puede los retazos de su vida antes de la guerra, como venir a comer al Abo Al-Ezz. “Las mujeres éramos libres. Puede que eso se esté acabando”, dice bajando la voz y señalando a otra mesa en la que varias mujeres con velo comen calladas junto a sus maridos.

“No queremos convertirnos en Egipto. ¿Ha visto a alguna mujer recientemente en El Cairo sin velo? Allí, los islamistas avanzaron hacia un extremismo que nada tiene que ver con la fe"

Nabila Hadi, musulmana suní


En principio, Occidente vio con esperanza la lucha de los opositores. Hablaban de democracia y de libertad. Enviaban a representantes a Estados Unidos y Europa, prometiendo una transición modélica si El Asad abandonaba el poder. Muchas veces se dio al régimen por caído, pero el Gobierno resiste. El bando rebelde ha quedado fragmentado, cautivo de milicias yihadistas que cometen matanzas en nombre de la ley islámica. En Damasco no se encuentra a sirios que renieguen de El Asad. Es el bastión del régimen, y quienes disienten no hablan en alto, pues Siria es famosa aún por la ubicuidad de la Mujabarat, el servicio secreto.

Suerte tienen quienes aguantan con sus negocios. Muchas tiendas de antigüedades en la ciudad vieja siguen abiertas porque sus propietarios no tienen otra cosa en la que ocupar su tiempo. Hoy levantan las persianas, sacan su silla a la calle y ven el día pasar, unas veces plácidamente, otras sacudido por atentados.

Sam Darbouli, de 32 años, ha escapado en varias ocasiones de la muerte. Hace unos meses, un coche bomba estalló cuando pasaba por la céntrica plaza de Marjeh. La semana pasada evitó la explosión de los morteros por unos metros cuando acudía al gimnasio. Muchos de sus trayectos habituales han quedado en ruinas. Y se ha visto obligado a congelar el proyecto de su vida, Beit Chames, una lujosa casa de huéspedes abierta en 2009, que logró llenos constantes y alabanzas en las guías de viaje. Hoy ocupan las habitaciones sus padres y hermanos, que abandonaron sus hogares.

“Los últimos clientes se marcharon en abril de 2011”, dice con aire nostálgico. Su casa mantiene el color burdeos con el que pintó las paredes y el suntuoso mobiliario damasceno de madera y madreperla. La revuelta contra Bachar el Asad comenzó, con manifestaciones en el sur del país, en marzo de aquel año. Pronto las agencias de viaje empezaron a emitir recomendaciones en contra de viajar a Siria. Sam tenía el hotel completamente reservado hasta julio, pero todos los huéspedes cancelaron sus viajes. Hoy sueña con que el futuro le devuelva el pasado. “Teníamos seguridad y estabilidad. Nos sentíamos libres, no necesitábamos que vinieran a decirnos qué es la democracia”, dice.

Frente a Beit Chames queda un socavón y los restos de lo que parece un suntuoso palacio. Iba a ser un hotel Serena, una cadena propiedad del agá Jan, que quiso erigir allí un monumento residencial al lujo. Hoy quedan las excavaciones, unos restos más de la capital cosmopolita que Damasco creía ser; de aquellos años en los que el país se abría al mundo después de que Bachar el Asad heredara el poder tras la muerte de su padre en 2000. Llegó con él Asma, su mujer, nacida en Londres. La elegante primera dama se dejaba ver en exclusivos restaurantes y cultivaba la amistad del diseñador Christian Louboutin, quien venía a Siria a comprar seda para sus zapatos y acabó adquiriendo un palacio en Alepo, hoy abandonado en un bastión rebelde. Todas esas caras famosas han desaparecido.

Hace un tiempo que tampoco se ve a Abu Shadi, el contador de historias que cada tarde acudía al café Al Nofara, que se jacta de ser el más antiguo de la ciudad, en un callejón que lleva a la mezquita de los Omeyas. Con su fez rojo y su larga túnica, Abu Shadi narraba hazañas de olvidados reyes y valientes guerreros. Al acabar solía clavar una espada sobre una mesa, provocando el pánico en los extranjeros y la risa de los asiduos. Hoy, en Al Nofara los jóvenes fuman de la pipa de agua, pero no queda rastro de cuentos ni de turistas.

“Teníamos seguridad y estabilidad. Nos sentíamos libres, no necesitábamos que vinieran a decirnos qué es la democracia”

Sam Darbouli, propietario de una lujosa casa de huéspedes


“Han sido dos años muy duros”, admite Sandra, de 17 años, estudiante de enfermería que, como en cualquier país, pasa las tardes con sus amigos conectada a las redes sociales a través del móvil. “Vivimos aquí. Amamos nuestro país. Nos quedaremos en él para defenderlo”, dice. Sabe que cuando acaben sus estudios, muchos de los varones sentados a la mesa deberán ingresar en el servicio militar y librar una guerra que ya se ha cobrado más de 100.000 vidas. “Sabemos que hay sacrificios necesarios”, dice. “Sobre todo para ellos”.

Sandra es cristiana, como entre un 6% y un 10% de los sirios. A pesar de vivir en el bastión protegido por el Gobierno, se resiste a dar su apellido por temor a represalias. Siria es, al fin y al cabo, un país de mayoría suní. “Uno no puede saber a quién acabará apoyando el vecino”, dice bajando la voz. Su familia procede de Malula, una de las últimas localidades en las que se preserva, hablado, el arameo de Jesucristo. Atacada en verano por los yihadistas, muchos cristianos huyeron a Damasco. “Mis familiares vinieron a quedarse con nosotros y asumen que no podrán volver en un tiempo”, dice. La guerra ha obligado a abandonar sus hogares a seis millones de personas. Dos millones se han refugiado en el extranjero.

Los cristianos recuerdan que cuando comenzaron las revueltas, apoyadas sobre todo por suníes, en las mezquitas se gritaba: “¡Los cristianos, a Beirut, y los alauíes, a la tumba!”. “Cuando vieron que no nos íbamos, cambiaron la frase y comenzaron a decir que alauíes y cristianos deberíamos ir a la tumba”, recuerda el padre ortodoxo Gabriel Daoud, de 36 años, en su iglesia, la de San Jorge, en el barrio cristiano de Bab Tuma. En sus dependencias duermen desplazados de Malula. Sobre la fachada, un cartel muestra fotos de los obispos Boulos ­Yazigi y Yuhanna Ibrahim, secuestrados por los rebeldes en abril. Nada se sabe de ellos.

Los cristianos de Damasco sienten que la historia les ha devuelto a aquellos años que recuerdan de los libros de historia, en los que su comunidad era perseguida, cuando su credo se abría camino en el mundo y se reforzaba precisamente en lugares como la actual Siria, donde Pablo de Tarso se convirtió a la fe de Jesucristo. El padre Daoud habla hoy de exterminio, de terrorismo, de limpieza religiosa por parte de los opositores. Lo hace sin miedo, a pesar de las amenazas que ha recibido por carta y por teléfono. “Tras la guerra de Irak han desaparecido de allí los cristianos. En Egipto son también perseguidos. Somos los siguientes”, dice. “Los terroristas”, añade, en referencia a los opositores, “no conocen a Dios. Solo creen en derramar sangre, en matar, no aceptan a nadie que piense distinto a ellos”.

Las explosiones sacuden ocasionalmente este barrio de Bab Tuma. El último atentado mató en junio a cuatro personas. Controlan las calles civiles armados que operan con la aquiescencia del Gobierno. Siguen a quienes consideran sospechosos, inspeccionan mochilas y bolsos, montan puestos de control y barricadas. Damasco no puede negar que está en guerra. Por mucho que sus habitantes se aferren a su espejismo de normalidad, la contienda se filtra insidiosa en la vida cotidiana con sus barricadas, sus detectores de bombas, los soldados en la calle y las explosiones. De noche se las oye más claro, y desde las terrazas se ve en el cielo el resplandor del fuego de artillería procedente del monte Casium, la fortaleza del régimen donde reside el presidente.

Los cristianos sienten que la historia les ha devuelto a aquellos años que recuerdan de los libros de historia, en los que su comunidad era perseguida.


Muadamia es una de las zonas de la periferia de Damasco más tocadas. Los rebeldes, sitiados por el Gobierno, controlan la mayoría de la localidad. Sufren escasez de víveres y bienes básicos. El 21 de agosto, un ataque con misiles cargados con gas sarín, un arma química altamente tóxica, golpeó esta y otras zonas. Estados Unidos dice haber contado 1.429 muertos, 426 de ellos niños, y responsabiliza al régimen, que niega su implicación. Una misión de la ONU ha recabado pruebas irrefutables del ataque, pero sin atribuir la autoría a ningún bando. Estos días, una misión conjunta de la ONU y la Organización para la Prohibición de Armas Químicas se halla en Damasco supervisando la destrucción de arsenales químicos a la que se ha comprometido El Asad.

De los horrores de Muadamia huyó el año pasado Bachar Shahin, de 42 años. Llegó a Damasco, donde trabajaba como guía en el museo nacional, aprovechando su excelente inglés. Los jardines del edificio siguen abiertos, con algunas obras arqueológicas al aire libre. Pero los verdaderos tesoros, como el alfabeto más antiguo del mundo, están en los sótanos de edificios públicos por miedo a que sean dañados. Los únicos en visitar estos jardines son estudiantes. Bachar, sin casa, duerme en el museo. Ha enviado a su mujer y dos hijos a Azerbayán. Y muestra su decepción con la revolución: “Al principio había gente que apoyaba a los rebeldes”, cuenta. “Decían que buscaban la libertad. Pero si querían democracia, ¿por qué matan a civiles? ¿Por qué destrozaron mi casa? ¿Por qué me han dejado sin hogar?”.

Muchos se hacen las mismas preguntas, incluso los que proceden de bastiones rebeldes como Homs. De allí huyó Sahar Turkmani, de 53 años, dejándolo todo atrás. Vino a Damasco con su marido y Asma, de 14 años, la más joven de sus 10 hijos. El padre de familia murió hace ocho meses. Dice Sahar que se le paró el corazón tras tanto sufrimiento. Ella y Asma viven en una escuela en el distrito de Mezzeh, convertida en un centro de refugiados. Las aulas han sido minuciosamente divididas con paredes de fina madera para crear un laberinto de hogares que habitan 260 personas. Madre e hija comen y duermen en el suelo, sobre unos delgados colchones. Tienen un hornillo y junto a la ventana guardan prendas y accesorios que cosen y venden para sacar algo de dinero.

“Solo podemos sentir gratitud por el Gobierno”, dice Sahar, su cabello cubierto por un velo negro. “En Homs vivíamos con miedo. Aquí por lo menos tenemos seguridad. Podemos salir a la calle a comer un helado incluso hasta las diez de la noche”. Estos refugiados desafían también la idea generalizada de que Siria vive una ofensiva de una mayoría musulmana suní contra las minorías imperantes. Tanto Sahar como la práctica totalidad de los residentes de este centro son suníes. La curiosidad que pudieran sentir por aquellas promesas de democracia y libertad de los opositores ha dado paso a una clara voluntad de recobrar la seguridad y la estabilidad perdidas hace largo tiempo.

“No hay piedad en el bando rebelde”, dice con amargura Abdel Azi Nahar, de 70 años, que era imán, también suní, en su mezquita en Berzé, en las afueras de Damasco. Cometió la ofensa de tratar de mediar entre el Gobierno y los rebeldes en una conferencia de paz interna, y quedó marcado. Le robaron el dinero de la mezquita. Le afeitaron la barba. Le secuestraron dos veces. Cuando a su hijo Mohamed, de 18 años, un francotirador le plantó una bala cerca del ojo, hiriéndole de gravedad, decidió buscar refugio en Damasco. “Los que nos hicieron estas cosas son extranjeros, son chechenos e iraquíes, son Al Qaeda. Nada tienen que ver con el islam. No quieren paz”, dice.

Más que un régimen, en Siria todo un sistema de intereses y comunidades resiste la embestida rebelde


En este mosaico de vidas interrumpidas hay un grupo que mantiene una discreción extrema. Bajan la voz cuando pronuncian, si es que lo hacen, el nombre de su propio grupo, “alauíes”. Son una derivación ancestral del chiísmo musulmán; mantienen muchos de sus preceptos y libros en secreto, y se les permite mentir sobre sus creencias para defender a su comunidad. Llegaron a controlar Siria gracias a los golpes de Estado orquestados por Hafez el Asad en los años sesenta y setenta del siglo pasado. El Asad procedía de la villa alauí de Qurdaha, en el noroeste. Para consolidar su poder colocó en el Gobierno y la cúpula militar a personas de su clan. Hoy son 2,5 millones, algo más de un 10% de la población, y el objetivo principal de las milicias rebeldes.

Munir, de 19 años, esconde su credo con una cruz en el cuello para fingir que es cristiano. “Mi madre me lo ha pedido. Cree que si me capturan los terroristas, es menos probable que maten a un cristiano que a un alauí”, dice. Pide que no se revele su apellido por temor a exponer a su familia, parte de la cual ha huido a Líbano. Está de regreso en Damasco, tras haber servido siete meses en el ejército y haber quedado gravemente herido en la pierna derecha en un enfrentamiento en Homs. Aunque aún cojea, ha solicitado volver a filas. “Si no logro volver al ejército, intentaré ingresar en la Fuerza de Defensa Nacional”, dice, en referencia a una milicia paramilitar apoyada por el Gobierno, compuesta mayoritariamente por alauíes, a la que los opositores acusan de excesos y crímenes de guerra, como la ejecución de 450 civiles, en su mayoría suníes, en las afueras de la localidad de Banias, en mayo.

Munir no defiende a ultranza al presidente. “No luchamos solo por Bachar”, dice. “Hizo cosas mal. No supo gestionar esta crisis al principio. Pero ya da igual. Ahora luchamos porque nuestros hermanos han sido asesinados, porque los terroristas se dedican a cazar alauíes, porque si se les deja gobernar harán lo posible por exterminarnos”. Más que un régimen, en Siria todo un sistema de intereses y comunidades resiste la embestida rebelde. Mientras, Munir hace lo que cualquier joven: acude con amigos de su credo a Pages, un café en el centro que podría estar en el Soho neoyorquino.

Algunos lujos se mantienen en Damasco. Hay discotecas abiertas. En el centro comercial Boulevard, varios comercios venden ropa de marca y gafas de diseñador. El esqueleto de lo que era un Zara, aún con sus carteles, vende hoy ropa hecha en Siria. Y en el último piso del Cham Palace, un hotel mítico y de un glamour añejo, aún se mueve un restaurante giratorio con vistas panorámicas. De noche, sin embargo, se ve una ciudad callada y tensa, despertada a intervalos por las luces y el estruendo de una guerra que, tozuda, llama a la puerta.


* Periodista de El País, España

Fuente: http://elpais.com/elpais/2013/11/01/eps/1383303604_559003.html

jueves, 21 de noviembre de 2013

PEREGRINACIÓN Y ENCUENTRO CONTINENTAL GUADALUPANO






Del viernes 16 al martes 19 de noviembre se celebró en las instalaciones de la Plaza Mariana –contigua a la Basílica de Guadalupe- en la Ciudad de México, el evento convocado por la Comisión Pontificia para América Latina, la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, los Caballeros de Colón y el Instituto Superior de Estudios Guadalupanos, en cumplimiento del programa establecido para el Año de la Fe. 

La asistencia de más de un millar de personas, se compuso por más de 60 obispos de América, 9 cardenales, entre ellos dos del denominado G8, es decir, de la comisión creada por el Papa Francisco para reformar la curia y que son el Cardenal Oscar Andrés Rodríguez Madariaga (Tegucigalpa, Honduras) y Cardenal Sean Patrick O'Malley, O.F.M. (Boston, Estados Unidos). También fueron invitados especiales laicos representante de diversos grupos apostólicos.

El encuentro estuvo presidido por el Cardenal Marc Ouellet, Prefecto de la Congregación para los Obispos y Presidente de la Comisión Pontificia para America Latina y el Dr. Guzmán Carriquiry, Secretario de la misma. 

Metiche como soy, habiendo recibido el correo de un amigo en donde se notificaba del evento y la liga para las inscripciones, entre al sitio de Internet, llene una cédula con mis datos generales. En respuesta se me informó que debía pagar un donativo (para recuperación de gastos: un maletín con el material a utilizar, renta de equipo de traducción y servicio de cafetería). Como respuesta me llegó mi boleto. 

El evento dio inicio el sábado 16 con la entronización de la imagen de Nuestra Señora de Guadalupe, precedida con un desfile de banderas de América y de otros países del mundo, como Israel, detrás de las cuales venía la imagen de san Juan Diego y de Santa María de Guadalupe. En el presidium se colocó a la izquierda la imagen de Juan Diego, a la derecha la de la Virgen de Guadalupe y al fondo rodeando la mesa las diferentes banderas. 

Tras las palabras de bienvenida, se procedió a la proyección del mensaje audiovisual que envió el papa Francisco, en donde éste, manifestó su pesar por no poder estar presente. 

Los objetivos del encuentro fueron: 

  • Involucrar cada vez más a todas las Iglesias de las Américas en el dinamismo de una “misión continental”, según el legado de la Exhortación apostólica post sinodal “Ecclesia en America”, del Documento conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano en Aparecida y de las convocatorias pontificias para una “nueva evangelización”. 
  • Confiar la “misión continental” al amor misericordioso de Dios Padre, a la Presencia salvífica de su Hijo y a la gracia del Espíritu Santo, bajo la intercesión de la Santísima Virgen María, madre de Dios, Madre de la Iglesia, Madre de los pueblos americanos. 
  • Iluminar la “misión continental” a la luz del nuevo Pontificado de S. S. Francisco y con los contenidos del magisterio pontificio durante el Año de la Fe, específicamente de la Encíclica “Lumen Fidei” 
  • Predisponer las Iglesias del continente americano a recibir las enseñanzas y proposiciones de la Exhortación apostólica pos-sinodal (de la Asamblea sinodal) sobre la “nueva evangelización para la transmisión de la fe” para dar nuevo ardor. Nuevos métodos y nuevas expresiones a la nueva evangelización en el continente americano. 
  • Peregrinar al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe para poner las intenciones, recomendaciones y proposiciones de la “misión continental” a los pies de la Estrella de la Nueva Evangelización americana y Madre de la civilización del amor, implorando si intercesión y guía. 
  • Intercambiar experiencias y reflexiones de las Iglesias en el continente americano respecto de la “misión continental”, en un espíritu de comunión y colaboración. 
  • Retomar más intensos vínculos eclesiales y guadalupanos entre las Iglesias del continente y la Iglesia en Filipinas, y proyectar un compromiso conjunto de la misión “ad gentes”, especialmente referida al Extremo Oriente Asiático. 
  • Prepararse a vivir la Festividad de Nuestra Señora de Guadalupe del 12 de diciembre de 2013. 

La dinámica del encuentro consistió en conferencias plenarias, reuniones en grupos de trabajo, rezo de Laudes y del Rosario, culminando las jornadas diarias con una Solemne Celebración Eucarística en la Basílica de Guadalupe. 

El rosario del primer día fue imborrable, ya que tuvo lugar recorriendo el Cerro del Tepeyac, a la puesta del sol, en un día en donde después de días de mal tiempo, se podían observar los volcanes nevados y todo el contorno de la Ciudad de México. Ya había expresado Mons.Chávez que “la Virgen prepara sus días”. 

El día domingo 17, tras una profética conferencia del Prof. Carl Anderson, Caballero Supremo de los Caballeros de Colón, iniciaron los trabajos de los 13 grupo formados para analizar temas tan variados como: la emergencia educativa, matrimonio, familia y cultura de la vida, liturgia, vida consagrada, acción misionera en instituciones educativas, derechos humanos, justicia y solidaridad, migraciones, narcotráfico, pobreza, caridad y solidaridad con los desamparados y revolución en las comunicaciones, entre otros temas. 

En los primeros intercambios, sobre todo con asistentes extranjeros, vi la extrañeza que les causaba la forma en que había llegado y más cuando les externaba que no era dirigente, ni representante de ningún grupo, sino simplemente un laico “de a pié”, eso si, interesado en el asunto. Una religiosa me hizo esta observación: “probablemente no has caído en la cuenta que eres un invitado especial de la anfitriona (la Virgen de Guadalupe) y por haber correspondido a su invitación recibirás grandes beneficios” y créanme así sucedió, ya que los que no éramos invitados especiales participamos en una serie de conferencias con personajes que no me había imaginado conocer: 

  • Había leído una de las primeras ediciones del libro del Ing. José Aste Tonsmann –ingeniero civil peruano, especializado Ingeniería de los Sistemas de Investigación en la Universidad de Cornell, quién llegó a México para trabajar en IBM y queriendo corresponder a la hospitalidad mexicano pensó en digitalizar inicialmente el calendario azteca, pero cayó en sus manos una revistas en donde se hablaba de una imagen en los ojos de la Virgen de Guadalupe y se avocó a su digitalización, descubriendo hasta diez personajes. Tras dos años de investigaciones publicó el resultado de las mismas-. Ahora pude escuchar de sus labios la crónica y las dificultades con que topó. 
  • Repasamos el descubrimiento del Doctor Juan Homero Hernández Illescas (q.e.p.d.) sobre las estrellas del manto, que era la posición que guardaban aquel día del 12 de diciembre de 1531. 
  • También conocí en resultado de las investigaciones del Maestro en Matemáticas Fernando Ojeda Llanés, -en sus propias palabras-, quién ha descubierto una armonía musical en el manto de la imagen Guadalupana y que nos ofreció la grabación de un bellísimo arreglo hecho por un músico. 
  • Finalmente debo señalar que conocí a ese erudito del tema guadalupano que es el doctor en Historia monseñor Eduardo Chávez, nahuatlato [1], quien además es Rector del Instituto Superior de Estudios Guadalupanos, y fue postulador oficial de la causa de canonización de san Juan Diego, pero además es practicante de la pintura como su servidor. Mons. Chávez fue conferencista del primer día sobre el hecho guadalupano, pero los invitados no especiales pudimos aprovechar su sapiencia ahora con más calma y familiaridad –debo decir que además es un magnífico expositor, con un gran sentido del humor-. 

En fin podemos hablar mucho sobre el fenómeno guadalupano, pero no es el objeto de este post, sino reportar el evento ocurrido estos días; por lo que retomo la reunión. 


El día lunes18, en asamblea plenaria se presentaron los informes de los grupos de trabajo, seguidos por aportaciones individuales para complementarlos y enriquecerlos. 

Después de la Solemne Celebración Eucarística en la Basílica de Guadalupe, se tuvo una vigilia mariana en donde el Cardenal Marc Ouellet entregó al Cardenal Norberto Rivera, Arzobispo de la Ciudad de México el obsequio que mandaba el Papa Francisco a la “Guadalupana” un ramillete de una bellísima rosa de oro. 

El día martes 19, se tuvieron varias intervenciones sobre las <<Especiales prioridades y acentuaciones de la “misión continental” para la Iglesia de Canadá, de Estados Unidos, de Hispanoamérica y el Caribe, de Brasil y de Filipinas>>. Cabe aclarar que no se contó con la intervención de José S. Palma, Arzobispo de Cebú, Filipinas, quién ha permanecido al lado de las víctimas del tifón Haiyan, pero se pidió por las víctimas y damnificados, se les envió una carta a nombre de todos los participantes, además de lo recolectado entre la concurrencia. 

El evento concluyó con una Solemne Celebración Eucarística por la evangelización de los pueblos presidida por el Cardenal Marc Ouellet, en donde a manera de despedida señaló <<que este Encuentro Continental representa para todos los participantes “uno de los grandes beneficios del Año de la Fe, que Su Santidad Benedicto XVI convocó y Nuestro Santo Padre Francisco llevará a término, al igual que la Encíclica Lumen Fidei, que ambos escribieron”

El Sr. Card. Ouellet citó algunos de los grandes acontecimientos que deja al mundo católico el Año de la Fe, como la generosa renuncia del Papa Benedicto XVI al pontificado, que resultó ser “el más grande testimonio de fe, para dejar paso a un sucesor más joven que ejerza con mayor eficacia el ministerio petrino”. Hecho que derivó en la elección del primer Papa latinoamericano en la historia: Francisco, “quien ha tomado el timón de la Barca de Pedro con mano firme y nos lleva de sorpresa en sorpresa hacia nuevos horizontes”

Mencionó que en este Año de la Fe se confirmó la próxima canonización de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II, “que fueron signos extraordinarios de esperanza para todo el planeta”. Añadió: “todos estos acontecimientos nos invitan a confiar en el Espíritu Santo, que seguirán sorprendiéndonos y que quiere ahora renovar a toda la Iglesia y, especialmente, a la familia”

Pidió orar por el próximo Sínodo sobre la familia, que –en sus palabras– deberá afrontar nuevos desafíos. Agradeció nuevamente a Dios “por darnos un Pastor que lleva a cabo, de forma concreta, la Nueva Evangelización”, y exclamó: “Que el Espíritu de la Misión Continental despliegue ampliamente sus dones a todas las naciones. ¡Que toda América sea atravesada por un gran soplo misionero!”>>.[2] 

Concluyó con la exclamación “¡Viva Cristo Rey y Nuestra Señora de Guadalupe!” seguida por el ¡Viva! De toda la concurrencia. 




Notas:
[1] Versado en la cultura y lengua náhuatl. Diccionario de la RAE
[2] Reportaje de Francisco Luna Macías en SIAME, 19 de noviembre de 2013