UA-43224232-1

jueves, 26 de diciembre de 2013

“EL MOMENTO ES DEL HOMBRE, EL TIEMPO ES DE DIOS”





Hace algunos años, refiriéndose a la festividad de fin de año, celebrada en casi todo el mundo, me comentaba el Dr. Francisco Cantú Garza -un reconocido psicoanalista-: "tanto desmadre se debe a que queremos ocultar con música, licor, silbatos, serpentinas y espanta-suegras, el hecho de que somos un año más viejos, o en otros palabras que nos queda un año menos de vida”.

El tiempo, siempre el tiempo..., que transcurre inexorablemente y que no podemos detener de ninguna manera. Conocemos cuentos y múltiples historias sobre la búsqueda de la “fuente de la Juventud” o la historia de aquel emperador chino que se envenenó con mercurio pensando que con ello alcanzaría la inmortalidad. El cine holliwoodense ofrece a los jóvenes la inmortalidad convirtiéndolos en vampiros.

La dimensión del tiempo -en la que se encuentra encuadrada- el hombre y que limita su existencia, ha sido estudiada por los científicos. Si para Isaac Newton el tiempo era lineal, para Albert Einstein y Stephen Hawking es curvo, lo que implica su dilatación, pero ello a pesar de sus consecuencias, no implica  para el hombre la inmortalidad, de ninguna manera.


Momento y tiempo


En su homilía del martes 26 de noviembre [1], el Papa Francisco expreso: San Pablo, muchas veces vuelve sobre esto y lo dice muy claramente: «La fachada de este mundo desaparecerá». Pero esto es otra cosa. Las lecturas hablan a menudo de «destrucción, de final, de calamidad». El camino hacia el final es un sendero que debe recorrer cada uno de nosotros, cada hombre, toda la humanidad. Pero mientras lo recorremos «el Señor nos aconseja dos cosas. Dos cosas que son distintas según cómo vivimos. Porque es diferente vivir en el momento y vivir en el tiempo». Y subrayó que «el cristiano es, hombre o mujer, aquél que sabe vivir en el momento y sabe vivir en el tiempo».

El momento, es lo que tenemos en la mano en el instante en el que vivimos. Pero no se debe confundir con el tiempo porque el momento pasa. «Tal vez nosotros podemos sentirnos dueños del momento». Pero, añadió, «el engaño es creernos dueños del tiempo. El tiempo no es nuestro. El tiempo es de Dios». Ciertamente el momento está en nuestras manos y tenemos también la libertad de tomarlo como más nos guste. Es más, podemos llegar a ser soberanos del momento. Pero del tiempo existe sólo un soberano: Jesucristo. Por ello el Señor nos aconseja: «No os dejéis engañar. Muchos, en efecto, vendrán en mí nombre diciendo: Soy yo, y el tiempo está cerca. No vayáis detrás de ellos. No os dejéis engañar en la confusión».

¿Cómo es posible superar estos engaños? El cristiano, para vivir el momento sin dejarse engañar debe orientarse con la oración y el discernimiento. «Jesús reprendía a los que no sabían discernir el momento», añadió el Papa que luego hizo referencia a la parábola de la higuera (cf. Marcos 13, 28-29): “De la higuera aprended esta parábola: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis que sucede esto, saber que Él está cerca, a las puertas”.



He aquí para qué sirve el discernimiento: para conocer los signos auténticos, para conocer el camino que debemos seguir en este momento». La oración, prosiguió el Pontífice, es necesaria para vivir bien este momento.

En cambio, en lo que respecta al tiempo, «del cual sólo el Señor es dueño», nosotros no podemos hacer nada. No existe, en efecto, una virtud humana que pueda servir para ejercitar algún poder sobre el tiempo. La única virtud posible para contemplar el tiempo «la debe regalar el Señor: es la esperanza».

Oración y discernimiento para el momento; esperanza para el tiempo: «de esta manera, el cristiano se mueve por este camino del momento, con la oración y el discernimiento. Pero deja el tiempo a la esperanza. El cristiano sabe esperar al Señor en cada momento; pero espera en el Señor al final de los tiempos. Hombre y mujer de momentos y de tiempo, de oración y discernimiento y de esperanza».

«Que el Señor nos dé la gracia de caminar con sabiduría. También ésta es un don: la sabiduría que en el momento nos conduce a orar y a discernir; y en el tiempo, que es mensajero de Dios, nos hace vivir con esperanza».









[1] http://www.vatican.va/holy_father/francesco/cotidie/2013/sp/papa-francesco_20131126_tiempo_sp.html

viernes, 20 de diciembre de 2013

¡EL NIÑO QUE SE NOS HA DADO! Carta N° 15 de Aleppo





¿Quién quiere saber en estos días, de alguna guerra? ¿De falta de comida? ¿De frío, temor o muerte? Pensaba en ofrecerles una bella historia, con final feliz. Tal vez un cuento. Pero... me topé nuevamente con una carta de esos heroicos -o aunque moleste a algunos-, verdaderos seguidores de Cristo, dispuestos a acompañar hasta el fin y dar la vida por sus hermanos, sean estos cristianos, musulmanes o no creyentes. ¡Y el colmo es que en vez de pedirnos consuelo, ayuda de todo tipo, esperanza. Ellos son los que nos la ofrecen y nos brindan una feliz Navidad!

Pero, permítanme presentarles primero como se celebrará la Navidad en Aleppo, segunda ciudad en importancia de Siria:

El obispo Audo: Nuestra Navidad bajo las bombas (20 de diciembre de 2013)



Aleppo – Las afueras de Aleppo, en manos de las fuerzas rebeldes, están sufriendo los bombardeos de la aviación gubernamental. Según diversas fuentes que concuerdan entre sí, la ofensiva militar ya ha provocado más de doscientos muertos. “Mientras tanto -informa a la Agencia Fides el jesuita Antoine Audo, obispo caldeo de la metrópolis Siria- en las áreas centrales de la ciudad continúan cayendo golpes de mortero procedentes de las zonas periféricas en manos de los rebeldes, que siguen causando víctimas. Con estos ataques parecen querer dar la señal de que están presentes, y con el control de la situación. A veces oímos a lo lejos el estruendo de los bombardeos del ejército, pero sobre los efectos de la ofensiva no tenemos información fiable. Los cortes de energía impiden la conexión a Internet o ver la televisión. Y, evidentemente no hay periódicos”. El obispo Audo describe una situación contradictoria, donde se mezclan los acontecimientos trágicos y el deseo de normalidad, la tentación de de dejarse llevar y testimonios de redención y esperanza: “Acabo de terminar una reunión de coordinación con los cirujanos que se mueven por toda la ciudad para ayudar a las personas que necesitan intervenciones quirúrgicas. Continua el trabajo de Caritas, y también las iniciativas pastorales antes de Navidad.

La semana pasada comenzamos un curso de la Biblia, y había más de cincuenta chicos. Parece una contradicción increíble. Pero tratamos de fomentar por todos los medios a nuestro pueblo cristiano a vivir iniciativas concretas que son también una fuerte señal de la voluntad de no darse por vencido, de seguir esperando, incluso en la situación absurda en la que nos encontramos. En este espíritu, vamos a pasar la Navidad. No haremos la vigilia en la noche por razones de seguridad. La celebración litúrgica tendrá lugar por la tarde”.




A continuación la Carta N° 15 de Alepo:

Niños con esperanza, que consuelan a los adultos

La Navidad de los maristas de Alepo


H. Georges Sabe, 19 de diciembre de 2013

Nosotros, los Maristas Azules, hemos soñado para ellos otro mundo distinto de aquel en el que están... Con vosotros, y gracias a vuestra solidaridad, apoyo y ánimo, el sueño se ha hecho realidad...

Hoy, 11 de diciembre de 2013, es un día muy especial... ¡Alepo ha quedado cubierta por una capa blanca! Los colegios están cerrados, mucha gente se ha quedado en casa, algunos niños y jóvenes aprovechan para jugar y divertirse, olvidando por un día una realidad cada vez más oscura e incomprensible... 

Con motivo de la Navidad el niño sirio nos interpela...

«Necesito... Necesito zapatos... Necesito un jersey... Necesito una manta... Necesito un bote de leche... Necesito calentarme... Necesito alimentarme...». 

Escuchamos todos esos gritos de boca de los niños que vienen a nuestra casa cada día. 

Niños de familias desplazadas... o familias pobres... Niños de cualquier edad, niños que nos visitan con sus padres... Niños que han dejado de ir a la escuela... que ya no tienen acceso a la escolarización... 

Sus colegios han sido destruidos u ocupados... 

Niños que no saben siquiera leer o escribir... 

Niños abandonados, niños que venden pan en las aceras... 

Niños que gritan de alegría y asombro cuando, volviendo a sus hogares, descubren que se ha restablecido la electricidad: «¡Por fin podemos ver los dibujos animados...!». 

Niños que nos traen las preocupaciones de los adultos: «Sabes, mamá no me ha podido lavar la cara porque no había agua en casa...». 


Niños que viven ya en la nostalgia del pasado... Fadi le dice a su padre, que le está explicando el tiempo pasado... «Papá, el tiempo pasado es como nuestra casa, a la que no volveremos nunca...». 


Niños que están inquietos... que se preguntan si verán de nuevo a las personas o los lugares que aprecian... Niños que no quieren apartarse de sus padres... y padres que no quieren que sus hijos se alejen... Qué angustia cuando los niños tienen que ir a la escuela cada mañana: ¡y si algo pasa, y si algo les impide volver a casa...! 

Niños que consuelan a los adultos diciéndoles: «No te preocupes por ese ruido que oyes... es una bala... una bomba... una explosión o un misil...». Niños que quieren expresarnos su alegría por estar vivos, a pesar del sufrimiento de los adultos... 

Nos piden un espacio de paz, de felicidad... de ternura... o, simplemente, un espacio de juego... Niños que oyen a sus padres repetir: «¡Qué Dios os proteja...!». 

No podemos dejar de pensar en cada uno de ellos en este día en que la nieve cubre todo Medio Oriente... 

Nos invitan a mover nuestra vida, a desplazarnos, a salir de nosotros mismos, a ir a sus fronteras... La urgencia no admitía esperas. Había que arriesgar, decir algo distinto de lo de tener piedad, actuar... inventar, crear y hacer nacer... 

Para ellos han nacido los proyectos, se han comprometido los voluntarios, se han lanzado los programas... 

Nosotros, los Maristas Azules, hemos soñado para ellos otro mundo distinto de aquel en el que están... 

Con vosotros, y gracias a vuestra solidaridad, apoyo y ánimo, el sueño se ha hecho realidad... 

Y esta realidad ha crecido con el nuevo proyecto M.I.T.: Marist Institute for Training... Un centro de formación para personas de entre 20 y 45 años, que les permitirá adquirir competencias y añadir a sus currículos cursos importantes de diferentes sectores. En 6 semanas hemos organizado ya 3 sesiones, cada una de 12 horas, y 3 conferencias de 2 horas sobre temas relacionados con la calidad, la comunicación, la gestión del tiempo y muchos otros temas interesantes. Limitamos el número de participantes a 18 personas por sesión, mientras que las conferencias son abiertas para todo el que quiera participar... Ha sido un gran éxito... 

Los niños de «Apprendre à grandir» (Aprender a crecer) continúan sus programas educativos...

Hay que destacar el interés mostrado por los padres en la calidad educativa que ofrecen los dos proyectos, el de la mañana para los desplazados, y el de la tarde para los niños de las familias de «L'Oreille de Dieu» (La oreja de Dios). Viendo el mal estado de los zapatos de los niños de familias desplazadas, hemos ofrecido a cada niño un par de zapatos nuevos... 

Los jóvenes de « Skill School » (Escuela de habilidades) continúan preparando activamente un proyecto de Navidad... Los animadores se esfuerzan porque el proyecto sea un éxito... 

Las mujeres de « Tawassol » aprovechan todo lo que sus monitores les enseñan, sea en inglés, en informática o en trabajos manuales... 

Los miembros de las familias del «Panier de la Montagne» (Cesta de la montaña) como las de «L'oreille de Dieu» (La oreja de Dios) de Midane, han recibido cada una, además de la cesta de alimentos mensual, nuevos vestidos y zapatos... 

También hemos relanzado nuestro antiguo proyecto de alojamiento y comenzado a ayudar a familias desplazadas que tienen necesidad de alquilar una casa... De momento se han beneficiado una decena de familias... Se añaden a la lista de las 30 familias que se alojaban en nuestra casa y a las que ayudamos a alquilar otra casa... 

Con los dibujos de Fadi, Roula, Marwa y Youssef, y en su nombre y en el de tantos niños de nuestra querida Siria,


Os deseamos una Navidad de paz y esperanza... 
En nombre de los Maristas de Alepo






Fuente: http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2013/10/17/alepo-religion-iglesia-siria-maristas-azules-guerra-solidaridad.shtml

domingo, 15 de diciembre de 2013

¿DE DÓNDE VIENE JESÚS?






La Navidad del Señor con su luz ilumina nuevamente las tinieblas que muchas veces envuelven nuestro mundo y nuestro corazón, y nos trae esperanza y gozo. ¿De dónde viene esta luz? Desde la gruta de Belén en donde los pastores encontraron “a María, a José y al niño acostado en el pesebre” (Lc. 2,16). Delante de la Sagrada Familia se pone otra pregunta aún más profunda: ¿Cómo pudo aquel niño débil traer una novedad así radical en el mundo, al punto de cambiar el curso de la historia? ¿No hay quizás algo misterioso sobre su origen que va más allá de aquella gruta?


Siempre y nuevamente emerge la pregunta sobre el origen de Jesús, la misma que planteó el procurador Poncio Pilato durante el proceso: “¿De dónde eres tú? (Juan 19,19). Si bien se trata de un origen muy claro: en el evangelio de Juan, cuando el Señor afirma: “Yo soy el pan bajado del cielo”, los Judíos reaccionan murmurando: “¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo puede decir: “He descendido del cielo?” (Juan 6,42).


Y poco después cuando los ciudadanos de Jerusalén se oponen con fuerza delante del pretendido mesianismo de Jesús, afirmando que se sabe bien “de dónde es; más cuando venga el Cristo, nadie sabrá de dónde sea” (Juan 7,27). El mismo Jesús hace notar que la pretensión de conocer su origen es inadecuada, y así ofrece una orientación para saber de dónde viene: "no he venido de mí mismo, pero el que me envió es verdadero, a quien vosotros no conocéis” (Juan 7,28). Seguramente, Jesús es originario de Nazaret y nació en Belén, ¿pero qué se sabe de su verdadero origen?


En los cuatro evangelios emerge con claridad la respuesta a la pregunta “de dónde” viene Jesús: su verdadero origen es el Padre, Dios; Él proviene totalmente de Él, si bien de manera diversa de los otros profetas o enviados de Dios que lo han precedido. Este origen del misterio de Dios, “que nadie conoce” está contenido en las narraciones sobre la infancia, en los evangelios de Mateo y de Lucas que estamos leyendo en este tiempo navideño. El ángel Gabriel anuncia: “El Espíritu bajará sobre ti, y la potencia del Altísimo te cubrirá con su sombra. Por lo tanto el que nacerá será santo y llamado Hijo de Dios” (Lc 1,35).


Repetimos estas palabras cada vez que recitamos el credo, la profesión de fe “et incarnatus est de Spiritu Sancto, ex Maria Virgine”, “por obra del Espíritu Santo se encarnó en el seno de la Virgen María”. Delante de esta frase nos arrodillamos porque el velo que escondía a Dios, por así decir se abre y su misterio insondable e inaccesible nos toca: Dios se vuelve Emanuel, “Dios con nosotros”.


Cuando escuchamos las misas compuestas por los grandes maestros de la música sacra -pienso por ejemplo a la Misa de la Coronación, de Mozart- notamos fácilmente que se detiene de manera particular en esta frase, como queriendo expresar con el lenguaje universal de la música lo que las palabras no pueden manifestar: el misterio grande de Dios que se encarna y se hace hombre.


Si consideramos atentamente la expresión “por obra del Espíritu Santo, nació en el seno de la Virgen María” encontramos que esta incluye cuatro elementos que actúan. En modo explícito son mencionados el Espíritu Santo y María, si bien se sobreentiende “Él” o sea el Hijo que se hizo carne en el vientre de la Virgen.


En la profesión de fe, el Credo, Jesús es definido con diversos nombres: “Señor; Cristo; unigénito de Dios; Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero; de la misma sustancia del Padre” (credo niceno-constantinopolitano). Vemos entonces que “Él” reenvía a otra persona, a la del Padre. El primer sujeto de esta frase es por lo tanto el Padre, que con el Hijo y el Espíritu Santo, es el único Dios.


Esta afirmación del Credo no se refiere al ser eterno de Dios, sino más bien nos habla de una acción en la que toman parte tres personas divinas y que se realiza “ex María Vírgine”.


Sin ella el ingreso de Dios en la historia de la humanidad no habría llegado a su fin y no habría tenido lugar lo que es central en nuestra profesión de fe: Dios es un Dios con nosotros. Así, María pertenece de manera irrenunciable a nuestra fe en el Dios que actúa, que entra en la historia. Ella pone a disposición toda su persona y “acepta” ser el lugar de la habitación de Dios.


A veces, también en el camino y en la vida de fe podemos advertir nuestra pobreza, cuanto somos inadecuados delante al testimonio que debemos ofrecer al mundo.


Entretanto, Dios eligió justamente una humilde mujer, en un pueblo desconocido, en una de las provincias más lejanas del gran imperio romano. Siempre y también en medio de las dificultades más arduas que se van a enfrentar, tenemos que tener confianza en Dios, renovando la fe en su presencia y su acción en nuestra historia, como en aquella de María. ¡Nada es imposible a Dios! Con Él nuestra existencia camina siempre sobre un terreno seguro y está abierta a un futuro de firme esperanza.


Al profesar en el Credo: “por obra del Espíritu Santo se encarnó de María Virgen”, afirmamos que el Espíritu Santo, como fuerza de Dios Altísimo obró de manera misteriosa en la Virgen María la concepción del Hijo de Dios.


El evangelista Lucas reporta las palabras del arcángel Gabriel: “El Espíritu descenderá sobre ti y la potencia del Altísimo te cubrirá con su sombra” (1,35). Hay dos indicaciones evidentes: la primera es en el momento de la creación. En el inicio del Libro del Génesis leemos que “el espíritu de Dios flotaba sobre las aguas” (1,2); es el Espíritu creador que dio vida a todas las cosas y al ser humano. Lo que sucedió en María, a través de la acción del mismo Espíritu divino, es una nueva creación: Dios que ha llamado al ser de la nada, con la Encarnación da vida a un nuevo inicio de la humanidad.


Los Padres de la Iglesia diversas veces hablan de Cristo como del nuevo Adán, para subrayar el inicio de la nueva creación desde el nacimiento del Hijo de Dios en el seno de la Virgen María. Esto nos hace reflexionar cómo la fe nos trae una novedad tan fuerte que produce un segundo nacimiento.


De hecho, en el inicio del ser cristianos está el bautismo que nos hace renacer como hijos de Dios, nos hace participar a la relación filial que Jesús tiene con el Padre. Y quiero hacer notar cómo el bautismo se recibe, nosotros decimos: “somos bautizados” -está en pasivo- porque nadie es capaz de volverse por sí mismo Hijo de Dios. Es un don que es conferido gratuitamente. San Pablo indica esta filiación adoptiva de los cristianos en un pasaje central de su Carta a los Romanos, en la que escribe: “Todos aquellos que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios. Y vosotros no habéis recibido un espíritu de esclavos para caer en el miedo, sino que habéis recibido el Espíritu que nos vuelve hijos adoptivos, por medio del cual gritamos: “¡Abbá! ¡Padre!”. El Espíritu mismo, junto a nuestro espíritu da testimonio que somos hijos de Dios” (8,14-16), no siervos. Solamente si nos abrimos a la acción de Dios, como María, solamente si confiamos nuestra vida al Señor como a un amigo del cual uno se confía totalmente, todo cambia, nuestra vida toma un nuevo sentido y un nuevo rostro: el de hijos de un Padre que nos ama y que nunca nos abandona.


Hemos hablado de dos elementos: el primero es el Espíritu sobre las aguas, el Espíritu Creador; hay entretanto otro elemento en las palabras de la Anunciación. El ángel le dice a María: “La potencia del Altísimo te cubrirá con su sombra”. Es una invocación de la nube santa que, durante el camino del éxodo, se detenía sobre la Carpa del Encuentro, sobre el Arca de la Alianza, que el pueblo de Israel llevaba consigo, y que indicaba la presencia de Dios (Cfr Ex 40, 40, 34-38). María por lo tanto es la Carpa Santa, la nueva Arca de la Alianza: con su “sí” a las palabras del arcángel, da a Dios una morada en este mundo, Aquel a quien el universo no puede contener toma morada en el vientre de una virgen.


Retornemos entonces a la cuestión de la cual partimos, sobre el origen de Jesús, sintetizado en la pregunta de Pilato: “¿De dónde eres tú?”.


En nuestras reflexiones aparece claro desde el inicio de los evangelios, cuál sea el verdadero origen de Jesús: Él es el Hijo unigénito del Padre, viene de Dios. Estamos delante a un gran y desconcertante misterio que celebramos en este tiempo de Navidad: El Hijo de Dios, por obra del Espíritu Santo se encarnó en el seno de la Virgen María. Es este un anuncio que resuena siempre nuevo y que trae en sí esperanza y alegría a nuestro corazón, porque nos dona cada vez la certeza que, aún si a veces nos sentimos débiles, pobres, incapaces delante de las dificultades y del mal del mundo, la potencia de Dios actúa siempre y obra maravillas justamente en la debilidad. Su gracia es nuestra fuerza (cfr 2 Cor 12,9-10).




Benedicto XVI

Ciudad del Vaticano, miércoles 2 de enero 2013 (Zenit.org)



jueves, 12 de diciembre de 2013

POEMA A LA VIRGEN DE GUADALUPE






Virgen de Guadalupe Señora, mi Señora, dueña mía y, mi esperanza, tú que nos viniste a sembrar de ternura, de fe… ven a cosechar tus frutos, ven a llenarnos de luz que con el tiempo se ha ido extinguiendo… parece mentira estarte suplicando que hagas tu quinta aparición, si ya te apareciste, si te estás apareciendo a cada instante aunque nos hayas dado ojos para ver y no veamos tu grandeza… Señora, mi Señora dueña mía y mi esperanza, vestida de turquesa y luz viniste, te tuviste que materializar para poder cobijarnos bajo tu embrujo celestial… Porque te tuviste que parar en la luna, reflejo del misterio y la intuición? Porque no sobre la tierra para que no cuidaras de los sueños de tus hijos sino de sus realidades… Hazte realidad de nuevo, te pido desde mis precarios sentidos, aunque una realidad tan grande seas… y por ello no te podemos apreciar. Déjame ser una estrella de tu vestido o el cordón negro que ciñe tu talla. Señora, mi señora, dueña mía y, mi esperanza y mi esperanza será poder siempre en tu nombre ayudar!




Mado*, diciembre 12, 2009


*Poetisa española radicada en México, su nombre es María Dolores Dyn

jueves, 5 de diciembre de 2013

JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN







Biografía


Nació alrededor de 1474, en el barrio de Tlayácac, Cuauhtitlán, perteneciente al reino de Texcoco. Por ser de la etnia chichimeca, fue formado en la cultura tolteca y no en la cultura azteca.

Haciendo un símil con el pueblo griego, podríamos considerar a los aztecas como los espartanos de la meseta del Anáhuac y a los toltecas como a los atenienses, es decir, en tanto los aztecas eran un pueblo fundamentalmente guerrero y eran educados para la guerra, con excepción de los gobernantes, que gozaban de una educación más amplia, los toltecas apreciaban las bellas artes, las ciencias y su educación era más humanista.

No fue noble sino macehual, es decir, una "persona común y corriente".

Cuauhtitlán, fue de los primeros pueblos que recibieron la evangelización de los misioneros franciscanos. Fray Toribio de Benavente “Motolinia”[1] afirmaba que “entre los pueblos ya dichos de la laguna dulce, el que más diligencia puso para llevar frailes que los enseñasen y en ayuntar más gente y en destruir los templos del demonio, fue Cuauhtitlán”

Entra en los registros históricos a partir del año de 1524, en que fue bautizado, a los 48 años, recibiendo después el sacramento matrimonial con su pareja María Lucía. Dos años después realizaron la promesa de castidad conociendo que la castidad y la virginidad eran agradables a Dios. María Lucía murió en 1529, dos años antes de las apariciones del Tepeyac.

Juan Diego acudía todos los sábados y domingos a Tlatelolco, un barrio de la Ciudad de México, en donde había doctrina y se celebraba Misa. Para ello tenía que salir muy temprano del pueblo de Tulpetlac, donde vivía y caminar hacia el sur hasta bordear el cerro del Tepeyac.

El documento que narra las apariciones de la Virgen de Guadalupe al vidente Juan Diego es el Nican Mopohua, pero también se le menciona en el Nican Motecpana y muy especialmente en las Informaciones Jurídicas de 1666.

Después de las apariciones, se entregó plenamente al servicio de Dios y de su Madre, lo que lo llevó a solicitar al obispo fray Juan de Zumárraga que le permitiera construir una choza pegada a la ermita construida a Santa María de Guadalupe. Los indios de Cuauhtitlán fueron los que construyeron la ermita a la Virgen y después edificaron una humilde choza al lado de la ermita.

Murió en 1548 a la edad de 74 años, hay que agregar que ese mismo año murió el obispo fray Juan de Zumárraga, a quien le tocó vivir y certificar el hecho de las apariciones Guadalupanas. Fue enterrado, igual que su tío Bernardito en la choza junto a la ermita.

Si bien en vida fue reconocido como un varón santo y recibió la veneración especialmente de los indígenas, no fue sino hasta el 9 de abril de 1990, que Juan Pablo II reconoció la santidad de vida mediante un Decreto de Beatificación.



El milagro que le valió el reconocimiento de santidad


Posteriormente, se inició la Causa de Canonización para la cual se exigía un milagro. Si bien había un ramillete de milagros documentados a lo largo de los siglos, se escogió, el más documentado y actual, mismo que transcribo:
<<… el 3 de mayo de 1990, el joven Juan José Barragán desesperado por su situación familiar y personal, en un momento de tremenda depresión, lágrimas y frustración, protagonizó una acalorada discusión con su madre; en esa difícil mañana fue cuando el joven Juan José corrió a la cocina del departamento ubicado en la Ciudad de México y tomando entre sus manos un cuchillo quiso quitarse la vida. Entre forcejeos la madre pudo arrebatarle el cuchillo, pero el joven de apenas 19 años de edad estaba decidido, no quería seguir viviendo, así que corrió hacia la terraza y quiso lanzarse al vacío, diez metros en caída libre, era la altura entre la vida y la muerte; la madre quien corrió detrás de él, como pudo lo sujetó de las piernas. La gente que pasaba por la calle miraba atónita la dramática escena, escuchaban aterrados los gritos que lanzaba la madre del joven, gritos de auxilio pero también de plegaria: “¡Juan Diego, Juan Diego, mi hijo, mi hijo!”; no faltó la persona que trató de abrir la puerta del edificio para subir a auxiliar a la desesperada madre; otro trató de ponerse debajo con los brazos en posición para una posible caída del muchacho y así, eventualmente, tratar de atajar su caída; tanto los que estaban expectantes, como los que querían ayudar fueron importantes testimonios de todo este evento dentro del proceso que posteriormente se llevaría a cabo. La madre no pudo sujetar más a su hijo, ya que éste movía bruscamente las piernas, finalmente se zafó y, de cabeza, cayo esos diez metros hasta que su cráneo dio contra el suelo de cemento; caída libre en la cual no pudo ser atajado o amortiguar el golpe con otra parte de su cuerpo, nada se pudo hacer; el joven yacía como muerto.

La madre, gritando a los cuatro vientos por su hijo, bajo rápidamente por las escaleras los dos pisos que la separaban de su hijo. Persona caritativas cubrieron el cuerpo con una sábana y una veladora iluminaba débilmente la escena; otra persona más llamó a la ambulancia y antes que llegarán los paramédicos, ante el asombro de todos, Juan José se quitó la sábana, la gente no daba crédito a lo que estaba viendo: un muchacho con el rostro deformado, la sangre que le brotaba por los oídos, boca, nariz y ojos, y que reconociendo a su madre, le decía: “madre, ¡qué golpazo me di!”; esto fue un punto interesante pues, a pesar del tremendo golpe, pudo reconocer a su madre; desde este momento se inicia con un reconocimiento del mencionado “ramillete de milagros”. Por fin llegaron los paramédicos, con extremo cuidado fue auxiliado el joven y trasladado al Sanatorio Durango, en la Colonia Roma, donde fue atendido inmediatamente por el doctor Juan Homero Hernández Illescas, quien trato de suministrarle un calmante, pero el joven Juan José pataleaba y manoteaba y no había forma de ser inyectado; esto también forma parte de lo asombroso del hecho, ya que Juan José no perdió la movilidad, o la capacidad motora, a pesar de la gravedad que en un momento más iba a descubrirse con exactitud gracias a los exámenes y radiografías. Los doctores no daban crédito, ¿cómo es posible que éste joven hubiera reconocido a su madre y haya conservado la capacidad motriz, cuando su cráneo estaba totalmente roto y, además de haber perdido mucha sangre, el líquido encéfalo-raquídeo se había salido? ¡Simplemente era inexplicable, como el joven Juan José Barragán siguiera vivo!

Los doctores no salían de su asombro, sin embargo, pensaban que sólo era cuestión de tiempo para que Juan José muriera. Desde que habían conocido la gravedad del caso ,el doctor Hernández le había dicho a la madre que si creía en Dios rezara por el restablecimiento de su hijo; la madre inmediatamente le confirmó que ya había elevado su plegaria a Dios, a la Virgen de Guadalupe y a Juan Diego, pues lo tenía muy presente en la mente desde que los medios de comunicación anunciaban la llegada del Papa Juan Pablo II a México para la beatificación del humilde indígena, así que fue en las manos de este indio humilde en donde puso la salud de su hijo. El día 5 de mayo, los doctores tuvieron que decirle a la mamá de Juan José, que no había nada que hacer, simplemente, no sabían cómo todavía seguía vivo, y determinaron que fuera la misma naturaleza del cuerpo de Juan José la que determinará cuando sería el fin.

El 6 de mayo, exactamente cuando el Papa Juan Pablo II estaba en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, en la celebración de la beatificación de Juan Diego, justo en el momento de la consagración, en el Sanatorio Durango algo estaba sucediendo… el joven Juan José se despertó, poco a poco se incorporó, tenía hambre; vio a un enfermo que estaba en la cama contigua, le habían traído una charola de comida, observó que él estaba totalmente dormido, así que aprovecho el momento para acercarse la charola y comer; en ese momento pasó por ahí la enfermera que vio la escena y casi se desmaya, corrió por el doctor, y con la respiración entrecortada le gritó: “¡doctor, doctor, su muerto está comiendo!” ¿qué? -respondió el doctor- “qué dices?; sí, sí, doctor: ¡el joven que debería estar muerto está comiendo Corrieron los dos y al llegar al cuarto se sorprendieron tanto que tardaron algunos momentos para poder coordinar alguna idea… Juan José me comentó tiempo después que él se había asustado por la cara que pusieron tanto el doctor como la enfermera, y de momento pensó que estarían enojados porque ¡estaba comiendo algo que no era suyo! Obviamente los especialistas trataban de responderse que había pasado, Juan José fue sometido a varios exámenes, veían el hueso, sí veían la fractura pero estaba totalmente soldada y ahí estaban las arterias y venas, todo en su lugar. Estaban los signos de las roturas, pero sanas, ¡todo funcionaba perfectamente bien!, ¡el joven no tenía ni siquiera dolor de cabeza! Los doctores no se contentaron con sus propios exámenes, pidieron más y más análisis de otros especialistas, algunos, sin saber que el joven estaba ya perfectamente bien de salud, escribían preguntas, una de ellas es muy singular, pues el especialista escribía: “interesante caso ¿dónde está el cadáver?” Además no hubo secuelas, ninguna, no quedó en estado vegetativo o con alguna discapacidad, como todavía algunos pronosticaban, nada, absolutamente nada. Juan José abandonó el sanatorio el 12 de mayo, por lo que estuvo apenas unos cuantos días en el hospital.

Once años después, en diciembre, en diciembre de 2001, se realizó la certificación del milagro que realizó Dios por medio de Juan Diego, como lo requirió la Congregación para la Causa de los Santos y lo corroboró como un verdadero “ramillete de milagros”. Se confirmó una vez más, no sólo la existencia de Juan Diego, sino sus grandes virtudes como cristiano, su veracidad en la transmisión de toda su experiencia y, ahora, su gran intercesión a favor del necesitado y del que sufre.

Así pues, el 18 de diciembre de 2001 se anunció que se realizaría la Proclamación del Decreto sobre el milagro que, por intercesión de Juan Diego realizó Dios; esto significaba la aprobación de todo el proyecto de canonización de este humilde indígena celebrado por varios años hasta ese momento.>>



Canonización


El 20 de diciembre de 2001 fue proclamado el Decreto del milagro delante del Papa Juan Pablo II. Se invitó al Santo Padre a que se efectuara la ceremonia de canonización en México, accediendo a hacerlo el 31 de julio de 2002 -a pesar de lo avanzado de su enfermedad y o delicado de su salud-.

Y así, en esa memorable fecha, el Papa que se había autodeclarado “mexicano”, que había comentado que en la visita al Tepeyac, había encotrado el camino de su magisterio, que había reconocido a Santa María de Guadalupe, el título de: “Estrella Luminosa de la primera y de la nueva evangelización”, definió e inscribió en el catálogo de los santos a San Juan Diego Cuauhtlatoatzin [2], como primer santo indígena del Continente Americano.



Su fiesta se celebra el 9 de diciembre, fecha de inició de las apariciones.


Jorge Pérez Uribe


[1] En náhuatl: pobre
[2] En náhuatl: Águila que habla cosas divinas


Bibliografía: Eduardo Chávez, La Verdad de Guadalupe, Instituto Superior de estudios guadalupanos, 3a.Edición, México, 2012


(En el fondo se puede apreciar una reconstrucción de México-Tenochtitlan en la época de las apariciones del Tepeyac.)