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jueves, 28 de abril de 2016

MIGUEL DE CERVANTES BUSCA TRABAJO EN LA AMÉRICA ESPAÑOLA


Doce son los documentos autógrafos de Miguel de Cervantes que se conservan en la actualidad. De ellos, dos son las cartas dirigidas a la corona española en demanda de un empleo en los reinos americanos. Ninguna tuvo respuesta positiva.




Bertha Hernández* 


Era mayo de 1590. El día 21, don Miguel de Cervantes Saavedra, antiguo soldado de los tercios de Felipe II, veterano de la batalla de Lepanto, espía de la corona en el frente turco-berberisco, apeló a la gratitud de las testas coronadas. Los 500 ducados que una década antes pagaron su libertad no fueron aportados por el monarca al que servía: provenían de los esfuerzos y sacrificios de su familia. Así, en ese mayo de hace 426 años, las expectativas de tener una mejor existencia eran más bien pocas para el antiguo soldado. 

Entonces miró al otro lado del mar: los reinos de la América Española. ¿Acaso allí estaría la respuesta a sus necesidades? ¿Recibiría una respuesta positiva si se animaba a escribir al Consejo de Indias? Don Miguel se movía en dos mundos desde 1567, cuando, apenas con veinte años, había publicado su primer poema. Ahora, esa circunstancia permite entenderlo como hombre de letras antes que hombre de armas. 

Pero, hombre de acción como tantos otros de su tiempo, se incorporó a los tercios que operaban en Italia en 1570, cuando algunos de sus versos ya habían circulado en Madrid. Su carrera militar lo había llevado a la condición de preso en Argel, donde se le consideró personaje de calidad, condición que fijó en 500 ducados su rescate. Cervantes no se quedó con los brazos cruzados aquellos cinco años de cautiverio: intentó fugarse, infructuosamente, nada menos que en cuatro ocasiones, y en el último complot, ocurrido en 1579, había involucrado en el proyecto a más de sesenta prisioneros. 



Años duros, muy duros



Liberado por fin, a costa del patrimonio familiar en 1580, todavía le fue tan leal al rey Felipe II, que aceptó una misión de espionaje en Orán, entre mayo y junio de 1581. Pero nada de esto le valió cuando, al año siguiente, en 1582, le escribió a Antonio de Eraso, secretario del rey, pidiéndole “una merced” (un empleo), ya fuera en España o en alguna de las vacantes que había en los reinos americanos. Ese, el autógrafo más antiguo que conocemos de Cervantes, nunca fue atendido. 

Sabemos que entre 1582 y 1585 aparecieron algunas de las obras literarias de Miguel de Cervantes. En 1586 trabajaba de Comisario General de Abastos para la flota que sería conocida como La Armada Invencible. Era un título muy rimbombante para las tareas que implicaba: Cervantes era responsable de requisar aceite y trigo para sostener al ejército naval. 

No deja de insistir ante el aparato burocrático español: necesita un empleo más sólido, y eso de andar quitándole el trigo a los súbditos del rey no es precisamente la mejor de las ocupaciones, ni por tranquilidad ni por fama pública. Bonita ocupación para un hombre cuya poesía y obras de teatro son ya distintivos en su vida pública. 



Sueños americanos



En ese mayo de 1590 se resuelve nuevamente a demandar un empleo que compense tantos sufrimientos. Se dirige al Consejo de Indias. A su carta adjunta una relación de sus méritos y, a fuerza de insistencia, ya conoce un poco de las tripas de la burocracia imperial. Se anima a solicitar alguna de las cuatro plazas vacantes, que implican algún nivel interesante, que existen en ese mundo inmenso que son los reinos americanos. 

“Pide y suplica humildemente, cuanto puede a vuestra Majestad, sea servido de hacerle merced de un oficio en las Indias de los tres o cuatro que al presente están vacos [vacíos], que es el uno la Contaduría del Nuevo Reino de Granada, o la Gobernación de la provincia del Soconusco en Guatimala [Guatemala], o contador de las Galeras de Cartagena, o Corregidor de la ciudad de La Paz, que con cualquiera de estos oficios que Vuestra Majestad le haga Merced, le recibirá, porque es hombre hábil, y suficiente y benemérito para que Vuestra Majestad le haga merced; porque su deseo es acontinar [continuar] siempre en el servicio de Vuestra Majestad y acabar su vida como lo han hecho sus antepasados, que en ello recibirá muy gran bien a merced. En Madrid, a 21 de mayo de 1590”. 

La carta da cuenta de la urgencia y de la necesidad de Cervantes: no sólo quiere un buen empleo; está seguro de merecérselo, después de tantos años de encarguitos ingratos. ¿A dónde lo llevaría la carta en caso de que funcionara? A cualquier parte: gobernar el Soconusco lo llevaría nada menos que al actual estado de Chiapas; los empleos en el Nuevo Reino de Granada o en Cartagena, hoy llamada de Indias, lo habrían llevado a la ahora Colombia. Y el puesto de Corregidor lo hubiera llevado aún más lejos, hasta Bolivia. En suma: a Cervantes le urgía, y mucho, un trabajo honrado y de buen nivel, pero no se ponía remilgoso: dentro de su sentido de la honra y del mérito propio, estaba dispuesto a aceptar el trabajo que hubiera disponible, y en donde estuviera disponible. En 1590, plantearse como asunto serio ir a dar a la selva chiapaneca o a las lejanías colombianas y bolivianas, suponía emprender viajes azarosos y no exentos de peligro; dejar todo cuando quedase en España para renacer en otras tierras. Así de extrema era la necesidad de Miguel de Cervantes Saavedra. 



La mala respuesta de la corona



Acaso, de haber tenido una respuesta favorable, Cervantes habría pisado el puerto de Veracruz, y por unos días podría haber caminado la ciudad de México, antes de emprender camino a Chiapas, o habría cruzado el mar hacia Cartagena y hecho de la actual América del Sur el sitio donde sus huesos reposaran. Acaso su obra literaria se habría teñido con los colores y las voces de la América española. Pero nada de esto fue posible. La corona le negó la posibilidad de cruzar el mar y labrarse otro destino. 

“Busque por acá donde se le haga merced”, dice la respuesta, más bien majadera. A fuerza de porfía, en 1595 le dan una plaza de recaudador de impuestos con base en Granada. La tarea es, apenas, un poco menos ingrata que sus labores como requisador de grano. La puerta para América se había cerrado definitivamente y Cervantes ya no hizo más intentos por obtener su anhelada merced en las tierras lejanas. 

Pero si Cervantes permaneció en España y allá hizo destino y obra, su hijo más famoso, El Ingenioso Hidalgo, don Quijote de la Mancha, llegó a la Nueva España, por Veracruz, el mismo año, 1605, en que se imprimió en Europa: los primeros ejemplares venían a bordo de la goleta “Encarnación”, y su fama se haría larga y grande, para compensar a su sufrido padre, de todas las mezquindades que los reyes españoles le habían prodigado. 


* Licenciada en Ciencias de la Comunicación y Maestra en Historia (U.N.A.M.)



Fuente: http://www.cronica.com.mx/notas/2016/957143.html

jueves, 21 de abril de 2016

EL LIBRO `TÚ ERES PEDRO´, UNA OBRA POLÉMICA





Quise asistir a la presentación del libro “Tú eres Pedro, Profecías sobre la Iglesia, el Papa y el Mundo” que haría su autor el licenciado Luis Eduardo López Padilla el pasado 17 de marzo, conjuntamente con el conductor Roberto O´Farril, pero el horario se me empalmó con la sesión del curso “El miedo en la Historia” que estoy siguiendo en la Academia Mexicana de Historia. Así es que me conformé con comprar el libro posteriormente y leerlo.


Para quienes no lo conozcan el Lic. López Padilla, es un mariófano [1] que ha ya publicado 29 libros, principalmente sobre temas de apariciones marianas.


Importancia del libro `Tú eres Pedro´


Elemental para quienes profesan la fe católica, también resultará interesante para aquellos que no sean creyentes, ya que trata de forma documentada en la Sagrada Escritura, el mandato de Jesucristo a su sucesor Pedro como cabeza de su Iglesia en este mundo y las promesas de asistencia perenne a sus sucesores, lo que ha llevado a establecer el `dogma´ o verdad revelada, de la infabilidad papal.

Me ha impresionado la gran cantidad de promesas de asistencia de Jesucristo a Pedro y los apóstoles, empezando por la designación de Pedro como cabeza de la Iglesia, de lo que Pedro poco habrá comprendido, en ese momento: <<Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mí Iglesia y las puertas del infierno no prevalecerán sobre ella. A ti te daré las llaves del Reino de los Cielos, y lo que ates en la Tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la Tierra quedará desatado en los cielos.>> (Mt, XVI, 18-19)

Probablemente el momento teológico más fuerte fue el de la fundación de la Iglesia Católica, dentro de la celebración del la Pascua del Jueves Santo: <<No me habéis elegido vosotros a mí sino que yo los he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca: de modo que todo lo que pidáis al padre en mi nombre os lo conceda.>> (Jn, XV, 16)

En el mismo acto, anunciando su próxima partida de este mundo les promete la venida del Espíritu Santo:

<<…Os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré; y cuando él venga convencerá al mundo, en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio; en lo referente al pecado, porque no creen en mí; en lo referente a la justicia, porque me voy al Padre, y ya no me veréis; en lo referente al juicio, porque el Príncipe de este mundo está juzgado. 

Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello.

Cuando venga él, el espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os anunciará lo que ha de venir.>> (Jn, XVI, 7-12)

Después de la resurrección y antes de partir a los cielos Jesucristo les comunicó a sus discípulos su misión universal y la promesa de acompañarlos hasta el fin del mundo: 

<<Me ha sido dado todo poder en el cielo y la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes bautizandolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta la consumación del mundo.>> (Mt. XXVIII, 16-20) 

Los recientes sucesos del Pontificado


Por el libro vemos desfilar los sucesos de esta década que han cimbrado la institución pontificia, ante la crítica corrosiva de ciertos teólogos y de una secta que ha ido tomando fuerza dentro de la Iglesia Católica. Entre estos sucesos podemos citar:

  • La renuncia de Benedicto XVI en el año de 2013.
  • El cónclave que eligió a Francisco y la validez de su elección.
  • La coexistencia por primera vez en la historia de dos Papas y su posible significado.

No abundaré más sobre estos acontecimientos que fueron ampliamente seguidos por este blog durante el año de 2013.

`El escándalo de la Sencillez y la Misericordia´


El capítulo bajo este nombre define el pontificado de Francisco, un obispo que arrastró al pontificado su estilo de vida sencillo y austero, lo que ha motivado el rechazo de los amantes de la pompa de otros tiempos e incluso de algunos “príncipes de la Iglesia” que más que olor de oveja llevan el perfume de los aeropuertos y de las tertulias con políticos y empresarios como nuestro ególatra cardenal Norberto Rivera, quién se atrevió a desafiar al Papa, cuando éste último les recordó a los obispos de México, como debe ser un buen pastor.

Sobre el tema de la `misericordia´, estoy en shock, ya que lo humanamente lógico es lo que hacen los “guardianes de la fe tradicionalista”, es decir hablar del castigo a que nos hacemos acreedores por nuestro alejamiento de la Ley de Dios, hablar de penitencia, de expiación de nuestros pecados. Y ante ello el sucesor de Pedro, nos habla del gran amor de Dios, de su deseo de perdón infinito y establece un “Año de la Misericordia” y nos repite con frecuencia: “Dios nunca se cansa de perdonar, el hombre es el que se cansa de pedir perdón”


El Sedevacantismo


Analiza el problema del movimiento sectario del Lefebrismo y/o Sedevacantismo –curiosamente muy extendido en Argentina, la tierra del Papa Francisco-, y que golpea en las redes sociales al Papa, a la liturgia y sobre todo a las enseñanzas de los Romanos Pontífices, a través de portales como: ADELANTE LA FE, RORATE CAELI, THE REMNANT, SI SI NO NO, DENZINGER-BERGOGLIO, CATHOLIC FAMILY NEWS, HEMOS VISTO, LA HORA DE LA VERDAD, MEDITACIÓN, SAN MIGUEL ARCÁNGEL, MISA TRADICIONAL EN DIRECTO, SAN PIO X, 1914-2014, EL ÚLTIMO PAPA SANTO y otros más.

El Lic. López Padilla define a dicho movimiento de la siguiente manera: “El sedevacantismo es una posición teológica iniciada dentro del catolicismo que considera la Sede Apostólica de Roma en estado de sede vacante. Los sedevacantistas afirman que hoy no hay Papa, y la mayoría creen que no ha habido desde 1958, cuando fue elegido Juan XXIII. Los argumentos de los sedevacantistas se basan fundamentalmente en un rechazo a la “nueva orientación” en la Iglesia inaugurada por el Concilio Vaticano II, esencialmente su apertura al mundo, así como al cambio de la misa tradicional, llamada de San Pío V para dar lugar a la nueva misa o Novus Ordo” [2].

Los miembros de estas sectas, aparentemente independientes unas de otras, empiezan rechazando en culto actual, instaurado por “pastores protestantes” en el Concilio Vaticano II, argumentando que las misas son un show, que no se respeta la comunión, que la música no es la adecuada, que la arquitectura de las iglesias actuales es aberrante, en resumen afirman que todo lo actual está mal. Sus publicaciones son de los Papas del siglo XIX, hablando contra “el modernismo”, o de G. K. Chesterton (1874-1936). Para ellos el tiempo y el pensamiento se ha detenido, como si en el siglo XX y XXI, no hubiera habido grandes pensadores. Obviamente las Encíclicas y los libros de Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y por supuesto Francisco, están proscritos. Tristemente estas personas tienden a convierten en personas tóxicas, de las cuales sólo se pueden obtener opiniones negativas.

Desde un punto de vista teológico la posición de esta secta, como muchas otras que han surgido a lo largo de la historia, es endeble, ya que Jesucristo fundador de la Iglesia Católica, únicamente prometió su asistencia hasta el fin de los tiempos a su Iglesia y al sucesor de Pedro, y ellos como en su momento los evangelistas, los luteranos, etc., no cuentan con ningún antecedente que haga válida su postura.


Las Profecías sobre la Iglesia, el Papa y el Mundo


En los últimos tres capítulos se tratan las profecías sobre los Papas de san Malaquías, temas apocalípticos como el `fin de los tiempos´ las dos Iglesias en Roma, `la gran tribulación´, lo que convierte a la obra en polémica. 

Aquí debo recordar aquella célebre conferencia-debate efectuada el 28 de febrero de 2013 -día de la renuncia efectiva de Benedicto XVI-, moderada por Roberto O´Farril, con la participación de José Alberto Villasana teólogo especialista en Apocalipsis y del autor de libro en ciernes. El tema del debate fue la coexistencia de dos Papas, misma que se ha dado en la historia de la Iglesia Católica, únicamente cuando existe un Papa depositario de la auténtica fe y un Antipapa, enemigo de la misma. En ella José Alberto Villasana definió su afinidad con los “sedevacantistas” negando que el Papa a elegir fuera a ser un Papa legítimo –posición que ha sostenido-, y en la que el Lic. López Padilla –a contrario sensu-, afirmó estar seguro que el Papa que eligiera el Colegio Cardenalicio sería un Papa legítimo. Posteriormente haciendo un acto de sinceridad y humildad, reconoció que por vanidad él había seguido la tendencia de establecer fechas para los acontecimiento apocalípticos, pero que le habían hecho comprender su error y no lo volvería a hacer en el futuro. 


Jorge Pérez Uribe



[1] `Mariofanías´ son las manifestaciones de la Virgen María ante uno o varios videntes. 
[2] Luis Eduardo López Padilla, Tú eres Pedro, Profecías sobre la Iglesia, el Papa y el Mundo, México, 2016, pág.88

miércoles, 13 de abril de 2016

`LA ALEGRÍA DEL AMOR', UN CAMINO NUEVO Y VIEJO A LA VEZ




Sorprendente y a la vez tradicional, la Exhortación Amoris Laetitia confirma la doctrina y abre nuevas avenidas a la reflexión y a la pastoral de la familia.

Antonio Maza Pereda, 10 de abril de 2016


Acabo de iniciar la lectura de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia (la Alegría del Amor), un documento excepcional, que sin apartarse de la doctrina de siempre, abre caminos nuevos para entender y aprovechar el inmenso tesoro que recibimos desde el principio, cuando Dios nos creó hombre y mujer y nos dio el encargo de vivir en familia.

Creo que no faltarán quienes queden enojados con el Papa. Otra vez. Porque el Santo Padre no cumplió sus expectativas. Ni condenaciones fulminantes ni aperturas espectaculares. Nada de aprobar el aborto, pero no es su tema central. No aprueba el control natal artificial, pero tampoco es el tema de fondo. Y así con otros temas “espinosos”. No faltará quienes hablen de que el Papa ha caído en el relativismo, al pedir discernimiento y adaptación a las culturas y cuando dice que hay verdades que aún no conocemos plenamente. O los que piensen que hizo oídos sordos ante lo que, según algunos medios, eran los reclamos de la sociedad. Y eso los enojará.

El Papa pide que leamos despacito este documento, que lo tomemos por partes y lo entendamos poco a poco. Eso intento hacer aquí. No pretendo hacer un resumen. Este artículo es como un cuadro impresionista, que toma algunos rasgos sobresalientes, pero sin hacer más que iniciar el entendimiento de unos cuantos párrafos del documento.

Abriendo el documento, el Santo Padre hace énfasis en la felicidad. Desde el título mismo. Ve al matrimonio, y su ideal católico y cristiano como un regalo para la humanidad. Entendiendo, por otro lado, que es un ideal y que ninguna familia es perfecta, ni un estándar único de este modelo.


Una guía que me ha ayudado a empezar a entender a Francisco en este, como en otros temas, es fijarme en sus prioridades. Ahí están las diferencias. No cambia la enseñanza de la Iglesia, pero la expresa con diferente énfasis, en donde se puede ver a qué le da más importancia. Algunos ejemplos al vuelo: habla de que “no tiene sentido quedarnos en una denuncia retórica de los males actuales, como si esto pudiera cambiar algo” y nos pide “presentar las razones y motivaciones para optar por el matrimonio y la familia” Como, por ejemplo, cuando denunciamos el incremento en el número de divorcios y poco hacemos por ayudar a que las parejas sean felices. O cuando dejamos en segundo lugar “el llamado a crecer en el amor y en el ideal de la ayuda mutua” y permitimos que ese llamado sea “… opacado por un acento casi excluyente en el deber de la procreación”

En otro párrafo el Papa dice: “Durante mucho tiempo creímos que con sólo insistir en cuestiones doctrinales, bioéticas y morales, sin motivar la apertura a la gracia, ya sosteníamos suficientemente a las familias” y en cambio “ tenemos dificultad para presentar al matrimonio más como un camino dinámico de desarrollo y realización que como un peso a soportar toda la vida”. No niega la realidad de esos criterios, pero señala que hay otros que deberían ocupar una prioridad mayor.

Aún hay que dar muchos pasos en esa dirección. Tengo la edad suficiente para recordar cómo se hablaba de “la cruz del matrimonio”, de la abnegación y el “aguantar” para santificarse y no recuerdo a nadie que me dijera que siendo feliz perfeccionaría nuestra relación de matrimonio y de familia.

Personalmente aprecio mucho los esfuerzos que se hacen por defender la familia. Pero creo que no hay mejor modo de defender a la familia que ser familias felices. Sin ponernos de ejemplo, sin predicar. Porque la felicidad se nota. Y aunque sea silenciosa, habla con fuerza y convence. Mucho mejor que doctas disertaciones y almibaradas poesías. Y esa es una tarea en la que nadie nos puede substituir. Ni obispos, ni teólogos, expertos y asesores. Sí, nos pueden ayudar, pero no substituir. La tarea, el deber de ser felices es solo nuestro, en el matrimonio primero, en nuestra familia y en la familia extendida.

Hasta ahí voy. Espero que, aunque sea en mínima parte, esté empezando a captar el mensaje. Que significa un cambio importante, en un aspecto que tal vez no se esperaba. Y me gusta.


Nota: Quién deseé consultar o leer la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, lo puede efectuar en la siguiente liga (descargable):
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html

miércoles, 6 de abril de 2016

UN GOLPE DE ESTADO DISFRAZADO: REDACCIÓN DE LA CONSTITUCIÓN DE LA CIUDAD DE MÉXICO



El grupo redactor del proyecto de Constitución de la Ciudad de México sólo representa a algunas de las corrientes de la Izquierda. Si tienen éxito, cualquier otra línea política que no sea la suya, podrá ser declarada anticonstitucional.


Antonio Maza Pereda | 8 de febrero de 2016

Valiéndose de su dominancia en la Asamblea Legislativa de la Ciudad de México y, posiblemente, aprovechando que la atención de gran parte del público está concentrada en la visita de Papa Francisco, en la primera semana de febrero de 2016, se tomó protesta al grupo redactor de la Constitución de la Ciudad de México. Un grupo monocolor, representante únicamente del PRD y que no toma en cuenta otras voces que pudiera ser necesario incluir. Han decidido ir por una vía excluyente y, podría decirse, facciosa, al incluir únicamente a los que piensan igual que ellos.

No es algo nuevo. Para cierta izquierda, hay un dogma laico que se sigue rigurosamente. El dogma de que solo la izquierda representa legítimamente a los intereses del pueblo y que todos los demás son “enemigos de clase”. Según este dogma, solo hay intelectuales de izquierda. Los únicos que merecen ser conocidos como activistas y “luchadores sociales” son los izquierdistas. Las demás opiniones no merecen ser incluidas.

Claro, para tapar ese sol con un dedo, se dice que habrá amplias consultas. Pero sobre un proyecto ya formado, en el que no se dejaron participar voces discordantes y que no se permitió participar a sectores muy representativos. Pero el proyecto ya estará hecho, los tiempos apremiarán, y se buscará que la consulta se haga de manera masiva, de modo que las voces de expertos disidentes quedarán sofocadas por la gran cantidad de opiniones.

¿Por qué excluyeron a personajes de la talla de Luis Rubio, José Woldenberg y Enrique Krauze, por ejemplo? ¿Acaso no tendrán mucho que decir? ¿Por qué no incluir intelectuales como Macario Schettino o Jorge Traslosheros? ¿Por qué dar la representación de las voces católicas a las Católicas por el Derecho a Decidir, que difícilmente representan a la opinión católica mayoritaria? ¿Por qué no se incluyeron los gremios empresariales como la COPARMEX o la CANACO? Y estos solos son algunos ejemplos. Amplios sectores de la población no están representados en esta redacción. Tampoco los otros partidos políticos, universidades privadas, las ONG’ s que no son de izquierda y muchas otros grupos de opinión.

En el mejor de los casos, tienen una ceguera ideológica, que hace que consideren que ellos son los únicos aptos para opinar. En el peor de los casos, se trata de imponer a otros que no opinan igual que ellos, una Constitución que les permitirá perpetuarse en el poder. En cualquier caso, lo que tiene es un talante excluyente, buscando un instrumento que les permita evitar cualquier oposición a sus ideas, por el fácil camino de declarar anticonstitucional todo pensamiento que no sea el suyo.

¿Qué se puede hacer? Al parecer, como decían los abuelos, golpe dado ni Dios lo quita. Pero creo que hay otras posibilidades. Desde luego, denunciar y protestar. Dar a conocer este bien maquinado golpe contra las opiniones disidentes, buscando una dictadura ideológica, basada en una aparente legalidad. No es algo menor, y eso está en manos de todos.

Lo otro es más difícil, pero posible. Vencer la muy mexicana tendencia a fragmentar nuestras acciones y opiniones, unificar a todos los excluidos de este proyecto y presentar, antes de que el Gobierno de la Ciudad y su equipo de redactores presenten su proyecto amañado y faccioso, un proyecto alternativo. Uno que tome en cuenta que la nuestra no es una ciudad monocolor, que tenemos una gran riqueza en la variedad de las opiniones y que creemos que la democracia no consiste en acallar a las opiniones diversas sino escucharlas a todas e incorporar sus diferencias en algo que, como la Constitución, no consiste en tratar de resolver todo, sino únicamente establecer los mínimos indispensables para que la ciudadanía pueda tener una convivencia fructífera.

http://twitter.com/mazapereda

viernes, 1 de abril de 2016

El CONCEPTO DE ENFERMEDAD ANTES Y DESPUÉS DE LA CONQUISTA (CONTINUACIÓN)

(SEGUNDA PARTE)





Por Ruy Pérez Tamayo*


III. CONCEPTOS EUROPEOS DE ENFERMEDAD A FINES DEL SIGLO XV


Cuando Cristóbal Colón llegó a tierras de América, y lo mismo cuando 27 años más tarde Hernán cortés y sus huestes desembarcaron en las playas de México, la medicina europea llevaba ya cerca de 14 siglos sometida a una idea monolítica sobre la enfermedad. Este concepto conocido como la teoría humoral, surgió en el siglo V a. C. con Empédocles, uno de los filósofos presocráticos, quién postuló que el Universo (y por tanto también el hombre) está formado por cuatro elementos o sustancias: fuego, aire, tierra y agua. El siguiente paso lo dio otro filósofo griego de la misma época, Alcmeón de Crotona, quien sugirió que la salud es el equilibrio o isonomia de los componentes del cuerpo humano, mientras la enfermedad es consecuencia del desequilibrio o predominio (monarquía) de uno de ellos sobre los demás. La combinación de estas dos ideas es lo que se conoce como la teoría humoral de la enfermedad.[12]

El equilibrio de los humores no fue concebido como un balance puramente cuantitativo, en vista de que cada uno de los humores tenía otras propiedades cuyo equilibrio cualitativo era indispensable para conservar la salud; por ejemplo, la sangre era caliente y húmeda, la bilis amarilla era también caliente pero seca, la bilis negra era seca y fría, y el agua era fría y húmeda. A través del tiempo las propiedades de cada uno de los cuatro humores básicos se fueron modificando y las relaciones entre ellos se hicieron más complejas. Sin embargo el esquema general conservó su estructura lógica: cuando un cierto humor disminuía en su concentración, los síntomas del paciente correspondían a la ausencia de algo: sensación de vacío, mareo y pérdida de peso, en cambio el exceso o acumulación de cualquiera de los humores producía dolor y congestión. Además la teoría humoral también postulaba la existencia de un “calor interno”, localizado en el ventrículo izquierdo del corazón; este calor servía para derivar los cuatro humores de los alimentos, para mantenerlos en movimiento, para mezclarlos y conservar un equilibrio adecuado entre ellos. Con estos elementos los médicos hipocráticos tejieron una malla muy compleja de explicaciones para distintas enfermedades, pero siempre terminaban proponiendo tres tipos generales de tratamiento: sangría, purga y dieta. La sangría tenía como meta eliminar el humor que se encontraba en exceso o que había cambiado sus propiedades de manera anormal; la purga era para completar la eliminación del humor excesivo o alterado, y la dieta era para evitar que a partir de los alimentos se volviera a formar el humor responsable del desequilibrio.

La teoría humoral de la enfermedad fue acuñada en la edad de Oro de Grecia (siglo V a.C.), sobrevivió con mínimas alteraciones el ocaso del mundo helénico (siglo I a.C.), la emergencia, zenith y derrumbe del Imperio Romano (siglo I-III d. C.), las vicisitudes del Imperio Bizantino (siglos III-VI d. C.), la dolorosa y prolongada oscuridad de la edad media (siglos VI-XIII) y todavía reinaba en los albores del Renacimiento (siglos XIII a XV). A principios de la era Cristiana fue recogida y elaborada por Galeno de Pérgamo, quien se transformó en la figura médica principal durante los 14 siglos siguientes. Esto se debió en parte a la indudable maestría de sus numerosos escritos, pero también en parte a que la ortodoxia eclesiástica identificó en ciertos textos de galeno un atractivo monoteísmo (e ignoró otros que eran claramente paganos), lo que junto con su postura autoritaria e intransigente hizo fácil su adopción oficial y la exclusión de todas las otras teorías sobre la enfermedad.[13]

La teoría humoral tenía varias virtudes, pero quizás la más sobresaliente era que no juzgaba la causa o etiología de la enfermedad, sino que más bien se refería al mecanismo o patogenia del proceso morboso; de esa manera dejaba el campo libre a cualquiera otro concepto o idea que pretendiera funcionar como causa del padecimiento. Este vacío fue llenado por el concepto religioso de enfermedad, que creció en importancia desde los principios del cristianismo y a lo largo de toda la Edad Media: de acuerdo con este concepto, la enfermedad es enviada por Dios como castigo a la conducta del hombre, por sus pecados y su incumplimiento de las leyes divinas. Durante las grandes epidemias de peste bubónica en los siglos XII y XV en Europa, las catedrales se llenaban de fieles que iban a suplicar piedad y perdón a Dios, para que suspendiera su horrendo castigo (incidentalmente estas aglomeraciones favorecían todavía más el contagio y la diseminación del padecimiento). Otro ejemplo son las peregrinaciones a Santiago de Compostela, realizadas durante gran parte de la Edad Media y hasta mucho tiempo después, por enfermos y tullidos de toda Europa, que iban a postrarse a los pies del santo y a suplicarle que les devolviera la salud.

A fines del siglo XV y principios del siglo XVI en todos los países católicos de Europa (que eran la gran mayoría) el pensamiento médico general sobre la enfermedad era una combinación del concepto religioso y de la teoría humoral. En España, que entonces era el país más católico de todos, que en el mismo año en que Cristóbal Colón llego a América había expulsado a los judíos sefarditas de su recién reconquistado territorio, y que muy poco tiempo después crearía la santa Inquisición y se convertiría en el líder indiscutible de la Contrarreforma, el concepto de enfermedad estaba profundamente arraigado, y con él la teoría humoral, que merecía la aprobación de la Santa madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana.

El humoralismo galénico llegó a América junto con los primeros médicos españoles, en vista de que formaba la parte central de la enseñanza de la medicina en las escuelas peninsulares de fines del siglo XV.[14] En 1578, en el segundo libro de medicina publicado en América y primero en español (el primero lo publicó en latín el Dr. Francisco Bravo, en 1570, titulado “Suma y Recopilación de Cirugía con un arte para sangrar muy útil y provechosa”, Alonso López de Hinojosos presenta un resumen de sus conocimientos sobre los humores, que ilustra muy bien las ideas medievales sobre el tema:


  • La sangre es un humor caliente y húmedo de la más templada parte del quilo engendrada y en su color pura y de color colorada.
  • Cólera es un humor caliente y seco de la más templada parte del quilo engendrada y es de color cítrico tirante al amarillo.
  • Flema natural es un humor frío y húmedo de la menos cocida parte del quilo engendrado, y es de color blanco y sin sabor alguno.
  • Melancolía es un humor frío y seco de la más gruesa parte del quilo engendrado, de color es algo morado y oscuro, o como ollín…
Las semejanzas que estos cuatro humores tienen con los cuatro elementos son éstas: la sangre tiene su semejanza al aire, el cual es caliente y húmedo: la cólera es semejante al fuego, el cual es caliente y seco. La flema al agua, la cual es fría y húmeda y la melancolía se compara a la tierra, la cual es fría y seca…[15]

En el mismo volumen en la discusión de pestilencia o cocolistle, Alonso López de Hinojosos suscribe el concepto religioso de enfermedad de la manera siguiente:

Para que conociésemos que no era la causa de esta enfermedad la conjunción de las estrellas como los astrólogos dijeron, ni corrupción de los elementos como los médicos pensaron, sino que era propia voluntad de Dios, para que más claro lo viésemos ordenó Dios que en tiempo blando que no teníamos sospecha de corrupción de elementos porque llovía cada día, no hacía frío ni calor en un día que anochecía y amanecía lloviendo, en ese propio tiempo se murieron muchos negros e indios chichimecos, que quedó México y las minas y toda la Nueva España casi sin servicio.[16]




IV. CONCEPTOS DE ENFERMEDAD EN LA NUEVA ESPAÑA A PRINCIPIOS DEL SIGLO XVI





Hasta aquí hemos visto que, en la víspera de la conquista, los conceptos de enfermedad mesoamericano y español no eran muy diferentes: ambos eran mágico-religiosos, ambos concebían a las enfermedades como castigos divinos enviados para expiar culpas y pecados, ambos aceptaban que el destino del hombre estaba regido por los astros, y aunque cada uno tenía ideas distintas acerca de los mecanismos por los que se producían los padecimientos (introducción de objetos o pérdida del alma, los mesoamericanos, versus desequilibrio de los humores, los españoles), los dos eran iguales en la falta completa de relación de tales ideas con la realidad . Si acaso, la medicina indígena era un poco más compleja que la europea, gracias a la gran riqueza de su herbolaria, aunque en este renglón los españoles contaban con Dioscórides y con Galeno. las diferencias entre los dos conceptos de enfermedad eran más bien de nomenclatura y de detalle: los dioses respectivos tenían nombres funciones y mitologías diferentes, muchos de los pecados y varias de las violaciones a las reglas morales y religiosas eran de distintos tipos, algunos de los ritos propiciatorios para apaciguar a los dioses ofendidos eran muy diferentes, y ciertos procedimientos terapéuticos utilizados por los ticitl se apartaban por completo de los tratamientos favorecidos por los médicos europeos. Sin embargo, también en los detalles de la práctica médica había paralelismo entre los mesoamericanos y los españoles, como los rezos y los encantamientos, la quema de copal u del incienso, la confesión y las promesas de enmienda, el uso de purgantes y sangrías, los baños de vapor (el temazcal de los nahuas no era muy distinto a la famosa cura “española” de la sífilis), el uso sistemático de terapia múltiple, así como la cirugía traumatológica y de las heridas de guerra, que eran muy semejantes. Por lo tanto, no debe sorprender que durante la conquista y hasta algún tiempo después los españoles, que no tenían médicos o barberos suficientes para su atención, aceptaron y hasta prefirieron los cuidados y siguieron los tratamientos que les indicaban los ticitl nahuas.

Con la llegada de los evangelizadores y de más médicos y cirujanos españoles se inició la supresión de la medicina mesoamericana y su sustitución por la española: desde luego se proscribió, bajo las penas más severas, la práctica de las idolatrías, o sea que se sustituyeron los dioses nahuas por el Dios de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, junto con la Virgen María y todos los santos. la causa de la enfermedad siguió siendo el enojo divino por el comportamiento inmoral o sacrílego de los hombres, pero ahora ya no eran Tezcatlipoca, Tláloc, XipeTotec, Xochipilli o las Cihuateteo los dioses ofendidos, sino Dios Nuestro Señor, el Espíritu Santo, Jesús, la Virgen, el Santo Niño y otros santos más. También se prohibió la hechicería, no porque fuera ineficiente (desde luego no lo era), sino todo lo contrario, basada como estaba en la psicoterapia más efectiva) sino porque se consideró como conectada con el demonio. Junto con sus dioses y sus hechiceros, los indios también perdieron gran parte de sus recursos terapéuticos rituales, que fueron sustituidos por los correspondientes españoles, pero conservaron su herbolaria, la cual fue adoptada casi en su totalidad por los españoles.



El resultado del intento de eliminar la medicina mesoamericana y de reemplazarla por la española fue doble: por un lado, y gracias a las grandes similitudes de concepto y de estructura básica entre los dos sistemas médicos en pugna, en apariencia los indígenas aceptaron el cambio de forma y adoptaron la nomenclatura y los rituales del conquistador, que en el fondo no eran tan diferentes de los suyos, pero por el otro lado, de manera encubierta y subversiva, continuaron practicando su antigua medicina mágico-religiosa en todos sus detalles, lo que dio origen a lo que hoy se conoce como medicina “tradicional”. Además la propia medicina europea sufrió lo que se ha llamado aculturación inversa, al incorporar muchas plantas, algunos animales y hasta piedras en sus tratamientos, como puede verse en las obras de Agustín Farfán (1579), de Juan de Barros (1607), de Gregorio López (1672), de fray Agustín de Vetancurt (1698), de Juan de Esteyneffer (1712) y de otros más[17].


V. MEDICINA TRADICIONAL Y MEDICINA CIENTÍFICA EN MÉXICO


Como hace 500 años, hoy también coexisten en México dos medicinas, heredadas de la mesoamericana y de la europea, que se encontraron por primera vez cuando los dos mundos se descubrieron mutuamente. Sin embargo, en los cinco siglos transcurridos desde entonces, los conceptos de enfermedad que inicialmente se enfrentaron, y que como hemos visto no eran en esencia muy diferentes, se han ido transformando progresivamente. La medicina indígena, que como consecuencia de su mestizaje incorporó muchos elementos de la medicina europea del siglo XVI, es la que ha cambiado menos, aunque la modernización general de la vida, los medios de comunicación, la movilidad social, la educación y la difusión de los productos farmacéuticos han dejado su huella. De todos modos, conserva su rico y extenso patrimonio de plantas, animales y minerales que usa en sus tratamientos, junto con antiguas indicaciones y recetas para prepararlos y administrarlos; también persisten los curanderos, yerberos, comadronas y otros personajes más, que son los encargados de diagnosticar, de recetar y aplicar los tratamientos y que gozan del respeto de la comunidad, junto con los brujos o hechiceros, que son capaces de causar padecimientos, accidentes o problemas sociales y económicos, y que, si no son respetados, si son temidos por el grupo con el que conviven (es frecuente que el curandero también pueda actuar como brujo y viceversa); el concepto de enfermedad sigue siendo mágico-religiosos y el sujeto afectado sufre su padecimiento como un castigo divino, aunque los antiguos dioses mesoamericanos han casi desaparecido y el panteón teológico es el de la Iglesia católica; también se conservan los mecanismo de producción de los síntomas o las enfermedades, como introducción de objetos, pérdida del alma, el mal aire, la ingestión de alimentos “calientes”, y otros más.[18]

En cambio la medicina europea del siglo XVI, que también se transformó con el mestizaje incorporando sobre todo elementos de la terapéutica herbolaria indígena, ha cambiado radicalmente y ya no se parece prácticamente en nada a lo que era hace cinco siglos. El factor más importante en este cambio fue el desarrollo de la ciencia y la tecnología a partir del renacimiento. La medicina se hizo científica en forma progresiva, pero su transformación se aceleró a partir de la publicación del libro de Vesalio, De humani corpori fabrica, en 1543, y del libro de Harvey, De motu cordis, en 1628. Estos libros inauguraron un nuevo espíritu dentro de la medicina: la necesidad de plantear e intentar resolver los problemas de las enfermedades y sus tratamientos dentro del mundo de la naturaleza y con apego al método experimental. También la ciencia en general se apartó poco a poco de las explicaciones teológicas, hasta que en 1859 Darwin publicó su Origen de las especies, con lo que la separación fue completa.[19] Al desaparecer el mundo sobrenatural de la medicina también se eliminó la idea del pecado o de culpa como causa de las enfermedades, con lo que los padecimientos pasaron a ser fenómenos naturales y morales neutros (aunque todavía quedan resabios de los viejos tiempos, como cuando se señala que el sida es un “castigo de Dios”.) El mismo rigor científico se aplicó al análisis de los tratamientos, con lo que muchos de ellos, que habían sido utilizados por los siglos, se descartaron cuando se demostró o que no servían para nada, o que causaban tanto o más daño que la misma enfermedad; un ejemplo muy conocido de esto fue la impecable demostración estadística (le méthode numérique) por Louis, en el primer tercio del siglo XIX, de que las sangrías eran inútiles o hasta peligrosas en el tratamiento de las neumonías.[20] De modo que en la introducción del espíritu científico en la medicina esta ciencia sufrió una transformación profunda, que la hizo radicalmente distinta de lo que era antes en Europa, cuando por primera vez se encontró con la medicina mesoamericana.

Aunque la medicina “tradicional” y la medicina “científica” difieren hoy en muchos aspectos, como el concepto de enfermedad, la naturaleza moral de los padecimientos, los criterios diagnósticos y de tratamiento, hay algo que siguen conservando en común, no sólo entre sí sino con todos los otros sistemas médicos con los que coexisten, como la homeopatía, la “ciencia cristiana”, la “medicina espiritualista”, la osteopatía y otras más. Todas las medicinas coinciden hoy, como lo han hecho siempre, en que la relación médico: paciente más efectiva es aquella en que ambos comparten las mismas creencias sobre lo que son las enfermedades y sobre la eficiencia de sus tratamientos, cualquiera que estos sean, y esas creencias son también aceptadas por el núcleo familiar y social en que se da consulta. El elemento psicosomático positivo implícito en una relación basada en la confianza dada por la comunidad de ideas y costumbres tiene una puerta terapéutica enorme; de hecho, es muchas veces la única explicación que existe para la mejoría o hasta la curación de ciertos pacientes a los que ni las yerbas tradicionales, ni las medicinas de patente moderna les sirven para nada.[21]

Médico patólogo e inmunólogo, investigador, divulgador de la ciencia y académico mexicano.


Notas:

[12] Pérez Tamayo, R.: La teoría humoral de la enfermedad, en El Concepto de Enfermedad. México, UNAM, CONACyT y Fondo de Cultura Económica, 1988, tomo I, pp. 93-151
[13] Magno, G.. Galen-and into the night, en The Healing Hand. Man and Wound in the Ancient World. Cambridge, Harvard University Press, 1975, pp. 396-422
[14] Somolinos d Árdois, G.: El fenómeno de fusión cultural y su trascendencia médica, en nota 2, 1979, pp. 99-173.
[15] López de Hinojosos A.: Suma y Recopilación de Cirugía con un arte para sangrar muy útil y provechosa. México, Acad.Nac.de Medicina, 1977, 3ª.ed., pp. 96-97.
[16] Nota 15, p. 210.

[17] Comas J.: La influencia indígena en la medicina hipocrática en la Nueva España. Amer. Indig. 14: 327-361, 1954. Del mismo autor, ver también. Un caso de aculturación farmacológica en la Nueva España del S.XVI: el “Tesoro de Medicinas” de Gregorio López. An Antropol. 1:147-173, 1964. La medicina aborigen mexicana en la obra de Fr. Agustín de Vetancurt. An Antropol. 5: 129-162, 1968. Influencias de la farmacopea y terapéutica indígena de la Nueva España en la obra de Juan Barrios. An Antropol. 7:125-150, 1971.
[18] Anzures y Bolaños, M. C.: La medicina tradicional hoy: sincretismos y conflictos, en La Medicina Tradicional en México, México, UNAM, 1989, 2ª. ed.
[19] Mayr, E.: One Long Argument. Charles Darwin and the Genesis of Modern Evolucionary Thought. Cambridge, Harvard University Press, 1991, passim.
[20] Pérez Tamayo, R.: ¿Qué es y en dónde está la enfermedad?, en nota 15, Tomo II, pp. 57-139
[21] Pérez Tamayo, R.: La medicina alopática y las otras medicinas, en Notas Sobre la Ignorancia Médica y Otros Ensayos. México, El colegio nacional, 1991, 99.225-235. 






Fuente: Raíces Indígenas Presencia Hispánica, Editor Miguel León Portilla, El Colegio Nacional, México, 1993.