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viernes, 10 de febrero de 2017

“LO POLÍTICAMENTE CORRECTO” Y LA ESCUELA DE FRANKFURT




Qué entendemos por “lo políticamente correcto”


El pensador español Manuel Ballester nos habla de ello: <<Lo políticamente correcto remite a un modo de actuar y de hablar que se está imponiendo, pero no pacíficamente como si se tratase de una nueva moda, por ejemplo. Por el contrario se trata de una imposición a base de legislación y que cuenta con un poderoso aparato censor y punitivo. Remite, por una parte, a una cierta visión buenista de la sociedad que, por otra, se contradice con el modo inquisitorial en que se aplica.



En un sentido muy amplio, podríamos señalar que lo políticamente correcto es un hecho social y lingüístico, un conjunto de comportamientos y actitudes que tienden a minimizar la discriminación de diversos grupos en función de su origen, raza o sexo [...]


Tenemos, pues, de un lado, una caracterización de lo políticamente correcto como un modo de hablar y actuar acorde con una sensibilidad moderna que reacciona frente a todo tipo de discriminación. Por otro lado, la consideración de ese mismo fenómeno como dotado de un aparato censor y totalitario.>> [1]

En su obra The Death of the West, Patrick Buchanan identifica la corrección política con el marxismo cultural: “La corrección política es marxismo cultural, un régimen para castigar a los disidentes y para estigmatizar las herejías sociales justo como la Inquisición castigó las herejías religiosas. Su sello es la intolerancia.”

La Escuela de Frankfurt


Se conoce con este nombre al Instituto de Investigaciones Sociales o Instituto para la Investigación Social (Institut für Sozialforschung), fundado en la Universidad de Frankfurt am Main, en Alemania, por los marxistas Georg Lukács y Felix Weil en 1924, inspirándose en Karl Marx y Sigmund Freud para desarrollar la llamada "Teoría Crítica" de la sociedad occidental, cuyo único fin sería sustituir los valores europeos, por los marxistas. El término "Escuela de Frankfurt" es un término informal empleado para referirse tanto a los pensadores miembros del Instituto de Investigaciones Sociales como a aquellos influenciados por él. No existió ninguna institución formal con este nombre." La Escuela de Frankfurt abrió formalmente sus puertas el 22 de junio de 1924. Pero ya había dictado su primer seminario en la primavera de 1923. Ahí, casi dos docenas de catedráticos marxistas se reunieron bajo el nombre de “la semana de estudio”.

Sus principales integrantes fueron Georg Lukács, Félix Weil, Max Horkheimer, Herbert Marcuse, Erich Fromm y Theodor Adorno.



Como todos sus integrantes eran judíos marxistas, cuando Adolfo Hitler llegó al poder en 1933 tuvieron que emigrar de Alemania hacia Suiza. Después de un año en Ginebra, se establecieron en Nueva York, donde la Universidad de Columbia les dio cobijo. Entre los graduados más célebres de esta universidad se cuentan Theodore Roosevelt, Franklin D. Roosevelt y Barack Obama.


La praxis revolucionaria y “lo políticamente correcto”


En el siglo XIX y comienzos del XX, la teoría marxista predecía que si la guerra llegaba a Europa, las clases trabajadoras en cada país europeo se unirían y sublevarían. Pero la teoría fracasó. Cuando la Primera Guerra Mundial comenzó en 1914, la lealtad de los trabajadores por su país fue más fuerte que su llamada "conciencia de clases". Fueron a la guerra con honor, tanto los franceses como los alemanes, austriacos, rusos o británicos y marcharon al frente de batalla.

Antonio Gramsci en Italia y Georg Lukács en Hungría creían tener la respuesta. Gramsci y Lukács creían que la cultura occidental había enceguecido a la clase trabajadora sobre sus intereses marxistas reales. Para que la revolución marxista tuviera lugar, la cultura occidental tenía que ser destruida.

<<El italiano comunista Antonio Gramsci decía que los obreros no se levantaban en revolución porque estaban impregnados de la cultura tradicional occidental en todas sus formes y síntomas:

Los hombres eran hombres y se comportaban como tales, las mujeres eran mujeres y se comportaban como tales, la gente creía en Dios, los europeos estaban orgullosos de su historia, los franceses seguían orgullosos de su imperio, los británicos seguían orgullosos de su imperio, los españoles seguían orgullosos de haber colonizado un nuevo mundo, todos daban por seguro que la cristiandad era la verdadera religión y las otras religiones falsas.

Y todos seguían defendiendo que el ‘todo’ Occidental, desde Mozart a Davinci, de Copérnico a Cervantes, de San Alberto Magno a Mendel, desde Pasteur hasta Tesla, de Shakespeare a Volta y desde Wagner hasta Miguel Ángel, era superior a las otras culturas.

Esto era, según Gramsci, el freno mayor, el impedimento y barrera que no dejaba avanzar la revolución en Occidente.

Para contrarrestar esto, Gramsci decía que había que extirpar por todos los medios la cultura cristiana occidental en un “combate cultural”, al que él llamaba “camino largo” o “marcha larga”.



Esta “marcha larga” debía dirigirse hacia todas las instituciones: universidades, escuelas, museos, iglesias, seminarios, periódicos, revistas, hoy día también televisión, cine, etc. desde donde se propague una anti-cultura que acabe con los cimientos y las convicciones de la cultura cristiana occidental para que la gente, una vez debilitada en sus convicciones, se adhiera a los ideales marxistas que antes habían rechazado de forma natural.

Así pues nace la teoría (después puesta en práctica con increíble éxito como vemos hoy día) de que hay que destruir todo (y a todos) lo que defienda o promueva el cristianismo, la familia tradicional, el rol natural del hombre y la mujer, las etnias autóctonas europeas, la superioridad de la literatura, arte, y música europea, la creencia en Dios, el orgullo en la historia europea (especialmente la conquista y colonización de otros continentes, culturas y religiones), el hetero-sexualismo, y en fin todo lo que componía la cultura y realidad occidental cristiana.

Había que debilitar cual quinta columna, desde dentro, la cultura de Occidente, debilitar la creencia en Dios, en la Ley Natural, en el orden natural de la sociedad y había que defender todo lo que fuera anti cristiano, anti Europa, anti Occidente.

Así, en el 1923 nace en Frankfurt (Alemania) el Instituto para la Investigación Social o, simplemente, la Escuela de Frankfurt dirigida por el húngaro Georg Lukacs y financiada por Félix Weil para diseminar y llevar a la práctica la estrategia concebida por Gramsci.

Sobre el objetivo de esta Escuela, decía su primer director George Lukacs: “Vi la destrucción revolucionaria de la sociedad como la única solución para las contradicciones culturales de la época… Tal volteamiento mundial de valores no puede ocurrir sin la aniquilación de los antiguos valores y la creación de otros nuevos por los revolucionarios”.

“Horkheimer afirma en su ‘Teoría Crítica’ que la manera de destruir la civilización occidental era el ataque sistemático a todos sus valores asociados a esta, y así, por ejemplo, defendía la destrucción del matrimonio y la familia con hijos”

Otros pensadores marxistas se unieron al esfuerzo con dedicación: Adorno, Marcuse, Fromm, Benjamin, Horkheimer, etc.


De inmediato la Escuela tuvo muchísimo éxito y tanto en el mundo académico como en el cultural se empezó a notar la puesta en práctica de la estrategia, algo muy reflejado en la decadencia de a finales de la década de los años 20, los “locos” años 20.

Sin embargo, tanto el trabajo como la influencia en la cultura del instituto se detuvieron bruscamente por la gran Depresión, primero, y por la II Guerra Mundial, después.

Muchos de los grandes arquitectos de la Escuela de Frankfurt se instalaron en la Universidad de Columbia de Nueva York y esperaron tiempos más favorables para impulsar de nuevo su revolución cultural.

Fue en la década de los 60 cuando una nueva generación de adolescentes y jóvenes que no conocían la Depresión ni la Guerra Mundial tomo de nuevo el proceso revolucionario de la Escuela de Frankfurt.

De ahí que la estrategia de la Escuela de Frankfurt “explotara” con rotundo éxito en los 60 por todo Occidente.

Así, la obra ‘Eros y civilización’ de Marcuse se convirtió en el máximo fundamento doctrinal del hippismo. También es Marcuse quien reenfoca los esfuerzos del marxismo cultural poniendo como máximo objetivo el ganarse y adoctrinar (lavar el cerebro) a los universitarios de clase media y alta.

Por su parte Max Horkheimer afirma, en su ‘Teoría Crítica’, que la manera de destruir la civilización occidental era el ataque sistemático a todos sus valores asociados.

Así, por ejemplo, defendía la destrucción del matrimonio y la familia con hijos llegando a decir que el matrimonio puede ser cualquier tipo de unión donde intervenga la atracción sexual sin ningún fin concreto.

De la misma manera Fromm decía que la masculinidad y la feminidad no eran reflejo de diferencias biológicas, sino que era imposición debida a la “opresión” que los heterosexuales ejercían en la sociedad.

Así, a la teoría y estrategia de la Escuela de Frankfurt, una vez puesta en práctica, esto es una vez que salió del salón de clase y empezó verdaderamente a destruir la cultura cristiana occidental, se le llamó marxismo cultural.

Según esta corriente, las personas de cultura occidental son por definición una clase opresora y malévola por naturaleza.

En contraste, la nueva clase oprimida y buena por naturaleza está constituida por todos los individuos de cultura, religión y etnias no occidentales o por las minorías que contradicen en sus acciones y pensamiento lo tradicional cristiano: todas las razas no blancas, homosexuales, inmigrantes del tercer mundo, feministas, ateos “científicos”, musulmanes, etc.



“el propósito del Marxismo Cultural era destruir todo lo que hasta entonces había sido la Civilización Occidental: la cultura, la Ley Natural, el rol masculino en la sociedad, el rol femenino en la sociedad, la creencia en Dios, todo lo pro europeo, todo lo pro cristiano”

Entre las armas que usa este marxismo cultural, producto de la Escuela de Frankfurt, está la inmigración masiva de gentes del tercer mundo con religiones y culturas ajenas a la europea, y la imposición de leyes de “discriminación positiva” que favorezcan a todas las “minorías” (desde los homosexuales hasta todos los que practican religiones no cristianas).

Y una fuerte imposición de leyes que atenten contra los derechos de todos aquellos que defiendan la Ley Natural moral, la cultura occidental, el rol natural de los hombres y las mujeres, la familia tradicional, etc.

En su ensayo ‘Tolerancia Represiva’, Marcuse da nacimiento indirecto a lo que se convertiría después en el concepto de nuestros días de lo ‘políticamente correcto’, o sea la dictadura del pensamiento que condena con el martillo del rechazo, la vergüenza e incluso la multa o la cárcel a todo aquel que se atreve a cuestionar los nuevos ‘dogmas’ impuestos a golpes y lavado de cerebro por el marxismo cultural.

Decía Marcuse: “La conclusión obtenida es que la realización del objetivo de la tolerancia exige intolerancia hacia orientaciones políticas, actitudes y opiniones dominantes y en cambio, la extensión de la tolerancia a orientaciones políticas, actitudes y opiniones puestas fuera de la ley o eliminadas… (esto es) intolerancia hacia los movimientos de la derecha, y tolerancia de movimientos de la izquierda (…) se extendería a la fase de acción lo mismo que de discusión y propaganda, de acción como de palabra” (Tolerancia Represiva, Marcuse).

De ahí que entendemos que el propósito del marxismo cultural era destruir todo lo que hasta entonces había sido la civilización occidental: la cultura, la Ley Natural, el rol masculino en la sociedad, el rol femenino en la sociedad, la creencia en Dios, todo lo pro europeo, todo lo pro cristiano, la historia basada en la superioridad de una civilización e historia fundamentada en la verdadera religión cristiana.

Para destruir eso había que imponer todo lo que fuera anti europeo, anti cristiano, anti historia y legado europeo, anti ley natural, anti rol natural del hombre y mujer en la sociedad.

De esa manera y después de la gran “explosión” del marxismo cultural en la década de los años 60, EEUU y el resto de Occidente llevan ya casi 50 años sufriendo bajo esta revolución cultural y social impuesta por los medios de educación y comunicación.

Más aun, los últimos ocho años de Obama sólo sirvieron para acelerar al máximo la profundidad y la devastación de ésta.

Durante los últimos ocho años, Obama impuso a martillazos y de manera radical la revolución de la Escuela de Frankfurt, y por supuesto, la Europa occidental siguió el ejemplo de su referente por excelencia (EEUU) intentando copiar en todo a Obama para demonstrar lo ‘modernos’ que eran. Como decimos en EEUU, monkey see, monkey do [N. del Editor: el mono imitamonos]. >>[2]


Colofón: Una nueva discriminación nacida de la “tolerancia”


Universidad de Columbia, New York, al fondo a la derecha se ve el ‘Lerner Hall’)

<<El consejo estudiantil de la prestigiosa Universidad de Columbia, Estados Unidos, ha aprobado por unanimidad una resolución para “reservar espacios exclusivos de la comunidad LGTBI y otras minorías”.

La propuesta, dirigida por líderes del LGTBI en la Universidad, y que fue aprobada el pasado 25 de enero, insta a que el centro educativo monte por obligación un espacio exclusivo para dar apoyo institucional, personal y de financiación a los estudiantes que pertenezcan a la comunidad LGTBI. 


Además, dentro de este espacio exclusivo podrán acceder los estudiantes de color, así como las mujeres que se “sientan intimidadas por la presencia masculina en el campus”. Pero no los heteros blancos.

Según se publica en el portal Campus Reform, este proyecto del LGTBI trae consigo además numerosas exigencias que esperan que el centro apoye.

Una de las demandas es que este “espacio exclusivo” debe disponer de “televisión, cafetería, ordenadores o sala de estudio” entre otras cosas.

Piden además la creación de puestos remunerados para su ‘espacio íntimo’ como son el de un director, trabajadores a tiempo parcial y estudiantes que colaboren.

Y por si fuera poco, los LGTBI pretenden que la zona exclusiva se ubique en uno de los vestíbulos más prestigiosos de la universidad de Columbia, el ‘Lerner Hall’, que en un principio estaba diseñado para el descanso de todos los estudiantes>>[3]


Jorge Pérez Uribe

Notas:
[1] Manuel Ballester, Lo políticamente correcto o el acoso de la libertad, Cuadernos de Pensamiento Político, Abri/junio 2012, Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales, España, http://www.fundacionfaes.org/file_upload/publication/pdf/20130423223125lo-politicamente-correcto-o-el-acoso-a-la-libertad.pdf 

2] http://www.actuall.com/criterio/democracia/como-el-marxismo-cultural-de-la-escuela-de-frankfurt-invento-la-persecucion-al-disidente/ 

[3] http://www.actuall.com/familia/discrimina-el-lgtbi-a-los-heteros-la-universidad-de-columbia-crea-salas-solo-para-el-lobby/ 


lunes, 16 de febrero de 2015

EL FEMINISMO RADICAL Y LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO






Estupor y confusión ante la ideología de género



La sociedad de nuestros días no acaba de entender que es lo que pasa, pero hay desasosiego, pasmo, asombro y confusión, mucha confusión. Hay ya, quien incluso se cuestiona si por siglos estuvimos equivocados al considerar que solamente existían dos géneros identificados con las características sexuales de la persona: masculino y femenino, hombre y mujer. En su interior –añora y reconoce que era mejor el sistema anterior-, en dónde existían solamente dos sexos, dos géneros, que además eran complementarios. No acaba de entender a carta cabal que pasa, el porqué de estos cambios.
Quien se manifieste en contra será tachado de ìntolerante´ y `retrogrado´, -por lo que cada vez menos- se atreven a hacerlo, pero en la intimidad manifiestan su disgusto con las exhibiciones públicas de homosexuales y lesbianas, y piensan con angustia que les espera a sus hijos.
Así una nueva dictadura se yergue sobre la inerme sociedad: la `dictadura de la tolerancia´. “Prohibido prohibir”. La “filosofía del permisivismo” lleva a aceptar que “todo es válido y lícito” y la del “relativismo”[1] dicta que “no existe verdad absoluta, universal, válida”, “nada es totalmente bueno ni malo”, “hay que probarlo todo”.  Para más, la legislación ya favorece a los grupos LGBT [2], que se han convertido en la nueva clase todopoderosa, que detenta derechos especiales.

Como empezó todo

La ideología de género inicia con el feminismo de los años 60´s, pero no con el feminismo de equidad, sino con el feminismo radical que toma la filosofía de Antonio Gramsci y la expresa en la voz de Simone de Beauvoir, pareja de Jean Paul Sartre –ideólogo del existencialismo-: "Mujer no se nace, sino que se hace", significa que el sexo es aquello que uno decide ser, no lo que la naturaleza ha determinado. A partir de la publicación de El Segundo Sexo (1960), de Simone de Beauvoir, y de La mística femenina (1963), de Betty Friedan, entran en el feminismo otras cuestiones como el concepto de sexualidad, el papel de la maternidad, y la verdad sobre la familia.
Christina Hoff Sommers, en su libro ¿Quién se robó el feminismo?,  acuña el término “feministas de género” para distinguir el feminismo de ideología radical surgido hacia fines de los 60´s, del anterior movimiento feminista de equidad, y distingue: “El feminismo de equidad es sencillamente la creencia en la igualdad legal y moral de los sexos […] Por el contrario, el feminismo del `género´ es una ideología que pretende abarcarlo todo, según la cual la mujer norteamericana está presa en un sistema patriarcal opresivo. La feminista de equidad opina que las cosas han mejorado mucho para la mujer;  la feminista del `género´ a menudo piensa que han empeorado”.[3]
Otra vertiente es la “Teoría Queer” cuyo sustantivo abarca los términos: "maricón", "homosexual", "gay". <<La aparición de los estudios queer tiene su origen en un complejo contexto social en Estados Unidos. En primer término, surgen a partir de nuevas teorías sobre la sexualidad (Foucault, 1976; Weeks, 1998); de los descubrimientos sobre la tolerancia a la homosexualidad desde la Antigüedad y hasta la Alta Edad Media de Boswell (1980); de la aparición del artículo de Adrienne Rich (1996) sobre la heterosexualidad obligatoria y la existencia lesbiana; y de las evidencias arqueológicas de comportamientos homosexuales en la Grecia antigua de Dover (1980).La primera universidad estadounidense que contribuyó al desarrollo de la Teoría Queer fue Columbia, en 1989; posteriormente las de Duke, Nueva York, y el Centro de Estudios de Lesbianas y Gays de la Universidad de la Ciudad de Nueva York. En Estados Unidos se editan las principales revistas periódicas de estudios sobre la diversidad sexual, tales como The Journal of Sex Research, Journal of Homosexuality, Journal of the History of Sexuality, A Journal of Lesbian and Gay Studies. En Europa la pionera fue la Universidad de Utrecht, ubicada en el centro de los Países Bajos, con su Departamento de Estudios Interdisciplinarios Gays y Lesbianos, que edita el Forum Homosexualität und Literatur. Además, la Universidad de Amsterdam tiene el Centro "Homodok".>>[4]


Feminismo de `género´ y neomarxismo

<<En palabras de Dale O´Leary, la teoría del “feminismo de género” se basa en una interpretación neomarxista de la historia. Comienza con la afirmación de Marx, de que toda la historia es una lucha de clases, de opresor contra oprimido, en una batalla que se resolverá solo cuando los oprimidos se percaten de su situación, se alcen en revolución e impongan una dictadura de los oprimidos. La sociedad será totalmente reconstruida y emergerá la sociedad sin clases, libre de conflictos, que asegurará la paz y prosperidad utópicas para todos.
O´Leary agrega que Frederik Engels fue quien sentó las bases de la unión entre el marxismo y el feminismo. Para ello cita el libro El origen de la familia, la propiedad y el Estado, escrito por el pensador alemán en 1884 en el que señala:
“El primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer unidos en el matrimonio monógamo, y la primera opresión de una clase por otra, con la del sexo femenino por el masculino”
Según O´Leary, los marxistas clásicos creían que el sistema de clases desaparecería una vez que se eliminara la propiedad privada, se facilitara el divorcio, se aceptara la ilegitimidad, se forzara la entrada de la mujer al mercado laboral, se colocara a los niños en institutos de cuidado diario y se eliminara la religión. Sin embargo para las “feministas de género”, los marxistas fracasaron por concentrarse en soluciones económicas sin atacar directamente a la familia, que era la verdadera causa de las clases.

En ese sentido, la feminista Shulamith Firestone afirma la necesidad de destruir la diferencia de clases, más aún la diferencia de sexos: “… asegurar la eliminación de las clases sexuales requiere que la clase subyugada (las mujeres) se alce en revolución y se apodere del control de la reproducción; se restaure a la mujer la propiedad sobre sus propios cuerpos, como también el control femenino de la fertilidad humana, incluyendo tanto las nuevas tecnologías como todas las instituciones sociales de nacimiento y cuidado de los niños. Y así como la meta final de la revolución socialista era no sólo acabar con el privilegio de la clase económica, sino con la distinción misma entre clases económicas, la meta definitiva de la revolución feminista debe ser igualmente –a diferencia del primer movimiento feminista- no simplemente acabar con el privilegio masculino sino con la distinción de sexos misma: las diferencias genitales entre los seres humanos ya no importan culturalmente”

Cuando la naturaleza estorba

Es claro pues que para esta nueva “perspectiva de género” la realidad de la naturaleza incomoda, estorba, y por tanto debe desaparecer. Al respecto, la propia Shulamith Firestone decía: “Lo `natural´ no es necesariamente un valor `humano´. La humanidad ha comenzado a sobrepasar a la naturaleza; ya no podemos justificar la continuación de un sistema discriminatorio de clases por sexos sobre la base de sus orígenes en la naturaleza. De hecho, por la sola razón de pragmatismo empieza a parecer que debemos deshacernos de ella” […]
Así los mencionados promotores del  “género” no han visto mejor opción que declararle la guerra a la naturaleza y a las opciones de la mujer. Según O´Leary, las “feministas de género” a menudo denigran el respeto por la mujer con la misma vehemencia con que atacan el irrespeto, porque para ellas el “enemigo” es la diferencia […]
Además, consideran que las diferencias de “género”, que según ellos existen por construcción social, fuerzan a la mujer a ser dependiente del hombre y por ello, la libertad ´para la mujer consistirá, no en actuar sin restricciones indebidas, sino en liberarse de “roles de género socialmente construidos” […]
Luego de revisa la peculiar “agenda feminista”, Dale O´Leary evidencia que el propósito de cada punto de la misma no es mejorar la situación de la mujer, sino separar a la mujer del hombre y destruir la identificación de sus intereses con los de sus familias. Así mismo, agrega la experta, el interés primordial del feminismo radical nunca ha sido el de mejorar directamente la situación de la mujer ni aumentar su libertad, Por el contrario, para las feministas radicales activas, las mejoras menores pueden obstaculizar la revolución de clase sexo/género.
Esta afirmación es confirmada por la feminista Heidi Hartmann que radicalmente afirma: “La cuestión de la mujer nunca ha sido la `cuestión feminista´. Esta se dirige a las causas de la desigualdad sexual entre hombres y mujeres, del dominio masculino sobre la mujer”.
Así dice O´Leary, la “nueva perspectiva” tiene como objeto propulsar la agenda homosexual/ lesbiana/bisexual/transexual, y no los intereses de las mujeres comunes y corrientes>>.[5]

Los objetivos: deconstruir la familia y la sociedad occidental

“El final de la familia biológica eliminará también la necesidad de la represión sexual. La homosexualidad masculina, el lesbianismo y las relaciones sexuales extramaritales ya no se verán en la forma liberal como opciones alternas, fuera del alcance de la regulación estatal… en vez de esto, hasta las categorías de homosexualidad y heterosexualidad serán abandonadas: la misma `institución de las relaciones sexuales´ en que hombre y mujer desempeñan un rol bien definido, desaparecerá. La humanidad podría revertir finalmente a su sexualidad polimorfamente perversa natural”
Alison Jagger, autora de varios libros de texto utilizados en programas de estudios femeninos en universidades norteamericanas, revela la hostilidad de las “feministas de género” hacia la familia, cuando exclama:
<<“La igualdad feminista radical significa, no simplemente igualdad bajo la ley y ni siquiera igual satisfacción de necesidades básicas, sino más bien que las mujeres –al igual que los hombres- no tengan que dar a luz… La destrucción de la familia que Freud jamás visualizó, permitirá la emergencia de mujeres y hombres nuevos, diferentes de cuantos han existido anteriormente”
Al parecer, la principal razón del rechazo feminista a la familia es que para ella esta institución básica de la sociedad “crea y apoya el sistema de clases/género”. Así lo explica Christine Riddiough, colaboradora de la revista publicada por la institución antivida Catholics for a Free Choice (Católicas por el derecho a decidir):
“La familia nos da las primeras lecciones de ideología de clase dominante y también le imparte legitimidad a otras instituciones de la sociedad civil. Nuestras familias son las que nos enseñan primero la religión, a ser buenos ciudadanos… tan completa es la hegemonía de la clase dominante en la familia, que se nos enseña que esta encarna el orden natural de las cosas. Se basa en particular en una relación entre el hombre y la mujer que reprime la sexualidad, especialmente de la mujer”.
Para quienes tienen una visión marxista de las diferencias de clases como cusa de los problemas apunta O´Leary, `diferente´ es siempre `desigual´ y `desigual´ siempre es `opresor´.>>[6]

Su principal enemigo: las religiones judía, musulmana y las cristianas

Denominan `fundamentalistas´ a los cristianos católicos, evangélicos y ortodoxos, a los judíos y a los musulmanes, que tienen como común denominador la `Revelación Bíblica´.
Sobre la `Revelación Bíblica´ la “teóloga feminista de género” Elisabeth Schussler Fiorenza afirma: “Los textos bíblicos no son Revelación de inspiración verbal ni principios doctrinales, sino formulaciones históricas… Análogamente, la teoría feminista insiste en que todos los textos son producto de una cultura e historia patriarcal androcéntrica”
El informe de la reunión preparatoria a la Conferencia de Pekín, organizada por el Consejo Europeo en febrero de 1995, sostiene que: <<”El surgimiento de toda forma de fundamentalismo religioso se considera como una especial amenaza al disfrute por parte de la mujer de sus derechos humanos y a su plena participación en la toma de decisiones en la sociedad” […] “…debe capacitarse a las mujeres mismas, y dárseles la oportunidad de determinar lo que sus culturas religiones y costumbres significan para ellas”.

Vale señalar que para el “feminismo de género”, la religión es un invento humano y las religiones principales fueron inventadas por los hombres para oprimir a las mujeres. Por ello las feministas radicales postulan la re-imagen de Dios como Sophia: sabiduría femenina. En ese sentido las “teólogas del feminismo de género” proponen descubrir y adorara no a Dios, sino a la diosa. Por ejemplo, Carol Christ, autodenominada “teóloga feminista de género” afirma lo siguiente: “Una mujer que se haga eco de la afirmación dramática de Ntosake Shange: `Encontré a Dios en mí misma y la amé ferozmente´ está diciendo que el principio divino, el poder salvador y sustentable está en ella misma y que ya no verá al hombre o a la figura masculina como salvador”.>>[7] Siguiendo sus palabras, se podría afirmar: `toda mujer se debe autoconstruir en su propia diosa´.
El enemigo a combatir en Occidente, es sin duda el Vaticano que se opone a su agenda de deconstrucción de la familia, planificación natal por medios artificiales, aborto, renta de úteros, inseminación `in vitro´, matrimonios lésbico-gay y adopción de hijos por estas parejas. Si bien, la Iglesia Evangélica ha aceptado como ministros a mujeres y hombres gay y ya ha ungido al menos a uno de cada sexo como obispos, además de celebrar bodas gay; las Iglesias Católica y Ortodoxa –en Eurasia- se mantienen fieles a sus postulados milenarios.


Jorge Pérez Uribe



[1] Ver post la Cultura Light de septiembre de 2012 

[2] Siglas que designan colectivamente a lesbianas, gais, bisexuales y transexuales 

[3] Entrevista a Christina Hoff Sommers en Faith and Freedom, 1994, p.2 

[4] Carlos Fonseca Hernández y María Luisa Quintero Soto La Teoría Queer: la de-construcción de las sexualidades periféricas, Revista Sociológica, año 24, número 69, enero-abril de 2009, UAM Azcapotzalco, México 

[5] La ideología de género. Sus peligros y alcances, Comisión Episcopal para los Laicos, IMDOSOC, México, D.F., 2003 

[6] Ibídem, p.32,33 
[7] Ibídem, p.42,43



sábado, 7 de febrero de 2015

ANTONIO GRAMSCI Y LA REVOLUCIÓN CULTURAL





Preámbulo


Si Carlos Marx, Federico Engels, Vladimir Ilicht Lenin y Leon Trotsky, han sido reconocidos como los teóricos de la revolución marxista violenta, existe un intelectual poco reconocido, teórico de la revolución cultural no violenta, que en forma imperceptible vive el mundo occidental desde los años 50´s. El es, no otro, que Antonio Gramsci, político, periodista, filósofo, y teórico marxista italiano. 

¿Quién fue Antonio Gramsci?


Antonio Gramsci, nació el 22 de enero de 1891 en Ales, provincia de Cagliari, en Cerdeña, en el seno de una familia humilde. Sufría una deformación de la columna vertebral que empezó a ser visible desde los siete años. Gracias a su hermano pudo superar éste defecto y acceder a la Universidad de Turín en 1914. Fue un estudiante brillante de la carrera de Letras, lo que le llevó a obtener un premio que le ayudó a proseguir sus estudios, aunque tuvo que suspenderlos en 1914 por problemas de salud. Desarrolló un gran interés por la educación y la cultura. Trabajó como periodista en Avanti!, periódico del Partido Socialista en 1916. Posteriormente fundó otro diario junto a Palmiro Togliatti, al que llamaron Ordine Nuovo en 1919. Formó parte del movimiento de Consejos de Fábricas durante 1920. 

Fue activista del Partido Socialista y posteriormente fundador del Partido Comunista en Italia en 1921. Trabajó para la Komintern (III Internacional comunista) en Moscú y Viena, y volvió a Italia en el año 1924 para unirse a la oposición parlamentaria que enfrentó a la dictadura de Mussolini. Detenido en 1926 por el régimen fascista de Mussolini, fue condenado en 1928 a más de 20 años de prisión, por lo que pasó el resto de su vida preso, produciendo una gran obra escrita (los voluminosos Cuadernos de la cárcel y las Cartas desde la cárcel), que contiene una revisión original del pensamiento de Marx, en un sentido historicista y tendiente a modernizar el legado comunista para adaptarlo a las condiciones de Italia y de la Europa del siglo XX. Su obra quedó plasmada en 32 cuadernos que ocuparon casi 3.000 páginas.

Antonio Gramsci, -enfermo de tuberculosis desde años antes- murió el 27 de abril de 1937 en Roma víctima de un derrame cerebral, a la edad de 46 años.

Fue considerado un hereje y un proscripto en todos los feudos de los partidos de orientación leninista, debido a sus teorías acerca del predominio que los intelectuales deberían tener sobre aquello que los marxistas llaman el proletariado.



Una semblanza del pensamiento de Gramsci



Antes de fallecer en junio de 2014 el Dr. Arnaldo Córdoba intelectual y convencido marxista mexicano, publicó un interesante ensayo sobre Gramsci del cual transcribo dos párrafos: <<es el más grande pensador marxista que se haya dedicado al estudio del papel de la cultura y de sus creadores, los intelectuales, en la vida social, económica y política. Sus estudios, él mismo lo anticipaba, no pretendían ser de carácter sociológico, sino, precisamente, culturales e históricos (Quaderni del carcere, Einaudi, Torino, 1975, p. 1515). Ningún otro estudioso, de hecho, de ninguna tendencia ideológica o filosófica, ha aportado lo que Gramsci a la comprensión del rol que la cultura y la creación espiritual y, sobre todo, los intelectuales, desempeñan en la vida social en todos sus aspectos en el mundo moderno. Él es único entre los marxistas, porque ninguno se había ocupado de esta crucial temática. Y resulta único entre todos los que han estudiado los fenómenos culturales y espirituales de la sociedad, porque ninguno llegó a los hallazgos que él logró.

Gramsci jamás creyó en fatalismos materialistas o determinismos económicos. Para él, el mundo es el escenario de la vida social, en el que los hombres, con todas sus capacidades espirituales y todas sus energías naturales, actúan y crean su vida en sociedad. Los hombres, al actuar en el mundo, crean la cultura, que es la obra humana en la realidad natural. Pueden destruirlo todo, es posible; pero incluso eso es obra suya y no hay fuerzas ocultas en la naturaleza que lo obliguen a hacer lo que no quiere o él mismo no decide. Las llamadas fuerzas productivas de la sociedad, que los marxistas convirtieron en un fetiche con poderes demiúrgicos, no son sólo “cosas”, fuerzas ciegas de la naturaleza, sino y sobre todo, inteligencia aplicada, pensamiento organizado y voluntad de crear y de cambiar en la realidad.>>[1]

Carlos Marx y la estrategia de Gramsci





Marx afirmaba que el motor de la historia de todas las sociedades ha sido la historia de la lucha de clases entre opresores y oprimidos Esta lucha ha terminado siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o con la ruina común de las clases contendientes.

Las clases sociales para el marxismo están definidas por las relaciones de producción, es decir, por la forma en que los hombres producen mercancías. En el seno de las relaciones de producción, el papel que ocupa cada individuo está determinado por la división del trabajo, es decir, aquellos que desarrollan una misma actividad -y por tanto están sometidos a unas idénticas condiciones- conforman una clase social. Las clases sociales vienen determinadas por el lugar que ocupan en el proceso de producción de la riqueza. Unos la producen y otros se apropian de una porción de la misma. De esa relación no cabe esperar sino el antagonismo y la hostilidad entre explotados y explotadores. 

El fin último de la historia es la eliminación de las clases sociales cuando la clase más desvalida y universal (el proletariado creado por el modo de producción capitalista) consiga "emancipar" a toda la humanidad y establezca la dictadura del proletariado. 


Gramsci, por su parte, elaboró una sutilísima estrategia, ya qué captó el problema que suponía reducir el marxismo a la mera economía y a la lucha de clases. La originalidad de su planteamiento consiste en que trabajó sobre las "superestructuras" -lo que normalmente llamamos cultura- sin desligarlas de la "estructura" -los medios de producción y las relaciones de trabajo-. […] "para Gramsci las ideas y creencias no son simple emanación pasajera de la economía, sino que poseen una realidad que constituye la cultura en que cada hombre y cada pueblo vive inmerso".

Así, Gramsci elaboró una filosofía de la praxis mucho más integral que la de la mayoría de los marxistas. Como consecuencia, -mientras muchos marxistas no lo comprendieron, tanto social demócratas como reformistas y progresistas, se apropiaron de su estrategia y la utilizaron -y la utilizan- para disolver los valores de la sociedad del siglo XX.

<<Gramsci entendió que para llevar a buen puerto la revolución, era necesario conquistar la conciencia individual, y para ello, era imprescindible demoler:

- La religión
- La Iglesia Católica
- La filosofía realista
- El sentido común
- La familia.

Pero esto no debía hacerse para Gramsci mediante la fuerza bruta o la imposición militar, sino propugnando la "dirección" antes que el "dominio", hasta lograr una hegemonía en el pensamiento. Para ello, propuso elaborar una pedagogía de masas, con la finalidad de establecer una reforma "intelectual y moral", tanto de los intelectuales como del pueblo. Los instrumentos para ello serían:

- La escuela de monopolio estatal
- El periodismo
- Los medios masivos de comunicación social. […]

"El medio en que esta metamorfosis puede realizarse es el pluralismo ideológico de la democracia, que deja indefenso el medio cultural atacado, porque en ella sólo existen "opiniones" y todas son igualmente válidas. La labor se realizará actuando sobre los "centros de irradiación cultural" (universidades, foros públicos, medios de difusión, etc.) en los que, aparentando respetar su estructura y aún sus fines, se inoculará un criticismo que les lleve a su propia destrucción." […]



La democracia moderna será como una anestesia que imposibilitará toda reacción en el paciente, aun cuando esté informado del sistema por el que está siendo penetrada su mente." […] el objetivo de esa profunda reforma "intelectual y moral" planteada por Gramsci, es obtener un nuevo arquetipo humano, en virtud de que el intelecto y la ética han sido las bases de la cultura occidental. Por tanto, para conquistar la conciencia individual, Gramsci intentará insertar en su inmanentismo ateo y materialista, la subjetividad humana. Con lo cual estaríamos ante un modelo de hombre que "se construye a sí mismo" […]

Gramsci no cree que las ideas por sí solas, logren convencer a nadie, si antes no se trabaja sobre la conciencia individual criticando y -demoliendo- los fundamentos del realismo y del sentido común. En este sentido, destaca la importancia fundamental de la cultura de la imagen, que ataca más a lo emocional que a lo racional.

Otro punto central del pensamiento de Gramsci, es la negación de la naturaleza humana individual ya que la traslada a un ente colectivo. Para Gramsci, la naturaleza humana no puede ser hallada en ningún hombre en particular, sino en toda la historia del género humano. Dicho de otra forma, el hombre es el género humano que se manifiesta en el devenir de la historia. Por eso, una de las pretensiones de Gramsci es planificar un "género humano mundialmente unificado".

La estrategia educativa de Gramsci consiste en crear una escuela "niveladora", que tiende a "disciplinar y obtener un conformismo" con los principios y el sistema de la filosofía de la praxis. O lo que es lo mismo, la escuela se utiliza para "lavar el cerebro del alumnado expurgándole la concepción del mundo familiar y ambiental".




En cuanto a la "revolución cultural" en general, Gramsci propone un movimiento de pinzas bien sincronizado, mediante el cual, al tiempo que se utiliza la cultura, se van destruyendo una a una todas sus dimensiones, y se las va sustituyendo por otras. Así la trascendencia religiosa se sustituye por el inmanentismo ateo, la filosofía especulativa por la filosofía de la praxis y la ética personal por la sumisión a la reforma moral. Su objetivo final era lograr una sociedad sin clases regulada por el nuevo príncipe, el Partido Comunista. En resumidas cuentas, todo se reduce de alguna manera, a meter un Caballo de Troya cultural para, cambiando las costumbres, lograr un objetivo político.>>[2]


La Reingeniería Social y la Cultura Light



En el ensayo sobre la “Cultura Light” (septiembre de 2012) señalaba lo siguiente:<< En el trasfondo de esta mentalidad se encuentra la filosofía del nihilismo (del latín, nihil significando 'nada') es una posición filosófica desarrollada sobre todo por Friedrich Nietzsche y Martin Heidegger, que argumenta que el mundo, y en especial la existencia humana, no posee de manera realmente objetiva ningún significado, propósito, verdad comprensible o valor esencial superior [...]

Nihilismo es la negación de todo principio, autoridad, dogma filosófico o religioso. El nihilismo hace una negación a todo lo que predique una finalidad superior, objetiva o determinista de las cosas; hace ese énfasis negando la idea de progreso en la historia. En cambio es favorable a la perspectiva del devenir constante de la historia objetiva, sin ninguna finalidad superior.

La cultura light es el producto de nuestra sociedad post-moderna, caracterizada por una tetralogía de valores nihilista: hedonismo, consumismo, permisivismo, y relativismo, todo ello enhebrado por el materialismo.
  • El hedonismo significa que la ley máxima del comportamiento es el placer por encima de todo, cueste lo que cueste, alcanzando progresivamente cuotas más altas de bienestar. Ello conlleva a la muerte de los ideales, a un vacío de sentido y a la búsqueda de sensaciones cada vez más nuevas y excitantes. El hedonismo sustituye la verdadera libertad por un vector que se vive como una nueva experiencia de libertad: el consumismo (todo puede escogerse a placer; comprarse, gastarse y poseerse).
  • El consumismo que se podría considerar como un ideal de la sociedad capitalista -que no tiene otro horizonte que la multiplicación o la continua sustitución de objetos por otros cada vez mejores-; tiene una fuerte raíz en la publicidad masiva y en la oferta bombardeante que nos va creando nuevas y hasta absurdas necesidades, que obviamente nunca acabamos de satisfacer, pero que nos dan la sensación de tener una libertad que por otro lado hemos perdido.
  • Permisividad significa que no hay prohibiciones, ni territorios vedados, ni impedimentos, salvo las leyes civiles. La permisividad se sustenta sobre una tolerancia total, que considera todo válido y lícito, con tal de que a la instancia subjetiva le parezca bien. La ética permisiva sustituye a la moral, lo cual engendra un desconcierto generalizado.
  • Relativismo. Hijo natural de la permisividad, se define como aquella postura según la cuál no existe verdad absoluta, universal, válida y necesaria para todos los seres humanos. Por él se sustituye el absoluto por lo relativo, con lo que se cae en la absolutización de lo relativo. No hay nada absoluto, todo es relativo, nada es totalmente bueno ni malo. El relativismo se convierte en otro código ético, que nos lleva a una tolerancia interminable y de ahí a la indiferencia pura.

Esta tetralogía de valores nos conduce a una revolución sin finalidad y sin proyecto, (que no sea la progresiva degradación humana). Así la permisividad propugna la llegada a una etapa clave de la historia, sin prohibiciones ni territorios vedados, sin limitaciones, que deje a un lado las <<hipocresías>>. Hay que atreverse a todo, probarlo todo, llegar cada día más lejos; si para ello es necesario modificar las leyes de la antigua moral, se hace.

A esta tetralogía de valores se agregan el subjetivismo y el escepticismo. El subjetivismo que proviene de Descartes, lleva a erigir al individuo en el supremo juez de todo y a su punto de vista personal como la única norma de conducta; así cada individuo tiene su verdad, su religión, su moral, etc.; obviamente todo ello persiguiendo su beneficio inmediato y alejándolo de lo que es la verdad del hombre y de su naturaleza.

La filosofía del relativismo desemboca gradualmente en el escepticismo, con la diferencia de que para el relativismo, la verdad es algo que está en constante cambio, moviéndose de allá para acá, según el juicio de cada uno; en tanto que para el escepticismo, la verdad absoluta si existe, pero la razón humana es incapaz de alcanzarla; por lo que se produce una desvalorización del entendimiento, que no pude acceder a las cimas del conocimiento de la verdad con los medios naturales que tiene a la mano.>>

En una sociedad relativista y permisiva es sumamente fácil, efectuar una sustitución de valores, ya que no hay verdades absolutas, universales, válidas y necesarias para todos los seres humanos y todo es tolerado ya que todo es válido y lícito, con tal de que a la instancia subjetiva le parezca bien.

Y viene un cuestionamiento a su consideración: ¿Acaso esta estrategia de Gramsci, es lo que hemos vivido con el “choque de generaciones” (década de los 50´s), que no ha parado, baste ver el actual sometimiento y el temor de los maestros ante el cada vez más poderoso poderoso alumnado, la “liberación femenina” (década de los 60´s en adelante) y la actual “ideología de género”?



Jorge Pérez Uribe



[1] Arnaldo Córdoba, Antonio Gramsci: la cultura y los intelectuales, La Jornada Semanal, 19 enero 2014, México 
[2] Álvaro Fernández Texeira Nunes, Ideología de Género: Caballo de Troya Cultural, http://es.slideshare.net/ramoncopa/ideologa-de-gnero-caballo-de-troya-cultural-40209296