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jueves, 19 de mayo de 2016

EL COMPONENTE EMOCIONAL EN EL ARTE


Obra del escultor tinerfeño Román Hernández. Tenerife 1963.



Teo Revilla Bravo*


EL COMPONENTE EMOCIONAL



El hombre ante sus propios misterios. El hombre situado ante un espejo que le restablezca la propia efigie emocional más humana y en lo posible más desnuda; el hombre interrogándose, buscando eternales explicaciones y respuestas; gravitando sobre una suerte de anexo o reflejo fiel que le ayude a comprender la magnitud o significancia del existir, mediante expresiones más o menos gratificantes. Cuando estos enunciados se convierten en obras de arte, nos permiten anhelar la perfección latente a través de la misma mirada, en un acto afortunado proveniente de lo que sentimos como inspiración o transfiguración estética, filtrada desde esa identidad emocional interior donde nace y se hace necesaria. La mirada ha de ser fotográfica, no tanto en la forma de captación vehemente como en la de la misma esencia; ha de recoger, como lo hace la lente de la máquina, esa especie de serenidad que capte la aparición de la idea, del objeto o la obra idealizada a crear, sin artilugios ni engaños, lo más fiel a nosotros mismos. El arte, aún inconscientemente, nace como una búsqueda necesaria, un poner a prueba o analizar la realidad que nos pueda ayudar a canalizar la propia vida y situarnos ante ella. Su función es llegar, es transformar, es ser reflejo de continuado avance, y sobre todo es desahogar y es conmover. Cuando nos impresionamos o emocionamos, todo se revoluciona dentro de uno. Así nace o cobra valor el arte -que está en las obras del hombre, pero sobre todo en la naturaleza de donde recogemos sus fuentes esenciales-. Para ello, ha de tocar las fibras más sensibles del artista al realizar su obra y por ende las del potencial receptor cuando la contempla. Como si uno y otro lo hicieran a través de una trascendente respiración comunicativa, producida milagrosamente en las entrañas vitales del hermoso pulmonar del alma, ese propulsor que junto al corazón nos mantiene vivos. 

La herramienta del arte pictórico, la produce esencialmente la luz (capítulo anterior). La luz sirve como medio para la omisión de significados en su revelación experimental, formando el lenguaje universal que permite conocer los aspectos más positivos del alma humana. En las obras teóricas, es la expresión lo que funciona como filtro simbólico del pensamiento y es el acto de fe –poesía- lo que permite rendir culto a los más altos valores. En arte, los personajes, sus rostros, los paisajes, las formas abstractas, el barro, la palabra, la nota musical, etc., son proyectados hacia una luminiscencia que les es inherente; son violentamente iluminados en el exterior –acto creativo proveniente de lo interno-, bañados por una luz que anuncia el evento inesperado, aquello sutilmente recogido que de otra forma inevitablemente se perdería –esto se da muy bien en fotografía, pero también en toda obra artística, musical o literaria-. Todo ello queda aislado en una especie de aura, que es al mismo tiempo un hálito extremadamente fluido y sensible. Sin arte, la humanidad, espiritualmente, se asfixiaría. O como diría el genio de Nietzsche: “sin el arte –música- la vida sería un error”. El hombre ha de experimentar –crear- para intentar comprenderse y entender el entorno en que vive, a través de la callada tortura o goce que es obrar y es existir. Nada, nadie responde claramente a esa llamada de auxilio vital que lanzamos desde bien temprano. Lo creado debe de sobrevivir y establecer una situación poética de transferencia, pócima, elixir, cura, que nos ayude a situarnos ante la savia emocional de la vida, y comprenderla. En esa correspondencia, uno podría encontrar, quizás, el principio a la solución del problema que se genera con la ansiedad que el hombre tiene de avanzar: las obras han de tender a no significar más allá que el propio momento que vive el artista en su creación y luego del mismo momento que siente el espectador cuando las contempla, sin tener que crearse esa sensación de ansiedad que generalmente trata de conjurarse forzando significados –crítica-, que debieran permanecer libres y sin condicionantes hasta del propio creador. Quizás todo sea más simple y nos compliquemos más de lo necesario perdiéndonos en valoraciones. La ansiedad es mala compañera, genera siempre exigencia, rápidas expectativas y posiblemente malos resultados y por ende malas referencias y peores explicaciones.

Es a través de las obras de arte que se puede uno avenir con la existencia, atravesando órbitas, abriendo caminos, confinando pesadumbres, aliviando ansiedades, liberándonos en lo posible mientras sondeamos ese viaje interminable. EL anhelo del artista es crear ámbitos atemporales que sean integradores; es lograr la comunión con los otros; producir la armonía en la personalidad; es el placer de reflejar la vida y la realidad estructurando –a su modo- la moral de cada época; expresar conflictos internos y externos, denunciar; es ayudar a satisfacer y mejorar la subsistencia, desplegando las imágenes o las sensaciones, dejando sus silencios guardados en esos universos, yendo tras lo mitológico donde el presente transformado se convierta en un todo o absoluto integrador, eternidad habitable real y soñada. Y todo, a través de una obra bruñida con esa luz dirigida directamente al corazón, a los procesos comunicativos, a fortalecer los valores de la humanidad y sus necesidades estéticas y de conocimientos, estableciendo una visión novedosa de la realidad y optimizando en lo posible sus procesos de comunicación y de integración en lo social transformable.

El componente afectivo en el arte, ha de estar explícito e implícito, coronando la obra con una poderosa carga emotiva de la índole que sea; ha de convertirse en un sonoro grito de libertad, rabia, gozo o expectativa. Sin corazón, no hay obra. En tal caso, es una necesidad esencial para la propia marcha de la existencia; es un grito libertario, desgarrador, emocional, turbador, que nace de las fibras más sublimes de la conciencia transgresora y sensible. Si esto no se produce, la obra es obra muerta, obra ya realizada o simplemente no es. El arte y el hombre son indisociables. No hay arte sin hombre pero tampoco habría hombre sin arte. Es así de sencillo desde que la humanidad comenzó a utilizar las manos y generar un complejo lenguaje. Todos sabemos que el mundo se hace más inteligible a través de las distintas facetas artísticas desarrolladas a lo largo de los tiempos. Aún la labor provocadora en arte, ha de tener un lirismo innato, un latigazo esclarecedor, una alerta o emoción poética que impulse sensaciones, aunque éstas sean encontradas. La obra de arte, cualquier obra (englobándolo todo: pintura, escultura, música, literatura, etc., etc., ha de convencer, ha de hacernos descubrir el soplo de la creación, el Aleph, el deseo de partir desde el mismo origen tras la exploración de los ricos enigmas que atesora el universo que encierra la grandeza del propio ser. La obra de arte (verdadero lujo de la existencia), es el logro, es la bondad de sentir lo asequible necesario desafiado y desafiando, investigándose, deteniéndose a escuchar el murmullo de los pensamientos, el rumor de los pasos y el susurro del aire, el latir de la sangre, el hálito vital enriquecedor, la vida, la muerte, los ritmos cardíacos y circulares... 


* Artista plástico, poeta y escritor catalán, director de Órbita Literaria, red de artistas, escritores y amigos de habla hispana, http://orbitaliteraria.spruz.com/.


Agosto del 2012.

viernes, 23 de octubre de 2015

EFECTOS TERAPÉUTICOS DEL DIBUJO



Presentación


Para quienes no lo sepan aún, practico el dibujo y la pintura desde hace años, y coincidió la lectura del artículo que presento más abajo, con mi inicio en una nueva técnica, la de la tinta china.

Comienzo pues con la nueva técnica, copiando una de esas maravillosas pinturas de paisajes chinos. A primera vista me parece muy laborioso y quizás hasta tedioso: tantas rayitas, tantas hojitas, tantos puntitos.

Después de iniciar, -lo aparentemente tedioso y repetitivo- voy experimentando una gran relajación y voy descubriendo lo interesante de cada prado, de cada ramita, la vida que esconden dentro de una pintura.

A lo largo de los años en que he participado en los talleres de pintura y coincidiendo con la opinión de muchos compañeros de los mismos, es convicción común el reconocer el efecto terapéutico del dibujo y la pintura; tanto así que muchos dicen “voy a mi terapia”, en lugar de decir “voy a mi clase de dibujo o de pintura”. Personalmente ha habido veces que he llegado al taller, sumamente tenso y hasta con dolor de cabeza, en otras muy cansado, y he salido relajado, y con la recuperación de las fuerzas perdidas.

Ni que decir que he tenido compañeros esquizofrénicos (obviamente medicinados), bipolares y con otras dolencias psíquicas y emocionales, en quienes he observado el efecto terapéutico del arte.

Aunque llegué a detestar esos artículos del Reader´s Digest y las “revistas del corazón”, que en 10 o 25 puntos resolvían todo, o te decían como eras, me parece digno de compartir el siguiente artículo y sobre todo de sugerirles que pongan en acción los “trucos” mencionados.
Jorge Pérez Uribe


23 Maneras De Poner El Cerebro En Su Lugar

¡Qué misterioso es el cerebro! Por momentos me da la sensación de que el cerebro y el cuerpo son dos cosas totalmente distintas cuando la realidad es que no… ¿Por qué digo esto? Muy sencillo, lo que quiere tu cerebro, no es positivo para tu cuerpo y para tu vida. Te doy un par de ejemplos: Al cerebro le encanta la azúcar, pero eso es fatal para tu cuerpo. A tu cerebro le encanta las cosas rápidas y fáciles y todos sabemos que lo que merece la pena en la vida nunca es fácil. La buena noticia es que el día de hoy te traemos 23 trucos para que tú domines a tu mente y no sea tu mente quien te domine a ti. ¿Quieres saber más? Sigue leyendo.
Acuérdate compartir esto con tu familia y tus amigos.
· Si estás cansado, dibuja flores.


· Si estás enojado, dibuja líneas.
· Si te duele algo, esculpe.
· Si estás aburrido, llena una hoja de papel con colores diferentes.
· Si estás triste, dibuja un arcoíris.
· Si tienes miedo, teje macramé o elabora aplicaciones de telas.
· Si sientes angustia, haz una muñeca de trapo.
· Si estás indignado, rompe el papel en pedazos pequeños.
· Si estás preocupado, practica origami.
· Si estás tenso, dibuja patrones diferentes.
· Si necesitas recordar algo, dibuja laberintos.
· Si estás decepcionado, haz una réplica de una pintura.
· Si estás desesperado, dibuja caminos.
· Si necesitas entender algo, dibuja mándalas.
· Si necesitas restablecer las energías, dibuja paisajes.
· Si quieres entender tus sentimientos, dibuja un autorretrato.
· Si es importante recordar tu estado, dibuja manchas de colores.
· Si necesitas sistematizar tus pensamientos, dibuja celdas o cuadrados.
· Si quieres entender tus deseos, haz un collage.
· Si quieres concentrarte en tus pensamientos, dibuja usando puntos.
· Para encontrar la solución óptima a una situación, dibuja olas y círculos.
· Si sientes que estás estancado y necesitas seguir adelante, dibuja espirales.
· Si quieres concentrarte en una meta, dibuja cuadrículas y un blanco.




Fuente. http://aprendelotodo.com/23-maneras-de-poner-el-cerebro-en-su-lugar/

jueves, 7 de mayo de 2015

EL CREADOR Y EL IMPULSO CREATIVO


EL CREADOR


          "El nacimiento de Venus" de Botticelli, retrata uno de los más pintorescos mitos clásicos que nos transporta a un mundo de sueños y poesía... 

Teo Revilla Bravo*


El creador provoca las ideas, las ensalza desde su interior, intenta darles forma, línea, dibujo, color, textura, armonía, toda la esencia y esplendor posible consciente de la necesidad racional, intuitiva y de perseverancia, que ha necesariamente de tener. Al contar todos los azares en que se va desplegando la supuesta ficción o elaboración en la que se ha metido, el autor expone, ante el lector o público, su fondo personal como un desahogo plausible, si es que éste logra interesar.


Para ello intenta no celar demasiado aquello directamente relacionado con sus deseos y ansiedades más primordiales, escribiendo o creando con la idea de llenar el contenido con muchas ideas y juicios múltiples, por muy heterodoxos que aparenten estos ser. Y lo ha de hacer activando resortes literarios o artísticos que quizás pensaba no poseer, pretendiendo darle el impulso necesario, ese que permite dar presencia a la capacidad creativa para que circule con entera libertad. 

Simplemente, y ahí es nada, hay que entrar a fondo para desarrollar el tema y urdir la trama en situación; algo así como ver si contiene suficientes acontecimientos o elementos contrapuestos, que sean lo suficientemente apasionados como para no aburrir. ¿Cómo? En el caso del escritor, a través de pinceladas punzantes que hagan entrar al lector en la aventura por su centro, intercalando personajes y ambientes adecuados que la representen y defiendan aunque sea a través de novelar desfiguradamente la propia biografía. 

Hay que intentar formar un espacio escénico creíble personalizándolo lo más posible con el protagonista, de forma que nos sintamos intermediadores con conocimientos de causa suficiente como para alterarlo cuando sea conveniente, sabiendo ponerlo en contacto con la realidad, cosa siempre deseable en el caso de la literatura, y dentro de ella en la novela realista y en el teatro.

Stanislavski, actor, director escénico, gran pedagogo teatral en el campo del control de las emociones y de la inspiración artística, nos dice que hay que manejar la palanca que nos permita trasladar la realidad al único universo en el que se puede realizar la creación. Para encontrar el verdadero camino, hay que equivocarse mediante una finalidad comunicativa que ayude a corregir errores; hay que deambular por rutas inseguras, intentando entrar en situación hasta hallar la que mejor se adapte a nuestros intereses; hay que propiciar reglas y personalizarlas, aunque haya que ir transformándolas constantemente.


 Para hallar esos caminos, hay que formular preguntas y contestarlas de la mejor manera posible para ir asegurándonos lo realizado con certezas plausibles. A menudo hay que hacer retrocesos y experimentar caídas, para ver señales que alienten senderos donde los personajes creados estén completamente vivos… 

 Comprender todo esto, es sentir que se está ante una ardua labor; es también entristecerse, al pensar que quizás no se llegue a conseguir el objetivo ni en lo más mínimo: no hay mayor angustia para un creador, que vivir con la sensación de insuficiencia y de sentir el recorrido del tiempo caminando inevitablemente hacia la nada...


Barcelona.-2011.

©Teo Revilla Bravo.



EL IMPULSO CREATIVO


Picasso. "Taller" 1934.


Teo Revilla Bravo*

El impulso creativo surge durante ese tiempo de parón en que uno queda a la expectativa, donde el artista busca la solución a una sed creativa muy impetuosa y necesaria, que de momento, por unas causas u otras, se le niega. Hasta que comienza a notar la percepción primaria de una nueva incógnita con múltiples conexiones recorriendo el cerebro formando ideas ilusionantes aún poco perceptibles, pero que ya se agitan más allá del umbral de la conciencia. 


Es el comienzo de algo. Momento esencial en que sentimos que se ilumina una chispita, una pequeña luz, energía que impulsa a proceder con valentía y descaro dándole vueltas a la idea, agregando pesquisas, realizando una inmersión sobre un conjunto de factores, imágenes e inquietudes que no dominamos pero que van trascendiendo, formando la base desde donde se intentará resolver de la mejor manera ese potencial efecto de “inspiración” recibido. Este periodo primero es crucial, ya que en medio del entusiasmo generado ante la expectativa de volver a crear algo, pueden surgir angustias, ansiedades e incertidumbres, ante la sensación de dificultad, temiendo incluso que se pueda llegar a perder el objetivo ilusionante que nos animó en principio. 

Es, como si tras haber comenzado a actuar, se quedara uno de repente en blanco, debido a un miedo momentáneo que se apodera de nosotros dejándonos ante el vacío o la incertidumbre… 

Momento en el que muchos artistas abandonan la obra iniciada, al verse ésta como un condicionante que no siempre se controla ni se puede debidamente solventar. Sin embargo y paradójicamente, es a través de estas dudas y contrariedades, que se va suscitando, terca y cabezonamente, erre que erre, el hecho creativo. Es la fase de la incubación de la duda, algo por lo que casi siempre hay que pasar, y en la que se han de buscar distintas alternativas para resolverla. 

Cuando se logra traspasar ese instante y lo descubierto confluye y se amalgama bien en la elaboración consiguiente, se abre otro momento clave, caracterizado por la elaboración, ahora más sosegadamente, de la obra: la solución a las dudas aparece, y las partes antes dispersas se acoplan presentando un conjunto armonioso y ordenado. Es el momento más agradecido: para nuestra sorpresa va asomando y a la vez se va asentando la magia actuando sobre la mente del artista, quien a su vez genera avances cada vez más interesantes y atinados, produciendo –mientras se ultima la obra- cuando es complaciente y despejado, un éxtasis muy placentero. Momento compensatorio y feliz en el que se siente que todo va bien… 

Tras esto, comienza otra fase no menos importante: la de verificación, la del examen exhaustivo para evaluar si la obra merece la pena de verdad dándola por concluida estampando la firma, o bien abandonarla si comprendemos que es mejor sea así por inútil, infructuosa y baldía. En tal caso es una decisión no siempre fácil de decidir. La valoración ajena, entendida y amiga, puede tener su importancia en esta última fase para no precipitarnos, para no destrozar, en un momento de rabia e insatisfacción, algo que puede ser valioso. El instinto artístico de cada cual, a la postre, tiene la última palabra.

El objeto artístico, por mucho que nos empeñemos, no tiene fondo ni tiene fin y nunca quedará cumplido. Seremos nosotros quienes decidamos interrumpirlo, porque así, tal cual como lo vemos, nos complace, comprendiendo, sensatos, que somos incapaces de llegar más lejos: la obra siempre estará muy por encima de su creador. En esta tesitura, hemos de ser conscientes de que nunca conseguiremos colmar las expectativas. Esa es la mayor desazón, lucha y drama, del inquieto, impulsivo e innovador artista.



Barcelona.-16.-Noviembre.-2014

©Teo Revilla Bravo.


*Artista, poeta y escritor catalán, director de Órbita Literaria: lugar de encuentro de artistas, poetas y escritores de la lengua hispana y sobre todo de buenos amigos.


http://orbitaliteraria.spruz.com/blog.htm?cat_id=BE479393-16EB-4B32-80F9-F1D141917062

viernes, 30 de enero de 2015

“EL GRAN EQUÍVOCO DEL ARTE CONTEMPORÁNEO: IGNORAR TÉCNICA Y OFICIO” (Continuación)


(La primera parte se puede consultar en el post del 19 de junio de 2014) 

"Laoconte" El greco. Renacimiento español.
Laoconte es una pintura de estilo Manierista. Tiene inspiración clásica y cambios contemporáneos que le dan el misterio de tener muchas interpretaciones, Parece ser que El Greco se inspiró en la escultura de mármol del mismo nombre que representa a Laoconte -mito troyano- y sus dos hijos, descubierta en Roma en el año 1506. Enigmática desnudez de los cuerpos. Impresionante.




Teo Revilla Bravo


Hay una gran desconexión entre los intereses creados por los poderes políticos y o financieros, y la realidad de lo que se presupone es el gusto artístico de la gente. Algo que no solamente pasa en artes plásticas, sino que también en todas las artes. Lo que es cierto es que cuando aparece una obra que cala en la sensibilidad de la gente, ésta acude a contemplarla entusiasmada, formando grandes colas. Por tanto, habrá que ver de qué obra se habla, el valor del montaje que se ha hecho, la facilidad económica para que pueda acceder el público, el gancho del artista, o el intento de conservar un status quo, algo que supone un alejamiento, de facto, entre élites artísticas y público en general, prerrogativas o privilegios nunca bien aceptados. Nos encontramos, pues, ante aspectos valorativos del arte bien diferenciados. De todo ello sacamos la conclusión, de que la vuelta a la figuración en las grandes exposiciones, conecta muy bien con la gente y llena salas; el claro ejemplo lo tenemos en las grandes retrospectivas que se han hecho últimamente sobre artistas muy conocidos, como son las que se realizaron sobre Antonio López o Sorolla, por nombrar dos de las más significativas. Ese entusiasmo que despertaron y despiertan estos pintores, significa una reacción lógica contra el caos que se impuso, décadas atrás, al privilegiar el arte conceptual -y demás modernidades- por encima de otras valoraciones, algo que no acabó de calar en la conciencia ni en los gustos del gran público. Habría que crear cánones claros y tomar decisiones, que mantengan enlazados ambos aspectos necesarios y complementarios, que en arte, para su engrandecimiento y desarrollo, han de hallar cabida y continuidad.

Se cuestiona también a menudo, el otro lado de la cara... Me refiero al hiperrealismo. Hay quien opina que ampliando la fotografía e imprimiéndola sin más, tendríamos prácticamente el mismo efecto que pintándola con tanta minuciosidad… El hecho de llamar a estas obras hiperrealismo desagrada a algunos -entre los que me encuentro-, ya que la definición debería ser la de arte figurativo sin más paliativos, ya que posiblemente sea la máxima reacción que existe contra o ante la abstracción absorbente y avasalladora durante algunos períodos. El llamado hiperrealismo consiste, como todos sabemos, en exagerar la figura, hasta llegar a términos realistas casi perfectos, demostrando así que se puede pintar la figura mejor de lo que se ha pintado nunca. La fotografía, en este caso, es un medio del que puede valerse el artista plástico para llegar a ese fin. El reto que se impone y se le exige, no es que la pintura se parezca mucho a la fotografía, sino que logre superarla en todas las percepciones posibles. El resultado, en una u otra forma artística –fotografía o pintura-, siempre es, ni mejor ni peor a priori, indiscutiblemente diferente. En pintura puede resultar más cálido y matizado el efecto al contener una inspiración más sugerente, más íntima y o artesanal, ya que se realiza, no con los ojos y la pulsación de la máquina, sino con los dedos de la mano y sobre todo con los del corazón.

Hay falsos revolucionarios del arte que niegan la asistencia a la academia o al taller compartido por incómodos o trasnochados, pero, al conducirse así, están demostrando simplemente que son unos oportunos ignorantes: los verdaderos revolucionarios respetan y admiran el pasado, ya que saben que es una fuente de información constante, de donde se aprende; saben que nos conmueven las obras de los grandes artista por su estética, por su magistral influencia, elogiando con ello la misma ética legada, y sabiendo que sobre esa base han de aprender, han de saber volar, han de construir un futuro lleno de descubrimientos y de nuevos valores.

Si no tienes base ni práctica de navegación, eres el guía de una barcaza a la deriva, perdida en el océano de un gran despropósito.


Barcelona.-mayo.-2014.


©Teo Revilla Bravo.

sábado, 13 de diciembre de 2014

EL SECRETO DE LA CREATIVIDAD


Imagen cortesía de Alfonsina Blyde


Por: Edith Sánchez

La palabra creatividad se evoca en contextos muy distintos, incluso en los que pueden parecer menos creativos. En general, pensamos que se trata simplemente de realizar actos inusuales o poco convencionales. Aunque sin duda estos son señal de originalidad, no necesariamente pueden catalogarse como actos creativos en estricto sentido.

Se puede definir la creatividad como el conjunto de procesos mentales que da lugar al descubrimiento de nuevos problemas, para los que también se halla una solución inédita. Aunque los actos inusuales pueden sugerir rasgos de creatividad, solamente si construyen soluciones, en cualquier nivel, se definen como creativos.


¿Un don o una destreza?



Hace apenas algunas décadas se pensaba que la creatividad era un don casi sobrenatural, otorgado apenas a unos pocos. Los estudios sobre el cerebro y la inteligencia han demostrado que no es así. Al igual que con otros atributos, la semilla de la creatividad está presente en todos los seres humanos; pero solo algunos deciden cultivar esa semilla y hacerla florecer.

Durante los años noventa se realizaron varias investigaciones en los Estados Unidos para descubrir los secretos de la creatividad. En uno de los estudios midieron la actividad eléctrica del cerebro, en personas que estaban desarrollando procesos intelectuales y/o creativos.

Los individuos que estaban resolviendo problemas de matemáticas o decidiendo el sitio a donde irían de vacaciones, tenían cerebros que emitían ondas beta, cuya frecuencia es de 15 a 20 hertz. Los sujetos que desarrollaban actividades con mayor grado de complejidad y originalidad, como escribir un poema o hacer una pintura abstracta, mostraban cerebros que emitían ondas alfa, de 8 a 12 hertz.

Las ondas alfa también aparecen en quienes practican yoga o meditación profunda. Corresponden a un estado sereno, relajado y de atención difusa. Sí: difusa. La creatividad no parece tener mucho que ver con la concentración. Y ese es el secreto.


La hipofrontalidad: el secreto de la creatividad



Según Sharon Thompson-Schill, neurocientífico de la Universidad de Pensilvania, la creatividad fluye cuando se reduce el control sobre los procesos cognitivos. En otras palabras: entre menos restricciones le pongas a tus ideas y tus pensamientos, más creativo logras ser.

La corteza prefrontal del cerebro es la región que regula todo el pensamiento lógico. Cada vez que se te ocurre algo, o piensas en actuar, o tomas una decisión, etc., esta zona te da uno de dos mensajes: es razonable o es una locura. Si pasas por alto ese filtro, va a fluir tu creatividad. A ese fenómeno se le llama “hipofrontalidad”.

El evaluar una y otra vez las ideas que llegan a tu mente, mirando los pros y los contras, es eficaz si lo que quieres es resolver un problema práctico o funcional. Pero si tu propósito es dar lugar a una idea original, a una solución innovadora o a una creación propia, debes aprender a eliminar las restricciones impuestas por la lógica. Dejar fluir el pensamiento sin detenerte a pensar en cuan lógico es. Tener una atención difusa. Sumar peras y manzanas, a ver qué resulta.

La creatividad también tiene un componente emocional. Entre más querida y aceptada se sienta una persona, mayor seguridad tendrá en sí misma y más fácil le va a resultar eludir los cercos de la lógica formal.

En cualquier caso, la creatividad es una destreza que se puede desarrollar. No importa la edad, ni la condición. Siempre existe la posibilidad de mirar y hacer las cosas de un modo diferente.



http://lamenteesmaravillosa.com/el-secreto-de-la-creatividad/

jueves, 16 de octubre de 2014

LA CREATIVIDAD



Wright Refracted (Cyan) de Robin Eley




Por Teo Revilla Bravo *



La creatividad aparece siempre, desde la asociación novedosa de acontecimientos artísticos previos y legítimos que se dan en todo autor, con la idea y el efecto de conseguir nuevos propósitos a través del desarrollo de las propias inquietudes. Es un estado especial de conciencia, que permite generar, a través del magnetismo producido por un don inherente, una red asombrosa y compleja de conexiones e interrelaciones sensitivas, que permiten al artista identificar, plantear, plasmar y resolver, problemas o inquietudes propias o del medio en el que vive de manera relevante y divergente. Según Venturini, la creatividad, sería la capacidad humana de modificar la visión que se tiene del entorno a partir de la conexión con el yo esencial. Eso permite al hombre generar nuevas maneras de relacionarse en ese contexto en el que coexiste, y a partir de él crear nuevos objetos, nuevas aventuras o desarrollos culturales a través estructuras habilidosas y composiciones esmeradas y sutiles, necesarias en toda sociedad que evolucione bien. Esta actitud o poder de transformación mediante el arte, tendría un componente genético establecido, que conllevaría un posible desarrollo posterior a través del esfuerzo y del tesón del artista en obrarlo como individuo comprometido consigo mismo y con su tiempo. Sea como sea, la idea primigenia ha sido interferida en cuanto aparece este impulso asombroso, esta disposición originalidad que se va convirtiendo en algo preciso, necesario. 


El boceto latente de la obra a crear, se genera y crece en la mente -punto de partida de toda labor de creación, sea plástica, musical, de arquitectura o literatura…-, en esa masa craneana que delimita todo comportamiento existencial y nos hace seres únicos y personales. Ese germen ahí encerrado, en evolución y a la espera de realización, puede fundamentarse en un sueño, en una fuerte inquietud, en una imagen asombrosa, en una idea recogida al azar, en un pensamiento o razonamiento oportuno sobre lo divino o humano; puede fundamentarse en lo poético existencial y personal, como es la visión de un horizonte, la estructura de una flor, la textura de una hoja, el relieve de una montaña o cordillera, la línea divisoria entre el mar y el cielo... Esa energía retenida (que no es otra que la que nace de vivir con intensidad los acontecimientos), comienza a ponerse en marcha con espíritu de adaptación, desde que somos conscientes de los estímulos provocados. Si apreciamos la necesidad, creyendo que es para bien, sentimos que hemos de obrar de inmediato, desde nuestras posibilidades, desde nuestras capacidades sensitivas e intelectuales, haciéndolo avanzar e intentando contribuir con un granito de arena más, a la acción benefactora global… 



El arte, lo imaginado o soñado, el signo o las señales que nos proporciona este sentimiento magnánimo, debe de tocarnos directamente las fibras más impresionables, haciéndonos reaccionar; debe devolvernos a la meditación, al momento interior de donde surge toda idea sensible y transformable, imponiendo su anhelo y arresto, iniciando un diálogo, creando juicios de valores con fuertes connotaciones simbólicas y conceptuales; ha de hablarnos, con su lenguaje único, propiciando las potencialidades más perceptivas, de manera que seamos conmovidos positivamente -afecto-efecto-, generándose, esa emoción del artista, como un elemento de inquietud y sensibilidad hacia la realidad transformable, exigiendo actuar en consecuencia. No debemos olvidar que la creatividad se relaciona con nuestras habilidades, con nuestras aptitudes y enfoques sobre una situación que tiene lugar, ineluctablemente, dentro de nuestros propios límites personales, sociales y culturales. 



La técnica adquirida para realizar cualquier tipo de obra ha de estar al servicio de lo poético, ser parte del lúcido y mágico engranaje del sentimiento: obra sin poesía, es obra muerta, se dice con acierto. La obra ha de ser desnudada de su originalidad para pasar a ser subordinada a actos de complicidad con el espectador, con el lector, con el admirador. A veces todo en uno. Lo que convenga en cada caso concreto, ya que se revela a través de un diálogo con el espacio, atendiendo siempre a estados anímicos por lo que es y en cuanto se es, al activarse sorprendentemente la imaginación, ese campo o zona donde se alberga la primitiva idea, el discernimiento y la percepción, y desde donde comienza a ser surgida la obra artística, a ser bienintencionada, a ser posible mediante la inspiración y el esfuerzo creativo que deviene a veces como sin apenas darnos cuenta. Cualquier estímulo puede hacer que florezca como una evidencia clara, lo más pura posible y sin interferencias ni contraataques, ahí donde lo incorpóreo se hace corpóreo; ahí donde lo perceptible expresado, lo onírico simbólico, lo imaginario poético, se abrazan a través de una necesidad humana de transformación y provocación, que lo harán sin duda emerger y prevalecer a través de esa corriente o magma, eternamente cambiante, que llamamos arte. 



Elemento de altos grados de lo llamado poético o bello, forman vida al momento, a través de este mágico desarrollo que como verdadero procedimiento o método ha de plantear requerimientos, interrogantes e inquietudes emocionales, recurriendo siempre a la interioridad del alma, al estado de necesidad, al desahogo emocional inmediato. Ahí donde se forma ese bucle hermoso que ha de entrar en contacto con los propios sentimientos -ahora ya a través de lo hecho compartido- aún sin ser a veces conscientes de cuánto mantenemos y de cuánto aparentemente olvidamos, pero que permanece latente. El arte se revela, acaba revelándose en todo ello como necesaria convulsión y se acomoda. Como nos diría Antonio Gamoneda, «La memoria también está hecha de olvidos». Todo parece estar de alguna manera expresado, pero la verdad es que a la vez todo resta por hacer. El arte intensifica, da razón de ser a la vida, es absolutamente necesario para contrarrestar su parte o lado considerado como oscuro, contradictorio, perverso o negativo. Y ahí queda: como tributo fundamental para el desarrollo y equilibrio emocional de la misma humanidad que lo necesita y alienta… 





Octubre 2012. 



©Teo Revilla Bravo.






* Artista plástico, poeta y escritor catalán, director de Órbita Literaria, red de artistas, escritores y amigos de habla hispana, http://orbitaliteraria.spruz.com/


(Otras realidades, óleo sobre lienzo, 130 x9 7 cm., obra del autor español Modesto Trigo Trigo)

viernes, 1 de agosto de 2014

¿POR QUÉ DEJAMOS DE DIBUJAR?





Ana alonso | marzo 3, 2014

Todos los seres humanos tenemos la capacidad innata de dibujar. El dibujo infantil es una parte fundamental de nuestro desarrollo hacia la comprensión del mundo que nos rodea y todos los niños dibujan, como medio de expresión y como juego. Sin embargo al llegar a la adolescencia algo hace que muchos de nosotros renunciemos a esta capacidad de representación gráfica.


¿Por qué dejamos de dibujar?


No podemos hablar de un motivo único pero sí podemos apuntar algunos factores que sin duda tienen influencia. En primer lugar, la escuela no se ha esforzado en potenciar la capacidad de representación gráfica. Como explica Howard Gardner cuando se refiere a la teoría de las inteligencias múltiples, la educación tradicional se ha centrado en el desarrollo de las inteligencias lingüístico-verbal y lógico-matemática relegando a un segundo plano todas las demás, entre ellas la inteligencia espacial dentro de la cual se incluye la capacidad de percepción y representación visual.

Por otro lado, el dibujo se ha asociado históricamente al arte y a la estética ignorando todas sus demás aplicaciones que no tienen una pretensión estrictamente artística. Esto condiciona nuestra manera de mirar nuestros propios dibujos y los que nos rodean, calificándolos de “buenos o malos” en base a cánones estéticos académicos como la proporción, el naturalismo, la composición o el equilibrio cromático. Así, a excepción de aquellos cuya manera de dibujar encaja con este canon o quienes poseen una vocación impermeable a toda crítica, la mayoría acabamos concluyendo que “no sabemos dibujar” o “no se nos da bien” y abandonamos la práctica.


¿Por qué debe preocuparnos?


También para esta pregunta hay múltiples respuestas. La primera, en la línea de lo apuntado más arriba, es que el dibujo no es exclusivamente una forma de arte. Ante todo es una herramienta comunicativa, un medio para resolver problemas, visualizar nuestras ideas, analizarlas, criticarlas, mejorarlas, crear ideas nuevas y compartirlas con otros, no un fin. Cuando observamos algo con el propósito de dibujarlo, nuestra mirada es mucho más profunda; comprendemos el funcionamiento de las cosas y proyectamos nuestro pensamiento sobre el papel. El dibujo crea la necesidad de estudiar y responder a los detalles, estimulando la imaginación y el pensamiento.

Durante siglos ha prevalecido la idea de que la imagen no es más que un complemento del texto. El mismísimo Platón era un claro opositor de la imagen y no dudaba en afirmar que el lenguaje verbal es el único vehículo de la inteligencia. Sin embargo, ahora sabemos que lo visual constituye un lenguaje por sí mismo. El lenguaje visual y el lenguaje verbal poseen cualidades y aplicaciones diferentes y el hecho de que puedan complementarse o que un mismo mensaje pueda comunicarse a través de ambos lenguajes no significa que puedan sustituirse. Para determinados mensajes el lenguaje visual es más claro, directo y rápido, como demuestra el boom de las infografías o algo tan común como las señales de tráfico.

El dibujo es la forma más sencilla y directa de construir mensajes visuales y expresarnos gráficamente. Si lo entendemos como una habilidad humana universal y lo equiparamos al lenguaje verbal, resulta evidente la incoherencia que supone que renunciemos a utilizarlo. Nadie deja de escribir porque tenga ‘mala letra’ o porque no sea un gran escritor. ¿Por qué aceptar que estos mismos motivos justifiquen el que dejemos de dibujar? Al fin y al cabo escribir y dibujar no son tan diferentes si consideramos que las letras son grafismos.

Por otro lado, en el mundo actual el desarrollo de nuestras facultades para leer, interpretar de forma crítica y construir mensajes visuales es especialmente importante ya que vivimos inmersos en una cultura dominada por la imagen. Alrededor del 80% de la información que recibimos nos llega a través del sentido de la vista y el lenguaje visual hace que un mensaje sea más atractivo, más accesible a la comprensión, más persuasivo y más fácil de recordar. Vivimos bajo el estímulo permanente de imágenes que nos llegan a través de los medios y canales de comunicación. Este bombardeo continuo de información en forma de imágenes ha hecho que aprendamos de forma autodidacta a leerlas, pero sólo de forma superficial. Por ejemplo, sabemos leer en una imagen publicitaria lo que su creador quiere transmitirnos -las cualidades del producto que nos harán desearlo- pero no somos capaces de interpretar de forma crítica la imagen publicitaria y descifrar qué ideas subliminales nos está trasladando -como estereotipos de género que consolida- o a qué estrategias puede estar recurriendo para manipularnos. La alfabetización visual, entendida como capacidad para producir y leer imágenes, debe ocupar una posición primordial entre las habilidades que ayuda a desarrollar la educación artística.


¿Cómo podemos recuperar la práctica del dibujo y mejorar nuestras competencias en el lenguaje visual?


Es sencillamente una cuestión de práctica pero no es fácil ponerse directamente a dibujar por el placer de hacerlo, lo cual nos llevaría de nuevo al terreno del arte. Si lo que queremos es que nuestros alumnos descubran el potencial del dibujo como herramienta y proceso lo lógico es proponerles actividades en las que pongan en práctica precisamente esto. Estos son algunos ejemplos:

- El bloc de dibujo: Ésta no es una actividad en sí misma sino el “contenedor” de todas las demás. Se trata de que cada alumno elija un bloc de dibujo – escogiendo cuidadosamente el formato, tipo de papel y encuadernado que le invite a dibujar – para realizar en él todos sus dibujos. El objetivo es que lo llevemos siempre encima y aprovechemos cualquier momento para dibujar. La única regla es no arrancar ninguna hoja ni borrar ningún dibujo. Algunas ideas con las que llenar el bloc: esquemas, apuntes y mapas mentales de otras materias o trabajos, visualizaciones de problemas de física o matemáticas; un plano de distribuciones alternativas para tu habitación, la lista (gráfica) de la compra o de lo que llevarás en la maleta a un viaje, un plano para indicar a alguien cómo llegar a algún sitio, garabatos mientras hablas por teléfono, una receta (gráfica) de cocina, dibujos que completan fotografías o recortes, juegos como Pictionary… Las opciones son infinitas y no hace falta dedicar mucho tiempo ni entretenerse en los detalles del dibujo. Mirad cómo hacía la lista de la compra Miguel Ángel.

La lista de la compra de Miguel Ángel en 1518.

- Graphic recording: Es una práctica que se está extendiendo en el ámbito de congresos, cursos y seminarios. Consiste en tomar apuntes visuales de una ponencia (o de una clase) combinando dibujos y texto. Trasladado al aula podemos proyectar un vídeo como una conferencia TED de algún tema de interés para los alumnos para que tomen apuntes de la ideas expuestas de la manera más visual posible. Podemos valorar más positivamente un graphic recording cuanto más claro y fácil de recordar resulte a su creador. Es importante recalcar que no pretende ser estético ni naturalista sino sencillo, completo y esquemático.




- Test de creatividad: Algunos tests de creatividad como el de la imagen no sólo sirven para medir nuestra imaginación sino también para practicar el dibujo. Partiendo de una forma geométrica podemos hacer infinidad de dibujos cuya finalidad no es colgar de las paredes de ningún museo sino visualizar una idea de forma clara y comprensible para cualquiera.



Test de creatividad

El fin último de todas estas actividades es que los alumnos pierdan el miedo a expresarse gráficamente y adquieran progresivamente mayor confianza y destreza para plasmar sus ideas visualmente sobre el papel hasta incorporar la práctica del dibujo como un medio más de expresión útil en todos los ámbitos de su vida personal, académica y profesional.




Bibliografía recomendada y una infografía imprescindible:

- Acaso, M. El lenguaje visual, Paidós, Barcelona, 2006.
- Arnheim, R. El pensamiento visual, Paidós, Barcelona, 1998.
- Berger, J. Sobre el dibujo, Gustavo Gili, Barcelona, 2011.
- Hanks, K. y Belliston, L. El dibujo. La imagen como medio de comunicación, Trillas, México D.F., 1995.

- Jardí, E. Pensar con imágenes, Gustavo Gili, Barcelona, 2012.


Fuente: http://elclipinfinito.com/category/educacion-artistica/



jueves, 19 de junio de 2014

“EL GRAN EQUÍVOCO DEL ARTE CONTEMPORÁNEO: IGNORAR TÉCNICA Y OFICIO”



Fotografía de Günter Brus artista austriaco


Teo Revilla Bravo*




El arte del siglo XX se ha caracterizado sobre todo por los intentos de algunos “entendidos” por elevar a los altares del arte, fuere como fuere, la abstracción y la experimentación, así como por la obsesión de pretender, en contraposición, destruir la forma y echar abajo o minimizar los valores enraizados como términos tradicionales trasmitidos.… Hasta que se ha llegado a un punto de entente, comprobándose cómo todas esas actitudes con las que se intentaron soslayar o destruir legados y prácticas anteriores fracasaron, siguiendo por fortuna vigentes como siempre y con muy buena salud. El arte no entiende de elementos perniciosos que marquen preferencias ni diferencias interesadas; el arte necesita moverse en absoluta libertad y en consonancia con las necesidades que demande la misma sociedad que lo alienta. Todos los movimientos y tendencias son importantes; todos aparecen por un motivo u otro; todos tienen su momento álgido, y por fortuna su continuidad y desarrollo, beneficiándonos de su vivacidad, de su riqueza y prodigalidad, de la magia y del deslumbramiento cultural que nos aportan. Si destruimos la forma –y de eso tienen mucha culpa los poderes públicos con sus modos obtusos de entender la llamada cultura de masas que roza lo dictatorial, modos a menudo snobs a la hora de promocionar artistas supuestamente experimentales y sobre todo afines a sus credos o intereses-, si destruimos la formas, decía, destruiremos el arte y la posibilidad de que los jóvenes puedan moverse independientes, valientes y sin complejos, hurgando o mamando de la propia vida y de los cánones académicos para su formación, así como el impulso a la propia intuición personal que marcará la personalidad trasformadora que puedan tener. Si esto no sucediese así nos quedaríamos ante una peligrosa esterilidad. Sin bases que sustente el arte, no se puede llegar a nada que pueda considerarse razonable. Los grandes maestros de hoy, curiosamente, siguen siendo los clásicos: Rafael, Miguel Ángel, Velázquez, Rembrandt, Goya, etc.…, genios de la pintura que pasaron por el taller, aprendieron con esfuerzo la técnica, y luego, seguros de sí mismos, se independizaron creando su propia escuela. En ellos valoramos la pintura de verdad, ya que no se ha vuelto a pintar de una forma tan total. Es a partir de estos pintores, precisamente, que deviene el arte nuevo; que por otro lado ha de tener constantemente un lenguaje de asombro, un carácter novedoso que se impulse con acierto generación tras generación. No podemos renunciar a esa fuente de cognición artística, ya que sería una postura completamente suicida. A los clásicos, queramos o no, se vuelve siempre. El arte contemporáneo, con la obsesión por destruir formas, técnicas y oficio en pos de una supuesta libertad rompedora, comienza a adolecer de aburrimiento y de falta de ideas, ya que muchas propuestas no tienen un fundamento lo suficientemente fuerte que lo sustente, y menos que lo confirme como guía de futuras generaciones. Sus límites, a estas alturas, están muy marcados: vemos repeticiones y reproducciones, copias y más copias de lo mismo o de algo muy parecido, allá donde ponemos los ojos, como son las grandes concentraciones de arte moderno donde unos pocos deciden qué se ha de llevar, qué obtiene el visto bueno, qué lo que se tiene que vender y comprar. Este montaje se va desvaneciendo poco a poco por puro hastío creativo. 


Si el arte no provoca ideas, habrá que ponerse a reflexionar qué es lo que sucede. La reflexión es un proceso que sustituye a la contemplación. La obra, al no motivar que el público permanezca largo rato de pie observándola, impone una tarea ajena a ella misma, impone un pensamiento desde donde debemos entretenernos y preguntarnos por qué no provoca opiniones... Las nuevas generaciones de artistas intentan romper toda regla, toda contracción, toda represión y condicionamiento. Y ha de ser así, ya que el arte, ante todo y sobre todo, es libertad como decíamos, o no es. El gran valor del arte contemporáneo ya lo dieron las sorprendentes obras de Miró, Picasso o Mondrian hace un siglo, creando un hecho que es ya, por fortuna para el arte, histórico. A partir de ellos, nada nuevo que sea verdaderamente relevante, ha sucedido. Por tanto, el valor del arte contemporáneo, parece ser que es aquel que se le quiera dar, algo que todavía hoy se está debatiendo con exacerbada confusión. El famoso váter de Duchamp -del que ya hemos hablado en alguna otra ocasión en este espacio más extensamente-, una vez se realizó la famosa exposición donde causó un innegable impacto, dejó de tener valor inmediato en cuanto se desmontó, ya que esa pieza no dejaba de ser un váter común y corriente, algo que fuera del contexto de la sala de exposiciones no significaba nada más que lo que era. Un cuadro, en cambio, tiene valor de por sí; un simple váter o cualquier otro objeto utilitario, ya vemos que no. De lo que se deduce que “el arte, a veces, no es arte, sino un mero espejismo”. Dicho esto debo añadir, que nadie es quien para decidir si esto o lo otro es o no es arte, ya que en arte solamente manda el corazón y la sensibilidad de cada individuo. 


Hay cuadros llenos de manchones a lo Pollock, que valen una fortuna; mientras que un hermoso bodegón, pintado con toda la técnica y todo el amor del mundo, queda arrinconado en cualquier museo o galería sin posibilidad de que nadie lo observe, teniendo como posiblemente tenga una carga artística brutal… Es lo de siempre: se paga un nombre, unos comprometidos deseos comerciales, una firma que cumple con esos intereses, un buen márquetin, una moda o tendencia..., y todo juicio apriorístico donde “alguien” impone su criterio sobre qué es y no es arte en la aplicación de una especie de sutil dictadura comercial. Lo que es verdaderamente triste es que el mundo del arte oficial no se interese por valores emergentes, jóvenes artistas que tienen tanto que decir si se les permitiera y favoreciera hacerlo; jóvenes que si logran algo positivo, es debido a su tesón y valía constatada por la reacción entusiasta y significativa de un público que los visita. 


Es un error cada vez más extendido pretender pintar sin saber pintar, o esculpir sin sabe esculpir, etc., etc., etc. Ya que eso es de una petulancia y de una arrogancia que no conduce a ninguna parte. Sin técnica y sin oficio, desengañémonos, no puede haber arte duradero. 



Barcelona.-mayo.-2014.

* Escritor, poeta y artista plástico catalán

©Teo Revilla Bravo.