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lunes, 3 de octubre de 2016

IDEOLOGÍA DE GÉNERO, UNA NUEVA DICTADURA




EFE 30 sep 2016, Ciudad de México <<Varias agencias de las Naciones Unidas en México condenaron las expresiones de odio e intolerancia hacia el colectivo lésbico, gay, bisexual, transexual e intersexual (LGBTI) registradas en las últimas semanas en el país, cuando miles se manifestaron para protestar contra el matrimonio igualitario.

"Se condenan las reiteradas expresiones de odio, intolerancia, estigmatización y discriminación en contra de las personas LGBTI", detalló un comunicado conjunto de dichos organismos de la ONU, entre ellas el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ONU-DH), la Unicef y la Cepal.>>

"Exhortamos al Estado mexicano a continuar fortaleciendo los esfuerzos para prevenir y erradicar la discriminación en contra de las personas LGBTI en todos los ámbitos", coincidieron en el escrito.

“Ustedes no tienen idea de lo mucho que me han criticado y estoy luchando con los Estados Miembros (sobre los derechos LGBT)”, dijo el saliente secretario general, Ban Ki-moon mientras que elogiaba la “difícil victoria” en el Consejo durante un evento* promocionado como el evento LGBT de más alto nivel jamás antes celebrado en la sede de la ONU.

* 21 de Sep 2016 - Reunión de alto nivel sobre el papel de la dirección política y la reforma legislativa para poner fin a la violencia y la discriminación contra las personas lesbianas, gays, bi y (LGBT) las personas trans a nivel mundial.

por Ángel Pintado**

Llevan muchos años tratando de imponernos la denominada ideología de género y lo van consiguiendo. Se trata de una agenda de carácter internacional muy bien llevada, gestionada y manipulada para que aparezca como cabal ¿Cuál es la fuerza de este movimiento al que sucumben gobiernos nacionales, instituciones y organismos internacionales, parlamentos, cámaras de representación internacional? Se diría que pueden con todo y con todos. Ideología de género que afecta al modo de entender la vida, la familia, el matrimonio, la muerte… Todo bañado con el edulcorado recurso a los derechos humanos y la culpable negligencia, cuando no acción descarada, de gobiernos e instituciones internacionales que deberían velar por el bien común de sus ciudadanos en lugar de promover políticas que no tienen el aval científico y que están empezando a crear problemas de convivencia y de reducción de libertades.

La ideología de género es un instrumento de destrucción. No aporta nada positivo al ser humano. Su propuesta de crear una agenda de discriminación positiva sobre las personas LGTB se vuelve en contra de ellas. Confunde, conscientemente, la biología con la antropología, los derechos del hombre y la naturaleza de la persona en su sentido racional y animal.

Pretenden obligarnos a aceptar que la diferencia de sexos es una construcción social, que la elección y cambio de sexo no corresponde a la naturaleza de la persona sino a su voluntad ¿Qué pretende esta ideología? Lo primero destruir a la familia. Posteriormente, una vez destruida la familia como institución social –esperemos que no lo consigan- tener individuos aislados que ante su soledad queden a merced del Estado, creando una dependencia absoluta del mismo y perdiendo con ello su libertad individual.

Desde la American College of Pediatricians (Colegio de Pediatras de EE.UU ACP) subrayan que “nadie nace con un género: todos nacen con un sexo biológico”. El género, la percepción de sentirse como hembra o varón, es un concepto psicológico y sociológico, no un concepto biológico objetivo.


Los profesores Lawrence y Mayer http://www.thenewatlantis.com/authors/lawrence-mayer acaban de publicar un Informe sobre las consecuencias que está teniendo estas políticas, que nos aportan interesantes y, a la vez, preocupantes datos.

Mientras tanto, en nuestro país vamos aprobando leyes, en el ámbito de las Comunidades Autónomas, que persiguen toda manifestación contraria a los postulados de la ideología de género. Ya se ha dado algún caso denuncia (el de Elena Lorenzo, coach profesional, por ejemplo). Parece que hay que hilar muy fino para no herir la sensibilidad de algunos. Seremos testigos de más casos. Aquel grito que inundó nuestras calles al comienzo de la democracia; libertad, libertad va camino de volver al exilio. Son los demócratas de nuevo cuño.

Una nueva dictadura, en toda regla. Hablamos continuamente de libertad, de derechos y se intenta, a través de los defensores de esta ideología, crear mordazas utilizando las leyes de reciente cuño. Posiblemente estemos ante uno de los mayores atentados a la libertad del hombre, que se haya producido en la historia. Hay que detenerse a considerar, tal como reflejamos al inicio de este artículo quienes son sus más feroces defensores (la ONU, el gobierno Americano, el Parlamento Europeo…) Las presiones son máximas y o se tiene la suficiente fortaleza y las ideas claras, o lo fácil es sucumbir. Ese es el caso de nuestros gobiernos que prefieren estar al lado del malo pero fuerte, en vez de liderar posiciones claras, nítidas y ajustadas a la dignidad del hombre, aunque sea a riesgo de no recibir tantos parabienes. Luego nos lamentamos que exista una desafección con la política, gobiernos e instituciones internacionales. El ejemplo más próximo y claro lo tenemos en el Brexit ¿Cuántas nuevas salidas veremos los próximos años? Hay países que desean permanecer en la Unión Europea, pero reclaman recuperar soberanía. Tengamos los ojos abiertos y veamos lo que ocurre.



** Senador de España. Grupo Popular. Diputado Congreso 1996/2011. Presidente de Accion Mundial Parlamentarios y Gobernantes por la Vida y la Familia. Consejo de Europa. PACE

Fuente: http://www.valoresysociedad.org/ideologia-genero/

jueves, 4 de agosto de 2016

COLEGIOS PÚBLICOS DE ESPAÑA DEJAN DE CELEBRAR EL DÍA DEL PADRE O DE LA MADRE



A esto vamos con la iniciativa de ley de Peña Nieto en "Matrimonio igualitario, adopción e identidad de género" ya que no se hablará de padre y madre, puesto que es discriminatorio, sino de padre 1 y padre 2, entre otros cambios sustanciales, como el uso de baños transgénero y otras linduras que aún no vislumbramos.



17 de mayo de 2016

Aumentan los centros escolares públicos que no celebran el ‘Día de la Madre’ y el ‘Día del padre’ porque consideran que “la tipología de las familias en España ha cambiado” y estas conmemoraciones responden a un concepto “obsoleto”. Como alternativa, este 15 de mayo, festejaron el “Día Internacional de la familia”.

Es el caso del colegio público Río Henares de Guadalajara. Hace siete años, el claustro de profesores, durante la elaboración de la programación anual de las festividades, decidió por unanimidad que las actividades relacionadas con el día del padre o de la madre se suprimían en favor de un único día dedicado a la familia.

“Todos los profesores consideramos que el día de la madre y del padre no se ajustan al perfil de las familias de los alumnos y por eso decidimos celebrar el ‘Día de la familia’ el viernes anterior al 15 de mayo. Se trabaja sobre los valores de la familia, de manera que todos los niños pueden identificarlos con la suya sin sentirse discriminados”, explican a Europa Press desde la dirección de este centro.

El presidente de la Confederación de Padres y Madres de Alumnos (CEAPA), Jesús Salido, confirma que cada vez más consejos escolares de centros educativos apuestan por una ‘festividad’ más genérica, que dé respuesta a un concepto de familia “distinto al tradicional”.

Si bien indica a Europa Press que esta organización, que representa a más de dos millones de familias de la enseñanza pública, no ha dado ninguna pauta a las asociaciones de padres y madres (AMPAS) de los centros, también advierte de que son “muchos” los que plantean este cambio. “Es necesario que se adapte a la nueva realidad y de adapte a los nuevos tipos de familia”, subraya.

Desde la Plataforma Permisos Iguales e Instranferibles (PPiiNA), María Castro, una de sus portavoces, critica que con la celebración del día de la madre “se promociona un tipo de familia patriarcal obsoleto” y recuerda que Naciones Unidas declaró el 1 de junio el ‘Día Mundial de las Madres y de los Padres’, queriendo así reconocer su labor y honrar su trabajo en todo el mundo.

“Nos parecería mejor que se celebrara un día común para madres y padres y que no haya una distinción porque todos los progenitores tienen los mismos deberes y responsabilidades para con sus hijos”, sostiene.

La presidenta de la Unión Nacional de Asociaciones Familiares, Julia Pérez, señala que el hecho de que se festeje en los colegios el día de la madre y el día del padre por separado, supone “asumir un reparto de roles en la familia” que, a su juicio, no responde a la realidad. Asimismo, ha criticado los regalos que se promocionan para el día de la madre, como perfumes y flores, en lugar de libros u otros objetos.

Pérez apuesta por la celebración del Día Internacional de la Familia el 15 de mayo como una “ocasión perfecta” para visibilizar a “todos los tipos de familia” que existen en la sociedad española



http://www.forumlibertas.com/la-asamblea-madrid-aprueba-la-ley-privilegios-lgtbi/

miércoles, 27 de julio de 2016

“AMORIS LAETITIA” Y LAS CRÍTICAS INFUNDADAS CONTRA FRANCISCO




Un filósofo mexicano especialista en Juan Pablo II exhibe los límites de quienes critican la exhortación apostólica de Francisco y demuestra la plena sintonía entre las enseñanzas de ambos Papas, incluso en los aspectos más delicados. 


Andrés Beltramo Álvarez | 22/07/2016
Ciudad del Vaticano



Francisco no cambia la doctrina esencial de la Iglesia. No está en contradicción con sus antecesores, Juan Pablo II y Benedicto XVI. Su enseñanza, incluida en la exhortación apostólica “Amoris Laetitia”, implica un nuevo paso adelante en el pensamiento cristiano. Por eso resulta extraño encontrar resistencias a su magisterio. Críticas injustas e infundadas. Son palabras del filósofo mexicano Rodrigo Guerra, especialista en Karol Wojtyla y director del Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV). Desde las columnas del diario vaticano, él sumó su voz a la de Rocco Buttiglione, el famoso pensador italiano y uno de los hombres de consulta permanente para el Papa polaco.

Con un largo artículo publicado en “L’Osservatore Romano”, Guerra evidenció los límites de quienes, en las últimas semanas, han pretendido contraponer las enseñanzas de Francisco con las de Juan Pablo II, especialmente en materia de matrimonio y divorcio. Y fue claro en demostrar que el documento “Amoris laetitia” no comporta “ruptura o discontinuidad con el evangelio”.

“Es extraño encontrar resistencias en el momento en que el pensamiento cristiano da un nuevo paso hacia delante. Estas resistencias, por lo general, argumentan falta de fidelidad a la herencia recibida, el usar un lenguaje renovado que se considera ambiguo y los muchos riesgos que pueden venir si se adopta tal o cual iniciativa a partir del nuevo enfoque adoptado”, escribió.

“Francisco no cambia la doctrina esencial de la Iglesia. No lo hace porque sabe bien que el depósito de la fe no es una invención arbitraria que pueda transformarse con ocurrencias más o menos afortunadas. El depósito de la fe es un don que es preciso custodiar. Pero esta custodia no consiste en colocarlo en un refrigerador para que hiberne y se suspenda su metabolismo”, agregó.

Más adelante Guerra defendió el “dinamismo” de un “Dios vivo que se entromete y compromete” con la historia de los seres humanos para redimirla y cuya manifestación está en la Iglesia, en especial en el ministerio del sucesor de Pedro. Aseguró que “Amoris laetitia” es un verdadero acto de magisterio pontificio y calificó como “teológicamente inexacto” insinuar que la exhortación apostólica es “una suerte de opinión personal, un tanto privada”.

Se refirió al capítulo 8, dedicado en buena parte a los divorciados vueltos a casar. Integró a ese apartado dentro de la llamada “hermenéutica de la continuidad”, consagrada por Benedicto XVI en diciembre de 2005. Aseguró que nada ha cambiado en la doctrina sobre la naturaleza del sacramento del matrimonio y de la eucaristía. Pero precisó que esta doctrina, “verdadera e inmutable a la que se debe prestar obediencia”, requiere ser profundizada y expuesta de acuerdo a las exigencias del cambio de época.

De ahí, el filósofo mexicano tomó el título de su nota: “Un desarrollo orgánico con fidelidad creativa”. Afirmó que la exhortación de Francisco es profundamente fiel al pensamiento de santo Tomás de Aquino y la tradición de la Iglesia, que permite encontrar una ruta para atender, más allá de las teorías, el drama de las personas reales en sus circunstancias concretas.

Al mismo tiempo advirtió que algunos intelectuales pretenden introducir a Francisco en una “hermenéutica de la ruptura”. Quienes lo hacen –agregó- manifiestan una deficiente interpretación de santo Tomás, de Juan Pablo II y del propio Benedicto XVI.

“Simplemente señalo que no es conforme a la verdad interpretar a Benedicto como una suerte de justificación pontificia para afirmar el rigorismo. Algunos quisieran hacer aparecer al obispo emérito de Roma como un apasionado defensor de valores inamovibles en contraste con Francisco. Esto no es así. Francisco se encuentra en continuidad con Benedicto XVI”, insistió.

Estableció que sólo desde esta “fidelidad creativa” es posible vivir la paciencia con los lastimados y heridos, acompañarlos sin escandalizarse de sus miserias y de las propias, descubriendo al mismo tiempo que en la Iglesia, verdadera presencia de Jesucristo en la historia, existe un camino lleno de ternura para la reconstrucción de la vida, para la sanación de todas las heridas, aun de las más profundas.

Resulta significativa esta intervención de Guerra, entre otras cosas miembro de la Pontificia Academia Pro Vita y del Pontificio Consejo Justicia y Paz, ambos organismos de la Santa Sede. Un mensaje que llegó después del esclarecedor artículo del pensador italiano Rocco Buttiglione, integrante de la Pontificia Academia para las Ciencias Sociales y hombre de histórica cercanía a Juan Pablo II, también publicado esta semana en L’Osservatore Romano.

En su nota constató que Francisco no ha cambiado la doctrina de la Iglesia, que el pueblo cristiano lo reconoció inmediatamente como pastor pero que a algunos eruditos les cuesta trabajo entenderlo, lo critican y lo sitúan en el lado opuesto de la tradición de la Iglesia y del predecesor Wojtyla. “Parecen desconcertados por el hecho de no leer en su texto (“Amoris laetitia”) la confirmación de sus teorías y no tienen ganas de salir de sus esquemas mentales para escuchar la novedad sorprendente de su mensaje”, señaló.

Afirmó que esa exhortación apostólica no dice que los divorciados vueltos a casar pueden recibir tranquilamente la comunión sino que los invita a interrogarse en su conciencia, a dejarse ayudar por un director espiritual, a ir al confesionario para exponer su situación, a iniciar un camino de discernimiento espiritual.

“El camino que el Papa propone a los divorciados vueltos a casar es exactamente el mismo que la Iglesia propone a todos los pecadores: ve a confesarte y tu confesor, cuando haya examinado las circunstancias, decidirá si darte la absolución y admitirte en la eucaristía o si no debe hacerlo”, siguió.

Al mismo tiempo estableció que Juan Pablo II siempre tuvo en claro la diferencia entre un hecho intrínsecamente malo y la responsabilidad moral de quien lo realiza, que puede aumentar o disminuir por diversas condiciones. Es más, recordó que fue justamente Karol Wojtyla quien le quitó la excomunión a los divorciados y vueltos a casar, pena que se aplicaba antes de la exhortación “Familiares Consortio” de 1981. Una “decisión muy valiente” que “rompió con una tradición secular”.

Y sobre las enseñanzas de ambos pontífices, fue contundente: “San Juan Pablo II y el Papa Francisco no dicen por supuesto lo mismo, pero no se contradicen respecto a la teología del matrimonio. Usan de manera diferente y en situaciones diferentes el poder de deshacer y de unir lo que Dios ha confiado al sucesor de Pedro”. 


Fuente:http://www.lastampa.it/2016/07/22/vaticaninsider/es/en-el-mundo/amoris-laetitia-y-las-crticas-infundadas-contra-francisco-FEY2G4WzK48bWbtNQYayBL/pagina.html?utm_source=dlvr.it&utm_medium=facebook

jueves, 12 de mayo de 2016

LA MUJER ADÚLTERA, FRANCISCO Y LOS LAPIDADORES


















Lo que está sucediendo en la Iglesia Católica entre el Papa Francisco, algunos cardenales, obispos y sacerdotes (en especial los sedevacantistas), a raíz de la publicación de la Exhortación Apostólica `Amoris laetitia´, se parece mucho al pasaje de la mujer adúltera, en el que los escribas y fariseos llevan ante Jesús a una mujer sorprendida en adulterio y le dicen <<Moisés nos mando en la Ley apedrear a estas mujeres. ¿Tú qué dices?>> Esto lo decían para tentarle, para tener de que acusarle. Pero Jesús, inclinándose, se puso a escribir con el dedo en la tierra. Pero como ellos insistían en preguntarle, se incorporó y les dijo: “Aquel de vosotros que esté sin pecado, que le arroje la primera piedra”… Ellos al oír estas palabras, se iban retirando uno tras otro… y se quedó solo Jesús con la mujer, que seguía en medio. Incorporándose Jesús le dijo: “Mujer ¿dónde están? ¿Nadie te ha condenado?” Ella respondió: “Nadie, Señor” Jesús le dijo: “Tampoco yo te condeno. Vete, y en adelante no peques más.” (Jn. 8, 3-11).

El cambio pastoral en la Iglesia Católica a partir del Concilio Vaticano II, es el de dejar a un lado la soberbia de saber que se tiene la verdad y salir en búsqueda del errado, del pecador, no esperar a que éste regrese al redil como una oveja perdida. Así es como los Papas a partir de Pablo VI, iniciaron el diálogo ecuménico con las demás Iglesias cristianas y el diálogo interreligioso con las grandes religiones monoteístas. Para ello renunciaron a títulos históricos adquiridos y se armaron de humildad y misericordia para reunirse a dialogar en un plan de igualdad y hermandad.

El Papa Francisco renueva ese espíritu conciliar para acercarse a los “divorciados”, a los “adúlteros” que se han convertido en un “pueblo de millones de personas” en todos los países católicos; rechazados y señalados como “excomulgados” por los observantes de “La Ley”.

Cuando le preguntaron al Papa, en el vuelo de regreso a Roma desde Lesbos, sobre el polémico acceso a la comunión por parte de los divorciados vueltos a casa, ésta fue su contestación <<Recomiendo a todos que lean la presentación oficial de 'Amoris Laetitia' que hizo el cardenal Schönborn, que es un gran teólogo, es miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y está familiarizado con la doctrina de la Iglesia.>>


Ésta es, íntegra, la presentación del cardenal Schönborn sobre la "Amoris Laetitia":



"La tarde del 13 de marzo de 2013, las primeras palabras que el Papa recién elegido, Francisco, dirigió a las personas en la plaza de San Pedro y a todo el mundo fueron: "Buenas tardes". Tan sencillos como este saludo son el lenguaje y el estilo del nuevo texto del papa Francisco. La Exhortación no es tan breve como este simple saludo, pero sí tan realista. En estas 200 páginas el papa Francisco habla de "amor en la familia" y lo hace de una forma tan concreta y tan sencilla, con palabras que calientan el corazón, como las de aquellas buenas tardes del 13 de marzo de 2013. Este es su estilo, y él espera que se hable de las cosas de la vida de la manera más concreta posible, sobre todo si se trata de la familia, de una de las realidades más elementales de la vida.

Para decirlo ya de antemano: los documentos de la Iglesia a menudo no pertenecen a un género literario de los más asequibles. Este texto del Papa es legible. Y el que no se deje asustar por su longitud encontrará alegría en la concreción y el realismo de este documento. El papa Francisco habla de las familias con una claridad que pocas veces se encuentra en los documentos del magisterio de la Iglesia.


Antes de entrar en el texto, me gustaría decir, de una manera muy personal, el porqué lo he leído con alegría, con gratitud y siempre con gran emoción. En la enseñanza eclesial sobre el matrimonio y la familia a menudo hay una tendencia, tal vez inconsciente, a abordar con dos enfoques estas dos realidades de la vida. Por un lado están los matrimonios y las familias ‘normales', que obedecen a la regla, en los que todo está ‘bien', y está ‘en orden', y están las situaciones ‘irregulares' que plantean un problema. Ya el mismo término ‘irregular' sugiere que hay una clara distinción.

Por lo tanto, el que se encuentra en el lado de los ‘irregulares' tiene que dar por sentado que los ‘regulares' están en la otra parte. Sé personalmente, debido a mi propia familia, lo difícil que es esto para los que vienen de una familia "patchwork". En estas situaciones las enseñanzas de la Iglesia pueden hacer daño, pueden dar la sensación de estar excluidos.

El papa Francisco ha puesto su exhortación bajo el lema: "Se trata de integrar a todos" (AL 297), porque se trata de una comprensión fundamental del Evangelio: ¡Todos necesitamos misericordia! "El que esté libre de pecado que tire la primera piedra" (Juan 8:7). Todos nosotros, independientemente del matrimonio y la situación familiar en la que nos encontramos, estamos en camino. Incluso un matrimonio en el que todo ‘va bien' está en camino. Debe crecer, aprender, superar nuevas etapas. Conoce el pecado y el fracaso, necesita reconciliación y nuevos comienzos, y esto hasta edad avanzada. (AL 297).

El papa Francisco ha conseguido hablar de todas las situaciones sin catalogar, sin categorizar, con esa mirada fundamental de benevolencia que tiene algo que ver con el corazón de Dios, con los ojos de Jesús, que no excluyen a nadie (AL 297), que acogen a todos y a todos conceden la ‘alegría del Evangelio'. Por eso la lectura de Amoris laetitia es tan reconfortante. Nadie debe sentirse condenado, nadie despreciado. En este clima de acogida, la enseñanza de la visión cristiana del matrimonio y de la familia, se convierte en invitación, estímulo, alegría del amor en la que podemos creer y que no excluye, verdadera y sinceramente, a nadie. Por eso, para mí Amoris laetitia es sobre todo, y en primer lugar, un ‘acontecimiento lingüístico', como lo fue Evangelii gaudium. Algo ha cambiado en la enseñanza eclesial. Este cambio de lenguaje se percibía ya durante el camino sinodal. Entre las dos sesiones sinodales de octubre de 2014 y octubre de 2015 se puede ver claramente cómo el tono se haya enriquecido en estima, cómo se hayan aceptado sencillamente las diversas situaciones de la vida, sin juzgarlas ni condenarlas inmediatamente. En Amoris laetitia ha pasado a ser el tono lingüístico constante. Detrás de esto no hay, por supuesto, solo una opción lingüística, sino un profundo respeto ante cada persona que nunca es, en primer lugar, un ‘caso problemático', una ‘categoría', sino un ser humano inconfundible, con su historia y su camino con y hacia Dios. En Evangelii gaudium el papa Francisco decía que deberíamos quitarnos los zapatos ante la tierra sagrada del otro (EG 36). Esta actitud fundamental atraviesa toda la exhortación. Y es también la razón más profunda para las otras dos palabras clave: discernir y acompañar. Estas palabras no se aplican únicamente a las ‘situaciones llamadas irregulares' (Francisco hace hincapié en este ¡‘las llamadas'!), sino que valen para todas las personas, para cada matrimonio, para cada familia. Todas, de hecho, están en camino y todas necesitan ‘discernimiento' y ‘acompañamiento'.

Mi gran alegría ante este documento reside en el hecho de que, coherentemente, supera la artificiosa, externa y neta división entre ‘regular' e ‘irregular' y pone a todos bajo la instancia común del Evangelio, siguiendo las palabras de San Pablo: ‘Pues Dios encerró a todos los hombres en la rebeldía para usar con todos ellos misericordia'. (Rom 11,32).

Obviamente, este principio continuo de ‘inclusión', preocupa a algunos. ¿No se habla aquí a favor del relativismo? ¿No se convierte en permisivismo la tan evocada misericordia? ¿Se ha acabado la claridad de los límites que no se deben superar, de las situaciones que objetivamente se definen como irregulares, pecaminosas? Esta exhortación ¿no favorece una cierta laxitud, un ‘anythinggoes'? ¿La misericordia propia de Jesús no es, a menudo en cambio, una misericordia severa, exigente?

Para aclarar esto el papa Francisco no deja duda alguna sobre sus intenciones y nuestra tarea:

"Los cristianos no podemos renunciar a proponer el matrimonio con el fin de no contradecir la sensibilidad actual, para estar a la moda, o por sentimientos de inferioridad frente al descalabro moral y humano. Estaríamos privando al mundo de los valores que podemos y debemos aportar. Es verdad que no tiene sentido quedarnos en una denuncia retórica de los males actuales, como si con eso pudiéramos cambiar algo. Tampoco sirve pretender imponer normas por la fuerza de la autoridad. Nos cabe un esfuerzo más responsable y generoso, que consiste en presentar las razones y las motivaciones para optar por el matrimonio y la familia, de manera que las personas estén mejor dispuestas a responder a la gracia que Dios les ofrece" (AL 35).

El papa Francisco está convencido de que la visión cristiana del matrimonio y de la familia tiene, también hoy, una fuerza de atracción inmutable. Pero exige ‘una saludable reacción autocrítica': ‘Tenemos que ser humildes y realistas, para reconocer que a veces nuestro modo de presentar las convicciones cristianas, y la forma de tratar a las personas, han ayudado a provocar lo que hoy lamentamos' (AL 36). “Hemos presentado un ideal teológico del matrimonio demasiado abstracto, casi artificiosamente construido, lejano de la situación concreta y de las posibilidades efectivas de las familias reales. Esta idealización excesiva, sobre todo cuando no hemos despertado la confianza en la gracia, no ha hecho que el matrimonio sea más deseable y atractivo, sino todo lo contrario" (AL 36).

Permítanme relatarles una experiencia del Sínodo de octubre pasado: Que yo sepa, dos de los trece circuli minores comenzaron su trabajo haciendo que cada participante contase su propia situación familiar. Pronto se descubrió que casi todos los obispos o los otros participantes del circulus minor enfrentaban, en sus familias, los temas, las preocupaciones, las ‘irregularidades' de las cuales, nosotros en el Sínodo habíamos hablado de forma algo abstracta. El papa Francisco nos invita a hablar de nuestras familias ‘tal cual son'. Y ahora, lo magnífico del camino sinodal y de su proseguimiento con el papa Francisco: Este sobrio realismo sobre las familias ‘tal cual son' ¡no nos aleja para nada del ideal! Por el contrario: el Papa Francisco consigue con el trabajo de ambos Sínodos situar a las familias en una perspectiva positiva, profundamente rica de esperanzas. Pero esta perspectiva alentadora sobre las familias exige esa ‘conversión pastoral' de la que hablaba Evangelii gaudium de una manera tan emocionante. El siguiente párrafo de Amoris laetitia recalca las líneas directrices de esa ‘conversión pastoral':

"Durante mucho tiempo creímos que con sólo insistir en cuestiones doctrinales, bioéticas y morales, sin motivar la apertura a la gracia, ya sosteníamos suficientemente a las familias, consolidábamos el vínculo de los esposos y llenábamos de sentido sus vidas compartidas. Tenemos dificultad para presentar al matrimonio más como un camino dinámico de desarrollo y realización que como un peso a soportar toda la vida. También nos cuesta dejar espacio a la conciencia de los fieles, que muchas veces responden lo mejor posible al Evangelio en medio de sus límites y pueden desarrollar su propio discernimiento ante situaciones donde se rompen todos los esquemas. Estamos llamados a formar las conciencias, pero no a pretender sustituirlas" (AL 37).

El papa Francisco habla de una profunda confianza en los corazones y en la nostalgia de los seres humanos. Se percibe aquí la gran tradición educacional de la Compañía de Jesús a la responsabilidad personal. Habla de dos peligros contrarios: El "laissez-faire" y la obsesión de querer controlar y dominar todo Por un lado es cierto que "la familia no puede renunciar a ser lugar de sostén, de acompañamiento, de guía... Siempre hace falta una vigilancia. El abandono nunca es sano". (AL 260).

Pero la vigilancia puede volverse también exagerada: "Pero la obsesión no es educativa, y no se puede tener un control de todas las situaciones por las que podría llegar a pasar un hijo (...). Si un padre está obsesionado por saber dónde está su hijo y por controlar todos sus movimientos, sólo buscará dominar su espacio. De ese modo no lo educará, no lo fortalecerá, no lo preparará para enfrentar los desafíos. Lo que interesa sobre todo es generar en el hijo, con mucho amor, procesos de maduración de su libertad, de capacitación, de crecimiento integral, de cultivo de la auténtica autonomía" (AL 261). Encuentro muy iluminante poner en conexión este pensamiento sobre la educación con aquellos relacionados con la praxis pastoral de la Iglesia. De hecho, en este sentido el papa Francisco habla muy seguido de la confianza en la conciencia de los fieles: "Estamos llamados a formar las conciencias, pero no a pretender sustituirlas" (AL 37). La gran cuestión obviamente es ésta: ¿cómo se forma la conciencia?, ¿cómo llegar a aquello que es el concepto clave de todo este gran documento, la clave para comprender correctamente la intención del papa Francisco: "el discernimiento personal", sobre todo en situaciones difíciles, complejas? El discernimiento es un concepto central de los ejercicios ignacianos. Estos de hecho deben ayudar a discernir la voluntad de Dios en las situaciones concretas de la vida. Es el discernimiento el que hace de la persona una personalidad madura, y el camino cristiano quiere ser de ayuda al logro de esta madurez personal: "no para formar autómatas condicionados del externo, telecomandados, sino personas maduras en la amistad con Cristo. Solo allí donde ha madurado este "discernimiento" personal es también posible alcanzar un "discernimiento pastoral", el cual es importante sobre todo ante "situaciones que no responden plenamente a lo que el Señor nos propone" (AL 6). De este "discernimiento pastoral" habla el octavo capítulo, un capítulo probablemente de gran interés para la opinión pública eclesial, pero también para los medios.


Debo todavía recordar que el papa Francisco ha definido como central los capítulos 4 y 5 ("los dos capítulos centrales"), no solamente en sentido geográfico, sino por su contenido: "no podremos alentar un camino de fidelidad y de entrega recíproca si no estimulamos el crecimiento, la consolidación y la profundización del amor conyugal y familiar" (AL 89). Estos dos capítulos centrales de Amoris laetitia serán probablemente saltados por muchos para arribar inmediatamente a las "papas calientes", a los puntos críticos. De experto pedagogo el papa Francisco sabe bien que nada atrae y motiva tan fuertemente como la experiencia positiva del amor. "Hablar del amor" (AL 89), esto procura claramente una gran alegría al papa Francisco, y él habla del amor con gran vivacidad, comprensibilidad, empatía. El cuarto capítulo es un amplio comentario al Himno de la caridad del 13 capítulo de la 1 carta a los Corintios. Recomiendo a todos la meditación de estas páginas. Ellas nos animan a creer en el amor (cfr. 1 Juan 4,16) y a tener confianza en su fuerza. Es aquí que "crecer", otra palabra clave del Amoris laetitia, tiene su sede principal: en ningún otro lugar se manifiesta tan claramente como en el amor, que se trata de un proceso dinámico en el cual el amor puede crecer, pero también puede enfriarse. Puedo solamente invitar a leer y gustar este delicioso capítulo. Es importante notar un aspecto: el papa Francisco habla aquí con una claridad rara, del rol que también las pasiones, las emociones, el eros, la sexualidad tienen en la vida matrimonial y familiar. No es casual que el papa Francisco cite aquí de modo particular a Santo Tomás de Aquino que atribuye a las pasiones un rol muy importante, mientras que la moral moderna a menudo puritana, las ha desacreditado o descuidado.

Es aquí que el título de la Exhortación del Papa encuentra su plena expresión: ¡Amoris laetitia! Aquí se entiende cómo es posible llegar "a descubrir el valor y la riqueza del matrimonio" (AL 205). Pero aquí se hace también dolorosamente visible cuánto mal hacen las heridas de amor. Cómo son de lacerantes las experiencias de fracaso de las relaciones. Por esto no me maravilla que sea sobre todo el octavo capítulo el que llama la atención y el interés. De hecho la cuestión de cómo la Iglesia trate estas heridas, de cómo trate los fracasos del amor se ha vuelto para muchos una cuestión-test para entender si la Iglesia es verdaderamente el lugar en el cual se puede experimentar la misericordia de Dios.

Este capítulo debe mucho al intenso trabajo de los dos Sínodos, a las amplias discusiones en la opinión pública y eclesial. Aquí se manifiesta la fecundidad del modo de proceder del papa Francisco. Él deseaba expresamente una discusión abierta sobre el acompañamiento pastoral de situaciones complejas y ha podido ampliamente fundarse sobre los textos que los dos Sínodos le han presentado para mostrar cómo se puede "acompañar, discernir e integrar la fragilidad" (AL 291).

El papa Francisco hace explícitamente suyas las declaraciones que ambos Sínodos le han presentado: "los Padres sinodales alcanzaron un consenso general, que sostengo" (AL 297). En lo que respecta a los divorciados vueltos a casar con rito civil él sostiene: "Acojo las consideraciones de muchos Padres sinodales, quienes quisieron expresar que (...) la lógica de la integración es la clave de su acompañamiento pastoral (...). Ellos no sólo no tienen que sentirse excomulgados, sino que pueden vivir y madurar como miembros vivos de la Iglesia, sintiéndola como una madre que les acoge siempre" (AL 299).

Pero ¿qué significa esto concretamente? Muchos se ponen con razón esta pregunta. Las respuestas decisivas se encuentran en Amoris laetitia 300. Estas ofrecen ciertamente todavía materia para ulteriores discusiones. Pero estas son también una importante aclaración y una indicación para el camino a seguir: "Si se tiene en cuenta la innumerable variedad de situaciones concretas (...) puede comprenderse que no debía esperarse del Sínodo o de esta Exhortación una nueva normativa general de tipo canónica, aplicable a todos los casos". Muchos esperaban tal norma. Quedarán desilusionados. ¿Qué es posible? El Papa lo dice con toda claridad: "Sólo cabe un nuevo aliento a un responsable discernimiento personal y pastoral de los casos particulares". Y de cómo puede y debe ser este discernimiento personal y pastoral, es el tema de toda la sección de Amoris laetitia 300-312. Ya en el Sínodo de 2015, en el apéndice a los enunciados del circulus germanicus fue propuesto un "Itinerarium" del discernimiento, del examen de conciencia que el papa Francisco hizo suyo.

"Se trata de un itinerario de acompañamiento y de discernimiento que orienta a estos fieles a la toma de conciencia de su situación ante Dios". Pero el papa Francisco recuerda también que "este discernimiento no podrá jamás prescindir de las exigencias de verdad y de caridad del Evangelio propuesto por la Iglesia" (AL 300).

El papa Francisco menciona dos posiciones erróneas. Una es la del rigorismo: "un pastor no puede sentirse satisfecho sólo aplicando leyes morales a quienes viven en situaciones "irregulares", como si fueran piedras que se lanzan sobre la vida de las personas. Es el caso de los corazones cerrados, que a menudo se esconden aún detrás de las enseñanzas de la Iglesia" (AL 305). Por otra parte la Iglesia no debe absolutamente "renunciar a proponer el ideal pleno del matrimonio, el proyecto de Dios en toda su grandeza" (AL 307).

Se pone naturalmente la pregunta: ¿qué dice el Papa respecto del acceso a las personas que viven en situaciones "irregulares"? Ya el papa Benedicto había dicho que no existen "simples recetas" (AL 298, NOTA 333). Y el papa Francisco vuelve a recordar la necesidad de discernir bien las situaciones (AL 298). "El discernimiento debe ayudar a encontrar los posibles caminos de respuesta a Dios y de crecimiento en medio de los límites. Por creer que todo es blanco o negro a veces cerramos el camino de la gracia y del crecimiento, y desalentamos caminos de santificación que dan gloria a Dios" (AL 305). El papa Francisco nos recuerda una frase importante que había escrito en Evangelii gaudium 44: "un pequeño paso, en medio de grandes límites humanos, puede ser más agradable a Dios que la vida exteriormente correcta de quien transcurre sus días sin enfrentar importantes dificultades" (AL 305). En el sentido de esta "via caritatis" (AL 306) el Papa afirma, de manera humilde y simple, en una nota (351), que se puede dar también la ayuda de los sacramentos en caso de situaciones "irregulares". Pero a este propósito él no nos ofrece una casuística de recetas, sino que simplemente nos recuerda dos de sus frases famosas: "a los sacerdotes les recuerdo que el confesionario no debe ser una sala de tortura, sino el lugar de la misericordia del Señor" (EG 44) y la Eucaristía "no es un premio para los perfectos, sino un generoso remedio y un alimento para los débiles" (EG 44).

¿No es un desafío excesivo para los pastores, para los guías espirituales, para las comunidades, si el "discernimiento de las situaciones" no está regulado de modo más preciso? El papa Francisco conoce esta preocupación: "Comprendo a quienes prefieren una pastoral más rígida que no dé lugar a confusión alguna" (AL 308). A esta él objeta diciendo: "Ponemos tantas condiciones a la misericordia que la vaciamos de sentido concreto y de significación real, y esa es la peor manera de licuar el Evangelio" (AL 311).

El papa Francisco confía en la "alegría del amor". El amor debe encontrar el camino. Es la brújula que nos indica el camino. Es la meta y el camino mismo. Porque Dios es amor y porque el amor es de Dios. Nada es tan exigente como el amor. El amor no se puede comprar. Por esto nadie debe temer que el papa Francisco nos invite, con Amoris laetitia, a un camino demasiado fácil. "El camino no es fácil pero es pleno de alegría".


Conclusiones:


  • Francisco retoma el espíritu del Concilio Vaticano II, es decir seguir la Ley de Jesucristo, que no es otra que la “Ley del Amor”, dejando atrás la Ley de Moisés. Aquí quiero recordar a otro insigne jesuita, Rafael Cervantes (qepd), que en sus ejercicios espirituales, siempre planteaba esta distinción entre el Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento.
  • La Exhortación Apostólica `Amoris laetitia´ fruto del Sínodo de la Familia, celebrado durante dos años, no es como señalan los modernos fariseos “una exhortación que no cambia nada”. Tanto cambia la situación que pareciera que el sucesor de Pedro en vez de las evangélicas palabras “Vete, y en adelante no peques más”, ahora dijera a la adúltera, “Ven y sígueme”, tal como Jesús decía a sus discípulos.
  • Tampoco es como frívolamente y malintencionadamente señalan algunos “que los divorciados vueltos a casar” o más despectivamente “que los adúlteros”, puedan recibir la comunión así nomás. El documento señala que cada situación irregular deberá discernirse individualmente considerando los atenuantes y los agravantes del caso, situación que será sancionada por el obispo del lugar o probablemente por algún sacerdote designado exprofeso por el obispo.
  • De este largo Sínodo y de esta Exhortación Apostólica, se seguirá una nueva pastoral familiar adecuada a nuestros tiempos, incluyente para todas las situaciones irregulares que vivimos actualmente y sobre toda plena de misericordia.
No obstante observamos que los lapidadores de ahora -escribas y fariseos observantes de la Ley Mosaica y del `castigo divino´-, no se han retirado, ni tirado las piedras y exacerbando a Pueblo de Dios, las empiezan a lanzar en forma dosificada contra el sucesor de Pedro, acusándolo de falso Papa y de sacrílego.



Jorge Pérez Uribe


miércoles, 13 de abril de 2016

`LA ALEGRÍA DEL AMOR', UN CAMINO NUEVO Y VIEJO A LA VEZ




Sorprendente y a la vez tradicional, la Exhortación Amoris Laetitia confirma la doctrina y abre nuevas avenidas a la reflexión y a la pastoral de la familia.

Antonio Maza Pereda, 10 de abril de 2016


Acabo de iniciar la lectura de la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia (la Alegría del Amor), un documento excepcional, que sin apartarse de la doctrina de siempre, abre caminos nuevos para entender y aprovechar el inmenso tesoro que recibimos desde el principio, cuando Dios nos creó hombre y mujer y nos dio el encargo de vivir en familia.

Creo que no faltarán quienes queden enojados con el Papa. Otra vez. Porque el Santo Padre no cumplió sus expectativas. Ni condenaciones fulminantes ni aperturas espectaculares. Nada de aprobar el aborto, pero no es su tema central. No aprueba el control natal artificial, pero tampoco es el tema de fondo. Y así con otros temas “espinosos”. No faltará quienes hablen de que el Papa ha caído en el relativismo, al pedir discernimiento y adaptación a las culturas y cuando dice que hay verdades que aún no conocemos plenamente. O los que piensen que hizo oídos sordos ante lo que, según algunos medios, eran los reclamos de la sociedad. Y eso los enojará.

El Papa pide que leamos despacito este documento, que lo tomemos por partes y lo entendamos poco a poco. Eso intento hacer aquí. No pretendo hacer un resumen. Este artículo es como un cuadro impresionista, que toma algunos rasgos sobresalientes, pero sin hacer más que iniciar el entendimiento de unos cuantos párrafos del documento.

Abriendo el documento, el Santo Padre hace énfasis en la felicidad. Desde el título mismo. Ve al matrimonio, y su ideal católico y cristiano como un regalo para la humanidad. Entendiendo, por otro lado, que es un ideal y que ninguna familia es perfecta, ni un estándar único de este modelo.


Una guía que me ha ayudado a empezar a entender a Francisco en este, como en otros temas, es fijarme en sus prioridades. Ahí están las diferencias. No cambia la enseñanza de la Iglesia, pero la expresa con diferente énfasis, en donde se puede ver a qué le da más importancia. Algunos ejemplos al vuelo: habla de que “no tiene sentido quedarnos en una denuncia retórica de los males actuales, como si esto pudiera cambiar algo” y nos pide “presentar las razones y motivaciones para optar por el matrimonio y la familia” Como, por ejemplo, cuando denunciamos el incremento en el número de divorcios y poco hacemos por ayudar a que las parejas sean felices. O cuando dejamos en segundo lugar “el llamado a crecer en el amor y en el ideal de la ayuda mutua” y permitimos que ese llamado sea “… opacado por un acento casi excluyente en el deber de la procreación”

En otro párrafo el Papa dice: “Durante mucho tiempo creímos que con sólo insistir en cuestiones doctrinales, bioéticas y morales, sin motivar la apertura a la gracia, ya sosteníamos suficientemente a las familias” y en cambio “ tenemos dificultad para presentar al matrimonio más como un camino dinámico de desarrollo y realización que como un peso a soportar toda la vida”. No niega la realidad de esos criterios, pero señala que hay otros que deberían ocupar una prioridad mayor.

Aún hay que dar muchos pasos en esa dirección. Tengo la edad suficiente para recordar cómo se hablaba de “la cruz del matrimonio”, de la abnegación y el “aguantar” para santificarse y no recuerdo a nadie que me dijera que siendo feliz perfeccionaría nuestra relación de matrimonio y de familia.

Personalmente aprecio mucho los esfuerzos que se hacen por defender la familia. Pero creo que no hay mejor modo de defender a la familia que ser familias felices. Sin ponernos de ejemplo, sin predicar. Porque la felicidad se nota. Y aunque sea silenciosa, habla con fuerza y convence. Mucho mejor que doctas disertaciones y almibaradas poesías. Y esa es una tarea en la que nadie nos puede substituir. Ni obispos, ni teólogos, expertos y asesores. Sí, nos pueden ayudar, pero no substituir. La tarea, el deber de ser felices es solo nuestro, en el matrimonio primero, en nuestra familia y en la familia extendida.

Hasta ahí voy. Espero que, aunque sea en mínima parte, esté empezando a captar el mensaje. Que significa un cambio importante, en un aspecto que tal vez no se esperaba. Y me gusta.


Nota: Quién deseé consultar o leer la Exhortación Apostólica Amoris Laetitia, lo puede efectuar en la siguiente liga (descargable):
http://w2.vatican.va/content/francesco/es/apost_exhortations/documents/papa-francesco_esortazione-ap_20160319_amoris-laetitia.html

jueves, 29 de octubre de 2015

LAS MUJERES, LA PATRIA Y EL FASCISMO TECNOCRÁTICO





Jorge E. Traslosheros*

Paraguay existe porque sus mujeres así lo decidieron. Si fuera por sus vecinos hace mucho que esa patria hubiera desaparecido. No estamos ante una bella alegoría, sino ante una realidad tangible que tuvo su momento decisivo después de la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) contra Brasil, Argentina y Uruguay.

Al terminar el conflicto, los paraguayos habían perdido parte de su territorio y estaban al borde del colapso demográfico. De una población estimada en 500 mil habitantes, al final quedaba la mitad, de la cual sólo 80 mil eran varones. No pocos de ellos, empujados por el hambre, se engancharon en las plantaciones de mate como peones acasillados. Los políticos siguieron jugando a la guerra entre asonadas y golpes militares.

Paraguay no tenía futuro; pero sucedió un milagro. Las mujeres, como inteligencia colectiva, decidieron que ellas le darían un mañana a lo que llamaron su patria. Se transformaron en pequeñas empresarias, reactivaron los mercados locales y, a la par, reconstituyeron la familia y el altar como núcleo de aquella sociedad. Tuvieron muchos hijos, formaron familias y restablecieron la fe religiosa que les congregaba en la esperanza así en los hogares, como en las parroquias y la calle. La patria dejó de tener un significado partidista, político, para llenarse de sentido cotidiano compartido con quienes se ama, en cada hijo, en cada prójimo.

No se trata de una linda anécdota, sino de un desmentido categórico a la cultura narcisista que hoy domina las élites políticas, judiciales e intelectuales de Occidente, incluidas no pocas latinoamericanas. Éstas consideran que la familia y la religión estorban al progreso y la autodeterminación del individuo, lo que hace necesaria la intervención del Estado para salir al paso de tan nocivas influencias. La familia debe ser redefinida, la educación de los hijos controlada por el Estado y las religiones arrinconadas en la vida privada hasta desaparecer. Si las paraguayas hubieran pensado así, el Paraguay no existiría.

Esto que afirmo no es una novedad. Grandes pensadores durante el siglo XX lo vieron con claridad, sonadamente en la escuela de Frankfürt y lo mejor de los teólogos católicos. Según Horkheimer, las democracias occidentales han formado nuevos totalitarismos bajo formas sofisticadas de control ideológico, ejercidas a través de la opinión pública. Fromm lo calificó de fascismo tecnocrático y de Lubac lo denunció en su obra El drama del humanismo ateo.

Para consolidar esta dominación, el Estado necesita controlar o destruir tres instituciones que sustentan la vida de la sociedad: la educación autónoma, la familia y las iglesias. Así, una sociedad civil débil, pulverizada en individuos “autodeterminados”, desvinculados orgánicamente de sus lazos matrimoniales, familiares y comunitarios son presa fácil de la “opinión pública”, cera blanda en manos de lo que Chesterton llamó el gran mercado y el gran Estado, bajo dinámicas formalmente democráticas.

Rubén Cortés, director de nuestro diario, lo señaló con agudeza en su profundo testimonio sobre su Cuba natal. El totalitarismo atacó frontalmente a la familia como medio idóneo para controlar a la sociedad. Rubén debe saber que a los cubanos también les espera un milagro.

Hoy, cuando los ministros de la SCJN se aplican en redefinir el matrimonio y con éste la familia, cuando nuestros legisladores buscan desvincular a los hijos de la tutela paterna en asuntos tan delicados como la sexualidad (entre otras cosas), no están actuando como demócratas, ni liberales, ni progresistas, sino como arquitectos del fascismo tecnocrático, incluso sin darse cuenta.




* Doctor en Historia del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM



jorge.traslosheros@cisav.org
Twitter: @jtraslos

miércoles, 14 de octubre de 2015

PARA ENTENDER EL SÍNODO DE LA FAMILIA




¿Qué piensa el actual Pontífice, sobre la familia de la actualidad, sobre el objetivo y temas a tratar y sobre la metodología a seguir, en el Sínodo de la Familia que se celebra del 5 al 25 de octubre?

En la Vigilia de Oración organizada por la Conferencia Episcopal Italiana para rezar por el Sínodo de los Obispos, el día 3 de octubre, Francisco pronunció una homilía, destacando entre otros aspectos:

Necesidad y espíritu del Sínodo


<<¿Vale la pena encender una pequeña vela en la oscuridad que nos rodea? ¿No se necesitaría algo más para disipar la oscuridad? Pero, ¿se pueden vencer las tinieblas?

En ciertas épocas de la vida –de esta vida llena de recursos estupendos–, preguntas como esta se imponen con apremio. Frente a las exigencias de la existencia, existe la tentación de echarse para atrás, de desertar y encerrarse, a lo mejor en nombre de la prudencia y del realismo, escapando así de la responsabilidad de cumplir a fondo el propio deber.>>

Entonces se refirió a la experiencia del profeta Elías, quién por miedo huye hasta el Horeb, el monte de Dios. Pero ahí le llega la palabra del Señor preguntando: “¿Qué haces aquí, Elías?” (1 R 19,3.8-9). <<La gracia de Dios no levanta la voz, es un rumor que llega a cuantos están dispuestos a escuchar la suave brisa: los exhorta a salir, a regresar al mundo, a ser testigos del amor de Dios por el hombre, para que el mundo crea...

Con este espíritu, hace precisamente un año, en esta misma plaza, invocábamos al Espíritu Santo pidiéndole que los Padres sinodales –al poner atención en el tema de la familia – supieran escuchar y confrontarse teniendo fija la mirada en Jesús, Palabra última del Padre y criterio de interpretación de la realidad.

Esta noche, nuestra oración no puede ser diferente. Pues, como recordaba el Patriarca Atenágoras, sin el Espíritu Santo, Dios resulta lejano, Cristo permanece en el pasado, la Iglesia se convierte en una simple organización, la autoridad se transforma en dominio, la misión en propaganda, el culto en evocación y el actuar de los cristianos en una moral de esclavos.

Oremos, pues, para que el Sínodo que se abre mañana sepa reorientar la experiencia conyugal y familiar hacia una imagen plena del hombre; que sepa reconocer, valorizar y proponer todo lo bello, bueno y santo que hay en ella; abrazar las situaciones de vulnerabilidad que la ponen a prueba: la pobreza, la guerra, la enfermedad, el luto, las relaciones laceradas y deshilachadas de las que brotan dificultades, resentimientos y rupturas; que recuerde a estas familias, y a todas las familias, que el Evangelio sigue siendo la «buena noticia» desde la que se puede comenzar de nuevo. Que los Padres sepan sacar del tesoro de la tradición viva palabras de consuelo y orientaciones esperanzadoras para las familias, que están llamadas en este tiempo a construir el futuro de la comunidad eclesial y de la ciudad del hombre.

Cada familia es siempre una luz, por más débil que sea, en medio de la oscuridad del mundo. La andadura misma de Jesús entre los hombres toma forma en el seno de una familia, en la cual permaneció treinta años. Una familia como tantas otras, asentada en una aldea insignificante de la periferia del Imperio. […]

La Iglesia es una casa abierta, lejos de grandezas exteriores, acogedora en el estilo sobrio de sus miembros y, precisamente por ello, accesible a la esperanza de paz que hay dentro de cada hombre, incluidos aquellos que –probados por la vida– tienen el corazón lacerado y dolorido.

Esta Iglesia puede verdaderamente iluminar la noche del hombre, indicarle con credibilidad la meta y compartir su camino, sencillamente porque ella es la primera que vive la experiencia de ser incesantemente renovada en el corazón misericordioso del Padre.>>

El drama de la soledad, el amor entre el hombre y la mujer, y la familia.


Al día siguiente, 4 de octubre, se celebró la misa la Misa de apertura del Sínodo de los Obispos sobre la Familia, en la Basílica de San Pedro en el Vaticano. A ella asistieron los Padres Sinodales y demás invitados a la Asamblea de los Obispos.

Las lecturas se centraron en tres aspectos: el drama de la soledad, el amor entre el hombre y la mujer, y la familia.

El drama de la soledad

<<Adán… vivía en el Paraíso, ponía los nombres a las demás creaturas, ejerciendo un dominio que demuestra su indiscutible e incomparable superioridad, pero aun así se sentía solo, porque «no encontraba ninguno como él que lo ayudase» (Gn 2,20) y experimentaba la soledad.

La soledad, el drama que aún aflige a muchos hombres y mujeres. Pienso en los ancianos abandonados incluso por sus seres queridos y sus propios hijos; en los viudos y viudas; en tantos hombres y mujeres dejados por su propia esposa y por su propio marido; en tantas personas que de hecho se sienten solas, no comprendidas y no escuchadas; en los emigrantes y los refugiados que huyen de la guerra y la persecución; y en tantos jóvenes víctimas de la cultura del consumo, del usar y tirar, y de la cultura del descarte.

Hoy se vive la paradoja de un mundo globalizado en el que vemos tantas casas de lujo y edificios de gran altura, pero cada vez menos calor de hogar y de familia; muchos proyectos ambiciosos, pero poco tiempo para vivir lo que se ha logrado; tantos medios sofisticados de diversión, pero cada vez más un profundo vacío en el corazón; muchos placeres, pero poco amor; tanta libertad, pero poca autonomía... Son cada vez más las personas que se sienten solas, y las que se encierran en el egoísmo, en la melancolía, en la violencia destructiva y en la esclavitud del placer y del dios dinero.

Hoy vivimos en cierto sentido la misma experiencia de Adán: tanto poder acompañado de tanta soledad y vulnerabilidad; y la familia es su imagen. Cada vez menos seriedad en llevar adelante una relación sólida y fecunda de amor: en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en la buena y en la mala suerte. El amor duradero, fiel, recto, estable, fértil es cada vez más objeto de burla y considerado como algo anticuado. Parecería que las sociedades más avanzadas son precisamente las que tienen el porcentaje más bajo de tasa de natalidad y el mayor promedio de abortos, de divorcios, de suicidios y de contaminación ambiental y social.>>

El amor entre el hombre y la mujer

<<… el corazón de Dios se entristeció al ver la soledad de Adán y dijo: «No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él que le ayude» (Gn 2,18). Estas palabras muestran que nada hace más feliz al hombre que un corazón que se asemeje a él, que le corresponda, que lo ame y que acabe con la soledad y el sentirse solo. Muestran también que Dios no ha creado el ser humano para vivir en la tristeza o para estar solo, sino para la felicidad, para compartir su camino con otra persona que es su complemento; para vivir la extraordinaria experiencia del amor: es decir de amar y ser amado; y para ver su amor fecundo en los hijos, como dice el salmo de hoy (cf. Sal 128).

Este es el sueño de Dios para su criatura predilecta: verla realizada en la unión de amor entre hombre y mujer; feliz en el camino común, fecunda en la donación recíproca. Es el mismo designio que Jesús resume en el Evangelio de hoy con estas palabras: «Al principio de la creación Dios los creó hombre y mujer. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne» (Mc 10,6-8; cf. Gn 1,27; 2, 24).

Jesús, ante la pregunta retórica que le habían dirigido – probablemente como una trampa, para hacerlo quedar mal ante la multitud que lo seguía y que practicaba el divorcio, como realidad consolidada e intangible-, responde de forma sencilla e inesperada: restituye todo al origen de la creación, para enseñarnos que Dios bendice el amor humano, es él el que une los corazones de dos personas que se aman y los une en la unidad y en la indisolubilidad. Esto significa que el objetivo de la vida conyugal no es sólo vivir juntos, sino también amarse para siempre. Jesús restablece así el orden original y originante.

La familia

«Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre» (Mc 10,9). Es una exhortación a los creyentes a superar toda forma de individualismo y de legalismo, que esconde un mezquino egoísmo y el miedo de aceptar el significado auténtico de la pareja y de la sexualidad humana en el plan de Dios.

De hecho, sólo a la luz de la locura de la gratuidad del amor pascual de Jesús será comprensible la locura de la gratuidad de un amor conyugal único yusque ad mortem[1].

Para Dios, el matrimonio no es una utopía de adolescente, sino un sueño sin el cual su creatura estará destinada a la soledad. En efecto el miedo de unirse a este proyecto paraliza el corazón humano.

Paradójicamente también el hombre de hoy –que con frecuencia ridiculiza este plan–permanece atraído y fascinado por todo amor autentico, por todo amor sólido, por todo amor fecundo, por todo amor fiel y perpetuo. Lo vemos ir tras los amores temporales, pero sueña el amor autentico; corre tras los placeres de la carne, pero desea la entrega total.

En efecto «ahora que hemos probado plenamente las promesas de la libertad ilimitada, empezamos a entender de nuevo la expresión “la tristeza de este mundo”. Los placeres prohibidos perdieron su atractivo cuando han dejado de ser prohibidos. Aunque tiendan a lo extremo y se renueven al infinito, resultan insípidos porque son cosas finitas, y nosotros, en cambio, tenemos sed de infinito»[2]

En este contexto social y matrimonial bastante difícil, la Iglesia está llamada a vivir su misión en la fidelidad, en la verdad y en la caridad.

  • Vive su misión en la fidelidad a su Maestro como voz que grita en el desierto, para defender el amor fiel y animar a las numerosas familias que viven su matrimonio como un espacio en el cual se manifiestan el amor divino; para defender la sacralidad de la vida, de toda vida; para defender la unidad y la indisolubilidad del vínculo conyugal como signo de la gracia de Dios y de la capacidad del hombre de amar en serio.
  • Vivir su misión en la verdad que no cambia según las modas pasajeras o las opiniones dominantes. La verdad que protege al hombre y a la humanidad de las tentaciones de autoreferencialidad y de transformar el amor fecundo en egoísmo estéril, la unión fiel en vínculo temporal. «Sin verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. El amor se convierte en un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente. Éste es el riesgo fatal del amor en una cultura sin verdad». (Benedicto XVI, Enc. Caritas in veritate, 3).
  • Vivir su misión en la caridad que no señala con el dedo para juzgar a los demás, sino que -fiel a su naturaleza como madre – se siente en el deber de buscar y curar a las parejas heridas con el aceite de la acogida y de la misericordia; de ser «hospital de campo», con las puertas abiertas para acoger a quien llama pidiendo ayuda y apoyo; de salir del propio recinto hacia los demás con amor verdadero, para caminar con la humanidad herida, para incluirla y conducirla a la fuente de la salvación.

Una Iglesia que enseña y defiende los valores fundamentales, sin olvidar que «el sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado» (Mc 2,27); y que Jesús también dijo: «No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar justos, sino pecadores» (Mc 2,17). Una Iglesia que educa al amor autentico, capaz de alejar de la soledad, sin olvidar su misión de buen samaritano de la humanidad herida.

Recuerdo a san Juan Pablo II cuando decía: «El error y el mal deben ser condenados y combatidos constantemente; pero el hombre que cae o se equivoca debe ser comprendido y amado [...] Nosotros debemos amar nuestro tiempo y ayudar al hombre de nuestro tiempo.»[3] Y la Iglesia debe buscarlo, acogerlo y acompañarlo, porque una Iglesia con las puertas cerradas se traiciona a sí misma y a su misión, y en vez de ser puente se convierte en barrera: «El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarlos hermanos» (Hb 2,11).

Con este espíritu, le pedimos al Señor que nos acompañe en el Sínodo y que guíe a su Iglesia a través de la intercesión de la Santísima Virgen María y de San José, su castísimo esposo.

Naturaleza y metodología del Sínodo


El día 5 de octubre se efectuó la primera sesión o Congregación General del Sínodo. En el saludo del Papa Francisco a los participantes, dejó ver cuál es la naturaleza y la metodología a seguir en el Sínodo:

<<La Iglesia retoma hoy el diálogo iniciado con la proclamación del Sínodo Extraordinario sobre la familia para evaluar y reflexionar juntos sobre el Instrumentum Laboris (Documento de trabajo) elaborado de la Relatio Synodi(Documento final del Sínodo de 2014) y de las respuestas de las conferencias episcopales y de los organismos con derecho.

El Sínodo es un caminar juntos con el espíritu de colegialidad y sinodalidad, adoptando valientemente la parresía, el celo pastoral y doctrinal, la sabiduría, la franqueza y poniendo siempre delante de nuestros ojos el bien de las familias y la suprema lex: la salus animarum (salud del alma).

El Sínodo no es un congreso o un parlamento, no es un parlamento o un senado donde nos ponemos de acuerdo. El Sínodo es una expresión eclesial es decir, la Iglesia que camina junta para leer la realidad con los ojos de la fe y con el corazón de Dios.

Es la Iglesia que se interroga sobre la fidelidad al depósito de la fe, que por ella no representa un Museo para mirar y menos salvaguardar, sino que es una fuente viva de la cual la Iglesia bebe para saciar e iluminar el depósito de la vida […]

En el Sínodo, el Espíritu habla a través de la lengua de todas las personas que se dejan conducir por Dios que sorprende siempre, del Dios que revela a los pequeños aquellos que esconde a los sabios e inteligentes, del Dios que ha creado la ley y el sábado para el hombre y no viceversa, del Dios que deja las 99 ovejas para buscar la única oveja perdida, del Dios que es siempre más grande que nuestras lógicas y nuestros cálculos.

El Sínodo podrá ser un espacio de la acción del Espíritu Santo sólo si nosotros participantes nos revestimos de coraje apostólico, de humildad evangélica y de oración confiada […]

El único método del Sínodo es el de abrirse al Espíritu Santo, con coraje apostólico, con humildad evangélica y con oración confiada, para que sea Él el que nos guíe, ilumine y nos haga poner delante de los ojos con nuestros pareceres personales la fe en Dios, el bien de la Iglesia y la salus animarum[4].>>


Jorge Pérez Uribe




[1] Hasta la muerte
[2] Joseph Ratzinger, Auf Christus schauen. Einübung in Glaube, Hoffnung, Liebe, Freiburg 1989, p. 73
[3] Discurso a la Acción Católica italiana, 30 de diciembre de 1978, 2 c: L’Osservatore Romano, ed. semanal en lengua española, 21 enero 1979, p.9
[4] Salud del alma.

jueves, 8 de octubre de 2015

EL SÍNODO DE LA FAMILIA Y “EL HUMO DE SATANÁS”






Antecedentes



Como uno de los eventos más trascendentales del papado de Francisco, -está sin duda- la XIII Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de Obispos, convocada bajo el lema «Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización», y que tuvo lugar en el Vaticano entre el 5 y el 19 de octubre de 2014, popularmente fue conocida como el Sínodo sobre la familia. Su objetivo y desarrollo nos lleva a pensar en el histórico Concilio Vaticano II. El Latín que es el idioma oficial para estos eventos fue sustituido por primera vez por el italiano.

Este sínodo fue el preámbulo y preparación de otro más largo y más extenso, la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de Obispos «Jesucristo revela el misterio y la vocación de la familia», que estamos celebrando del 5 al 25 de octubre de 2015. Como es costumbre, al finalizar este sínodo el papa presentará una exhortación apostólica postsinodal conclusiva sobre el tema. Por sus contenidos, los dos sínodos conforman una unidad en dos etapas, con un período en medio de casi un año. El teólogo y arzobispo de Chieti-Vasto, Bruno Forte, secretario especial del sínodo, señalaba que ese período intermedio podría resultar determinante: «La gran novedad de la metodología del sínodo, que antes aparecía encorsetado, es este período entre los dos sínodos, porque va a involucrar a la base de la Iglesia, a los demás obispos y a los fieles». Y en efecto así ha ocurrido, pero también ha sido el período para una gran polarización entre los revolucionarios y los conservadores, que se han atrincherado y definido territorios.


“Esta película ya la vi”



Estudiante de bachillerato durante los años del Vaticano II, quizás no conocía mucho sobre religión y política, pero me parecía evidente el enfrentamiento de las dos corrientes: los progresistas o liberales y los tradicionalistas o conservadores y ahora que observo lo que está pasando con el Sínodo de la familia, no puedo sino exclamar: “esta película ya la vi”, y “se parece a la del Concilio Vaticano II”. Y es que se observa la misma lucha de dos grupos de “iluminados” que luchan encarnizadamente por hacer prevalecer “su verdad”. En el medio un Papa, al que buscan presionar o influenciar con sus escritos, desplegados, actos públicos y amenazas veladas. Y allá en el fondo, olvidado, Jesucristo, el fundador de la Iglesia Católica y lo que es peor, negada la asistencia del Espíritu Santo prometida por Jesucristo, cuando abandonando a sus discípulos, regresó a los Cielos.

Si bien lo anterior es humanamente entendible, ya que el hombre es un “zoon politicón” en el concepto de Aristóteles, él cual afirmaba que “El hombre y el animal por naturaleza son sociales, pero solo el hombre es político, siempre y cuando viva en comunidad”.

Pero es inentendible para los “adultos mayores” que vivieron el proceso del Concilio Vaticano II y que caen en los mismos errores de los falsos “profetas” del Concilio Vaticano II. Fue totalmente inútil que hayan vivido esta experiencia, de la cual no obtuvieron ninguna enseñanza, ya que adoptan las mismas actitudes necias de entonces (y estoy pensando -por ejemplo- en el anciano cardenal español Antonio María Rouco).

<< “Hay más oposición al Papa de lo se imagina. Se sabe que hay un porcentaje que supera el 50% de gentes de la Curia que actúan bajo cuerda en su contra. Dudan del Papa. Cuestionan ciertas medidas. Conocemos sus nombres, como los diez cardenales que firman el libro con Rouco”, afirma José María Castillo, uno de los grandes pensadores cristianos. Fue jesuita y ha tenido relación con el también jesuita Francisco, que le considera un maestro.>>[1]

En el bando contrario encontramos entre otros a los cardenales Walter Kasper y Reinhard Marx (este último encabeza un movimiento cismático en Alemania).


“El humo de Satanás”


Paulo VI, el Papa que sucedió al ahora santo: Juan XXIII, -convocante al Vaticano II-, y a quién toco continuar los trabajos del Concilio Ecuménico y llevarlos a buen puerto, en una homilía pronunciada en la solemnidad de San Pedro y San Pablo apóstol, el 31 de octubre de 1973 recordando el Concilio Vaticano II, se refirió concretamente a la situación comentada: << Se diría que a través de alguna grieta ha entrado, el humo de Satanás en el templo de Dios. Hay dudas, incertidumbre, problemática, inquietud, insatisfacción, confrontación. Ya no se confía en la Iglesia, se confía más en el primer profeta profano —que nos viene a hablar desde algún periódico o desde algún movimiento social— para seguirle y preguntarle si tiene la fórmula de la verdadera vida; y, por el contrario, no nos damos cuenta de que nosotros ya somos dueños y maestros de ella. Ha entrado la duda en nuestras conciencias y ha entrado a través de ventanas que debían estar abiertas a la luz: la ciencia. Pero la ciencia está hecha para darnos verdades que no alejan de Dios, sino que nos lo hacen buscar aún más y celebrarle con mayor intensidad. Por el contrario, de la ciencia ha venido la crítica, ha venido la duda respecto a todo lo que existe y a todo lo que conocemos. Los científicos son aquellos que más pensativa y dolorosamente bajan la frente y acaban por enseñar: “no sé, no sabemos, no podemos saber”.

Es cierto que la ciencia nos dice los límites de nuestro saber, pero todo lo que nos proporciona de positivo debería ser certeza, debería ser impulso, debería ser riqueza, debería aumentar nuestra capacidad de oración y de himno al Señor; y, por el contrario, he aquí que la enseñanza se convierte en palestra de confusión, en pluralidad que ya no va de acuerdo, en contradicciones a veces absurdas.

Se ensalza el progreso para luego poder demolerlo con las revoluciones más extrañas y radicales, para negar todo lo que se ha conquistado, para volver a ser primitivos después de haber exaltado tanto los progresos del mundo moderno.

También en nosotros, los de la Iglesia, reina este estado de incertidumbre. Se creía que después del Concilio vendría un día de sol para la historia de la Iglesia. Por el contrario, ha venido un día de nubes, de tempestad, de oscuridad, de búsqueda, de incertidumbre y se siente fatiga en dar la alegría de la fe. Predicamos el ecumenismo y nos alejamos cada vez más de los otros. Procuramos excavar abismos en vez de colmarlos.>>

San Juan Crisóstomo refiriéndose a estas situaciones comentaba: <<Luchamos unos contra otros, y es la envidia la que nos arma unos contra otros… Si todos se afanan por así por perturbar el Cuerpo de Cristo, ¿a dónde llegaremos? estamos debilitando el cuerpo de Cristo… Nos declaramos miembros de un mismo organismo y nos devoramos como lo harían las fieras.>>

Los defensores del legado histórico de la Iglesia católica parecen olvidar que la Iglesia fundada por Jesucristo, no es una sociedad meramente humana en sí, sino que como lo declaró el Vaticano II, es el “Cuerpo Místico de Cristo”: <<Cuando fueron privados los discípulos de su presencia visible, Jesús no los dejó huérfanos (cf Jn 14, 18). Les prometió quedarse con ellos hasta el fin de los tiempos (cf Mt 28 20), les envió su Espíritu (cf Jn 20, 22; Hch 2, 33). Por eso la comunicación con Jesús se hizo más intensa: “por la comunicación de su Espíritu a sus hermanos reunidos de todos los pueblos, Cristo los constituye místicamente en su cuerpo” (LG 7)>>.


Conclusión



En otras palabras la situación que se vislumbra alrededor del Sínodo, es la acción del maligno que fomenta la envidia, la soberbia de algunos dirigentes y principalmente las dudas de fe: en la infabilidad del Papa y en la asistencia del Espíritu Santo a la Iglesia, que son dogmas de fe, es decir verdades reveladas de las que el creyente no puede dudar.

Tanto líderes, como creyentes -si quieren ayudar a que prevalezca la verdad y no su verdad-, deben tener fe en el Santo Padre, y orar por que Dios le ilumine. Él finalmente, como lo hizo Paulo VI, tomará los dos proyectos o los que hubiera y se encerrara en una velada de oración (o las que hagan falta) con el Santísimo y como consecuencia presentará una exhortación apostólica postsinodal conclusiva sobre el tema, que hará las veces de “ley” o última palabra, a observar.

Si sienten que les falla la fe, deben recordar que esta es gratuita, que es un Don, un regalo de Dios, por lo que simplemente deberían pedir su incremento; pero ello implica una gran humildad, que pienso en muchos casos no se dará, porque lo que sobra es soberbia.

Da mucho que pensar la negativa que tienen en la asistencia del Espíritu Santo a la Iglesia Católica, ya que si no reconocen esta verdad no se entiende que hacen dentro de ella, además de que todo creyente bien informado sabe que todos los pecados se perdonan, menos los pecados contra el Espíritu Santo.


Jorge Pérez Uribe


[1] http://politica.elpais.com/politica/2015/10/03/actualidad/1443898001_053125.html?id_externo_rsoc=FB_CM