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viernes, 24 de julio de 2015

EL SISTEMA BANCARIO EN LA SOMBRA



"Se estima que este sistema conocido como Shadow Banking System (SBS) maneja activos valuados en más de 75 billones de dólares, una suma ligeramente superior al producto bruto mundial".



Jorge Pérez Uribe


El sistema bancario en la sombra es un sistema financiero paralelo, al sistema financiero internacional, regulado por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, que permite mantener una sensación reconfortante de disponibilidad de crédito para la expansión de los negocios. 


<<El sistema bancario en la sombra (SBS), banca en la sombra o banca alternativa, es un conjunto de entidades financieras que operan con unos instrumentos financieros al margen de organismos reguladores y supervisores del sistema financiero “convencional”. Estas instituciones y formas cuasi-bancarias de operar han desarrollado un sistema alternativo de intermediación financiera entre ahorradores e inversores, fuera de los canales bancarios tradicionales.>>[1]


<<Estas instituciones operan como agentes de colocación de grandes fondos de inversión y sirven de puente entre grandes inversionistas y prestamistas. La fuente de ganancias del sistema financiero paralelo proviene de las tasas de correduría e intermediación, así como de arbitrajes entre tasas de interés y tipos de cambio. Es decir, muchas de las operaciones de estas instituciones son especulación pura y dura. La idea de que la economía mundial se comporta como un casino no es una simple metáfora. 

Estas instituciones financieras no se comportan como los bancos comerciales porque no reciben depósitos, y por esa razón no están reguladas de la misma manera. Las instituciones del sistema sombra no están obligadas a mantener niveles mínimos de reservas ni fondos de efectivo para enfrentar emergencias. En la mayor parte de los países estas instituciones casi no están sujetas a rutinas de monitoreo por las autoridades monetarias o financieras. Las actividades del sistema sombra involucran derivados financieros exóticos, como swaps de deuda, y múltiples operaciones con obligaciones apoyadas en sistemas de garantías o respaldos en diferentes instrumentos financieros (CDO por sus siglas en inglés). Los contratos de opciones y operaciones en mercados de futuros también son habituales en las actividades del sistema financiero paralelo.>> [2]



La gran crisis financiera de 2008 



<<Es sabido que desde principios de la pasada década los Bancos Centrales redujeron drásticamente los tipos de interés. La Reserva Federal en EEUU bajó el precio del dinero desde el 6,1% en 2001 hasta el 1% en 2003. Este hecho hizo que familias y empresas demandaran crédito masivamente y lo canalizaran hacia la compra de vivienda, formando como sabemos una enorme burbuja sobre el precio de la vivienda. 

Pero con unos tipos de interés tan bajos, los beneficios de la banca se redujeron considerablemente (el margen de intermediación se estrechó) afectando a los accionistas. Y entró en juego el Paradigma de Minsky: la reducción de márgenes de beneficios hizo que la banca buscara la expansión del crédito tratando de aumentar la rentabilidad, hecho que siempre lleva aparejado un aumento del riesgo hasta llegar a poner en peligro la entidad y por derivación el sistema bancario. Las entidades buscaron “atajos”, canales alternativos para evitar la regulación y seguir aumentando los beneficios. Lo que dio lugar a un sistema financiero sobredimensionado y opaco que se desestabilizó y creó la Gran Crisis financiera de 2008.>>[3]




Su auge a partir de la crisis de 2008 



<<A raíz de la crisis la banca redujo el crédito a empresas y familias, lo que obligó a buscar otros canales de financiación alternativos. Aquí entra en juego el SBS aumentando su volumen de negocio. Los bancos han reducido su exposición de riesgo porque prestan menos, si, pero porque lo han transferido a otras entidades, a un sistema financiero paralelo que crece vertiginosamente. Y esto, ¿quién lo controla? Pues nadie. 

En 2014 el SBS en Estados Unidos representaba 71 billones de dólares y sus activos el 24% de todos los activos financieros. Asimismo se constata también un fuerte crecimiento en países como China, Argentina, India o Sudáfrica. En el caso de España incluso existe cierta preocupación entre los miembros de la Asociación Española de Banca por el crecimiento de este sector, que han alertado de la necesidad de «delimitar bien sus riesgos futuros». La ironía de fondo es que los mismos grandes bancos que exigen mayor transparencia y control, mantienen alianzas con entidades que operan en la banca en la sombra, a las que redirigen algunos de sus clientes cuando no pueden atender las operaciones de crédito solicitadas.>>[4]


Llama la atención que el crecimiento del “sistema bancario en la sombra” se de en países que conforman el llamado grupo geoeconómico BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) y algunos que buscan adherírsele como Argentina.

Muchos de estos recursos se harán transparentes ahora que se acaba de inaugurar el Nuevo Banco de Desarrollo BRICS, -justo en esta semana- el cual empezará a operar a fines de este año o principios del próximo.

<<El tamaño del sistema financiero sombra y su inherente inestabilidad le han convertido en una grave amenaza para la economía mundial. Cualquier movimiento en tasas de interés o en expectativas devaluatorias en algunos de los componentes importantes de la economía mundial puede provocar pánico entre los usuarios del sistema sombra. La carrera hacia la salida de emergencia resultará muy accidentada […]

La paradoja del capitalismo mundial es que mientras más se debilita la economía real debido a una mezcla de sobreinversión y deficiencia crónica de la demanda efectiva, más se fortalece el sistema financiero sombra como refugio de los inversionistas. Pero el sistema financiero sólo mantiene la ilusión de seguridad con una extraña combinación de instrumentos financieros exóticos. Al final del camino de la historia, el inversionista privado debe confrontarse con su destino. El sistema financiero sombra es una frágil estructura diseñada para especular, no para resistir turbulencia.>>
[5]





[1] http://blogeduardoalonso.gabidem.com/?p=380
[2] http://www.jornada.unam.mx/2015/07/22/opinion/026a1eco
[3] http://blogeduardoalonso.gabidem.com/?p=380
[4] http://blogeduardoalonso.gabidem.com/?p=380
[5] http://www.jornada.unam.mx/2015/07/22/opinion/026a1eco

lunes, 15 de junio de 2015

NUEVOS SIERVOS DE LA GLEBA




Alfredo Conde



Antes de que nos bancarizaran, antes de que bancarizaran nuestras vidas, entonces, la vida era muy distinta de cómo lo es ahora. Comprenderán que no me refiero únicamente a aquellos tiempos en los que los bancos prestaban dinero, arriesgando el que le habían confiado sus clientes, confiando en recuperarlo, y al tiempo, en que obtendrían unos beneficios gracias a los intereses que devengarían esos préstamos.


Eso que les cuento sucedió en los años de María Castaña y sólo se acuerdan de ello los más viejos de la tribu. Eran los tiempos de la economía real. Los más jóvenes ya han sido educados en la bancarización, en el plan de estudios, es un decir, pues más que de aprendizaje parece de castración y doma, mucho más y mucho mejor elaborado que cualquier otro plan de estudios con los que nuestra sociedad haya ido siendo paulatina y eficazmente idiotizada. ¡Ah, qué tiempos! 


Entonces se celebraban los chismorreos a las puertas de las casas, las viejas comadres sentadas en sillitas bajas, afiladas las lenguas, dispuestos los trajes con el que iban a tapar -o a dejar al desnudo- las vergüenzas de las gentes celebrando un rito estacional y cotidiano que tenía lugar, una vez llegada la hora de la fresca, en el verano; porque en el invierno lo que se hacía era escuchar historias, una vez superada la hora de la cena, mientras las botellas rellenas de agua hirviendo iban calentando los lechos en los que las gentes dormirían. 


De aquella no había luchas por las audiencias. La gente hablaba por placer o por pasar el tiempo, en unos casos, por pura maledicencia en otros, asentados en un amateurismo que hoy resulta incomprensible a quienes se educaron al compás de las intervenciones de los profesionales de la cosa, ya saben, Kiko Matamoros, Belén Esteban o cualesquiera otros que deshuesan a quien sea, a cuenta de lo que sea, todo con tal de mantener el share.


En aquellos lejanos tiempos cuando, por la razón que fuese, un banquero fracasaba solía descerrajarse un tiro. El último que yo recuerdo fue uno del Banco Coca. Me acuerdo de él porque, no muchos años después, en un barco en el que yo entonces navegaba y que de vez en cuando se dedicaba a hacer cruceros, navegó uno de sus familiares que, en su juventud también había sido marino, y hablamos mucho durante unos pocos días. Sucedió antes de que nos bancarizasen.


Entonces te atendían cuando entrabas en una sucursal bancaria, descolgaban el teléfono cuando los llamabas y no te cobraban por devolverte por ventanilla una cantidad cualquiera del dinero que les habías confiado basándose en el principio de que era “tu” dinero y no el de ellos el que te restituían. Tampoco te cobraban un par de euros a mayores por especificar el concepto en el correspondiente impreso de una transferencia. Tiempos maravillosos y lejanos. Se extendían letras de cambio, se firmaban cheques, se concedían créditos y el dinero circulaba. La correspondencia mantenida con el cliente era fluida, diaria en caso de tener movimiento la cuenta abierta en la sucursal que fuese, y así continuó siendo hasta que empezaron a asomar la oreja las tarjetas que hoy usamos. El dinero de plástico, que se decía entonces, y que efectivamente resulto serlo: de plástico, como las bombas.


A partir de ahí empezamos a domiciliar nuestros recibos, las empresas bancarizaron sus nóminas, nuestras compras y nuestros gastos, qué decir ya de nuestros ingresos que empezaron a ser minuciosamente registrados de modo que poco a poco empezaron a cobrarnos comisiones por esto y por aquello e insensiblemente echamos a andar por el camino que hasta aquí nos trajo. Atados de pies y manos, sin capacidad alguna de defensa. Toda nuestra vida pasa por el banco. Todo. Y por todo cobra el banco. Es el dueño de nuestras vidas. Los banqueros ya no se suicidan. Si el banco quiebra, incluso si quiebra porque ellos se convencieron de que el banco, es decir, el dinero que el banco manejaba era total y únicamente suyo y de forma indecente se lo apropiaron, ahora son los clientes desahuciados los que dan fin a sus vidas mientras que el Estado, con el dinero de todos, acude presto y presuroso a restaurar lo hurtado con premeditación, escaso arte y algo más que alevosía.


Trabajamos para los bancos, son los nuevos señores feudales que vampirizan el Estado y gobiernan nuestras vidas según sus necesidades; es decir, la bancarización nos ha convertido en unos nuevos siervos de la gleba siempre listos para que nos frían a impuestos a favor de las arcas de los nuevos feudales a cambio de que ellos nos presten su protección. No sabemos bien de qué, pero es de temer que debieran protegernos de ellos mismos, algo que debiera depender del Estado, de ese instrumento del que la sociedad se dota para que le sirva en vez de para servirle a él y ahora ya a los banqueros que, a través de los gobiernos, hace de la capa del Estado un sayo.


Por eso no nos deberemos llamar a sorpresa alguna si dentro de un tiempo alguien empieza a hablar de nacionalizar la banca porque aquí y de momento los únicos que estamos nacionalizados, al menos en el sentido que se expresa, somos los sufridos ciudadanos, abrasados a impuestos, corroídas nuestras economías y hundida nuestra clase media, la que libera las tensiones siempre generadas entre los muy ricos y la mayoría empobrecida, e inmersos todos no se sabe muy bien si en una dictadura consentida, si en una democracia autoritaria, en la que los partidos y las demás instituciones dependen de los dictados de una banca que se las sabe todas. 


¿No se lo creen? Como dijo Don Mariano no hace mucho, háganme caso, les irá bien. En algún lugar de mi biblioteca guardo unas cartulinas en las que se reflejaban los informes que se hacían, en aquellos que hoy parecen maravillosos tiempos, a los clientes del desaparecido Banco Hispano Americano. Ya quisiera la policía de entonces tamaña exhaustividad y precisión. Se cubrían a mano reflejando los datos recabados y obtenidos porque entonces aún no había ordenadores, ni tarjetas de plástico, las multas de tráfico no tenías que pagarlas en un único banco, los recibos venían a cobrártelos a casa, las letras de cambio eran preavisadas… etc. etc. etc., todo sin cobrarte un duro y quedándote los bancos muy agradecidos. Así que, por una vez, imaginemos la distancia recorrida, lo que va de ayer a hoy, procurando no marearnos, al tiempo que pronunciamos, el número de veces que consideremos necesario, la jaculatoria aquella que rezaba de este modo: virgencita, virgencita que nos quedemos como estamos. A ver si así.


7 de mayo de 2015




Fuente: http://www.laregion.es/opinion/alfredoc/nuevs-siervos-gleba/20150507081503542299.html