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viernes, 27 de junio de 2014

LA POLÍTICA ES UNA DIMENSIÓN DE LA MORAL, AUTÓNOMA PERO NO INDEPENDIENTE

Reflexión europea




ForumLibertas.com |  Editorial

La destrucción moral que sufrimos nos impide captar la realidad de nuestra propia vida, de la sociedad, también en su dimensión material. No tenemos conciencia del grado de bienestar en el que vivimos a pesar de la crisis. Extraordinario, único en la historia de la humanidad, y reciente, muy reciente. Tiene menos de un siglo de vida, un instante en la escala temporal de una civilización. Repitámoslo. Desde el punto de vista material, todas las grandes conquistas de los visionarios y revolucionarios sociales de los siglos XIX y XX han sido agotadas en lo sustancial. Jornadas en cómputo anual muy por debajo de las 40 horas semanales, vacaciones pagadas con un agregado de días de fiesta que llega, incluso supera, al totalizar mes y medio al año. Sanidad gratuita para todos, y que a pesar de la crisis tiene unas prestaciones inimaginables, escuela también gratuita, o casi para quienes optan por la libertad de elegir. Seguro de desempleo, un beneficio que en tiempos históricos es de ahora mismo. Un amplio abanico de prestaciones sociales que en términos agregados configuran un verdadero salario social para un grupo importante de población, vivienda social, incluso muchos aspectos relacionados con el ocio y la cultura nos son ofrecidos gratuitamente o a muy bajo costo. ¿El comunismo en su formulación más utópica podría prometer más que todo eso?


Los actuales europeos formamos las generaciones vivas más numerosas que no ha conocido la guerra. Nos acompañan, claro, los que vivieron la última y más catastrófica conflagración, la del 1939-45, pero ya son una minoría de la población. Fue la última masacre europea, con más de sesenta millones de muertos. Haber superado esta lacra, el de las guerras europeas, es otro éxito magnífico, incuestionable. Algo concreto sí emborrona y no poco todo esto: la idea real de que las cargas y recompensas se distribuyen de una manera injusta, que algunas recompensas son desproporcionadas, y por el contrario otros esfuerzos mal pagados, que crece la pobreza, una pobreza relativa, es cierto, pero que castiga sobre todo porque ofende el contraste, y reina la preocupación de que todo esto tiende a aumentar. La desigualdad y la ausencia de solidaridad y justicia, que comienza por pagar a Hacienda lo que corresponde y a quienes gobiernan por disponer de una legislación fiscal que no facilite la injusticia. Hay que decir que los partidos no contemplan la realidad tal y como es ni ayudan a enfocarla para su mejora, sino que la exageran y distorsionan -unos mas que otros- en defensa de sus tesis.

Hay numerosos rincones oscuros en nuestra sociedad en los que impera la pobreza y la marginación, pero nunca hay que perder de vista que son la excepción y no la norma. Demasiado a menudo nuestra cultura parece empeñada en emitir un juicio general a partir de la excepcionalidad de una situación. Es una muestra más del horizonte de sentido perdido. Lo que es anómalo se transforma en lo que se define como normal, como general, incluso como deseable y digno de un trato privilegiado.

El problema radical de nuestro tiempo no comienza con el "sistema" socio-económico que tantas ventajas nos ha deparado en un pasado muy cercano. El problema radica en otro punto de aún más difícil solución. el sistema de valores que sustentaba el modelo económico, el capitalismo renano, estado del bienestar, economía social de mercado -varios son sus nombres y uno solo el proyecto-, ha cambiado. El orden moral, por decirlo en términos más precisos, ha sido fuertemente alterado por lo que podemos calificar de una verdadera cultura de la desvinculación. El problema no radica en la economía de mercado, la libre empresa, la propiedad privada. Sus defectos pueden ser mejorados si somos capaces de afrontar los grandes problemas reales, que son también causa de la crisis económica a la vez que dificultan el abordaje de las soluciones. En su quintaesencia, el modelo se fundamenta en cuatro pilares: la productividad, la competitividad, y la redistribución de la renta en términos monetarios y de prestación de servicios, y el crédito. Pero este es el último escalón. Para que funcione se necesitan unas condiciones pre-económicas enmarcadas por lo que se encuadra todo: el orden moral, que constituye el relato común dentro del que toma más sentido cada una de nuestras vidas. La desvinculación ha desarticulado este relato haciendo creer que lo mejor era la existencia de relatos individuales sin ninguna otra referencia que uno mismo. Una premisa incompatible no ya con la economía social de mercado sino en el propio capitalismo.

De esta afirmación de que la causa fundamental no está en el sistema económico no puede deducirse que éste no presente problemas, sino que el origen de éste y la falta de capacidad en las soluciones tienen una causa moral, la incapacidad por el bien y la justicia, que se traduce en el plano político, que es aquel en el que la moral se transforma en acción concreta y transformadora.

¿Qué ha sucedido para que vicios privados se transformen en un estrago público de tanta dimensión? Porque la pregunta clave es ésta. Avaros, ignorantes y mentirosos ha habido siempre, pero no es habitual que sean ellos los que configuren toda la sociedad, y condicionen su política. Por tanto, la verdadera batalla ha de darse en el campo del proyecto cultural y político, capaz de superar el desorden actual y regenerar un orden moral de valores y virtudes coherentes con el modelo de vida material en el que queremos vivir. Esta es la gran prioridad. Conectada a ella hay una segunda: los grandes grupos y las formas de actuar del poder que se han configurado en el proceso doble de globalización, y desvinculación, dificultan los cambios en el modelo económico, en primer término sobre la fiscalidad. 

Construcción de un nuevo orden moral, regeneración política y reforma económica: estos son los tres grandes ejes de fuerza que pueden llevarnos a un nuevo renacimiento.


20 de junio de 2014