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viernes, 19 de abril de 2013

DIARIO VATICANO/COLEGIALIDAD SÍ, DEMOCRACIA NO


Por primera vez en la historia, ocho cardenales de los cinco continentes aconsejarán al Papa respecto "al gobierno de la Iglesia universal". Pero no han sido elegidos. Los eligió el papa Francisco y será él solo quien tomará las decisiones 



por Sandro Magister




CIUDAD DEL VATICANO, 16 de abril de 2013 – La misma tarde de la elección como Papa de Jorge Mario Bergoglio, el cardenal Camillo Ruini declaró al diario declaró al diario "la Repubblica": 

"Hay un problema estructural, afrontado ya por el Concilio Vaticano II, pero al que todavía no se le ha encontrado una solución satisfactoria y estable: el de la relación entre el primado del Papa y el colegio de los obispos. Tengo mucha confianza en que Francisco sabrá dar un significativo paso adelante en esta dirección. 

"Está también el problema de la relación de la curia con el Papa, y también con los obispos de todo el mundo. Es clara una cosa: la curia no puede ser más que un instrumento al servicio del Papa, no un organismo de alguna manera autónomo y menos que menos un condicionante para el ejercicio del ministerio del sucesor de Pedro y para sus relaciones con el episcopado". 

A un mes exacto de ese 13 de marzo, con rapidez fulmínea, el nuevo Papa ha comenzado a poner en acción precisamente las dos innovaciones proyectadas en el acto de su elección, por Ruini y otros cardenales: 

"El Santo Padre Francisco, retomando una sugerencia surgida en el transcurso de las congregaciones generales anteriores al cónclave, ha constituido un grupo de cardenales para que lo aconsejen en el gobierno de la Iglesia universal y para estudiar un proyecto de revisión de la Constitución apostólica 'Pastor bonus' sobre la curia romana".

La noticia es de excepcional relevancia, si bien no ha sido dada con un solemne "motu proprio", sino – con la sobriedad de forma que caracteriza al actual pontificado – con un simple "comunicado de la Secretaría de Estado", divulgado el sábado 13 de abril. 

También haber llamado simplemente "grupo" a los consejeros purpurados nombrados por él es una "sutileza" típica del papa Bergoglio. 

Los ocho cardenales elegidos personalmente por el papa Francisco han sido listados siguiendo rigurosamente el orden alfabético. 

Ellos son: 

- el italiano Giuseppe Bertello, de 71 años de edad, desde setiembre del 2011 presidente de la gobernación del Estado de la Ciudad del Vaticano, luego de una brillante carrera en la diplomacia vaticana que culminó con el nombramiento como nuncio en Italia, querido personalmente por el cardenal secretario de Estado Tarcisio Bertone al comienzo de su mandato; [1]

- el chileno Francisco Javier Errázuriz Ossa, quien cumplirá 80 años de edad el próximo mes de setiembre, arzobispo de Santiago desde 1998 hasta el 2010, presidente del CELAM (el Consejo Episcopal Latinoamericano) desde el 2003 hasta julio del 2007, y en esta última función también presidente de su V Asamblea General celebrada en Aparecida en mayo del 2007, donde el entonces cardenal Bergoglio coordinó el grupo de trabajo que redactó el documento final; 

- el indio Oswald Gracias, de 69 años de edad, desde el año 2006 arzobispo de Mumbai/Bombay, desde el año 2010 presidente de la CBCI – la Conferencia Episcopal que agrupa a los obispos indios de los tres ritos – y desde el año 2011 presidente de la FABC, la Federación de las Conferencias de los Obispos de Asia, y también miembro electo, en el año 2012, de la Secretaría general en el Sínodo de los Obispos; 

- el alemán Reinhard Marx, de 60 años de edad, desde el año 2007 arzobispo de Munich-Freising y desde el año 2012 presidente de la Comisión de los Obispos de la Comunidad Europea, ingresado en las crónicas luego del cónclave por haber estigmatizado las “adulaciones cortesanas” presentes en algunas prácticas de la curia romana; 

- el congolés Laurent Monsengwo Pasinya, de 74 años de edad, desde el año 2007 arzobispo de Kinshasa (en la República Democrática del Congo); también él elegido como miembro de la Secretaría general del Sínodo celebrado en el año 2012; 

- el estadounidense Sean Patrick O’Malley, de 69 años de edad, capuchino, desde el año 2003 arzobispo de Boston, conocido por el estilo de vida austero y por haber reanimado los destinos de una diócesis devastada por el escándalo de los abusos sexuales; 

- el australiano George Pell, de 72 años de edad, desde el año 2001 arzobispo de Sydney, otro miembro electo de la Secretaría general del Sínodo celebrado en el año 2012; 

- el hondureño Oscar Andrés Rodríguez Maradiaga, de 71 años de edad, salesiano, desde el año 1993 arzobispo de Tegucigalpa, desde el año 1995 al año 1999 presidente del CELAM y desde el año 2007 presidente de Caritas Internationalis (en sus presentaciones ha tenido algunos conflictos con la curia romana). 

A éste último le ha sido confiada la "función de coordinador". 

Mientras que cumpliendo "con la función de secretario" el grupo de los ocho cardenales será co-ayudado por monseñor Marcello Semeraro, de 66 años de edad, desde el año 2004 obispo de Albano y desde el año 2007 presidente del Consejo de Administración del diario "Avvenire", cuya propiedad le pertenece a la Conferencia Episcopal Italiana. 

"La primera reunión colectiva del grupo – concluye la breve nota vaticana del 13 de abril – ha sido fijada para los días 1-3 de octubre del 2013. Pero Su Santidad está desde ahora en contacto con los mencionados cardenales". 

Quiere decir que la primera reunión formal se celebrará dentro de algunos meses, pero el “grupo” ya está operativo. 

Todos los cardenales elegidos son obviamente bien conocidos y estimados por el papa Francisco. Pero en modo particular lo son tres que tienen un prestigio especial. 

El único de los ocho que reside en Roma, Bertello, ha compartido con el actual pontífice una estrecha relación con el difunto arzobispo Ubaldo Calabresi, quien fuera nuncio en Argentina (bajo cuyo mandato Bergoglio llegó a obispo), luego de haberlo tenido como jefe de misión en las representaciones pontificias de Sudán y Venezuela al comienzo de su propia carrera diplomática. 

El “coordinador” del grupo, Rodríguez Maradiaga, ha sido uno de los primeros en ser invitado a un almuerzo íntimo por el recién elegido Papa. 

My fuerte es también la estima del pontífice por el "secretario" del grupo, Semeraro, una estima que nació en el Sínodo general del año 2001, en el que el entonces cardenal Bergoglio fue relator general adjunto y Semeraro, en esa época obispo de Oria, fue secretario especial. 

Con la sola excepción del australiano Pell, considerado el más conservador, todos los otros cardenales se inscriben en el campo moderado o progresista del Colegio Cardenalicio. 

De los ocho, el mismo Pell, Rodríguez Maradiaga y Errázuriz Ossa fueron creados cardenales por Juan Pablo II, los otros cinco por Benedicto XVI. 


El "grupo" constituido por el papa Francisco tiene que llevar a cabo dos tareas. La segunda es estudiar una reforma de la curia romana. Pero la primera es mucho más amplia y nueva: es “aconsejar” al Papa respecto “al gobierno de la Iglesia universal". Se trata de un mandato que no parece tener precedentes en la historia. 

En los años pasados, como también en el curso del último pre-cónclave, hubo quien había auspiciado la creación de un "consejo de la corona" que acompañara al Papa, al lado de la curia y del Sínodo. 

En una entrevista publicada en "30 Giorni", en el año 2007, el cardenal belga Godfried Danneels, quien participó como elector en los últimos dos cónclaves, dijo estar "convencido que reunir cada tanto alrededor del Papa a un pequeño consejo de personalidades de la Iglesia, provenientes de diversos países, cuyos miembros pudieran inclusive variar cada dos o tres años, sería para él una ayuda, para tener la certeza de poder advertir la temperatura de la Iglesia". 

Y agregó: 

"La curia no puede sentir y registrar esa temperatura, no es su tarea. Es cierto que ya están el Sínodo de los Obispos y el Colegio Cardenalicio. Pero lo que llamo el ‘consejo de la corona’ podría ser un instrumento más elástico, discreto y contingente, que ciertamente no está por encima del Papa, sino que es solamente un órgano de ayuda a su servicio". 

Ahora, la innovación lanzada por el papa Francisco parece retomar al menos en parte esta idea de un "consejo de la corona", aunque – y no hay que sorprenderse – con una denominación decididamente menos regia. 

Dicho esto, será necesario ver como se articulará la actividad de este nuevo “grupo” de aconsejar cuáles serán sus relaciones efectivas con la curia y cuál será el impacto concreto en el gobierno de la Iglesia universal. 


De todos modos, parece claro que la iniciativa emprendida por el papa Bergoglio no tiene nada de democratista. Es verdad que los ocho consejeros son en su mayor parte también titulares de cargos electivos en las Conferencias Episcopales nacionales y continentales o en el Sínodo, pero no ha sido éste el principal criterio de elección. Mucho más ha contado la relación personal con el Papa. También su poder será puramente consultivo, porque en definitiva será el Papa quien tome las decisiones.


La segunda tarea confiada al "grupo" de los ocho cardenales – no nueva pero también siempre relevante – es la de "estudiar un proyecto de revisión" de la Constitución apostólica Pastor bonus, con la que Juan Pablo II reformó en 1988 la estructura de la curia romana, a la luz del nuevo Código de Derecho Canónico, promulgado en 1984.

Lo que se perfila, entonces, es la cuarta intervención orgánica de reforma de la curia romana, nacida ésta, en el sentido moderno del término, en 1588 con la Constitución Immensa aeterni Dei, de Sixto V. 

Es la cuarta intervención luego de: 

- la Sapienti consilio, de san Pío X, promulgada en el año 1908, que sirvió para adecuar las estructuras de la curia, al desaparecer el Estado Pontificio y ser intervenida en el año 1870; 

- la Regimini ecclesiae universae, promulgada por Pablo VI en 1976, con la intención de adecuar la curia a todo lo que había sido establecido por el Concilio Vaticano II, institucionalizando el rol predominante de la Secretaría de Estado sobre los otros dicasterios; 

- la Pastor bonus, del año 1988, que más allá de algunas actualizaciones estructurales confirmó el rol guía de la Secretaría de Estado en el gobierno de la curia. 

La reforma de san Pío X, quien fue elevado al papado en el año 1903, fue realizada en un año, entre los años 1907 y 1908. 

La de Pablo VI, anunciada por el papa Giovanni Battista Montini inmediatamente después de su elección en 1963, necesitó cuatro años de intenso trabajo de una expresa comisión cardenalicia formada por tres purpurados. 

Una análoga comisión cardenalicia instituida por el papa Karol Wojtyla en el año 1985, presidida por el cardenal Sebastiano Baggio, empleó en definitiva tres años para arribar a la Pastor bonus. 

De los ocho purpurados elegidos por el papa Francisco, sólo uno ocupa un cargo en Roma. Es Bertello, pero que cubre el rol formalmente no curial de presidente del gobernatorio del Estado de la Ciudad del Vaticano. 

Y sólo otro ha trabajado anteriormente en la curia: Errázuriz Ossa, quien fue secretario de la Congregación para los religiosos en el quinquenio 1991-1996. 

Mientras que solamente dos – Bertello y Gracias – han conseguido títulos de estudio en Derecho canónico, aunque no pueden ser considerados verdadera y precisamente canonistas. 

Lo que se perfila, entonces, es un equipo de reformadores de la curia romana preferentemente externos a la curia misma y sin específicas competencias jurídicas. Tal elección no parece casual, sino querida por el pontífice. 

Si bien resulta claro que es prematuro identificar cuáles serán los contenidos de las reformas de la curia romana, se puede de todos modos imaginar que serán afrontados al menos tres capítulos: 

- la significativa reducción de los dicasterios curiales;
- un rol menos sofocante de la curia romana respecto a las Iglesias locales;
- el retorno a una mayor colegialidad interna en la curia. 

Respecto a este último punto, se nota que el papa Bergoglio ya ha vuelto a recibir en audiencias fijadas por lista a todos los jefes de dicasterios. 

Fue Juan XXIII quien hizo caer en desuso esta práctica, confiando de hecho a la Secretaría de Estado el rol de filtro entre los dicasterios y el Papa. 

Últimamente sólo los prefectos de la Congregación de la Doctrina de la Fe y de la Congregación de los Obispos fueron recibidos en audiencia a ritmo semanal, y a ritmos más espaciados los prefectos de "Propaganda Fide" y de las Iglesias orientales. 

Pero además de esto podrá haber otras novedades, porque en este campo – como ya se ha entendido – el papa Francisco no dejará de sorprender. 

__________


Traducción en español de José Arturo Quarracino, Buenos Aires, Argentina. 


Fuente: http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1350500?sp=y

[1] El 27 de diciembre de 2000, fue nombrado nuncio apostólico en México por Juan Pablo II, donde permaneció por 6 años (nota del blogger)

viernes, 12 de abril de 2013

LA REFORMA DE LA CURIA YA HA EMPEZADO



Se comprende por los primeros actos realizados por el Papa Francisco, todos ellos de ruptura, incluida su decisión de no alojarse en el apartamento pontificio 

Por Sandro Magister


CIUDAD DEL VATICANO, 8 de abril de 2013 – Además de la inédita elección del nombre Francisco, el Papa Jorge Mario Bergoglio está imprimiendo al gobierno central de la Iglesia, desde el primer momento, innovaciones que en la curia miran con ansiedad, por no decir con terror. 

La elección de no vivir en el apartamento pontificio del tercer piso del Palacio Apostólico y de seguir residiendo en la Domus Sanctae Marthae, que lo había hospedado como cardenal durante el cónclave, es de por sí un acto de ruptura. 

En la práctica, esta elección permite al nuevo Papa sustraerse físicamente a la presión burocrática que, si se hubiera trasladado allí arriba, correría el riesgo de desbaratar su vida y ahogar su efectiva capacidad de gobierno. 

Sería interesante saber si y cuánto se han reducido ya en volumen y peso las valijas de documentos que cada día la secretaría de Estado suele llevar al escritorio del Papa, a fin de presentarle textos para estudiar, aprobar, autentificar, etc. 

No sería extraño pensar que el estilo sobrio y austero del primer pontífice jesuita de la historia obligue a los despachos de la secretaría a reducir al mínimo los dossiers que hay que someter a su consideración. 

*

El estilo innovador del Papa Francisco suscita, además, algunas preguntas sobre cómo podrá explicarse este estilo en algunos sectores específicos del gobierno de la Iglesia universal. 

Pues aunque Bergoglio ame definirse obispo de Roma, a todos los efectos actúa y se mueve como Papa. 

Esto se ha comprobado en la rapidez con la que ha elegido a su sucesor en Buenos Aires, actuando, efectivamente, como pastor de la Iglesia universal. 

Desde luego, el nombramiento no ha pasado la criba de la congregación para los obispos; y no parece tampoco haber llegado tras una amplia consulta ni entre los obispos de la relativa provincia eclesiástica, ni entre el clero y el pueblo cristiano de Buenos Aires. 

Y lo mismo se puede decir del segundo nombramiento episcopal del pontificado: el nuevo obispo de Vilnius, en Lituania. 

El 5 de abril, en el lugar del dimisionario cardenal Audrys Backis, de 76 años, el Papa Bergoglio nombró al joven Gintaras Grusas, de 52 años, desde el 2010 ordinario militar del país báltico y pupilo del cardenal. Parece ser que tampoco este nombramiento ha pasado la criba de la congregación. 

Después de estos precedentes, será interesante verificar cuál será la praxis del nuevo Papa en lo que concierne a los nombramientos episcopales en el mundo y a la creación de nuevos cardenales. 

¿Seguirá sintiéndose vinculado al techo de los 120 cardenales electores establecido hace cincuenta años? ¿Concederá más púrpuras a las Iglesias locales en detrimento de la curia? ¿Continuará premiando a las sedes tradicionalmente cardenalicias o apostará más sobre las personas que sobre las diócesis? ¿Seguirá teniendo Italia nueve diócesis cardenalicias y un peso preponderante en el sacro colegio? 

Respecto a Italia, será interesante ver si y cómo el Papa Francisco, que tiene también el título de primado de Italia, seguirá reservando para sí el poder de nombrar al presidente y al secretario de la conferencia episcopal. 

El episcopado italiano, de hecho, es el único en el mundo en el que ambos cargos no son electivos, sino de nombramiento pontificio. 

Respecto a esto, es sabido que en 1983 Juan Pablo II pidió a los obispos italianos si querían elegir ellos mismos el presidente y el secretario y, efectivamente, la mayoría votó a favor de esta posibilidad, pero luego no se hizo nada en mérito. 

Quién sabe si ahora, en nombre de la colegialidad, la cuestión será desenterrada y de qué manera: con plena libertad de elección acordada a los obispos, o bien atribuyendo a los obispos la indicación de una terna de nombre entre los cuales el Papa decidirá. 


Otro de los cambios podría concernir a la congregación para la doctrina de la fe. 

Con Joseph Ratzinger, primero cardenal y luego Papa, la congregación ha tenido un papel de gran importancia en el gobierno de la Iglesia universal: 

- en la elaboración de documentos dedicados a los llamados temas no negociables, como las instrucciones "Donum vitae" de 1987 y "Dignitas personae" de 2008, o las notas doctrinales sobre los católicos en la vida política de 2002 y sobre la legalización de las uniones homosexuales de 2003; 

- con censuras adoptadas respecto a una veintena de obras teológicas, algunas de las cuales escritas por jesuitas, a saber: por Anthony de Mello en 1998, Jacques Dupuis en 2001, Roger Haight en 2004 y Jon Sobrino en 2006; 

- con una penetrante acción judicial respecto a los llamados “delicta graviora” entre los cuales la pedofilia, con las severas normas aprobadas en 2001 y actualizadas en 2010. 

Ahora, con el Papa Francisco, ¿qué pasará? 

Con un inusual comunicado difundido el 5 de abril, después de la primera audiencia programada del Papa Francisco con el prefecto, el arzobispo Gerhard Ludwig Müller (en la foto), la congregación para la doctrina de la fe ha querido poner de relieve que en la lucha contra los abusos sexuales cometidos por clérigos sobre menores se mantendrán firmes las líneas intransigentes de Joseph Ratzinger. 

Pero más allá del comunicado - emitido probablemente para disipar cualquier posible recelo de discontinuidad en la materia respecto al pontificado precedente - ahora, concretamente, con el Papa Francisco, ¿qué pasará? 

La congregación, ¿persistirá y seguirá trabajando a pleno ritmo como tribunal eclesiástico centralizado para los "delicta graviora", o delegará de nuevo esta tarea en los obispos locales? 

¿Seguirá interviniendo sobre cuestiones "no negociables" de la vida y de la familia, o se considerará satisfecha con los documentos ya publicados en el pasado? 

¿Seguirá censurando los errores de los teólogos y teólogas, o se limitará a un papel exhortatorio?

Más aún, ¿seguirá la congregación controlando de manera preventiva los textos del Papa Francisco como hacía con los Papas precedentes? 

En pocas palabras, ¿asistiremos, como dan a entender algunas señales, a una reorganización significativa de la congregación para la doctrina de la fe? 

*

Durante el pontificado de Benedicto XVI se han emprendido, en campo litúrgico, iniciativas que han suscitado fuertes resistencias, como el caso del motu proprio "Summorum Pontificum", que ha dado nuevamente plena dignidad en la Iglesia latina a los libros litúrgicos pre-conciliares. O como la firmeza en exigir traducciones más fieles al original latino en los misales en lengua vernácula, con una especial atención a la traducción del “pro multis” en las palabras de la consagración. ¿Qué pasará ahora? 

Y con el Papa Francisco, primer Papa proveniente de una orden religiosa desde mediados del siglo XIX, ¿cómo acabará la visita apostólica a las religiosas de los Estados Unidos, promovida en los últimos años por la congregación vaticana para los religiosos?

En especial, ¿cuál será la "misión" del nuevo secretario de la congregación, el franciscano español José Rodríguez Carballo, nombrado el 6 de abril? 

El nombramiento de Rodríguez Carballo ha sido el primero de la curia que ha hecho el Papa Francisco, que con él ha llenado el vacío dejado por el redentorista americano Joseph William Tobin, enviado de nuevo el pasado octubre a los Estados Unidos como arzobispo de Indianápolis por Benedicto XVI, que sin embargo lo había llamado para el cargo, después de que se hubiera mostrado demasiado blando respecto a las religiosas connacionales. 

La elección de Rodríguez Carballo parece que no se debe tanto al hecho de ser ministro general de los frailes menores cuanto el hecho de haber sido elegido el año pasado presidente de la Unión de los superiores generales, la máxima expresión colegial del amplio y variado mundo de los religiosos. 

Nombrándole a él, el Papa Francisco no ha continuado la fase instructora preparada en los últimos meses del pontificado de Benedicto XVI, en la cual estaba en "pole position" para el cargo de secretario de la congregación de los religiosos la figura de un dominico de origen estadounidense. 

Y ahora, cambiando de tema, ¿qué pasará con los coloquios con la Fraternidad San Pío X de los seguidores de monseñor Lefebvre? Hasta ahora, el Papa Francisco ha citado el Concilio Vaticano II sólo de forma esporádica: en su primer mensaje a la comunidad hebrea de Roma y en el discurso a las delegaciones de las Iglesias y comunidades cristianas que han asistido a su misa de inicio de pontificado. Él no participó en el Concilio y fue ordenado sacerdote después del mismo. No parece particularmente preocupado por su hermenéutica, a la cual en cambio Benedicto XVI se entregó mucho. En su diócesis de Buenos Aires se ha mostrado más bien tolerante respecto a los sacerdotes tradicionalistas. ¿Qué pasará ahora? 

Estas son algunas de las preguntas que han suscitado el estilo de gobierno introducido por el Papa Francisco al inicio de su pontificado. 

Otras se refieren a los esperados nombramientos y reformas curiales. ¿Cuándo tomarán cuerpo? ¿Antes o después del verano? ¿Se reducirá por fin la desmesurada producción de documentos papales y curiales? ¿De qué modo se reestructurarán los entes con competencias financieras, empezando por el tristemente célebre banco vaticano, el Instituto para las Obras de Religión? ¿Se reducirá el número de las beatificaciones y canonizaciones? ¿Se desbloqueará la causa sobre el martirio de Oscar Arnulfo Romero, bloqueada hace tiempo por la congregación para la doctrina de la fe, guiada entonces por Ratzinger? 

Las respuestas llegarán con el tiempo, y no faltarán las sorpresas. Es una apuesta. 


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Documentación:

El comunicado del 5 de abril de la congregación para la doctrina de la fe:

> "Il Santo Padre…"

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Para mayores detalles sobre cómo la conferencia episcopal italiana debatió y votó sobre el procedimiento de nombramiento del presidente y del secretario:

> Diario Vaticano / El Papa confirma a su lugarteniente en Italia

(7.3.2012)

Sobre la actividad de la congregación para la doctrina de la fe en los años de Joseph Ratzinger cardenal y Papa:

> Diario Vaticano / El Santo Oficio al alcance del mouse (2.4.2012)

Sobre la traducción querida por Benedicto XVI del "pro multis" en las palabras de la consagración:

> "Por muchos" vence sobre "por todos". Sin embargo, hay quien no se rinde (20.1.2013)

Sobre la visita apostólica a las religiosas de los Estados Unidos:

> Diario Vaticano / El Santo Oficio castiga a las hermanas americanas (30.4.2012)

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Traducción en español de Helena Faccia Serrano, Alcalá de Henares, España.

Fuente: http://chiesa.espresso.repubblica.it/articolo/1350494?sp=y