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jueves, 8 de diciembre de 2016

VERDADES Y MITOS SOBRE LA TILMA DE JUAN DIEGO






Si bien la imagen de la Virgen de Guadalupe es una obra inexplicable de elaboración, conservación e interpretación, ya que es un códice náhuatl en sí. No deja de ser una imagen, a la que personas de buena o mala fe, le han atribuido una serie de propiedades que la convertirían en una "imagen viviente", lo que es inaceptable para las enseñanzas de la Iglesia Católica, que no fomenta la veneración y la adoración de las imágenes (idolatría), sino de la personas que ellas representan, recordando que se venera a los santos y a la Madre de Dios y únicamente se adora a Dios. Por esta razón el Dr. Eduardo Chávez* nos aclara de ciertos dichos que circulan en las redes cuales son mitos y cuales verdades:


1-Se dice: 

"Estudios oftalmológicos realizados a los ojos de María han detectado que al acercarles luz, la retina se contrae y al retirar la luz, se vuelve a dilatar, exactamente como ocurre en un ojo vivo." 

Respuesta: Esto es falso. No existe ninguna prueba de que esto ocurra; de hecho, cuando yo inspeccioné la Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe de manera directa en 1998, dentro del Proceso de Canonización de San Juan Diego, fue comprobado que no se da este fenómeno. 

2-Se dice: 

"La temperatura de la fibra de maguey con que está construida la tilma mantiene una temperatura constante de 36,6 grados, la misma que el cuerpo de una persona viva." 


Respuesta: Esto es falso. En primer lugar, no existe ninguna prueba de que la tilma tenga una temperatura de 36,6 grados. En segundo lugar, la tilma de San Juan Diego no está confeccionada de fibra de maguey, sino de fibra de "Agave Popotule" como lo ha comprobado el Dr. Isaac Ochoterena (Cfr. Dr. I. Ochoterena, Análisis de unas fibras del ayate de Juan Diego o Icono de Nuestra Señora de Guadalupe, realizado por el Instituto de Biología de la UNAM, México a 7 de junio de 1946, Dirección del Instituto de Biología, UNAM, oficio 242, exp. 812.2/-2, en archivo para la causa de canonización de Juan Diego, en la CCS, Santa Sede); también se le llama planta de ixtle. 

3-Se dice: 

"Uno de los médicos que analizó la tilma colocó un estetoscopio debajo de la cinta que María posse (señal de que está encinta) y escuchó latidos que rítmicamente se repiten a 115 pulsaciones por minuto."


Respuesta: Esto es falso. No existe ninguna prueba que demuestre este hecho; además, simplemente por la cinta que tiene la Imagen de Santa María de Guadalupe es suficiente para manifestar que está efectivamente "encinta" de Jesucristo; pero no hay tal prueba ni experimento sobre las palpitaciones en su vientre. 

4-Se dice: 

"No se ha descubierto ningún rastro de pintura en la tela. De hecho, a una distancia de 10 centímetros de la imagen, sólo se ve la tela de maguey en crudo. Los colores desaparecen. Estudios científicos no logran descubrir el origen de la coloración que forma la imagen, ni la forma en que la misma fue pintada. No se detectan rastros de pinceladas de otra técnica de pintura conocida." 

Respuesta: En este número hay varias afirmaciones, unas son totalmente falsas e imprecisas. Es totalmente falso que a una distancia de 10 centímetros, sólo se vea la tela de maguey crudo y que los colores desaparecen. Por otro lado, ciertamente no se han descubierto el origen de la coloración ni la forma en que fue pintada (para ser más precisos, se debería decir: ni la forma en que se plasmó o se imprimió en la tilma, pues efectivamente no hay pinceladas ni brochazos). Sobre la técnica o técnicas de esta estampación, es decir, la Imagen de Santa María de Guadalupe, no se tiene precisión, aunque el gran pintor oaxaqueño del siglo XVIII, Miguel Cabrera en su libro "Maravilla Americana" publicado en 1756, trata de acercarse a este punto, señalando que para él hay cuatro técnicas de pintura: óleo, temple, aguazo y labrada al temple; pero, ciertamente no existen pruebas contundentes e este respecto. 

Si bien, es sorprendente de que no se encuentren pinceladas o brochazos en la Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe que está estampada en la Tilma de San Juan Diego, y además, el hecho de que no se sabe de qué técnica o técnicas pictóricas se tratan; hay otra cosa que también sorprende mucho y es el de advertir que el zapato de la Virgen, que se aprecia pisando en la luna, no tiene ningún tipo de color, simplemente es la tilma cruda. Todo esto es inexplicable. 

5-Se dice: 

"Se ha hecho pasar un rayo láser en forma lateral sobre la tela, detectándose que la coloración de la misma no está ni en el anverso ni en el reverso, sino que los colores flotan a una distancia de tres décimas de milímetro sobre el tejido sin tocarlo, los colores flotan en el aire sobre la superficie de la tilma." 

Respuesta: Esto es totalmente falso. No es verdad de que se le haya pasado un rayo láser y mucho menos que los colores están flotando; al contrario, los colores pasan hasta el otro lado de la tilma de San Juan Diego y con esto se comprueba que la Imagen de Santa María de Guadalupe está en una tela totalmente inapropiada para realizar una obra como ésta y además sin ningún tipo de preparación o de "aparejo" como se decía en el siglo XVI; esto es lo sorprendente, una tela inapropiada, con agujeros, desperfectos e incluso una costura burda que cruza por en medio de arriba a abajo, que no tiene preparación y los colores penetran hasta el otro lado y lo sorprendente es que la Imagen "aprovecha" de esos defectos, ya que algunos agujeros hacen de "sombras", nudos de los hilos de la tilma ayudan a ver más hermosos algunos rasgos como el labio inferior del bello rostro de Santa María de Guadalupe, esto es lo verdaderamente sorprendente. 

6-Se dice: 

"La fibra de maguey que constituye la tela de la imagen, no puede perdurar más que 20 o 30 años. Hace varios siglos que se pintó una réplica de la imagen en una tela de fibra de maguey similar, y la misma se desintegro después de varias décadas. Mientras tanto, a casi 500 años del milagro, la imagen de María sigue tan firme como el primer día. La ciencia no se explica el origen de la incorruptibilidad de la tela."

Respuesta: Básicamente es verdad, aunque con varias imprecisiones, empecemos por recordar que es una fibra de agave o ixtle y no exactamente del maguey que conocemos, sobre el experimento que se realizó hace varios siglos, seguramente se está hablando del que realizó el Dr. José Ignacio Bartolache en 1787, quien mandó realizar copias tratando de que fueran lo más similar a la imagen original y colocó dos de estas copias en el mismo Tepeyac, una en la construcción que se llama "El Pocito" y otra en el santuario de Santa María de Guadalupe; pero estas copias no duraron ni diez años, manifestando lo sorprendente de la incorruptibilidad de la Imagen original (Cfr. José Ignacio Bartolache y Díaz de Artolache y Días Posada, manifestó satisfactorio u Opúsculo Guadalupano, en Ernesto de la Torre Villar y Ramiro Navarro De Anda, Testimonios Históricos Guadalupanos, Ed.FCE ,México, 1982). 

7- Se dice: 

"En el año de 1791 se vuelca accidentalmente ácido muriático en el lado superior derecho de la tela. En un lapso de 30 días, sin tratamiento alguno, se reconstruye milagrosamente el tejido dañado." 

Respuesta: Esto es impreciso, ya que no fue en 1791,sino que fue en 1785, cuando se derramó, accidentalmente, Aguafuerte sobre el lado izquierdo de la Imagen, en donde todavía existe la huella de este incidente. Treinta y cinco años después, en 1820 se levantó todo un Informe notariado sobre este hecho prodigioso, donde se manifiesta que a la tela no le pasó nada (aunque permanece una sutil mancha que se puede observar a simple vista y por la parte de atrás de la tilma se observa esa misma mancha con gran fuerza ya que está negra), así que es falso que se haya dañado la tela y treinta días se haya reconstruido, es más sorprendente que el ácido no la dañó en nada, ni a la tela ni a la imagen. (Cfr. Instrumento Jurídico sobre el agua fuerte que se derramó, casualmente, hace muchos años, sobre el Sagrado lienzo de la portentosa Imagen de N.Sra. de Guadalupe de México, 1820, HGB, Correspondencia con el Supremo Gobierno,caja 3, Exp. 54).

8-Se dice: 

"Las estrellas visibles en el Manto de María reflejan la exacta configuración y posición que el cielo de México presentaba en el día en que se produjo la estampación." 

Respuesta: Esto es verdad. Todavía resulta más interesante cuando se ha demostrado por el Dr. Juan Homero Hernández Illescas, que se pueden cotejar las constelaciones de aquel 12 de diciembre de 1531 en las estrellas del manto de la Virgen, pero vistas de arriba hacia abajo, como si estuviéramos mirando con los ojos de Dios hacia el Tepeyac. (Cfr. Juan Homero Hernández Illescas; Mario Rojas Sánchez y Enrique R. Salazar s., La Virgen de Guadalupe y las estrellas, Ed. Centro de Estudios Guadalupanos, México 1995). 

9-Se dice:

"A inicios del siglo XX, un hombre escondió una bomba de alto poder entre un arreglo floral, en cual colocó a los pies de la tilma. La explosión destruyó todo el alrededor, menos la tilma, que permaneció en perfecto estado de conservación." 

Respuesta: Esto es verdad. El atentado que sufrió la Imagen la mañana del 14 de noviembre de 1921, "cuando una bomba fue detonada en la misma Basílica de Guadalupe; Luciano Pérez Carpio, empleado de la Secretaría Particular de la Presidencia, protegido por soldados disfrazados de civiles, fue quien puso la bomba a los pies de la Imagen de la Virgen de Guadalupe, la explosión fue de tal magnitud que se escuchó en un radio de un kilómetro a la redonda; a Imagen de la Virgen de Guadalupe no le pasó absolutamente nada, no así a los candelabros y al crucifijo de bronce que estaban en el altar, los cuales quedaron doblados por el impacto." (Cfr. Eduardo Chávez Sánchez, la Iglesia de México entre dictaduras, revoluciones y persecuciones, Ed. Porrúa, México 1998). 

Actualmente, el crucifijo de bronce está expuesto al público en el mismo recinto de la Basílica. Resulta más que increíble que se haya pretendido destruir la Imagen de Santa María de Guadalupe utilizando dinamita oculta, precisamente, en medio de un ramo de flores , es decir, utilizar exactamente el mismo signo elegido por María para dar prueba de la verdad y el amor de Dios, y ahora ser utilizado para intentar destruirla totalmente. 

10-Se dice: 

"La ciencia descubrió que los ojos de María poseen los tres efectos de refracción de la imagen de un ojo vivo." 

Respuesta: Esto es verdad, se ha descubierto por expertos oftalmólogos de México, este fenómeno de ver los reflejos de las imágenes en los dos ojos, como ocurre en los ojos de un ser humano vivo, como por ejemplo el Dr. Manuel Torroella, el Dr. Enrique Graue, el Dr. Rafael Torrija, el Dr. Jorge Antonio Escalante, etc. El reflejo en los ojos de los seres vivos fue un fenómeno que descubrieron Purkinje y Sansón y, precisamente, este fenómeno se da en los ojos de la Imagen de Santa María de Guadalupe.

*Canónigo, Doctor en Historia, nahuatlato, practicante de la pintura, postulador para la causa de canonización de San Juan Diego y director del Instituto Superior de Estudios Guadalupanos.


(En el fondo se puede apreciar una reconstrucción de México-Tenochtitlan en la época de las apariciones del Tepeyac.) 

miércoles, 9 de diciembre de 2015

EN LA OSCURIDAD, SURGE LA `ESTRELLA DE LA EVANGELIZACIÓN´

"NICAN MOPOHUA..." "AQUÍ SE NARRA"


La colonización o llegada de Hernán Cortés a Veracruz, Diego Rivera 1951


Ante el clamor del obispo fray Juan de Zumárraga en ese año de 1529: “si Dios no provee con remedio de su mano está la tierra en punto de perderse totalmente”[1], Dios interviene por medio de lo más amado para Él su propia Madre. Ella, la primera discípula y misionera del Amor de Dios, es la Estrella de la Evangelización, la Estrella de la Esperanza.

Si bien, una aparición escapa a la razón y trasciende la historia; no se puede negar su repercusión, por lo que se pueden estudiar los rastros, los signos y los elementos, que haya dejado y con los cuales haya marcado la historia.

Actualmente se conservan muchos documentos históricos del siglo XVI en los que se manifiesta ese momento maravilloso de la intervención divina; un Dios que toma la iniciativa de encontrase con el ser humano por medio de Su Madre, Santa María de Guadalupe, quien ha elegido a un indígena macehual, humilde y sencillo con un alma transparente y candorosa, Juan Diego Cuauhtlatoatzin. Varias son las fuentes históricas que nos hablan de Juan Diego, de su esposa María Lucía, de su tío paterno Juan Bernardino, etc. Uno de los documentos históricos más destacados es el llamado Nican Mopohua, que significa: “Aquí se narra” o “Aquí se relata”; en este documento se describe de la manera más bella, más plena y mejor lograda, este maravilloso encuentro entre Dios y el ser humano por medio de Santa María de Guadalupe.

El Nican Mopohua está escrito en la lengua náhuatl noble; lengua bella y elegante, como decía fray Rodrigo de la Cruz: “lengua elegantísima, tanto como cuantas hay en el mundo”[2], o como afirmaba fray Alonso de Molina: “es tan copiosa, tan elegante, y de tanto artificio y primor de sus metáforas y manera de decir.”[3] El náhuatl no necesita muchas palabras para expresar los hechos con fuerza y profundidad, conjuntando amor, ternura y delicadeza, con majestuosidad y solemnidad; además, el náhuatl puede conjuntar varias palabras en una sola para así expresar de manera clara, nuevos conceptos; asimismo, con facilidad y elegancia se pueden articular todos los matices de las relaciones humanas. También de esto nos hace referencia Miguel León-Portilla, quien dice: “el náhuatl, así como el griego y el alemán son lenguas que no oponen resistencia a la formación de largos compuestos a base de yuxtaposición de varios radicales, de prefijos, sufijos e infijos, para expresar así una compleja relación conceptual con una sola palabra, que llega a ser con frecuencia verdadero prodigio de <<ingeniería lingüística>>.[4]

El autor de esta maravillosa obra fue Antonio Valeriano, indígena sabio que nació en Azcapotzalco entre 1522 y 1526 y murió en 1605; Valeriano se educó en un instituto fundado por los franciscanos, Colegio de la Santa Cruz en Tlatelolco, al cual ingresó en 1536; fue contemporáneo de san Juan Diego y de quien escuchó exactamente lo que pasó esos días del sábado 9 al 12 de diciembre de 1531, en el cerro del Tepeyac que se encuentra ubicado al norte de la Ciudad de México. Juan Diego nunca dejó de transmitir su experiencia y el encuentro que tuvo con Santa María de Guadalupe, hasta que murió en el año de 1548; es decir, durante 17 años, san Juan Diego fue constante en su misión, atendiendo la ermita y manifestando su experiencia, llevando una vida contemplativa de profunda oración y, al mismo tiempo, una vida activa de gran devoción. Este importante documento coincide esencialmente con tantos otros documentos de los cuales hacemos referencia en esta misma obra. Fue hasta 1649 cuando el bachiller Luis Lasso de la Vega publicó por primera vez esta obra maestra, no la inventó ni él, ni el P. Miguel Sánchez, quien un año antes, en 1648, había publicado algunos rasgos sobre el Acontecimiento Guadalupano. Los dos autores, así como, los sacerdotes que aprobaron su obra para ser impresa, dijeron claramente que habían tomado noticias de códices, así como, de la tradición antigua, general y universal. En la obra de Luis Lasso de la Vega, también se publican otros textos complementarios al Acontecimiento Guadalupano, por demás interesantes. Se conservan varios documentos históricos que concuerdan con el contenido que expone el Nican Mopohua e incluso son un verdadero complemento; como por ejemplo, la obra que lleva por título: Nican Motecpana[5] que escribió Fernando de Alva Ixtlilxóxhitl, quien la compuso entre 1590 y 1600, y viene a ser una continuación del Nican Mopohua.





Pero regresemos al Nican Mopohua donde podemos notar toda la riqueza del náhuatl, desde la ternura, el cariño y la emoción en los diálogos que se descubren entre Santa María de Guadalupe y san Juan Diego, hasta la solemnidad de sus encuentros con el obispo fray Juan de Zumárraga; son expresiones que los indígenas entienden de manera rápida, profunda y clara.

Para entender los contenidos más exactos del Nican Mopohua, en la presente obra se han analizado cada una de las más importantes traducciones para llevar a una redacción final que comprende los más interesantes y significativos aspectos de la misma cultura y la manera de entender cada expresión, llegar al profundo sentido de las mismas y captar lo más exacto de lo que percibieron sus primeros destinatarios, nuestros antepasados indios y desde ahí participar este mensaje al mundo entero, a todo ser humano. Por ello la traducción que en esta obra se ofrece trata de ser la más depurada, con los contenidos más precisos de este importante documento.

También es importante señalar que los elementos de interpretación, así como, los profundos contenidos que nos presenta el Acontecimiento Guadalupano son de tal coherencia y convergencia, que alguno pensará si no será acaso de una exacerbada fantasía o invento de un corazón atemorizado que necesita crear a su propio “dios” o conclusiones forzadas de una mentalidad preconcebida. Ciertamente, la metodología de las ciencias históricas que implica el investigar profundamente las fuentes, así como la convergencia de las mismas, nos ayudan a ser estrictos en la búsqueda de la verdad rechazando cualquier conclusión o comentario infundado, erróneo o fantasioso; además las ciencias complementarias como son la filosofía, la teología, la antropología, etc., nos ofrecen una seguridad y una certeza de una sana y verdadera interpretación en el análisis de éste que es el modelo de evangelización perfectamente inculturada, máxime en uno de los documentos más importantes como es el Nican Mopohua.

También es oportuno señalar que la “aparición” es algo que se manifiesta inesperadamente, se deja ver de manera inmediata, y la “revelación” es quitar el velo y dejar ver con claridad, así como, el confiar alguna verdad. Jesucristo es quien nos ha revelado todo y para siempre, en plenitud; y todo lo que reveló se encuentra en el Evangelio y en lo que posteriormente, transmitieron los apóstoles tanto en sus propios escritos como lo que dejaron en la memoria de sus discípulos, lo que llamamos “Tradición”; sin embargo, Dios no ha quedado mudo, ya que trasciende tiempos y espacios, por lo que Él continúa hablando y actuando a favor de sus hijos.

Se descubren, como indica el concilio Vaticano II, “las semillas de la palabra” o “las semillas del Verbo”, en las distintas culturas religiosas, en las cuales es necesario purificar de los errores y dar plenitud a la verdad que Dios ha sembrado en ellas, en Jesucristo nuestro Señor. En el Concilio se explicita: “únanse [los cristianos] con aquellos hombres [los no cristianos] por el aprecio y la caridad; siéntanse miembros del grupo humano en el que viven y tomen parte en la vida cultural y social […] familiarícense con sus tradiciones nacionales y religiosas; descubran con gozo y respeto, las semillas de la Palabra que en ella se contienen […] deben conocer a los hombres entre los que viven y conversar con ellos para advertir, en diálogo sincero y paciente, las riquezas que Dios generoso ha distribuido a las gentes y, al mismo tiempo, han de esforzarse por examinar estas riquezas con la luz evangélica, liberarlas y reducirlas al dominio de Dios Salvador”.[6]




Es comprensible, que los primeros frailes misioneros no pudieran contemplar nada bueno, ninguna “semilla del Verbo”, en los sacrificios humanos, que formaban parte central de la religiosidad de la cultura de los pueblos indígenas de México; incluso; si en nuestros días, nosotros llegáramos a presenciar como a un pobre individuo lo sujetan a una piedra y con un cuchillo le abren el pecho, sacan el corazón y la sangre, reaccionaríamos con terror, y por supuesto no hubiéramos visto nada bueno en un rito semejante que, paradójicamente, para ellos, era estar del lado del Sol y, por lo tanto, del lado del Bien,[7] ahora pensemos en los frailes del siglo XVI que efectivamente se toparon con estas terribles experiencias. Como ya vimos, para los frailes de aquella época era poco menos que imposible captar algo bueno en la esencia de las creencias religiosas de los indígenas. Simplemente, para ellos eran diabólicos ritos y sanguinarias celebraciones satánicas, como se reflejan el documento llamado los Coloquios, donde se conservan las palabras de los franciscanos recién llegados a México y quienes buscaban salvar las almas de los indígenas de estos diablos: “Si vosotros queréis ver y admiraros de este reino y riquezas de aquel por quien todos vivimos, nuestro Señor Jesucristo, ante todas las cosas os es muy necesario desprecias y aborrecer, desechar y abominar y escupir todos estos que ahora tenéis por dioses y adoráis, porque a la verdad no son dioses, sino engañadores y burladores, y también os es muy necesario que os apartéis y desechéis todos los pecados de cualquier manera que sean, porque todos ellos enojan a Jesucristo, y es también menester que os purifiquéis de todas vuestras suciedades, con el agua de Dios.”[8] Y más adelante eran contundentes: “nunca ha venido a vuestra noticia la doctrina y palabras del Señor del cielo y de la tierra, y vivís como ciegos entenebrecidos, metidos en muy espesas tinieblas de gran ignorancia, y hasta ahora alguna excusa han tenido vuestros errores; pero si no quisiéredes oír las palabras divinas que ese mismo Dios os envía y darles el crédito y reverencia que se les debe, de aquí en adelante vuestros errores no tienen excusa alguna y nuestro señor Dios que os [ha] comenzado a destruir por vuestros grandes pecados os acabará.”[9] Como vemos, era sumamente difícil, si no que imposible, que los frailes buscarán “con gozo y respeto” nada bueno en la cultura religiosa india, y mucho menos que emprendieran un “diálogo sincero y paciente” o una “inculturación”, sino que juzgaban como una irrevocable tarea de misioneros, propagadores de la verdad y del bien, arrancar hasta la última raíz de lo antiguo, y salvar las almas de los pobres indígenas de las garras del demonio lo más pronto posible.

Por esto resulta extraordinaria la evangelización inculturada que realiza la primera Discípula y Misionera del Amor Divino que es Santa María de Guadalupe. En el Acontecimiento Guadalupano uno observa y constata con asombro la manera tan maravillosa como son captadas y tomadas esas “semillas de la verdad”, “semillas del verbo”, como se purifica quitando todo error y ´como todo se lleva a la plenitud en Jesucristo; así se detiene todo sacrificio humano, pero se capta el fondo del alma indígena de pretender ser responsables del equilibrio del universo, de pensar que ellos eran los responsables de alimentar a los dioses con lo más preciado: su propia vida; de pensar erróneamente que los corazones y la sangre de las víctimas mantenían la supervivencia de todo lo que existía, por lo tanto del mismo ser humano. Precisamente en el Acontecimiento Guadalupano se toma lo bueno y positivo que realmente existía en el fondo del alma indígena, se purifica de los crasos y terribles errores, así como de la idolatría, y se conduce al ser humano a la plenitud en el único sacrificio verdadero, el de Jesucristo nuestro Señor en la cruz.

Así pues, el Acontecimiento Guadalupano es una extraordinaria inculturación y proclamación del Evangelio en un momento importante de la historia humana, y en un núcleo de culturas en donde Dios cumple llevándolas a la plenitud; una perfecta inculturación, sin humillar a sus elegidos y enviados ministros, frailes humildes que lo han dejado todo y que se han entregado en cuerpo y alma para salvar a sus hermanos en estas nuevas tierras; sin condenar a los indígenas que trataban de ser responsables del equilibrio del universo. El cardenal Paul Poupard, presidente del Consejo Pontificio para la cultura, lo plantea de una manera clara en el Sínodo de América “Evangelizar una cultura no significa faltarle al respeto, sino, por el contrario, testimoniarle un respeto mayor llamándola, en nombre de Cristo a su pleno desarrollo”.[10] Y como dice también el gran pensador contemporáneo de origen chileno P. Joaquín Alliende Luco: “La inculturación ha sido siempre un proceso accidentado, y hasta con momentos de violencia y lucha. Un modelo de eximia inculturación fecunda es María de Guadalupe. La misión evangelizadora parecía destinada al fracaso. Después de las apariciones en el Tepeyac cambió la situación misionera radicalmente. Interminables procesiones de indígenas solicitaban el bautismo […] en pocos años, millones de indígenas pidieron a los misioneros españoles el bautismo cristiano. Guadalupe aparece como el acontecimiento tal vez más logrado de la historia de la Iglesia.”[11]

Siguiendo los pasos que componen la situación histórica en el momento de la aparición del Tepeyac, donde interviene Dios, captamos que Él atiende el clamor de oración de aquél que es la cabeza de la iglesia, su obispo, en aquel entonces fray Juan de Zumárraga; siguiendo cada uno de los párrafos, podemos descubrir una serie de conceptos que nos llevan a una teología por demás actual, un mensaje y una imagen para el hombre de todos los tiempos y de todas las diferentes culturas, convocándolo a vivir plenamente en Jesucristo, por medio de su Madre, Santa María de Guadalupe. También podemos observar de una manera contundente, que este mensaje y esta imagen no han sido compuestos por ningún español, ni la imagen viene de Extremadura España ni fue realizada por un indígena, como se analizará en los próximos capítulos.

Así que ahora recorramos las líneas de este importante documento: el Nican Mopohua, tanto en su forma como en su fondo, cuya copia más antigua, que posiblemente formó parte de la documentación que pertenecía a Lorenzo Boturini, se conserva en el archivo de Nueva york, colección Lenox. Ciertamente, como decíamos, éste no es el único documento sobre el Acontecimiento Guadalupano, sobre la historia de san Juan Diego o que trate la importancia de este encuentro, pero si es uno de los más plenos, escrito en náhuatl noble de una manera virtuosa; y aunque está lleno de simbolismos, metáforas y difrasismos al más puro estilo náhuatl clásico, clasificado por Miguel León-Portilla como: “joya de la literatura náhuatl”,[12] no por ello deja de ser un documento que presenta datos históricos, que narra un hecho que sucedió en un tiempo determinado y en un espacio concreto; y que estos datos que aporta convergen con otras fuentes históricas. En otras palabras, este documento precisa datos históricos y fundamentos trascendentes transmitidos de una manera bella.




Adentrémonos pues a conocer de cerca este encuentro maravilloso.

Eduardo Chávez Sánchez

Notas:

[1] Carta de fray Juan de Zumárraga al rey de España, México a 27 de Agosto a 1529, f. 314 v.
[2] Carta de fray Rodrigo de la Cruz O.F.M. al Emperador Carlos V, Ahuacatlán, 4 de mayo de 1550, en Mariano Cuevas, S. J., Documentos inéditos del Siglo XVI para la historia de México, Editorial Porrúa (=Col. Biblioteca Porrúa, No 62) México 1975, Documento 230. p.156
[3] Fray Alonso de Molina, Vocabulario en lengua Castellana y Mexicana y Mexicana Castellana, México, 1571, Ed. Porrúa (=Col. Biblioteca Porrúa, No 62) México 1970, Prólogo al lector, s. p.
[4] Miguel León-Portilla, La Filosofía Náhuatl, p.56
[5] Cfr. Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, << Nican Motecpana>>, en Ernesto de la Torre Villar y Ramiro navarro de Anda, Testimonios Histórico Guadalupanos, Ed.FCE, México, 1982.
[6] Decreto <<Ad Gentes Divinitus>> en el Concilio Vaticano II, Cap.2, N° 11.
[7] Cfr. Miguel León-Portilla, La Filosofía Náhuatl, p.46
[8] Colloquios y Doctrina Cristina, f.34
[9] Colloquios y Doctrina Cristina, f.37
[10] Paul Poupard, en Javier García González, LC, Historia del Sínodo de América, Ed. Nueva Evangelización, México 1999, p.192.
[11] Joaquín Alliende Luco, Para que nuestra América viva, Ed. Nueva Patris, Chile 2007, p.97
[12] Miguel León-Portilla, Tonantzin Guadalupe. Pensamiento náhuatl y mensaje cristiano en el “Nican Mopohu”, Ed. FCE y El Colegio Nacional, México 2000, p.69




Fuente:  Eduardo Chávez, La Verdad de Guadalupe, Instituto Superior de Estudios Guadalupanos, 3a.Edición, México, 2012, Transcripción del Capítulo XI

viernes, 5 de diciembre de 2014

LA DÉCADA QUE DECIDIÓ EL FUTURO DE MÉXICO (1521-1531)


“La conquista española de la nación azteca” mural de Diego Rivera


“Asimismo me parece es bien informar a Vuestra Serenísima Majestad de lo que a la fecha en ésta pasa, porque es cosa de tanta calidad, porque si Dios no provee con remedio de su mano está la tierra en punto de perderse totalmente” 





Carta de fray Juan de Zumárraga, a Carlos V 


27 de agosto de 1529 





La caída de México-Tenochtitlán


El 13 de agosto de 1521, tras un sitio de 93 días a la ciudad isla construida por los aztecas `centro del universo y cimiento de cielo´, poblada por cerca de 250,000 habitantes, se entregó el joven emperador Cuauhtémoc a las fuerzas comandadas por Hernán Cortés, probablemente al ver como su pueblo moría de hambre, sed y enfermedades.

Previamente el pueblo azteca al igual que el pueblo tlaxcalteca, habían sido asolados por una epidemia de viruela (sarampión, según los síntomas) que había sido traída a suelo mexicano por un esclavo negro que venía en la expedición de Pánfilo de Narváez. Según cuentan las crónicas que describen la “noche triste” del 30 de junio de 1520 <<un guerrero azteca encontró agonizante a un extraño ser de piel negra, una rareza tan desconocida para ellos como la blancura de los españoles. El negro había sido llevado como esclavo por Narváez a Veracruz y se encontraba al borde de la muerte no por heridas de la batalla, sino por la virulencia de una enfermedad que le produjo hemorragias por la nariz, con mucha tos e inflamación de la garganta y la nariz, con pequeñas llagas en todo el cuerpo.

El guerrero azteca que lo encontró hizo correr la noticia sobre la existencia de aquel personaje y es de suponerse que muchos curiosos acudiesen a verlo. Aquél hombre anónimo, sin proponérselo, aportó a los conquistadores la más letal de las armas y al poco tiempo la capital azteca y toda la región sufrían el rigor de una desastrosa epidemia.>>[1]  El mismo emperador Cuitláhuac, nombrado a la muerte de Moctezuma II, sucumbió por la enfermedad, por lo que a principios de diciembre se reunieron las autoridades mexicas para nombrar como Huey Tlatoani a Cuauhtémoc que contaba con cerca de 30 años.

Con la caída de México-Tenochtitlán -ciudad inexpugnable- se derrumbaba el orgulloso y poderoso imperio de los aztecas, que un cántico describía:


<<Orgullosa de sí misma 

se levanta la ciudad de México-Tenochtitlán. 
Aquí nadie teme a la muerte de la guerra. 
Esta es nuestra gloria. Este es tu mandato. 
¡Oh dador de vida! 
Tenedlo presente, oh príncipes, 
no lo olvidéis. 
¿Quién podrá sitiar a Tenochtitlán? 
¿Quién podrá conmover los cimientos del cielo? 
Con nuestras flechas, con nuestros escudos, 
está existiendo la ciudad, 
¡México-Tenochtitlán subsiste!>> [2]


Pero de aquí en adelante el cántico de los famélicos, enfermos y agotados sobrevivientes solo podría expresar:
<<El llanto se extiende, las lágrimas gotean allí en Tlatelolco. 
Por agua se fueron ya los mexicanos;
semejan mujeres; la huída es general.
¿Adónde vamos?, ¡oh amigos! Luego ¿fue verdad?
Ya abandonan la ciudad de México;
el humo se está levantando; la niebla de está extendiendo… […]
Llorad amigos míos,
tened entendido que con estos hechos
hemos perdido la nación mexicana.
¡El agua se ha acedado, se acedó la comida!
Esto es lo que ha hecho
el dador de la vida en Tlatelolco…>> [3]

Pueblo devoto a sus dioses y a sus oráculos, ahora era abandonado por ellos. De nada habían servido los numerosos y constantes sacrificios para mantener el orden cósmico del quinto sol.

Más de 50,000 mexicas murieron como consecuencia de la peste declarada al no haber tierra suficiente donde enterrar sus muertos y de disentería y otros 15,000 fueron ejecutados por los aliados indígenas, que así cobraban las afrentas sufridas.

La noticia de la caída de México-Tenochtitlán sacudió a todo el mundo indígena, trayendo una cadena de rendiciones y vasallajes hacía los conquistadores.



Sometimiento y explotación de la población indígena


Al final, incluso los pueblos aliados de los españoles fueron vistos como vencidos y sometidos a grandes tributos.

Si bien los primeros conquistadores españoles se maravillaron con la ciudad de México-Tenochtitlán, a la que compararon con Venecia; con el zoológico de Moctezuma Xocoyotzin, con el gran mercado de Tlatelolco, con la civilidad de los mexicas y su organización; los que arribaron con posterioridad negaron incluso la falta de razón a los indígenas con tal de esclavizarlos. Así lo narra Bernal Díaz del Castillo: <<…y como en aquel tiempo vinieron de Castilla y de las islas muchos españoles pobres y de gran codicia, y caninos y hambrientos por haber de riquezas y esclavos, tenían tales maneras que se erraban los libres…>> [4]

<<A ocho años de la conquista, 1529, el primer obispo de México, fray Juan de Zumárraga confirmó esto y se lo informó al rey emperador Carlos V; con lujo de detalles, le decía: “innumerables indios que los hacen trabajar como esclavos sin perdonarles fiestas ni darles un puño de maíz que coman, haciéndoles traer todos los materiales acuestas y comprarlos por sus propias haciendas”. Fray Juan de Zumárraga cuenta más de 20 cargas de navíos, repletas de esclavos indígenas. A tal punto estaba la situación que los mismos indígenas procuraron además de huir a los montes, no tener más hijos, como lo siguió informando Zumárraga, el obispo “los indios naturales de ella se han propuesto y tomado por mejor remedio y así está mandado entre ellos por sus mayores que despueblen sus pueblos y casas y se vayan a los montes y que ninguno tenga participación con su mujer por no hacer generación que a sus ojos hagan esclavos” […]

Lo peor estaba ocurriendo: el suicidio. Los esclavistas ya habían tenido experiencia de que su “mercancía” se suicidaba, por lo que al embarcar a los indígenas para ser esclavos en las islas se les ataba al mástil, para evitar mermas a su comercio, fray Juan de Zumárraga denunció este crimen: “aquellos pobres indios, vasallos de Vuestra Majestad que de la tierra han sacado […] se han ahogado, y así lo hicieran todos si no los guardasen, velasen y aprisionasen los españoles porque no se matasen.>>[5]

La población indígena estaba siendo diezmada rápidamente, ya que de 25 millones que había al momento del arribo de los españoles, para ésta época llegaban a ser cerca de 17 millones.

<<Para el indígena el mundo, su mundo, se desplomaba delante de sus propios ojos, todo se derrumbaba; todo se hacía nada. Los indígenas eran testigos de que sus dioses en nada habían valido, ¿dónde estaban, en dónde se encontraban ahora que tanto los necesitaban? ¿Dónde estaba el enérgico y recio Huitzilopochctli que tantos sacrificios humanos exigió a cada momento, dónde estaba aquél que era alimentado por los corazones y la sangre de sus hijos? ¿Dónde estaba aquél dios que supuestamente los guiaba con brazo cósmico? Entonces era cierto, luego era verdad, los dioses también habían muerto.

Uno de los claros signos del estado de trauma que sufría el pueblo indígena fue la embriaguez […]. Ante los hechos una asombrado Motolinia declaraba como los indios “no querían entender otra cosa sino en darse a vicios y pecados” […] “Parece que el demonio a río revuelto introdujo las beoderas y se tomó licencia general que todos pudieran beber hasta caer, y los hombres volverse como brutos, de manera que como cesó la autoridad y poder de los jueces naturales para ejecutar sus oficios, cada uno tuvo licencia de hacer lo que quiso y de irse tras su sensualidad. No iba a ser fácil dignificar a este ser humano abatido, destruido, desmoronado, ante la catástrofe no sólo cultural sino esencialmente religiosa en la que había puesto toda su confianza y era la razón y el sentido de toda su existencia […]

Otro problema y grave trauma fue el mestizaje; al inicio los indígenas entregaban a sus hijas y hermanas a los “dioses” españoles, pero al final, tampoco ellos amaban a los engendrado pues era producto de violación. Los españoles, aunque embarazaron a infinidad de muchachas indias, simplemente ignoraron a sus propios descendientes. Condenándolos a ser parias, dolorosamente inadecuados y rechazados por los dos mundos que les habían dado el ser.>>[6]



La casi imposible evangelización



Con Cortés, habían venido únicamente el sacerdote Juan Díaz y el mercedario Bartolomé Olmedo. En mayo de 1524 arribaron los doce primeros «Franciscanos de la Observancia». Una corazonada del Ministro General de la Orden franciscana, Francisco de Quiñones, asumida por el mismo Romano Pontífice, en 1524, le impulsó a enviar a Indias «un prelado con doce compañeros, porque éste fue el número que Cristo tomó de su compañía para hacer la conversión del mundo» entre ellos se encontraba Toribio de Benavente, que sería conocido como “Motolinia” (pobre), aunque el calificativo se aplicaba a los doce misioneros.

<<Para Hernán Cortés era importante llamar a más religiosos para la evangelización de los nuevos pueblos, ya que desde su “carta de Relación” del 15 de octubre de 1524, había pedido que enviara religiosos y que no enviara obispos del clero diocesano pues, a éstos les gustaba sólo la pompa y el formalismo, y no eran los mejores modelos cristianos>>[7]

Hay que reconocer que España envió al Nuevo Mundo lo mejor que tenía en materia religiosa, es decir, no envió al clero diocesano, sino a predicadores de las dos órdenes religiosas recientemente creadas que buscaban la reforma de la iglesia Católica. Franciscanos y dominicos, en número de 12 por cada una. Los dominicos arribarían en 1526. Sin embargo existía el problema del desconocimiento de la lengua náhuatl y la diversidad de lenguas y dialectos existentes, además de la vastedad del territorio y lo numeroso de la población indígena. No obstante, se repartían animosamente los pueblos, tan distantes que su labor era extenuante. Para 1531 había ya cerca de cuarenta evangelizadores, que obviamente eran insuficientes.

El primer obispo y arzobispo de México, fue el fraile franciscano Juan de Zumárraga, de origen vasco. Conoció en 1927 a Carlos V, en una visita que este hizo al convento de Abrojo y en dónde el emperador quedo impresionado por la pobreza e intelectualidad del guardián del convento, por lo que al requerirse un obispo para la gran ciudad de México, presentó como obispo a Zumárraga, precisamente un 12 de diciembre de 1527, ¿acaso un presagio del acontecomiento guadalupano?


La Primera Audiencia



Como Cortés se dedicó a explorar y conquistar nuevos territorios, nombró gobiernos provisionales que fueron nefastos, por lo que en España se designó una Audiencia presidida por Nuño de Guzmán y cinco oidores, para gobernar la Nueva España.

Coincidentemente con los oidores, se embarcó fray Juan de Zumárraga, en el puerto de Sevilla en agosto de 1528, arribando a costas mexicanas el 6 de diciembre de 1528. Zumárraga en ese momento era sólo obispo, pero necesitaba el reconocimiento papal que obtuvo de Clemente VII en 1530, aunque fue consagrado hasta 1933. Esta situación le restó en un principio autoridad muy necesaria, ya que a su cargo reunía el de “Protector de los indios”.

A fin de tener el control absoluto de la nueva colonia la Primera Audiencia se lanzó contra Cortés, levantándole todo tipo de acusaciones y apropiándose de sus bienes, pero como los misioneros y el nuevo obispo eran un obstáculo en sus desmedidas ambiciones, también contra ellos levantaron infundios y acusaciones ante la Corona.

Además pretendieron convencer al rey de que los indígenas eran “gentes sin razón”, seres bárbaros y sin alma.


Zumárraga inició el ejercicio de su ministerio, reuniendo a los indígenas, diciéndoles que el rey lo había nombrado su protector, por lo que castigaría a quienes les hicieran daño. Esto le ocasionó una fuerte amonestación por parte de la Audiencia que le recordó que sólo era obispo postulado, que a los indios sólo les diera la doctrina, que no se metiera a protector y que si algún indio se quejaba sería ahorcado. La audiencia también acosaba y amenazaba a los franciscanos. En una celebración presidida por el obispo de Tlaxcala, fray Antonio Ortiz fue agredido por gente de Guzmán, cuando lo increpaba por ultrajes a la Iglesia. Era común que fueran raptadas las doncellas que buscaban refugio en los templos.


La primera suspensión de cultos en México


La falta de respeto contra el asilo en los templos fue la gota que derramó el vaso: estando en custodia (por defender a Cortés en su juicio de residencia), en el convento de San Francisco, Cristóbal de Angulo, clérigo de la Corona y García de Llerena, criado de Cortés, la noche del 4 de marzo de 1530 fueron sacados con violencia, procediéndose a atormentarlos. Los obispos de México y Tlaxcala se organizaron con sus comunidades de franciscanos y dominicos para realizar una procesión de silencio con cruces enlutadas pidiendo el regreso de los reos. El oidor Delgadillo con lanza en mano arremetió contra la procesión y la lanzó contra Zumárraga. La lanza le pasó por debajo del brazo.

El Obispo Zumárraga, ante la actitud de los oidores, los puso "en entredicho" y amenazó con extenderla a la ciudad y decretar la "cesación a divinis", sin embargo al día siguiente procedieron a ahorcar y descuartizar a Angulo y a Llerena le dieron 100 azotes y le cortaron un pie. Zumárraga procedió a la 
"cesación a divinis" y excomulgó a los miembros de la Primera Audiencia. Los franciscanos que eran los más agraviados, decidieron salir de la Ciudad de México dirigiéndose a Texcoco “dejando el sagrario abierto los altares desnudos, el púlpito y bancos trastornados: en suma la iglesia yerma y despoblada.”[8]

Ante este panorama es que desesperado fray Juan de Zumárraga escribia a Carlos V: “Asimismo me parece es bien informar a Vuestra Serenísima Majestad de lo que a la fecha en ésta pasa, porque es cosa de tanta calidad, porque si Dios no provee con remedio de su mano está la tierra en punto de perderse totalmente, humanamente era ya imposible, sólo Dios podría saca adelante a esta nueva tierra.” [9]

Los comunicados del valiente obispo Zumárraga, el buen juicio del rey y del Consejo de Indias llevaron a la disolución de la Primera Audiencia, nombrándose una Segunda Audiencia conforme a cédula real fechada el 12 de enero de 1530. Ésta estaba formada por hombres honestos honorables y competentes como eran el obispo Sebastián Ramírez de Fuenleal, Francisco Ceinos, Alonso de Maldonado y Vasco de Quiroga como oidores. No obstante los nuevos oidores arribaron hasta enero de 1531.



La respuesta de diciembre de 1531


Es en el período de Adviento, es decir, de preparación de la venida de Jesucristo, en el que su madre, María, nombre judío que une al árabe de Guadalupe, se aparece preñada –único caso de aparición de la Virgen esperando a su hijo-, que no se da en otras apariciones y vestida con el manto color turquesa propio de un rey o emperador, habla en náhuatl, al macehual Juan Diego y le deja gravada su imagen en su tilma, imagen que es un perfecto códice, el cual los pobladores del Anáhuac fácilmente podían entender, y lo entendieron y lo difundieron, primeramente el forma oral y después tal vez en forma de códices ya que no les era fácil hacer una pintura al estilo europeo.

Que la población indígena encontró una nueva razón de vivir, un nuevo sentido a su vida, es un hecho. Se estima que las conversiones al cristianismo fueron de ocho a nueve millones en tan sólo siete años. Los frailes no se darían abasto para bautizar a tantos indígenas que querían abrazar el cristianismo.

En la siguiente década la población indígena empezaría nuevamente a aumentar, y los mestizos empezarían a ser aceptados, constituyendo la base de una nueva nación.

<<Entre el 29 de mayo y el 2 de junio de 1537 el papa Paulo III dio tres documentos históricos, mismos que hizo entrega al dominico fray Bernardino Minaya que los había gestionado. El primero es conocido como «Pastorale Officium» (29-V-1537) y está dirigido al cardenal Juan Pardo de Tavera, arzobispo de Toledo, nombrándolo ejecutor de la encíclica «Sublimis Deus» (tercer documento), esto es, para que impidiera la violación de los derechos fundamentales de los indios. El segundo documento es la bula general u orden formal, llamada «Altitudo divino consillii» (La profundidad del plan divino) (1-VI-1537), que se trata de una constitución pastoral, decretándose la admisión del indio al bautismo y al matrimonio cristiano, y que regulará a la nueva Iglesia indiana. Finalmente, el 2 de junio de 1537 se promulgó la encíclica «Sublimis Deus», verdadera Carta Magna de los indios.

Este documento declara: "conociendo que aquestos mesmos indios, como verdaderos hombres... determinamos y declaramos que los dichos indios y todas las demás gentes que de aquí adelante vinieren a noticia de los cristianos, aunque estén fuera de la fe de Cristo, no están privados ni deben serlo de su libertad ni del dominio de sus bienes, y que no deben ser reducidos a servidumbre...".>>[10]


“Non fecit taliter omni nationi”


El 25 de mayo de 1754, el Papa Benedicto XIV después de contemplar extasiado una copia auténtica de la Guadalupana, pintada por Don Miguel Cabrera,luego de examinarla con atención, con lágrimas en los ojos pronunció una frase del salmo 147, 20 que se ha perennizado: “non fecit taliter omni nationi” "no hizo cosa igual con otra nación".



[1] Eduardo Chávez Sánchez, La Verdad de Guadalupe, Litográfica FCA, S,A. de C.V., 3ª.edición, México, 2012
[2] Miguel león Portilla, Visión de los vencidos, UNAM, México, 1982
[3] Miguel león Portilla, op.cit.
[4] Bernal Díaz del Castillo, Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España, Ed.Porrúa, México, 1999
[5] Eduardo Chávez Sánchez, op.cit.
[6] Eduardo Chávez Sánchez, op.cit.
[7] Eduardo Chávez Sánchez, op.cit.

[8] Joaquín García Icazbalceta, Don Fray Juan de Zumárraga primer Obispo y Arzobispo de México, Ed.Espasa Calpe, México, 1952 
[9] Carta de fray Juan de Zumárraga al Rey de España, en Eduardo Chávez Sánchez, op.cit.
[10] Jesús Antonio de la Torre Rangel, El Reconocimiento del "Otro": Raíz de una Concepción Integral e Histórica de los Derechos Humanos, Revista Vínculo Jurídico N° 18, abril, 1994 


Jorge Pérez Uribe

jueves, 6 de noviembre de 2014

A UN AÑO DE LA “PEREGRINACIÓN Y ENCUENTRO CONTINENTAL GUADALUPANO”






Lo tengo muy presente, lo recuerdo con cierta nostalgia. Fue hace un año del 16 al 19 de noviembre (ver post: Peregrinación y Encuentro Continental Guadalupano del 21 de noviembre de 2013)

Días antes el amigo Reyes me invitó a un evento muy importante de una agrupación laical, pero había ya efectuado mi inscripción al Encuentro Guadalupano, le expliqué que consideraba muy importante mi participación en él para reportearlo, ya que los grandes medios masivos no son proclives a reportar estos eventos. Me sentí apenado con él, pero existía una gran atracción hacía el “Encuentro” y no era para menos. De los 9 cardenales que iban a participar, dos pertenecían al grupo de ocho que conformaba la comisión creada por el Papa Francisco para reformar la Curia Romana, además de que asistirían cerca de 60 obispos de toda América y Filipinas, así como los integrantes de la Pontificia Comisión para América Latina, es decir, la crema y nata de la Iglesia Católica enfocada a este continente.

No había señalamientos de etiqueta, pero por la naturaleza del evento pensé que lo adecuado era la formalidad del traje con corbata (y no me equivoqué). Reconocí a las grandes figuras del evento y ellos me miraban también como preguntándose quién sería yo. No sabían que era un simple macehual como Juan Diego que acudía –sin saberlo- a escuchar la voluntad de la “niña del Tepeyac”.

El evento continental se iba a desarrollar en las instalaciones de la llamada “Plaza Mariana”, -recién construida- pero a las que no había accesado con anterioridad.

Memorable fue el rosario que efectuamos subiendo y bajando por el cerro del Tepeyac, en un atardecer magnífico, libre de contaminación o nublados, en el cual se podían observar perfectamente los dos volcanes al oriente de la ciudad: el Iztaccíhuatl y el Popocatépetl. Ya nos lo había advertido Mons. Eduardo Chávez: “la Virgen prepara sus días” 

Hay eventos en la vida, de los cuáles podemos afirmar que fuimos uno antes y otro con posterioridad a ellos. Pues bien este fue en mi vida algo crucial. Para mí fue un verdadero “encontronazo” con la Guadalupana, de frente y sin intermediarios. Conocí como no lo había hecho hasta entonces el hecho guadalupano y a ese gran desconocido Juan Diego Cuautlatoatzin. Entonces fue cuando entendí, la invitación que se me había corrido desde lo alto y que realmente lo único que tuve que hacer fue acceder a ella, que no estaba yo allí, tanto para reportear, como para establecer un diálogo cercano y profundo con la “niña del Tepeyac”, que como a Juan Diego, quería trasmitirle sus deseos.


Fueron cuatro días de intenso conocimiento del milagro guadalupano, de la realidad americana, de cómo podía ayudar la Iglesia a revertir la falta de educación, la pobreza, la delincuencia y demás problemas que nos agobian; así como efectuar una mejor evangelización. Pero también fueron cuatro días de reflexión personal y de un profundo diálogo con Santa María de Guadalupe. Expuse mis peticiones, mis más hondos deseos y ella también.

Memorable fue también la vigilia mariana del lunes 18 en donde el Cardenal Marc Ouellet entregó al Cardenal Norberto Rivera, el obsequio que mandaba el Papa Francisco a la “Guadalupana” un bellísimo ramillete con una rosa de oro.

Recuerdo la clausura del evento el martes 19, con una Solemne Celebración Eucarística por la evangelización de los pueblos, presidida por el Cardenal Marc Ouellet y aún resuenan en mis oídos sus palabras: “Que el Espíritu de la Misión Continental despliegue ampliamente sus dones a todas las naciones. ¡Que toda América sea atravesada por un gran soplo misionero!” y la despedida final con la mexícanisima expresión: “¡Viva Cristo Rey y Nuestra Señora de Guadalupe!”

La temática del Encuentro y las conclusiones se fueron “aterrizando” con posterioridad a distintos niveles, mediante ciclos de conferencias. Recuerdo por ejemplo un ciclo en la Universidad Pontificia, al que fui invitado por el amigo Luis y que obviamente decliné, ya que había estado nada menos que, en el lanzamiento de los temas.

A un año puedo decir que aunque aparentemente soy el mismo ha habido un cambio radical en mí y en mí actividad como comunicador, el cual no me esperaba. Lo que he logrado en este tiempo no ha sido porque yo me lo haya propuesto, no, simplemente las cosas se han ido dando por la intercesión de “Nuestra Señora del Tepeyac”, y en ello he conocido también, cual es su voluntad.

Un año después, sé lo que le debía haber respondido al amigo Reyes y es lo siguiente:

<<Amigo reyes, he recibido una invitación muy especial de la Virgen de Guadalupe, para un encuentro de cuatro días con ella. Además de que no puedo rechazar una invitación de tan alta investidura, de éste encuentro dependerá mi salvación y lo que haya de hacer de aquí en adelante. Considero entenderás la importancia del encuentro, ya que sabré cuáles son los deseos que la Virgen tiene para mí. Adicionalmente podré reportear el evento y publicarlo en mi blog, para que muchos se enteren>>. 

Indudablemente, el amigo Reyes -un hombre de fe-, habría entendido la relevancia de mi peregrinación al Tepeyac.


Jorge Pérez Uribe

jueves, 12 de diciembre de 2013

POEMA A LA VIRGEN DE GUADALUPE






Virgen de Guadalupe Señora, mi Señora, dueña mía y, mi esperanza, tú que nos viniste a sembrar de ternura, de fe… ven a cosechar tus frutos, ven a llenarnos de luz que con el tiempo se ha ido extinguiendo… parece mentira estarte suplicando que hagas tu quinta aparición, si ya te apareciste, si te estás apareciendo a cada instante aunque nos hayas dado ojos para ver y no veamos tu grandeza… Señora, mi Señora dueña mía y mi esperanza, vestida de turquesa y luz viniste, te tuviste que materializar para poder cobijarnos bajo tu embrujo celestial… Porque te tuviste que parar en la luna, reflejo del misterio y la intuición? Porque no sobre la tierra para que no cuidaras de los sueños de tus hijos sino de sus realidades… Hazte realidad de nuevo, te pido desde mis precarios sentidos, aunque una realidad tan grande seas… y por ello no te podemos apreciar. Déjame ser una estrella de tu vestido o el cordón negro que ciñe tu talla. Señora, mi señora, dueña mía y, mi esperanza y mi esperanza será poder siempre en tu nombre ayudar!




Mado*, diciembre 12, 2009


*Poetisa española radicada en México, su nombre es María Dolores Dyn

jueves, 5 de diciembre de 2013

JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN







Biografía


Nació alrededor de 1474, en el barrio de Tlayácac, Cuauhtitlán, perteneciente al reino de Texcoco. Por ser de la etnia chichimeca, fue formado en la cultura tolteca y no en la cultura azteca.

Haciendo un símil con el pueblo griego, podríamos considerar a los aztecas como los espartanos de la meseta del Anáhuac y a los toltecas como a los atenienses, es decir, en tanto los aztecas eran un pueblo fundamentalmente guerrero y eran educados para la guerra, con excepción de los gobernantes, que gozaban de una educación más amplia, los toltecas apreciaban las bellas artes, las ciencias y su educación era más humanista.

No fue noble sino macehual, es decir, una "persona común y corriente".

Cuauhtitlán, fue de los primeros pueblos que recibieron la evangelización de los misioneros franciscanos. Fray Toribio de Benavente “Motolinia”[1] afirmaba que “entre los pueblos ya dichos de la laguna dulce, el que más diligencia puso para llevar frailes que los enseñasen y en ayuntar más gente y en destruir los templos del demonio, fue Cuauhtitlán”

Entra en los registros históricos a partir del año de 1524, en que fue bautizado, a los 48 años, recibiendo después el sacramento matrimonial con su pareja María Lucía. Dos años después realizaron la promesa de castidad conociendo que la castidad y la virginidad eran agradables a Dios. María Lucía murió en 1529, dos años antes de las apariciones del Tepeyac.

Juan Diego acudía todos los sábados y domingos a Tlatelolco, un barrio de la Ciudad de México, en donde había doctrina y se celebraba Misa. Para ello tenía que salir muy temprano del pueblo de Tulpetlac, donde vivía y caminar hacia el sur hasta bordear el cerro del Tepeyac.

El documento que narra las apariciones de la Virgen de Guadalupe al vidente Juan Diego es el Nican Mopohua, pero también se le menciona en el Nican Motecpana y muy especialmente en las Informaciones Jurídicas de 1666.

Después de las apariciones, se entregó plenamente al servicio de Dios y de su Madre, lo que lo llevó a solicitar al obispo fray Juan de Zumárraga que le permitiera construir una choza pegada a la ermita construida a Santa María de Guadalupe. Los indios de Cuauhtitlán fueron los que construyeron la ermita a la Virgen y después edificaron una humilde choza al lado de la ermita.

Murió en 1548 a la edad de 74 años, hay que agregar que ese mismo año murió el obispo fray Juan de Zumárraga, a quien le tocó vivir y certificar el hecho de las apariciones Guadalupanas. Fue enterrado, igual que su tío Bernardito en la choza junto a la ermita.

Si bien en vida fue reconocido como un varón santo y recibió la veneración especialmente de los indígenas, no fue sino hasta el 9 de abril de 1990, que Juan Pablo II reconoció la santidad de vida mediante un Decreto de Beatificación.



El milagro que le valió el reconocimiento de santidad


Posteriormente, se inició la Causa de Canonización para la cual se exigía un milagro. Si bien había un ramillete de milagros documentados a lo largo de los siglos, se escogió, el más documentado y actual, mismo que transcribo:
<<… el 3 de mayo de 1990, el joven Juan José Barragán desesperado por su situación familiar y personal, en un momento de tremenda depresión, lágrimas y frustración, protagonizó una acalorada discusión con su madre; en esa difícil mañana fue cuando el joven Juan José corrió a la cocina del departamento ubicado en la Ciudad de México y tomando entre sus manos un cuchillo quiso quitarse la vida. Entre forcejeos la madre pudo arrebatarle el cuchillo, pero el joven de apenas 19 años de edad estaba decidido, no quería seguir viviendo, así que corrió hacia la terraza y quiso lanzarse al vacío, diez metros en caída libre, era la altura entre la vida y la muerte; la madre quien corrió detrás de él, como pudo lo sujetó de las piernas. La gente que pasaba por la calle miraba atónita la dramática escena, escuchaban aterrados los gritos que lanzaba la madre del joven, gritos de auxilio pero también de plegaria: “¡Juan Diego, Juan Diego, mi hijo, mi hijo!”; no faltó la persona que trató de abrir la puerta del edificio para subir a auxiliar a la desesperada madre; otro trató de ponerse debajo con los brazos en posición para una posible caída del muchacho y así, eventualmente, tratar de atajar su caída; tanto los que estaban expectantes, como los que querían ayudar fueron importantes testimonios de todo este evento dentro del proceso que posteriormente se llevaría a cabo. La madre no pudo sujetar más a su hijo, ya que éste movía bruscamente las piernas, finalmente se zafó y, de cabeza, cayo esos diez metros hasta que su cráneo dio contra el suelo de cemento; caída libre en la cual no pudo ser atajado o amortiguar el golpe con otra parte de su cuerpo, nada se pudo hacer; el joven yacía como muerto.

La madre, gritando a los cuatro vientos por su hijo, bajo rápidamente por las escaleras los dos pisos que la separaban de su hijo. Persona caritativas cubrieron el cuerpo con una sábana y una veladora iluminaba débilmente la escena; otra persona más llamó a la ambulancia y antes que llegarán los paramédicos, ante el asombro de todos, Juan José se quitó la sábana, la gente no daba crédito a lo que estaba viendo: un muchacho con el rostro deformado, la sangre que le brotaba por los oídos, boca, nariz y ojos, y que reconociendo a su madre, le decía: “madre, ¡qué golpazo me di!”; esto fue un punto interesante pues, a pesar del tremendo golpe, pudo reconocer a su madre; desde este momento se inicia con un reconocimiento del mencionado “ramillete de milagros”. Por fin llegaron los paramédicos, con extremo cuidado fue auxiliado el joven y trasladado al Sanatorio Durango, en la Colonia Roma, donde fue atendido inmediatamente por el doctor Juan Homero Hernández Illescas, quien trato de suministrarle un calmante, pero el joven Juan José pataleaba y manoteaba y no había forma de ser inyectado; esto también forma parte de lo asombroso del hecho, ya que Juan José no perdió la movilidad, o la capacidad motora, a pesar de la gravedad que en un momento más iba a descubrirse con exactitud gracias a los exámenes y radiografías. Los doctores no daban crédito, ¿cómo es posible que éste joven hubiera reconocido a su madre y haya conservado la capacidad motriz, cuando su cráneo estaba totalmente roto y, además de haber perdido mucha sangre, el líquido encéfalo-raquídeo se había salido? ¡Simplemente era inexplicable, como el joven Juan José Barragán siguiera vivo!

Los doctores no salían de su asombro, sin embargo, pensaban que sólo era cuestión de tiempo para que Juan José muriera. Desde que habían conocido la gravedad del caso ,el doctor Hernández le había dicho a la madre que si creía en Dios rezara por el restablecimiento de su hijo; la madre inmediatamente le confirmó que ya había elevado su plegaria a Dios, a la Virgen de Guadalupe y a Juan Diego, pues lo tenía muy presente en la mente desde que los medios de comunicación anunciaban la llegada del Papa Juan Pablo II a México para la beatificación del humilde indígena, así que fue en las manos de este indio humilde en donde puso la salud de su hijo. El día 5 de mayo, los doctores tuvieron que decirle a la mamá de Juan José, que no había nada que hacer, simplemente, no sabían cómo todavía seguía vivo, y determinaron que fuera la misma naturaleza del cuerpo de Juan José la que determinará cuando sería el fin.

El 6 de mayo, exactamente cuando el Papa Juan Pablo II estaba en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, en la celebración de la beatificación de Juan Diego, justo en el momento de la consagración, en el Sanatorio Durango algo estaba sucediendo… el joven Juan José se despertó, poco a poco se incorporó, tenía hambre; vio a un enfermo que estaba en la cama contigua, le habían traído una charola de comida, observó que él estaba totalmente dormido, así que aprovecho el momento para acercarse la charola y comer; en ese momento pasó por ahí la enfermera que vio la escena y casi se desmaya, corrió por el doctor, y con la respiración entrecortada le gritó: “¡doctor, doctor, su muerto está comiendo!” ¿qué? -respondió el doctor- “qué dices?; sí, sí, doctor: ¡el joven que debería estar muerto está comiendo Corrieron los dos y al llegar al cuarto se sorprendieron tanto que tardaron algunos momentos para poder coordinar alguna idea… Juan José me comentó tiempo después que él se había asustado por la cara que pusieron tanto el doctor como la enfermera, y de momento pensó que estarían enojados porque ¡estaba comiendo algo que no era suyo! Obviamente los especialistas trataban de responderse que había pasado, Juan José fue sometido a varios exámenes, veían el hueso, sí veían la fractura pero estaba totalmente soldada y ahí estaban las arterias y venas, todo en su lugar. Estaban los signos de las roturas, pero sanas, ¡todo funcionaba perfectamente bien!, ¡el joven no tenía ni siquiera dolor de cabeza! Los doctores no se contentaron con sus propios exámenes, pidieron más y más análisis de otros especialistas, algunos, sin saber que el joven estaba ya perfectamente bien de salud, escribían preguntas, una de ellas es muy singular, pues el especialista escribía: “interesante caso ¿dónde está el cadáver?” Además no hubo secuelas, ninguna, no quedó en estado vegetativo o con alguna discapacidad, como todavía algunos pronosticaban, nada, absolutamente nada. Juan José abandonó el sanatorio el 12 de mayo, por lo que estuvo apenas unos cuantos días en el hospital.

Once años después, en diciembre, en diciembre de 2001, se realizó la certificación del milagro que realizó Dios por medio de Juan Diego, como lo requirió la Congregación para la Causa de los Santos y lo corroboró como un verdadero “ramillete de milagros”. Se confirmó una vez más, no sólo la existencia de Juan Diego, sino sus grandes virtudes como cristiano, su veracidad en la transmisión de toda su experiencia y, ahora, su gran intercesión a favor del necesitado y del que sufre.

Así pues, el 18 de diciembre de 2001 se anunció que se realizaría la Proclamación del Decreto sobre el milagro que, por intercesión de Juan Diego realizó Dios; esto significaba la aprobación de todo el proyecto de canonización de este humilde indígena celebrado por varios años hasta ese momento.>>



Canonización


El 20 de diciembre de 2001 fue proclamado el Decreto del milagro delante del Papa Juan Pablo II. Se invitó al Santo Padre a que se efectuara la ceremonia de canonización en México, accediendo a hacerlo el 31 de julio de 2002 -a pesar de lo avanzado de su enfermedad y o delicado de su salud-.

Y así, en esa memorable fecha, el Papa que se había autodeclarado “mexicano”, que había comentado que en la visita al Tepeyac, había encotrado el camino de su magisterio, que había reconocido a Santa María de Guadalupe, el título de: “Estrella Luminosa de la primera y de la nueva evangelización”, definió e inscribió en el catálogo de los santos a San Juan Diego Cuauhtlatoatzin [2], como primer santo indígena del Continente Americano.



Su fiesta se celebra el 9 de diciembre, fecha de inició de las apariciones.


Jorge Pérez Uribe


[1] En náhuatl: pobre
[2] En náhuatl: Águila que habla cosas divinas


Bibliografía: Eduardo Chávez, La Verdad de Guadalupe, Instituto Superior de estudios guadalupanos, 3a.Edición, México, 2012


(En el fondo se puede apreciar una reconstrucción de México-Tenochtitlan en la época de las apariciones del Tepeyac.)