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jueves, 13 de marzo de 2014

BENEDICTO XVI, EL PAPA DE LA EXPIACIÓN






Inicio del viacrucis


El viernes 25 de marzo, tocó al cardenal Joseph Ratzinger rezar el viacrucis en el Coliseo romano, de esa semana santa de 2005, debido a la incapacidad física del Papa Juan Pablo II, y en forma sorpresiva expresó el mea culpa de la Iglesia Católica en la Novena Estación: <<Pero, ¿no deberíamos pensar también en lo que debe sufrir Cristo en su propia Iglesia? […] ¡Cuánta suciedad en la Iglesia y también entre los que, por su sacerdocio, deberían estar completamente entregados a él! ¡Cuánta soberbia, cuánta autosuficiencia! […]>> y a continuación la oración esperanzada: <<Señor, frecuentemente tu Iglesia nos parece una barca a punto de hundirse, que hace agua por todas partes. Y también en tu campo vemos más cizaña que trigo. Nos abruman su atuendo y su rostro tan sucios. Pero los ensuciamos nosotros mismos. Nosotros somos quienes te traicionamos, no obstante los gestos ampulosos y las palabras altisonantes. Ten piedad de tu Iglesia: también en ella Adán, el hombre, cae una y otra vez. Al caer, te arrastramos a tierra, y Satanás se alegra, porque espera que ya nunca podremos levantarnos; espera que tú, arrastrado en la caída de tu Iglesia, quedes abatido para siempre. Pero tú te levantarás. Tú te has reincorporado, has resucitado y puedes levantarnos. Salva y santifica a tu Iglesia. Sálvanos y santifícanos a todos. >>


Días después, el domingo 2 de abril, fallecía Juan Pablo II. Tras las exequias vino el Cónclave y fue Joseph Ratzinger el elegido como nuevo Papa, el 19 de abril. 

Las investigaciones emprendidas años atrás por el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe habían llegado a conclusiones, y empezaron a caer las cabezas de los pederastas encumbrados. La primera fue la de Luigi (Gino) Burresi, de la Congregación de los Siervos del Corazón Inmaculado, el 27 de mayo de 2005. El caso de Maciel, fue de una extremada dificultad ya que La legión de Cristo, con cifras a 2011, contaba con 4 obispos, 932 sacerdotes y 1993 seminaristas. Además existía un movimiento seglar el Regnum Christi con 68 mil miembros en 37 países. Su líder a pesar de sus desajustes sicológicos, era un líder carismático que había instaurado una férrea disciplina y que muchos consideraban un hombre santo. Aplicar medidas correctivas implicaba tener en cuenta a estos miles de seguidores y su fe. Por esta razón la Santa Sede inició sus sanciones con la presión para que renunciara (2005). Posteriormente, en 2006 se hizo pública “la invitación” de que se recluyera a una vida de oración y penitencia renunciando a todo ministerio público. En 2010, Benedicto XVI nombró a Velasio de Paolis como “interventor” de la Legión y de Regnum Christi. A pesar de la mano suave aplicada por el Vaticano, de 2006 a mayo de 2013 hubo un éxodo del 20 por ciento entre los legionarios.


Los números de la depuración


Un documento dado a conocer por la Associated Press el pasado viernes 17 de enero de 2014, reveló que el papa Benedicto XVI destituyó a 384 sacerdotes en el lapso de dos años por abusar sexualmente de niños. Estas estadísticas correspondientes a 2011-12 son las primeras cifras divulgadas por el Vaticano de sacerdotes destituidos. Una revisión de la AP a los reportes muestra una evolución notable en los procesos internos de la Santa Sede para emprender acciones disciplinarias contra los pedófilos desde 2001, cuando el Vaticano ordenó a los obispos que enviaran a Roma los casos de todos los sacerdotes, cuya acusación parecía verosímil, para su revisión.


El entonces cardenal Joseph Ratzinger emprendió acciones tras determinar que los obispos del mundo no estaban siguiendo la ley de la Iglesia para enjuiciar a los clérigos acusados en los tribunales católicos. Los obispos solían simplemente cambiar a los sacerdotes problemáticos de una congregación a otra en vez de someterlos a juicios canónicos o entregarlos a la policía. Así que Ratzinger impulsó reformas para poder emprender procesos administrativos contra el sacerdote acusado, o juicios orales. 

Una vez que Ratzinger se convirtió en el papa Benedicto XVI, el Vaticano cambió el tono, incluyendo un pedido de disculpas a las víctimas. El 2010 vio un aumento de miles de casos reportados en los medios de comunicación. Unos 527 casos fueron reportados a la Congregación. No se revelaron cifras de sacerdotes cesados.

Para 2011 con las nuevas leyes en vigor el número de sacerdotes destituidos aumentó bastante: 260 fueron cesados en un año y 404 nuevos casos de abuso contra menores fueron reportados. Otros 419 sacerdotes fueron sancionados por crímenes relacionados con abusos.

En 2012, último año del que se tienen cifras, hubo 124 destituciones y se reportaron 418 nuevos casos.


Pasión y penitencia


En su visita a Fátima en mayo de 2010, a la pregunta de si el texto del tercer secreto de Fátima se podía extender, más allá del atentado a Juan Pablo II, también al sufrimiento de los Papas, Benedicto XVI respondió: <<…diría también aquí que, además de la gran visión del sufrimiento del Papa, que podemos referir al Papa Juan Pablo II en primera instancia, se indican realidades del futuro de la Iglesia, que se desarrollan y se muestran paulatinamente. Por eso, es verdad que además del momento indicado en la visión, se habla, se ve la necesidad de una pasión de la Iglesia, que naturalmente se refleja en la persona del Papa, pero el Papa está por la Iglesia y, por tanto, son sufrimientos de la Iglesia los que se anuncian. El Señor nos ha dicho que la Iglesia tendría que sufrir siempre, de diversos modos, hasta el fin del mundo.

Como veis, el Papa necesita abrirse cada vez más al misterio de la Cruz, abrazándola como única esperanza y última vía para ganar y reunir en el Crucificado a todos sus hermanos y hermanas en humanidad>>


La solución humana ante los abusos sexuales -en la familia, en la escuela, en las Iglesias- ha sido siempre la misma: el silencio, tanto para proteger a las víctimas del descrédito y la humillación, como para evitar el chismorreo y el morbo. Son los “secretos de familia” tan celosamente guardados. Precisamente por esta razón llama la atención la solución que propuso el enfermo pontífice Juan Pablo II, es decir, sacar a la luz pública, estos vergonzosos acontecimientos, con el consecuente descrédito y la campaña de ataques y denostación que seguiría

¿Cuál pudo ser la razón de este proceder? La Revelación cristiana nos dice que Satanás, es un espíritu puro, aunque finalmente es una creatura. No es perceptible por los sentidos, por lo que las representaciones de él con cuernos y patas de cabra, son más mitológicas que cristianas, y no pueden sino llamar a risa. No tiene poder alguno sobre nuestra voluntad e inteligencia, aunque si sobre nuestra imaginación, -por eso el pecado nos parece tan atractivo, aunque finalmente, el resultado nunca es “tan sabroso” como lo imaginábamos-. 

Satanás ha sido llamado “el príncipe de las tinieblas”, entre otras cosas porque el pecado usualmente se comete en forma oculta, con engaños, mentiras, por eso la forma de neutralizarlo y expiarlo sería sacándolo a la luz... no obstante, el costo de esto sería elevadísimo. Así lo habría ponderado Juan Pablo II, pero el Espíritu Santo, le habría revelado que no habría otro camino, aunque como consecuencia de ello, el Papa y la Iglesia serían sometidos a una nueva persecución, inspirada por la ira del demonio, al no permitirle trabajar como a él le gusta, es decir, “en lo oscurito”.

La muerte libró a Juan Pablo II de la persecución que se levantó sobre la Iglesia y la figura de Benedicto XVI; así lo confirmó uno de los más renombrados exorcistas del mundo Gabriele Amorth al expresarse sobre los ataques al pontífice, en marzo de 2010 <<No existe duda alguna de que han sido sugeridos por el Demonio, ya que tratándose de un Papa maravilloso, digno sucesor de Juan Pablo II, intenta tomarla con él>>.


De esta forma Benedicto XVI, se vistió con el sayal de la pederastia, tomo su cruz y la cargó con ánimo, como lo había hecho en el viacrucis de 2005. Humanamente, el ser el foco de continuos y renovados ataques lo desgastó física y mentalmente, lo “quemó” en su breve, pero enérgico pontificado y probablemente lo dejó agotado y sin fuerzas para seguir adelante, al frente de una Iglesia -que entendía- “no era suya, sino de Cristo”.




Sanar heridas



Pero la acción de Benedicto XVI, no se encaminó únicamente a descubrir y castigar a los culpables, también estaba enfocada a las víctimas en tres líneas:
  • · Curar heridas
  • · Reparar el daño causado
  • · Emprender una renovación espiritual
En su pontificado se realizaron múltiples reuniones con las víctimas de los pederastas y en sus visitas a otros países, no podía faltar esta la reunión.

Este proceder que efectivamente tenía un efecto sanador en las víctimas, solo servía para que ciertos medios, atizarán más el fuego contra el Papa y la Iglesia Católica. Vi algunas entrevistas a las víctimas y constaté lo que les producía, el hecho de el jefe de su Iglesia, escuchará a uno por uno y les pidiera perdón. 

La renuncia



El lunes 11 de febrero de 2013 [1], cumpliendo con lo estipulado por el Derecho Canónico para una renuncia papal: -en forma pública, ante un consistorio cardenalicio y en presencia del decano-, manifestó el Pontífice: <<Os he convocado a este Consistorio, no sólo para las tres causas de canonización, sino también para comunicaros una decisión de gran importancia para la vida de la Iglesia.


Después de haber examinado ante Dios reiteradamente mi conciencia, he llegado a la certeza de
que, por la edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino. Soy muy consciente de que este ministerio, por su naturaleza espiritual, debe ser llevado a cabo no únicamente con obras y palabras, sino también y en no menor grado sufriendo y rezando…>>

La noticia causó una gran conmoción. Habían pasado 598 años desde que Gregorio XII renunció a su puesto en el año 1415.

Suceso inimaginable después de ver el suplicio de Juan Pablo II, agobiado por el mal de Parkinson- En su último viaje a México en agosto de 2002, lo pudimos notar en su inmovilidad y falta de mímica facial, en la poca claridad de sus palabras y el escurrimiento incontrolable de la saliva,. Presenciamos pocos días antes de su muerte, su incapacidad para comunicarse con sus ovejas, en el Ángelus dominical; con la garganta destrozada por la traqueotomía practicada, inútil y dolorosa fue la extracción de las sondas que le habían sido implantadas en su última visita a la Policlínica Gemelli. Pese al martirio terminal de su enfermedad, Juan Pablo II, había expresado que “si Jesucristo no se había bajado de la cruz, como iba él a renunciar a la suya”.

¿Qué tanto caló en su ánimo el estar tan cercano al heroico, Juan Pablo II, dispuesto a estar junto a su grey hasta el último de sus suspiros?



“Por mi edad avanzada, ya no tengo fuerzas para ejercer adecuadamente el ministerio petrino”



En 1991 sufrió un ictus o hemorragia cerebral que lo tuvo hospitalizado 10 días en la clínica Pío XI de Roma, dónde le fue implantado un marcapasos hace años, que según un diario italiano, le fue sustituido discretamente hacía 3 meses, padece hipertensión arterial, sufrió desmayos en 2009 y 2011 en México. Tiene 50% de artrosis en la cadera derecha, por lo que camina con bastón, apenas ve con el ojo derecho. Sujeto a una rigurosa dieta hace años, no puede viajar a lugares con una altitud mayor a 2000 metros. En los últimos meses, siempre por motivos de salud, había disminuido sus compromisos públicos, sus viajes y las audiencias.

Su biógrafo Vittorio Messori periodista de La Stampa, que había iniciado una amistad como resultado del libro-entrevista «Informe sobre la fe», de 1985, al entonces prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, nos comenta: <<El Papa se siente enfermo porque es muy anciano, así que yo creo que él ha elegido precisamente ese día para reconocerse como enfermo entre los enfermos. Y también para hacer un homenaje y una especie de invocación a la Virgen: no solamente a la Virgen de Lourdes, sino a la Virgen en cuanto tal. >>.

Ante la opinión de que Benedicto XVI, se ha rendido Messori contesta: << Existen aparentes rendiciones que en realidad son un signo de fuerza, de humildad. La libertad católica es mucho más grande de cuanto se piensa. Existen temperamentos diversos, historias diversas, carismas diversos, y todos ellos se han de respetar porque forman parte de la sacrosanta libertad del creyente. En Juan Pablo II prevalecía el lado místico, era un místico oriental. Mientras en Ratzinger prevalece la racionalidad del occidental, del hombre moderno. Por ello, se dan dos posibles elecciones: la mística, la del Papa Wojtyla, que persevera y resiste hasta el final; o la elección de la razón, como Ratzinger: reconocer que no se tienen ya las energías físicas y que la Iglesia, por el contrario, necesita una guía con grandes energías, por lo que, por el bien de la Iglesia, es mejor dejarlo. Ambas decisiones son evangélicas.>> [2]


Su profunda convicción: “La Iglesia no es nuestra, sino suya”


Afirma Benedicto XVI: <<Sólo la Iglesia, en este mundo, supera la limitación esencial del hombre: la frontera de la muerte. Vivos o muertos, los miembros de la Iglesia viven unidos en la misma vida que brota de la inserción de todos en el Cuerpo de Cristo […]

Pero no hay que olvidar que la expresión latina no significa solo la unión de los miembros de la Iglesia, vivos o difuntos. Communio sanctorum, significa también tener en común las “cosas santas”, es decir, la gracia de los sacramentos que brotan de Cristo muerto y resucitado. Es este vínculo misterioso y realísimo, es esta unión en la Vida, lo que hace que la Iglesia no sea nuestra Iglesia, de modo que podamos disponer de ella a nuestro antojo; es por el contrario su Iglesia.>>[3]

Señala Messori: <<Ratzinger tiene clarísimo que no estamos llamados a salvar a la Iglesia, sino a servirla, y si no puedes más, la sirves de otro modo, te arrodillas y rezas. La salvación es una cuestión que atañe a Cristo. [...]

Así que me parece que estas dimisiones van en esta línea, en el sentido de no tomarse demasiado en serio. Haz hasta el final tu deber y, cuando te des cuenta de que no puedes más, que las fuerzas ya no te acompañan, entonces recuerdas que la Iglesia no es tuya y pasas a ser testigo, y vas a hacer un trabajo para la Iglesia que, en la perspectiva de la Iglesia es el mayor, el más valioso: el trabajo de rezar y el trabajo de ofrecer a Cristo tu sufrimiento. Lo veo como un acto de gran humildad, de conciencia de que le toca a Cristo salvar a la Iglesia, nosotros, pobres hombres, no tenemos que salvarla, incluso si eres el Papa. >>[4]


La última audiencia



Durante la última audiencia de los miércoles, el 27 de febrero de 2013, en una Plaza San Pedro inundada de sol y llena de fieles, Benedicto XVI dijo: <<En estos últimos meses, he notado que mis fuerzas han disminuido, y he pedido a Dios con insistencia, en la oración, que me iluminara con su luz para tomar la decisión más adecuada no para mi propio bien, sino para el bien de la Iglesia. He dado este paso con plena conciencia de su importancia y también de su novedad, pero con una profunda serenidad de ánimo. Amar a la Iglesia significa también tener el valor de tomar decisiones difíciles, sufridas, teniendo siempre delante el bien de la Iglesia y no el de uno mismo».

Y añadió que su retiro, «escondido al mundo», no significaba «una vuelta a lo privado». «Mi decisión de renunciar al ejercicio activo del ministerio no revoca esto. No vuelvo a la vida privada, a una vida de viajes, encuentros, recepciones, conferencias, etcétera. No abandono la cruz, sino que permanezco de manera nueva junto al Señor Crucificado. Ya no tengo la potestad del oficio para el gobierno de la Iglesia, pero en el servicio de la oración permanezco, por así decirlo, en el recinto de San Pedro>>.



“Mi única y última tarea”



En una carta fechada el 24 de enero y dirigida al teólogo suizo Hans Küng, -amigo de su juventud y uno de sus más duros detractores actuales-, el Papa Emérito le confió: “Mi única y última tarea es sostener con la oración el pontificado de Francisco”.

En una reciente entrevista concedida al vaticanista Andrea Tornielli, el pasado 26 de febrero, nos trasmite la opinión de Joseph Ratzinger sobre los complots y especulaciones alrededor de su renuncia; entre ellas la del teólogo José Alberto Villasana que sostiene que la renuncia de Benedicto XVI fue inválida y denuncia al Papa Francisco como un Antipapa: <<«No existe la menor duda sobre la validez de mi renuncia al ministerio petrino» y las «especulaciones» al respecto son «simplemente absurdas». Joseph Ratzinger no se vio obligado a renunciar, no lo hizo debido a presiones o conspiraciones: su renuncia es válida, y hoy en la Iglesia no existe ninguna «diarquía», ningún doble gobierno. Hay un Papa reinante en pleno uso de sus funciones, Francisco, y un emérito que tiene como «único y último objetivo» rezar por su sucesor>>.


Jorge Pérez Uribe




[1] Festividad de Nuestra Señora de Lourdes
[2] http://www.religionenlibertad.com/articulo.asp?idarticulo=27674
[3] Joseph Ratzinger/Vittorio Messori, Informe sobre la fe, Bibloteca de Autores Cristianos, Madrid, 2006
[4] Joseph Ratzinger/Vittorio Messori,, op.cit.

sábado, 1 de marzo de 2014

EL “PASTOR ALEMÁN” DEL “SANTO OFICIO”


Con este mote irónico, -algunos periodistas y detractores- se referían al titular de la ahora Congregación para la Doctrina de la Fe, sin pensar que vaticinaban cual sería, quizás el más trascendente papel del Prefecto Ratzinger en su paso por este dicasterio.




Joseph Aloisius Ratzinger, nacido en 1927 en Marktl-am Inn Bavaria, Alemania, ordenado en 1951, doctorado con una tesis sobre San Agustín y posteriormente profesor de Teología dogmática en las más célebres universidades alemanas (Münster, Tübingen, Regensburg), fue uno de los jóvenes teólogos que participaron en el Concilio Vaticano II.

El 24 de marzo de 1977, Ratzinger fue consagrado arzobispo de Múnich y Freising y nombrado cardenal por Paulo VI en el mismo año. 

El 25 de noviembre de 1981, Juan Pablo II nombró a Ratzinger prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Vittorio Messori periodista de La Stampa, inició una amistad con el futuro Papa, a partir de las entrevistas celebradas en agosto de 1984, mismas que quedaron plasmadas en el libro Informe sobre la fe, de 1985, y se podría decir que no tiene mejor biógrafo en la actualidad.



El encuentro del periodista Vittorio Messori con el cardenal Ratzinger


Narra Messori: <<Por lo que a mí respecta, yo estaba al corriente de los escritos de Joseph Ratzinger, pero no le conocía personalmente. La cita quedó concertada para el 15 de agosto de 1984, en la pequeña e ilustre ciudad que los italianos llaman Bressanone y los alemanes Brixen: una de las capitales históricas del territorio que los primeros llaman Alto Adigio y los otros Tirol del Sur; tierra de príncipes obispos, de luchas entre papas y emperadores; campo de encuentro —y, hoy como ayer, de choque— entre la cultura latina y la germánica. Un lugar casi simbólico, por tanto, aunque ciertamente no elegido a propósito. ¿Por qué, pues, Bressanone-Brixen?

No faltará quien siga imaginándose a los miembros del Sacro Colegio, a los cardenales de la Santa Iglesia Romana, como a unos príncipes que salen los veranos de sus fastuosos palacios de la Urbe para pasar las vacaciones en lugares deliciosos.

Para su eminencia Joseph Ratzinger, cardenal Prefecto, la realidad es muy distinta. Los escasos días en que logra escapar del agosto romano los pasa en la no demasiado fresca cuenca de Bressanone. Y allí no se hospeda en un chalé ni en un hotel, sino que se queda en el seminario, que alquila a precio módico algunas habitaciones, con lo que la diócesis consigue algunos ingresos para el sostenimiento de los estudiantes de teología.

En los pasillos y en el refectorio del antiguo edificio barroco se encuentran ancianos eclesiásticos atraídos por tan modesto veraneo; se cruzan grupos de peregrinos alemanes y austríacos que hacen una parada en su viaje hacia el sur.

El cardenal Ratzinger está allí, toma los sencillos alimentos preparados por las monjas tirolesas sentado a la misma mesa que los sacerdotes en vacaciones. Vive solo, sin el secretario alemán que tiene en Roma y sin más compañía que la eventual de los familiares que vienen a encontrarse con él desde la cercana Baviera.

Uno de sus jóvenes colaboradores de Roma nos ha comentado la intensa vida de oración con que contrarresta el peligro de convertirse en un gran burócrata, rubricador de decretos ajenos a la humanidad de las personas a las que afectan. Con frecuencia —nos decía ese joven— nos reúne en la capilla del palacio para una meditación y oración en común. Hay en él una constante necesidad de enraizar nuestro trabajo diario, frecuentemente ingrato y en contacto con la patología de la fe, en un cristianismo vivido. >>

El cardenal Ratzinger se asincera ante el periodista Vittorio Messori «Me gustaba mi trabajo docente de investigación. Ciertamente no aspiré a estar al frente de la archidiócesis de Munich, primero, y de la Congregación para la Doctrina de la Fe, después. Se trata de un servicio muy duro, pero que me ha permitido comprender, estudiando diariamente los informes que llegan a mi mesa desde todo el mundo, en qué consiste la preocupación por la Iglesia universal Desde mi silla, bien incómoda (pero que al menos me permite ver el cuadro general), me he dado cuenta de que determinada "contestación" de ciertos teólogos lleva el sello de las mentalidades típicas de la burguesía opulenta de Occidente. La realidad de la Iglesia concreta, del humilde pueblo de Dios, es bien diferente de como se la imaginan en esos laboratorios donde se destila la utopía».

Y continúa Messori: <<Se juzgue como se juzgue, es, pues, un hecho objetivo: el llamado "gendarme de la fe" no es en realidad un hombre de la Nomenklatura, un funcionario que sólo entiende de curias y estructuras; es un hombre de estudio con experiencia pastoral concreta.>>



El actual "Santo Oficio"


<<Por otro lado, tampoco la Congregación que ha sido llamado a presidir es ya aquel Santo Oficio en torno al cual (en virtud de efectivas responsabilidades históricas, pero también por influencia de la propaganda antieclesiástica desde el setecientos europeo hasta hoy) se había creado una tenebrosa "leyenda negra". En nuestros días, la propia investigación histórica a cargo de seglares reconoce que el Santo Oficio real se ha comportado con más ecuanimidad, moderación y cautela de lo que pretende cierto mito tenaz alojado en la imaginación del hombre de la calle.

Los estudiosos recomiendan además distinguir entre «Inquisición española» e «Inquisición Romana y Universal». Esta última fue creada en 1542 por Paulo III, el papa que buscaba por todos los medios convocar el Concilio que iba a pasar a la historia con el nombre de Trento. Como primera medida para la reforma católica y para detener la herejía que desde Alemania y Suiza amenazaba Con extenderse por doquier, Paulo III instituyó un organismo especial integrado por seis cardenales, con potestad para intervenir allí donde se creyera necesario. Esta nueva institución no tenía al principio carácter permanente ni siquiera un nombre oficial; solamente después fue llamada Santo Oficio o Congregación de la Inquisición Romana y Universal. Nunca sufrió injerencias del poder secular y adoptó un sistema procesal preciso, dotado de ciertas garantías, al menos con relación a la situación jurídica de los tiempos y a las asperezas de las luchas. Cosa que no sucedió, en cambio, con la Inquisición española, que fue algo bien distinto: fue de hecho un tribunal del rey de España, un instrumento del absolutismo estatal que (surgido en su origen contra judíos y musulmanes sospechosos de "conversión ficticia" a un catolicismo entendido por la Corona también como instrumento político) actuó frecuentemente en contraste con Roma, desde donde los Papas no dejaron de hacer admoniciones y protestas.

Sea lo que fuere, hoy ya, incluso en lo que se refiere a la Inquisición romana o ex Santo Oficio, todo esto —empezando por el nombre— no es más que un recuerdo. Como decíamos, esta Congregación fue la primera que reformó Pablo Vi, mediante un motu proprio del 7 de diciembre de 1965, último día del Concilio. La reforma, pese a las modificaciones procesales introducidas, la ratificó en su tarea de velar por la rectitud de la fe, pero le asignó también un papel positivo: de estímulo, de propuesta y orientación.

Cuando pregunté a Ratzinger si le costó mucho pasar de ser teólogo (al que Roma, por cierto, no perdía de vista) a convertirse en controlador de la labor de los teólogos, no vaciló en responderme: «jamás habría aceptado prestar este servicio eclesial si mi cometido hubiera sido, ante todo, el de ejercer un control. Con la reforma, nuestra Congregación ha conservado, sí, unas tareas de decisión e intervención, pero el motu proprio de Pablo VI le asigna como objetivo prioritario el papel constructivo de "promover la sana doctrina a fin de brindar nuevas energías a los mensajeros del Evangelio". Naturalmente, estamos llamados como antes a vigilar, a "corregir los errores y a conducir al recto camino a los equivocados", como señala el propio documento, pero esta protección de la fe debe ir acompañada de la promoción». >>[1]

Entonces el cardenal Ratzinger no tenía idea de la ardua tarea de investigación de los casos de pederastia que le esperaba, al iniciar el siglo XXI, y que lo situaría como a sus antecesores de la leyenda negra en un buscador, pero no de herejes, sino de de abusadores sexuales.



A la caza no de herejes, sino de pederastas


Sobre el asunto de los curas pederastas, priva más la ignorante opinión de los detractores de la Iglesia Católica que los hechos históricos. Así se acusa a Juan Pablo II de ser omiso en este asunto y de haber protegido a pederastas como Marcial Maciel. 

A fines del siglo XX, no solo se agravaba el Parkinson de Juan Pablo II, sino que, empezaban a llegar al Vaticano noticias sobre actos de pederastia encubiertos por algunos obispos en Estados Unidos e Irlanda. El enfermo Pontífice encargó entonces, al cardenal Ratzinger que investigara a fondo el asunto y a personajes como Marcial Maciel, el dirigente de Los Legionarios de Cristo. Corroborando lo anterior, cito un comunicado del vaticano de mayo de 2006 que señalaba: <<A partir de 1998, la Congregación para la Doctrina de la Fe recibió acusaciones, que ya en parte se hicieron públicas, contra el padre Marcial Maciel Degollado fundador de la Congregación de los Legionarios de Cristo, por delitos reservados a la competencia exclusiva del dicasterio.

En 2002, el padre Maciel publicó una declaración para negar las acusaciones y para expresar su descontento por la ofensa recibida por algunos ex Legionarios de Cristo.

En 2005, por motivos de avanzada edad, el padre Maciel abandonó el cargo de Superior General de la Congregación de los Legionarios de Cristo.

Todos estos elementos han sido objeto de un examen maduro por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y según el motu proprio Sacramentorum sanctis tutela, promulgado el 30 de abril de 2001 por el Siervo de Dios Juan Pablo II, el entonces prefectos de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Joseph Ratzinger, autorizó la investigación de las acusaciones. En ese tiempo tuvo lugar el fallecimiento del Papa Juan Pablo II y la elección del cardenal Ratzinger como nuevo pontífice. >>[2]

El veredicto fue "invitar" a Maciel –ya alejado de su encargo- a una vida de oración y penitencia renunciando a todo ministerio público.

Como consecuencia de la nueva encomienda, se dio el aumento del personal del dicasterio que dirigía Ratzinger que pasó de 25 a 40 empleados.

De hecho, a la oficina de Ratzinger, comenzó a llegar, sobre todo a partir del año 2001, toda la 'porquería' de la Iglesia. En términos canónicos y en latín, les llaman los 'delicta graviora', los delitos que la Iglesia católica considera más graves. Tanto que esos pecados/delitos están 'reservados' directamente a la Santa Sede. 

En mayo de 2001, por orden de Juan Pablo II, la Congregación de la Doctrina de la Fe, dirigida por Joseph Ratzinger, endureció las penas de varios delitos, con la novedad de la pedofilia. El poderoso dicasterio romano asumió ya el control de esos procesos, para sustraerlos a la órbita local, con la carta 'De gravioribus delictis' (Sobre los delitos más graves).

Juan Vicente Boo, publicaba en el diario ABC, el 25 de abril de 2002: <<El vaticanista italiano Luigi Accatoli, señalaba ayer que «algo nuevo está sucediendo en el Vaticano: se afronta directamente un escándalo en el momento en que se está produciendo, y se habla de él en público. Se trata de un acontecimiento extraordinario».

El veterano vaticanista -que intuyó una de las líneas maestras de Juan Pablo II y publicó el libro «Cuando el Papa pide perdón» ya en 1997-, subraya que acabamos de ver «un acontecimiento inédito incluso respecto a los «mea culpa» del Año Santo y que los supera, puesto que reconocer un escándalo en marcha requiere mucho más coraje que el reconocimiento de los pecados de épocas anteriores».

Mientras numerosos eclesiásticos leían y releían las tajantes palabras del Papa sobre la exclusión de los pederastas del sacerdocio y la vida religiosa, el jurista italiano Pietro Scoppola señalaba que «Karol Wojtyla ha antepuesto la coherencia del Evangelio a la defensa de la imagen de la Iglesia, rechazando la hipocresía y aceptando el riesgo de actuar en público». El profesor de Derecho señala que «entre los motivos por los que el problema sale a la luz se cuenta el cambio de cultura que la Iglesia ha favorecido: el menor de edad, el niño, no es una cosa, sino una persona, que merece todo el respeto precisamente por su propia fragilidad. La dignidad de la persona humana es un quicio de la enseñanza de la Iglesia sobre el que ha insistido sin descanso Juan Pablo II». >>

Juan Pablo II primero y Benedicto XVI, posteriormente; en una forma que para muchos equivaldría a darse un balazo, no en el pié, sino en el estómago –por lo doloroso y lo riesgoso-, decidieron no encubrir, como habían hecho algunos malos obispos, el asunto de los abusos sexuales a menores.

Quizás a muchos parezca que el asunto podría haberse resuelto sin escándalo, recurriendo a un buen especialista en manejo de conflictos, ¡y es verdad! Sin embargo, el místico Juan Pablo II, habría decidido hacer público el horrendo pecado, no solo a los ojos de Dios, sino también del hombre. Debía abrirse la purulenta herida para extraer de una vez por todas este cáncer, y como consecuencia la Iglesia vestirse con el sayal de la pederastia y expiar públicamente ante todo el mundo este horrendo pecado.



Y así se hizo: el Vaticano al tiempo que investigaba, abrió sus archivos a los periodistas. Al mismo tiempo empezaron a dictarse medidas, que constan en los medios y en los archivos vaticanos; pero que algunos periodistas, quizás para ocultar la facilidad con que obtuvieron la información, han callado.

Juan Pablo II, cada día más enfermo, habría insistido a quien era ya su brazo derecho, Joseph Ratzinger, sobre la continuación de este doloroso proceso, y Ratzinger le habría prometido llevarlo hasta donde fuese necesario. Presintiendo su fin próximo, Juan Pablo II quizá le habría pronosticado que su sucesor sería el “Papa de la expiación”, denostado, atacado como ningún otro, pero que ello era necesario para que la Iglesia -en lo que tiene de humana- purgara su pecado. Ratzinger habría estado de acuerdo, sin pensar que él sería el que tendría que vestirse el sayal y cargar la cruz de la penitencia pública.


Jorge Pérez Uribe

(Próxima semana: Benedicto XVI, el Papa de la expiación)  


[1] Joseph Ratzinger/Vittorio Messori, Informe sobre la fe, Bibloteca de Autores Cristianos, Madrid, 2006 

[2] Periódico El Universal, 19 de mayo de 2006



El siguiente vídeo "Manzana Podrida", son los primeros ocho minutos de un documental de 50 minutos que bajo el título "Manzanas Podridas" realizó Rome Reports y que vale la pena conseguir, ya que es una investigación profunda y crítica del asunto.



sábado, 8 de febrero de 2014

ONU, VATICANO Y ABUSOS: UN INFORME TRAMPOSO PERO MUY OPORTUNO




Más preocupados por combatir la voz de la Iglesia que de proteger a los niños


Treinta años después de la época más dura en lo que se refiere a los casos de abusos sexuales cometidos por sacerdotes, tras miles de procesos que han condenado a unos y absuelto a otros, después de la dura purificación a la que Benedicto XVI quiso someter a toda la Iglesia por estos terribles pecados de algunos de sus miembros, cuando son de sobra conocidas las nuevas normas y procedimientos puestos en marcha por la Santa Sede y numerosos episcopados, cuando en definitiva la Iglesia ha estado dispuesta a purgar en la plaza pública por una lacra que afecta a toda la cultura occidental del post-sesentayocho, llega el Informe del Comité de la ONU para la protección de la infancia. Y llega como si estuviéramos en el punto cero, como si nada hubiera pasado. Un poco a destiempo, ¿no? Quizás no, quizás siempre es momento cuando se trata de generar lo que el sociólogo Introvigne denominaba “pánico social”: la figura de la Iglesia se perfila monstruosa, y así quedaría amortizada como factor protagonista del presente.

El observador permanente de la Santa Sede ante Naciones Unidas, en Ginebra, ha mostrado su gran perplejidad por los contenidos de un informe que parece que estuviera ya preparado antes del encuentro del Comité con la delegación de la Santa Sede, que ha dado respuestas precisas y detalladas que no han sido después recogidas en este documento, que no ha tenido en cuenta lo que en estos últimos años se ha hecho por parte del Vaticano y por las diferentes conferencias episcopales.

Pero aparte de este juego sucio, que seguramente la ONU no se permitiría con otros sujetos sociales, es llamativo el hecho de que uno de sus miembros haya sido llamado a capítulo, auditado, interrogado y finalmente juzgado, como si el problema de los abusos que salpica terriblemente a todo tipo de estamentos fuese un problema específico de la Iglesia Católica. Los números de la vergüenza eclesial son tremendos y Benedicto XVI nunca quiso esconderlos, pero es necesario ponerlos en relación con la totalidad brutal del problema. Naciones Unidas no parece preocuparse, por ejemplo, de que en los Estados Unidos han sido cinco veces más los casos imputados a pastores de comunidades protestantes, o que en el mismo periodo en que en ese país fueron condenados cien sacerdotes católicos, fueron cinco mil los profesores de gimnasia y entrenadores deportivos que sufrieron idéntica condena. Un dato especialmente horrendo es que el ámbito más habitual de los abusos sexuales a menores es precisamente el de la familia, donde suceden dos tercios del total de los casos.

Mons. Tomasi ha reiterado su deseo de responder con serenidad a los interrogantes que todavía permanecen, de manera que el objetivo fundamental de la protección de los niños pueda ser alcanzado. “Se habla de 40 millones de casos de abuso de niños en el mundo. Por desgracia, algunos de estos casos –aunque en proporciones muy reducidas en comparación con todo aquello que está ocurriendo en el mundo– tocan a personas de Iglesia. Y la Iglesia ha respondido y reaccionado, ¡y continúa haciéndolo! Debemos insistir sobre esta política de transparencia, de no tolerancia a los abusos, porque con que hubiera solo un caso de abuso de un niño ya sería demasiado”.

Quizás la clave de lo sucedido se encuentra en los párrafos del Informe que desatan un vergonzoso ataque a la enseñanza de la Iglesia en materia de aborto y relaciones sexuales. Un organismo de la mega-estructura de la ONU, que parece tener vida propia, se permite asaltar la libertad y la identidad de un Estado miembro como el Vaticano, más aún, de una realidad histórica, social y moral, como la Iglesia Católica. ¿Se imagina alguien que este Comité la emprendiese contra la concepción moral del islam o del budismo? Como reza con santa paciencia el comunicado oficial, “la Santa Sede lamenta ver en algunos puntos de las Observaciones Conclusivas un intento de interferir en la enseñanza de la Iglesia Católica sobre la dignidad de la persona humana y en el ejercicio de la libertad religiosa… y reitera su compromiso en la defensa y la protección de los derechos de los niños, en línea con los principios promovidos por la Convención sobre los Derechos de los Niños y según los valores morales y religiosos que ofrece la doctrina católica”.

Quizás los sesudos miembros del Comité están más preocupados por combatir la voz de la Iglesia que de proteger a los niños. Porque a estas alturas es difícil ignorar de buena fe que el pansexualismo y la cultura anti-familia son el caldo de cultivo de una lacra que abarca con sus tentáculos desde Hollywood a los selectos salones de la progresía europea, pasando por tantos hogares supuestamente “normales”. La tragedia de muchos sacerdotes ha sido abandonar la fuente viva de la tradición eclesial para entregarse a los cantos de sirena de algunas falsas liberaciones. Como dijo hace pocos días el papa Francisco “los escándalos tuvieron lugar porque la Palabra de Dios era algo raro en esos hombres” que habían reducido la fe a costumbre, a comodidad y poder. Y esa sí es una lección que no podemos olvidar.




José Luis Restán  6 de febrero de 2014




Fuente: http://www.paginasdigital.es/v_portal/informacion/informacionver.asp?cod=5240&te=15&idage=9529&vap=0&npag=1